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sábado, 19 de mayo de 2018

¡CUIDADITO CON LA HISTORIA!


BAJO MI PUNTO DE VISTA

(Juan Santana de Arinaga)

¡CUIDADITO CON LA HISTORIA!  

Por lo que aquí escribo, no piensen que es para valorarme más de lo que soy, aunque allá cada uno con su opinión, respetable como cualquiera.

Me refiero al caso de que hace unos días recibí un mensaje de texto, donde su autor me pedía datos de un suceso acaecido unos cuantos años antes de haber nacido yo.

Este suceso lo reflejo en mi libro “Memorias de Arinaga”, que está publicado, pero que escuché de labios de mi difunto padre hace ya bastante tiempo, aunque él y todos los que vivían en la playa en esos años supieron la versión de los hechos por uno de los cuatro marineros que a Dios gracias se salvó.

Pero yo no me centro en que ese chico me pidiera a mí esa información, sino que por el contrario y a pesar de que en Arinaga seamos pocos los que vamos quedando y por supuesto que naciéramos aquí, me duele decir que nunca SE rescate la memoria de este pueblo.

Sin ánimo de poner o quitar méritos a lo nuestro, cuando he salido de viaje a cualquier sitio, son más conservadores y te enseñan lugares y te explican cosas sucedidas y que se pierden en la noche de los tiempos. 

En nuestro pueblo sucede todo lo contrario, ya que no podemos decirle a ninguno de fuera las cosas importantes que teníamos, no sea que nos pregunte donde está ese lugar y tengamos que decirle que no se moleste en buscarlo, pues seguramente estará en su lugar “una mole de hormigón”.


Por eso me viene a la memoria otro de los capítulos de mi libro y que denominé “Enclaves perdidos de Arinaga”, donde reflejo la “aniquilación” de todo lo que pudiera resultar antiguo, supongo que para escribir la historia a su gusto, máxime cuando tragamos con todo lo que escriban sobre Arinaga.

Es que si buscan en Internet, verán que sobre Arinaga ponen que los tomateros se plantaban bajo plástico. 

¡Sería la semana pasada, ya que los llamados “invernaderos” no se conocían aquí!
No me avergüenza decir que a mediados de los años 60, cuando tenía yo unos 9 años de edad, escuché a una señora que era de la península decir: “Es que allá los tomateros se plantan bajo un plástico”.

Enseguida me imaginé y gracias a Dios que no lo dije, unos tomateros plantados y sujetados con las cañas, pero con un inmenso plástico tirado por encima.   

Ya sé que esto levantará más de una sonrisa, pero como ya dije, eso de “invernaderos nos sonaba a chino.

Así que pido más colaboración por parte de los estamentos públicos, para que estén vigilantes sobre las cosas que se escriban sobre nuestra tierra, pues una mentira muchas veces repetida, terminará siendo verdad para muchos.  

Juan Santana Méndez

miércoles, 14 de febrero de 2018

“NO SEÑALO A NADIE”

BAJO MI PUNTO DE VISTA
(Juan Santana, de Arinaga)
“NO SEÑALO A NADIE”

Aunque no sé la fecha en que puso cierta persona en el Facebook unas declaraciones en las que afirmaba que la Virgen María no se le había aparecido nunca a nadie, es en este día cuando me lo leyeron.    
 Si lo puso ahí, ahora me alegro de no poder tener el Facebook, pues creo que es una ofensa para todos los creyentes.
 Pero lo más indignante es que esas palabras las diga alguien que pertenece al Clero, echando por tierra las apariciones de la Virgen del Pino, “Lourdes”, la de “Fátima” etc.

Si alguno le creyera, que no es mi caso, porque la fe la sigo manteniendo viva, gracias a Dios, la aparición de la Virgen Milagrosa a la monja a la cual le pidió que fabricara una medalla con lo que estaba mirando y otras que no cito aquí porque de todos son conocidas, la verdad es que hace un “flaco favor” a la Iglesia, por lo que deberían tomar medidas, pues creo que a pesar de sus estudios, no tiene un concepto claro de lo que predica en la “Casa de Dios” y lo que pregona fuera de ella.
Si recordásemos la letra de una canción de la desaparecida Cecilia, que en paz descanse, la de “Dama, dama”, tendríamos que citar eso de que quiere ser “el niño en el bautizo y el muerto en el entierro”, aunque su pertenencia al Clero no le da derecho a mancillar nuestras creencias y me da “que ya se está saliendo de madre”.
Perdón a los que no les gusten mis afirmaciones, pero tenía que escribir esto, aunque vean que no he descargado ofensas hacia él, porque si así lo hiciera me pondría a su altura y esa no es mi costumbre, aunque sí pongo mi nombre como hago en todo lo que escribo.   
    
Juan Santana Méndez




viernes, 18 de agosto de 2017

HACIENDO JUSTICIA

Escribe Juan Santana

“BAJO MI PUNTO DE VISTA”  

HACIENDO JUSTICIA

Cuando los marineros se asentaron en la playa de Arinaga, la mayoría venidos desde la Bahía de Gando, residían en el trayecto que va desde el muelle hasta las inmediaciones de la actual sede de “Protección civil”. Unos lo hicieron en cuevas y otros en improvisadas casas, todas situadas en la orilla del mar, pero cuando era tan solo arena y el agua en escasas ocasiones llegaba a sus hogares.
Es difícil imaginarse esa estampa cuando se ve lo deteriorada que está en la actualidad esa misma orilla que un día pisaron nuestros familiares y vecinos.

Pero en este caso me referiré a la vivienda ocupada por el matrimonio compuesto por Agustín Herrera y su esposa “Dª Trinidad”, pero que todos llamaban “Trina”. Por supuesto vivían con ellos sus hijos, pero que a excepción de uno, todos se habían casado y tenían su casa en otro lugar del pueblo.  Se defendieron como “jabatos” ante los cambios que día a día hacían del litoral en torno a su casa, dispuestos a quedarse por duro que se lo pusieran, pero hasta última hora, “Trina” seguía vendiendo el pescado, no ya de su marido, sino de uno de sus hijos que iba a la pesca unos cuantos días en semana.

En la estatua situada al pie de la “Cuesta de Agüimes”, donde se ve a una señora con una cesta de pescado a la espalda, es el fiel reflejo de muchas mujeres que iban cargadas hasta Agüimes, entre ellas “Trina”, que era una de las que dejaba su casa por las mañanas para regresar después del mediodía, con el cuerpo abatido por el cansancio, pero sabiendo que al día siguiente le esperaba la misma tarea, pues eran tiempos duros y todos tenían que arrimar el hombro.  
  
A mediados de los años 80, les hicieron una oferta que consistía en darles medio millón de las antiguas pesetas, unos tres mil Euros actuales, con la condición de que abandonaran su casa y derruirla, yendo a vivir con uno de sus hijos.

Recuerdo las palabras de mi difunto padre, el cual me decía que en varias ocasiones se juntaban las dos familias para coger más pescado, siendo Trina una de las encargadas de venderlo, acudiendo cada día para entregar el dinero, producto de la venta, dando todos los detalles de lo vendido sin quedarse con un céntimo.

Por todo lo aquí expuesto, vaya para ella mi reconocimiento y respeto.    

 Con mucho cariño y admiración hacia una gran mujer:

Le reconoce su valía: Juan Santana Méndez 

jueves, 27 de julio de 2017

OPINIÓN PARTICULAR

 BAJO MI PUNTO DE VISTA
Escribe Juan Santana (Arinaga)  

OPINIÓN PARTICULAR

A pesar de que ya escribí de un tema al que titulé y publiqué con el nombre de “Manía de cambiar”, hablando del cambio de nombre que los de fuera del pueblo de Arinaga pusieron a la llamada “Punta de la monja”, paraje natural que rebautizaron con el nombre de “Risco Verde”, tan solo porque en su interior tiene una charca llena de Algas marinas, que por supuesto son de color verde, aunque eso no le dan pie a ponerle otro nombre.  
Yo no voy a hacer lo mismo, sino que en esta ocasión, al tratarse de un lugar privado, por cierto que un bar, creo que tan solo cabe mi sugerencia, que si la quieren la cogen y si no la dejan, pues no soy quien para meterme en asuntos particulares, pero aún así me arriesgaré porque creo que con lo que digo no ofendo a nadie.
El bar En cuestión y para no hacer publicidad, por lo que no digo su nombre actual, era propiedad de varias señoras, ya fallecidas y que eran las hermanas, Catalina, Chana, Joaquina y una hija de Catalina que se llamaba Juana.
Aunque estaban todas juntas, la titular era Catalinita, que era como la conocían los vecinos de la playa.     
Pero siempre fue conocido ese local como “el bar. De las Catalinas” o la tienda que tenía al lado como “la tienda de Catalinita”, donde las cuatro estaban siempre haciendo los famosos “manteles de artesanía”, producto no valorado por la gente, que no saben el trabajo que cuesta hacerlo y que además se dejan la vista en él por tener la mirada fija donde ponen la aguja de coser, siempre de un lado a otro.

Pero centrándonos en el bar,  diré que a la barra le decían mostrador, pues tenía en el centro y delante, un hueco tapado con un cristal para “mostrar allí algunas golosinas para que, sobre todo los niños, se les antojara algo, obligando así a los padres a comprarlo.      
Y es que ese local se resiste a ser derruido para colocar allí otra edificación, porque sí es verdad que es una de las pocas edificaciones antiguas que no se han cargado, como hicieron con otras, queriendo dejar a Arinaga sin historia, pero más tarde o más temprano se verá convertida en escombros, Dios no lo quiera.
La única esperanza que nos queda a los que deseamos conservar las cosas que nos representan es la de que al ser de propiedad privada, las entidades públicas no decidan su futuro, rogando a su propietario que lo conserve tal y como ha sido siempre.         
Por eso me gustaría que llevara el nombre que los lugareños le habían puesto, pero acabo pidiendo disculpas si con eso se sienten molestos sus actuales propietarios, porque tan solo es mi opinión particular.


Juan Santana Méndez

sábado, 27 de mayo de 2017

LA FIRMA

Juan  Santana, desde Arinaga:
LA FIRMA
Para dejar claro que en años pretéritos había gratuidad en los estudios, si sabías hacer lo correcto es por lo que me he decidido a escribir el siguiente relato.  

Esto me lo contó una señora, de la cual ruego me permitan omitir su nombre porque no es necesario para comprender esta narración.

En los años pasados, previos a la actual democracia, existía una ley que muy pocos conocían y que era la de poder estudiar gratis en un famoso colegio de Las Palmas de Gran Canaria, tan solo con la firma del alcalde y del párroco del lugar donde residiera el solicitante con sus padres. 


          La buena señora, madre del futuro estudiante, era hermana del alcalde que tenía el municipio en esos años, pero aún así pidió al párroco que si firmaba la solicitud, a lo que este accedió enseguida, máxime cuando era para una buena causa.  La mujer recogió los papeles firmados, pues lo otro era más fácil debido a la confianza que tenía con su hermano, que como dije era el alcalde.

Cuando le contó lo que pensaba, su hermano se negó en rotundo a firmar, diciéndole lo que pensaría la gente si se enteraba de que el sobrino del alcalde iba a pedir una beca como pobre.    Su hermana le dijo entonces que pagara los estudios de su sobrino, pero él le respondió que no tenía dinero para eso.

Después de haber discutido con su hermano se puso en pie para irse de allí con un disgusto tremendo, pensando que lo más sencillo que creyó le había resultado imposible de conseguir.  Tan nerviosa iba que casi no escucha a alguien que le llamaba y que no era otro que un funcionario, el cual trabajaba en las oficinas del ayuntamiento, que había sido testigo de la conversación entre ella y su hermano.  

Este le dijo que no se preocupara por nada, porque su hermano firmaría la solicitud, pero la señora no entendía como se la iba a firmar a él y no a ella que era su hermana, aunque nada tenía ya que perder y le entregó los papeles que momentos antes tuvo su hermano y los había desechado.

 En las palabras del hombre encontró algo de ánimo, por lo que se marchó a su casa quedando a la espera de noticias.

Mientras tanto, en el ayuntamiento todo discurría con normalidad, incluso dictando nuevos “Bandos municipales”, que al no gozar de los adelantos actuales, tenían que hacer uno para cada barrio porque las fotocopiadoras no estaban a la orden del día.

El funcionario se las mostró a su jefe para que las firmara, cosa que hizo enseguida, sin darse cuenta de que en medio de aquellos papeles estaba la solicitud para su sobrino, por lo cual y habiendo firmado todos los “Bandos”, el funcionario se fue a su departamento, desde donde llamó a la señora que solicitaba el papel firmado.  Acudió a las oficinas municipales y recogió el certificado ya cumplimentado, que entregó en el colegio donde su hijo cursó los estudios y terminó la carrera.

Termino diciendo que yo no he citado a nadie en particular, por lo cual creo que si alguno de los protagonistas lee este relato, pienso que no se sentirá ofendido.


Juan Santana Méndez  

lunes, 6 de marzo de 2017

LA CONSIDERO DE NUESTRA PROPIEDAD

Escribe Juan Santana desde Arinaga

LA CONSIDERO
DE NUESTRA PROPIEDAD  

En esta ocasión me gustaría dedicar un momento para nuestra letra “Ñ”, que si bien pudiera resultar insignificante, para nosotros que hablamos el castellano es muy necesaria.


Comenzaré diciendo que nuestro idioma es el español, donde se pueden imaginar como quedaría si suprimiéramos la letra en cuestión.

Pero es que hace años querían suprimirla de los teclados de ordenadores, cosa que no salió adelante, pues la sensatez predominó al saber que siempre ha estado con nosotros y si quieren que hagan otros teclados para el extranjero, ya que los ingleses por ejemplo, nunca han querido dejar de circular por la izquierda y nadie les obliga a hacerlo por la derecha como en los demás países.   

Pero como el caso que me induce a escribir no es de tráfico, les sigo diciendo que si comentas que “tienes cañas” pero cambias la “ñ por la n”, con la mayor seguridad es que te manden a la peluquería para darte el tinte.   

Al gritar: “la uña”, con la nueva norma te responderán: “las dos”. 

Si tropiezas con una peña, es posible que te diga otra persona que eso es algo que no se puede tocar, pero si insistes en afirmarlo, ella, para no ser menos te jurará que se tropezó con el dolor. 

En la llamada “nochevieja” te mirarán mal cuando anuncies que aquí termina el año, mirando a tu parte trasera.

Si un cristal está empañado, sin nuestra letra va a parecer que tiene harina y huevo para freír.

Y así estaríamos horas y horas nombrando palabras, por eso aspiro tan solo a que la lectura de estas letras les haga saber lo importante que resulta un simple guión encima de la “N”, además de perjudicar bastante a nuestros hermanos gallegos que se la ponen a casi todo lo que dicen, por lo que con empeño y cariño les dejo estas dos o tres palabras como muestra de este apaño.  

Campaña y campana, raña y rana, cuña y cuna, tiña y tina, etc.      


Juan Santana Méndez 

viernes, 3 de marzo de 2017

PROTESTA

Desde Arinaga, escribe Juan Santana

PROTESTA

Me gustaría, como cristiano que me considero, alzar una protesta contra la “Gala Drag Leen” celebrada hace unos días en Las Palmas de Gran Canaria, con motivo de las fiestas de Carnaval.

A mí me da lo mismo la gente que sea la encargada de celebrar este tipo de actos, que allá cada uno con su conciencia, pero por donde no paso es que humillen mis creencias religiosas y las de tantos otros que siempre hemos pedido a nuestra Madre del cielo algún favor especial.

Dicen que este año han puesto como prendas y disfraces la vida en los años 60, pues no le veo por ningún lado la relación para que un “sujeto”, por llamarle algo bonito, se le ocurra la excelente idea de salir disfrazado de “Virgen María”, mancillando nuestras creencias, pero sin ser lo suficientemente fuerte para mentar las cosas de otra religión, pues saben que su cabeza le duraría más bien poco sobre su cuello.

Dicen los más viejos que “tanto delito tiene el que ordeña la vaca como el que sujeta la lata”, diciendo esto por las personas que le rieron la gracia con sus aplausos, como dando alas para que sigan haciendo este tipo de “fechorías”.  

Y es que los organizadores del acto tenían que haber valorado el impacto que iba a causar este “sacrilegio” entre los creyentes, ya que soy uno de los tantos ofendidos.

Si lo que quieren es que la gala sea sonada, por favor piensen primero los temas y a las personas que puedan ofender.

El pistoletazo de salida lo dieron muchos que utilizaban como disfraz la vestimenta del “Papa”, por lo que creen que ahora todo vale para lo que ellos denominan “fiesta.  
    
En resumen, que con estas letras hago patente mi más enérgica protesta por estas cosas y pido a la Virgen que nos proteja y haciéndome eco de las palabras de su hijo Jesús, le digo: “Perdónales porque no saben lo que hacen”.  

Espero que todos los que se consideren tan ofendidos como yo, lo hagan público para que en adelante se lo piensen mejor a la hora de celebrar cualquier tipo de acto público.
    
Juan Santana Méndez  

jueves, 22 de diciembre de 2016

AÑO TRAS AÑO

Escribe Juan Santana desde Arinaga

AÑO TRAS AÑO  

Aunque Jesucristo naciera en Belén, para todos los que nos consideramos creyentes, el Hijo de Dios vuelve a nacer cada año en nuestros corazones.

Muestra de ello es que en esta época todos pasamos por alto lo que durante el resto del año nos pone, en palabras de la juventud:”como una moto”.  
 
Ya sé que ahora las cosas andan algo fastidiadas con eso de la crisis, pero el que más o el que menos siempre incumple la promesa hecha el año anterior, pues siempre dicen al terminar la cena de “Nochebuena” eso de: “el año próximo, si Dios quiere, no haré tanta cantidad de comida para cenar”.

Recuerdo que en una ocasión, un familiar mío me comentó lo que había visto en un escaparate de la calle Triana, en Las Palmas de gran Canaria, ya que tras el cristal se veía una mesa repleta de toda clase de manjares, como los dulces navideños, carne, pescado etc.

Era tal la cantidad de cosas que casi no cabían en la mesa, pero al fondo estaba una puerta pequeña, por la cual se divisaba la imagen de un niño, con ropas maltrechas, pero que con sus ojos quería devorar toda aquella comida.  

No hace falta ser un hombre de ciencia para saber que todo ese “tinglado” era para denunciar las grandes diferencias que hay en el mundo, diferencias que hemos creado nosotros, porque mientras unos enferman a causa de los “empachos”, otros lo hacen por culpa del hambre que padecen.

Pero es que por mucho que lo sepamos, nunca colaboramos para erradicar eso del planeta, pero sí que tranquilizamos nuestra conciencia diciendo que esa es labor de los gobernantes, que para eso cobran. 

Así que unos por otros y “la casa sin barrer”.
Yo creo que todas las cosas, con mesura, pueden resultar buenas, pero pensemos también a la hora de celebrar las fiestas en aquellos hogares donde lo están pasando mal, no teniendo que ir muy lejos por desgracia para encontrarles, estarán más cerca de la verdadera Navidad.   


Unos y otros recordaremos a esos que un día partieron hacia el cielo, reconfortándonos el pensamiento de que estarán junto a Dios. 
Por todo lo expuesto, vayan mis deseos de felicidad y paz para todos y que ese Niño que va a nacer nos traiga salud y paz, sin olvidar que nació en un mísero portal, pero que por eso nos enseña lo que significa la palabra humildad.

¡Feliz Navidad y un próspero año nuevo para todos y para todas! 

Juan Santana Méndez



sábado, 17 de diciembre de 2016

“DESPUÉS DE CONEJO IDO…”

Escribe Juan Santana desde Arinaga
“DESPUÉS DE CONEJO IDO…”  

Con el fallecimiento, el pasado día 15 de Diciembre de 2016, del marinero Juan Santana Trujillo, a los 92 años de edad, que era el hermano de otro marinero, de nombre José Santana Trujillo, se termina con la historia viva de los antiguos marineros de la Playa de Arinaga, en este caso a los que llamaban “Los Parientes”.   

Por si piensan en “Los Artiles” o “Los hermanos Herrera”, ya pueden ver que no los he olvidado, pero es que en este caso los primeros siempre han puesto su barco en varios sitios, pero no en la misma playa.

En cuanto a los segundos, los que se llevan el protagonismo son los fallecidos, Fernando y Agustín.

Todos los que vivían en las cuevas se alegraban cuando alguien fijaba su residencia o casa de veraneo en Arinaga, pero al final los que sobraban eran esos que toda la vida habían estado en la playa.   

Por eso le doy la razón al que afirmaba que “de fuera vendrán y de tu casa te echarán”. 

En el pueblo han puesto calles como:”Anzuelo”, “Fula”, “Palangre” etc. También marinos ilustres que nadie conoce en la actualidad, pero que quizás en su época los conocían tan solo en su casa a la hora de comer.

Comenzaron a quitarle sus llamados “güinches”, que era lo que utilizaban para varar el barco, luego intentaron que se fueran al muelle, que está junto al restaurante “La Farola”, pero al no poder conseguir su propósito, decidieron sentarse a esperar hasta que se jubilaran.

Para quedar a bien, colocaron en la Avenida un cartel que ponía:”Avenida de los marineros”, metiéndoles así en el mismo saco. 

Esa idea tendrían que pensarla antes, cuando pusieron las calles del pueblo, por ejemplo: “Avenida de los Almirantes de España”, “Avenida de los Marineros de España”, “Avenida de los descubridores” etc.

Así podían aglutinarles y sobrarían calles para que las llevaran sus primeros pobladores, o sea los marineros.

En mis críticas a “La Vará del pescao”, concretamente la de este año 2016, digo que una persona afín al partido “Roque Aguairo”, comentó a mi padre que él le había sugerido a D. Antonio Morales que les hiciera un homenaje a mi padre y a mi tío, por ser los dos únicos marineros que estaban vivos, pero creo que no le quiso escuchar.

Aquí somos muy dados a hacer “homenajes póstumos”, pues por eso les digo que ni siquiera se les ocurra hacerles ahora un homenaje, ni siquiera nombrarles en sus panfletos electorales, porque bien claro lo expreso: “Del buen nombre de Los Parientes nadie se vale”.   

Y es que los hay que tratan a patadas a sus padres, pero si fallecen gastan todos los ahorros propios en grandes coronas y ramos de flores. Vergüenza debían de darles, pues todos saben como les maltrataron en vida.   


Juan Santana Méndez 

domingo, 11 de diciembre de 2016

ANTES DE QUE SEA INEVITABLE

Juan Santana, desde Arinaga

ANTES DE QUE SEA INEVITABLE

Hoy me ha dado por escribir del llamado “Muelle viejo”, el cual, como si de una vela se tratara, se va apagando poquito a poco sin que nadie haga nada para que su deterioro sea irreversible, pues ahí sigue él solito, aguantando las embestidas de esas olas, que si Dios no lo remedia, dejarán un solar vacío.

Después llegará la hora de lamentarse, intentando justificar el caso con mentiras piadosas, pero con unas fotos despampanantes de lo que un día fue el muelle por el cual se desembarcaban las latas de petróleo que servían de carburante para que el Faro pudiera iluminar y guiar a todos los barcos que iban y venían por esta zona del Océano Atlántico, siendo vital ese Faro para evitar disgustos a los marineros.

Yo compararía esas fotos posteriores al derribo del muelle a las clásicas postales, que por mucho que lo intentes, nunca encuentras en el terreno la imagen de dicha postal.

Por la desidia de los que pueden remediar su caída total, se dará al traste con siglos de historia, recordándoles que mi difunto abuelo, que nació a finales del siglo XIX, cuando llegó a la playa de Arinaga ya estaba hecho el “Muelle viejo”.


Es duro decirlo, pero aquí somos dados a conservar todo lo que se pueda meter en un museo, porque las entradas son una fuente de financiación, pero esto del muelle no le interesa a nadie, sabiendo que si hubieran actuado antes, poniendo unas piedras grandes delante, el mar no acabaría derruyendo algo que para los que hemos nacido en Arinaga, representa una de las reliquias que aún se pueden salvar, aunque me parece que el espectáculo consiste en hacer apuestas sobre la fecha de su final.

En mi libro “Memorias de Arinaga”, que no es por hacer publicidad, escribí un archivo con el nombre de “Enclaves perdidos de Arinaga”, donde además de este muelle, también nombro una serie de lugares que han desaparecido por la acción u omisión de los que podían evitar su desaparición y no lo hicieron.

Con este tipo de acciones, me parece que a las futuras generaciones no le dejaremos piedra sobre piedra, pero sí un inmenso catálogo gráfico de las cosas que han desaparecido, aunque por supuesto que acusando a otros de su lento deterioro o derrumbe trágico, dejando en blanco la página de los culpables, no vaya a ser que esté su nombre o foto ahí.

No quisiera pecar de lo que algunos llaman “adivino”, pero creo que a este muelle le han catalogado como algo que estorba, máxime cuando están ya el que da comienzo a “Zoco Negro” y el Puerto situado en el Polígono de Arinaga, por lo que emplearé la frase de un amigo, el cual llevaba de una habitación a otra de su casa a su sobrinita en brazos y al darse cuenta de que todas estaban ocupadas, dijo a la niña: ¡Tú sobras aquí!

Ahora apliquen esta frase al “Muelle viejo” y se darán cuenta de lo que pretendo con esto que aquí les dejo.

Juan Santana Méndez

lunes, 28 de noviembre de 2016


Escribe Juan Santana desde Playa de Arinaga
COMO LAS VACAS EN LA INDIA

Quisiera tratar aquí el tema de los pinos en la playa, que los trajeron del norte, pero que para los habitantes de Arinaga, si me permiten la expresión, resultó un verdadero suplicio, porque no se podían tocar, bajo pena de sanción económica.       Casi antes de trabajar los solares, las autoridades competentes habían decidido plantar pinos en lo que un día serían las calles de Arinaga, que fueron dicha y gozo para algunos, pero para la mayoría fue un verdadero problema.  Era una variedad de pino, catalogada como “pinos marinos”, que en algunas ocasiones y después de acabar la construcción de la vivienda, resulta que les quedaba casi delante de la puerta, pero que se tenían que aguantar, porque era más delito arrancar uno de esos ejemplares que asaltar un banco.
Cuando los trajeron, venían dentro de unas pequeñas bolsas, que después de abrir el pertinente hoyo, era quitada, depositando el pino en el hueco, abierto para albergar al citado árbol.       Podían estar durante una temporada sin recibir agua, viviendo tan solo con la escarcha, que en las islas le llaman “relentadas”.
Algunos ejemplares se desarrollaban con el tronco fino, aunque por el contrario, había muchos con el tronco grueso, cogiendo además bastante altura, viniéndome ahora a la memoria, dos de ellos, que estaban frente a la casa del dueño del “bar del Pino”, que era aprovechado por un vecino cercano, de pocos años de edad en esa época, el cual se subía casi hasta arriba, para así aprovechar esa altura para mirar por las ventanas de la casa, espiando así a todos sus miembros, en especial a las de sexo femenino.
Esos árboles si tenían el tronco grueso, que al arrancar los pinos, unos años después, un vecino, marinero de profesión, los cortó en tramos de un metro aproximadamente, para fabricar unos “parales”, que eran utilizados para varar el barco, poniéndolos debajo, haciendo que la quilla del barco no cayera al suelo, desplazándose el barco sobre ellos. Tenía que hacerles una empuñadura, aparte de rebajarlos en el centro, pero con la “zuela”, que es una herramienta de los carpinteros, se las veía y se las deseaba para quitarles un poco siquiera. El problema con esos parales, es que eran muy pesados, por lo que no se podían poner mientras el barco tuviera agua debajo, porque no flotaban como los otros, por ser muy pesada esa madera, aunque a dureza no había quien le ganara.   
Para ganarte una multa por partir una pequeña rama de un pino, tampoco era necesario que te viera un guardia, sino que bastaba con la denuncia de un vecino, cosa que hacía a estos ejemplares, una especie “intocable”, porque ya sabías a lo que te exponías al causarle el mínimo daño. 
Y es que lo de la multa no es ninguna invención mía, por si alguien lo piensa, ya que sé de una familia, desaparecidos los progenitores, que tuvieron que pagar esa multa, ya que su hija mayor partió una pequeña rama de un pino, el cual estaba situado dentro de una terraza, en la confluencia de las calles Juan de la Cosa con Avenida Polizón.
Por cierto, los ejemplares más altos, por estar mejor cuidados, estaban en el interior de unas terrazas, situadas a lo largo de la Avenida Polizón, que por cierto y haciendo un pequeño paréntesis, diré que eran casi treinta, las terrazas que había. La mayor parte de ellas, por no decir todas, estaban en terreno cogido a la vía pública, que fueron instaladas con la condición de que había que desalojarlas, al cambiar o ampliar la carretera principal.           
   Por eso, cuando pusieron aceras nuevas y más amplias, todas las terrazas fueron derribadas, cayendo así también los pinos que en ellas había.
Muchos vecinos vieron como eran talados aquellos pinos, que en fechas no tan lejanas en el tiempo, fueron tratados como reyes, pero que ahora acababa su reinado, aunque quedaron algunos ejemplares repartidos por unos solares particulares del pueblo y en el colegio de Secundaria de Arinaga.

Juan Santana Méndez  

     

jueves, 29 de septiembre de 2016

VIVIENDO DE LOS RECUERDOS

Juan Santana desde Playa de Arinaga

VIVIENDO DE LOS RECUERDOS  

Voy a intentar enumerar las tiendas que en uno u otro momento estuvieron en Arinaga, pero sin especificar la fecha en la que estuvieron despachando al público las cosas más elementales, como pan, huevos, aceite y otro gran número de cosas, diciendo que a la mayoría de estas las conocían como “Tiendas de aceite y vinagre”.  

Una de ellas era la que llamaban “la tienda de Rosarito”, que al cabo de los años la cogió su hijo Antonio Pérez, al que todos conocíamos como “Tontón”.

Mientras el esposo de Rosarito trabajaba como conductor de camiones para una empresa dedicada al empaquetado del tomate, cosa que le hacía ir a Las Palmas casi a diario, este aprovechaba para traer frutas y verduras frescas para la tienda, cosa que no podían hacer las demás.  Su hijo la convirtió luego en supermercado, más amplio y con mayor variedad de productos.

La otra estaba situada en la esquina contraria a la arriba citada, que le decían “la tienda de Lantigua”, que al igual que las demás, también despachaban copas, pero vendía más cosas, por ejemplo tocino para la comida, latas de conserva, bebidas y todo lo relacionado con el consumo de un hogar.   

Una, que era pequeña fue la de Carmita, la cual, sobre todo en horas de la tarde y noche también servía algún que otro ron a los que se acercaban por allí, aunque en realidad era una tienda de comestibles, pero tengo que reseñar que esta mujer tuvo la primera ubicación de su negocio a orillas de la playa, en el grupo de casas que estaban situadas donde se asienta hoy la sede de protección civil en Arinaga.

      Junto al “bar del Pino” estaba la esposa del dueño de dicho local, a la que conocíamos como “Fabita”, que también tenía una pequeña tienda, pero que al contrario de la de Carmita, esta daba para la carretera principal, por lo que a pesar de estar muy cercanas la una a la otra, cada cual tenía su clientela.  

En la misma playa, donde está hoy “protección civil”, estuvo una tienda pequeña, la cual era propiedad de “los Quevedo, que no vendía mucho, pero los fines de semana abrían el bar que estaba junto a la tienda, donde se reunía bastante gente, sobre todo en el verano, al ser el local más cercano a la zona de bañistas.  

Esta gente procedía de “Los Corralillos”, que era el lugar donde tenían sus terrenos de labranza, pero que formaron parte de los vecinos de la playa al fijar su residencia aquí.   

Cerca del muelle estaba la tienda que regentaban cuatro mujeres, de las cuales tres eran hermanas y la otra era la hija de una de ellas, concretamente a la que conocíamos como “Catalinita”, siendo el nombre de su hija el de “Juanita”. 

         En esa tienda estaban siempre haciendo los típicos manteles bordados, pero a mediodía pasaban al bar. Que tenían junto a la tienda, que era una superficie pequeña, siendo visitada por una clientela asidua, la cual le facilitaba un buen negocio. 

Los lugareños conocían estos dos locales como “el de las Catalinas”, aunque hoy en día los inquilinos del bar le pusieron “la Universidad”, que son los que abren los fines de semana ese pequeño local, que se resiste a cerrar sus puertas definitivamente.

Muy cerca de allí estaba el bar. Y tienda de Miguelito, a donde acudían para echar una partida a las cartas unos clientes asiduos, se tomaban unas copas y así pasaban el rato. 

         Era uno de los dos locales que vendían en exclusiva las pequeñas “bombonas de gas” de color verde y las de color rojo, las cuales se fabrican todavía.

          Era conocido este sitio por la manera que ideó su dueño para tener claridad y ventilación, ya que sus puertas las fabricó con unas rejas, pasando a denominarse por la gente como “el bar de las rejas”. 

Si seguimos hacia arriba por esa calle “Alcalá Galiano”, en la confluencia de esta calle con la de “Avenida Polizón”, nos encontrábamos con la tienda de Manolito Vega, que al igual que la de Rosarito, también derivó en supermercado, cuando su hijo Juan se hizo cargo de la misma.
   
A pesar de estar fuera de la señal de tráfico que delimita el comienzo del pueblo, me referiré ahora a la pequeña tienda que había en “el 1”, donde a duras penas se mantenía la “tienda de Aguedita”, la cual evitaba que los vecinos cercanos tuviesen que ir hasta la playa para comprar por ejemplo un paquete de azafrán o cualquier otra pequeña cosa que les hiciera falta para la comida. 
Es por eso que la cito aquí, para dejar constancia de que estuvo en ese lugar.  

Sé porque mi difunto padre me lo llegó a decir, que hubo otra tienda, muy cerca de la casa de Laureano MENA, pero creo que con esto queda demostrado que Arinaga tuvo una buena cantidad de locales dedicados a la venta de comestibles y que cada uno tenía una clientela fiel, en aquellos años que podías decir: ¡Se lo apunta a mi madre! 

Pido disculpas si alguna he pasado por alto, pero no es mi intención.
  

Juan Santana Méndez 

lunes, 5 de septiembre de 2016

VARÁ 2016

Escribe Juan Santana, desde Arinaga:

VARÁ 2016

Aunque fiel a la cita con la crítica a “la vará del pescao”, no puedo negar que en esta ocasión la vivo de una manera diferente, pues el pasado 20 de Julio falleció mi padre, que era un marinero de toda la vida, cosa que me da fuerza para seguir en mi empeño de que no involucren a los marineros en este invento, aunque más bien es una copia reformada al gusto.


 He dicho y repito todas las veces que haga falta, “QUE NO ES MI INTENCIÓN EL QUE SUPRIMAN LA FIESTA”, pero sí que dejen de mezclar a los marineros en este “desaguisado”, pues los tildan de borrachos.    
 
Y es que aquí no honran la memoria de los que un día fundaron la playa, sino más bien todo lo contrario, aunque de todas formas, el 95% de los que acuden no conocieron a ningún marinero de la playa, pero es que el 5% que resta prefiere ignorarlos; ¡Y que siga la diversión!   

Muchos pensarán para sí: “Es que al ser ciego no comprende el sentido de la fiesta”.  

Pues a esos les digo que sí, en verdad soy invidente, pero no “totorota”, pues me doy cuenta del cariz que ha tomado ”aquel pequeño asadero” que se hacía en la playa como  si de un brindis popular se tratara.  

Es lógico que sean horas bajas para mí, pero no voy a cesar en el empeño, porque quizá esto me dé más fuerza para reafirmarme en lo que cada año escribo sobre “la Vará”. 

Lo de que escojan a otro colectivo para “endosarles” la fiesta, la verdad, creo que no se iban a disputar tan “honroso merecimiento y galardón”.   

Si es que al llegar estas fechas, siempre decíamos que las fiestas en honor a la Virgen del Pino estaban cerca, pero ahora solo escucho decir que ya queda menos para la Vará, por lo que hay que comprar la camiseta para la ocasión, aunque no porque hayan subido de peso y no les sirva la que tienen en casa, sino que es feo ponerse dicha prenda con el título del pasado año, que tan solo tendrán problemas monetarios, ya que no podrán disculparse con eso de que no sabían donde se vendía, porque no hay comercio que se precie que no las tenga en sus estanterías, siendo un absoluto despliegue por todo el pueblo de Arinaga, a pesar de que ignoro si estarán también en el resto del municipio.     

Todos los que hayan leído mis críticas a “la Vará”, que por cierto lo hago desde el año 2008, me odiarán, pero es que yo escuché en una ocasión, alguien cercano al Ayuntamiento de Agüimes, o por lo menos que comparte las ideas políticas del consistorio agüimense, decir que no estaba para nada de acuerdo con el rumbo que había tomado dicha celebración, pues dejaban el pueblo hecho una miseria.  

Disculpen que no revele su identidad, pero al ser una conversación entre esa persona, mi difunto padre y yo, no creo que sea de recibo el que yo lo vaya pregonando a los cuatro vientos, porque sé guardar un secreto, pero es que además pienso que si él hubiese querido hacerlo público, la verdad es que disponía de medios para ello.

Eso me gratifica, pues es síntoma de que no estoy solo en la lucha, a pesar de que yo voy más allá al sugerir que no quiten la fiesta, pero sí que no metan a los marineros en ese “fregado”.
Por eso me gustaría despedir estas líneas, como siempre, pidiendo disculpas si con ellas ofendo a alguien, pero además nombrando a la Madre de Dios, que es ella el verdadero motivo de estas fiestas.      
¡Viva la Virgen del Pino!


Juan Santana Méndez 


viernes, 22 de abril de 2016

PIEDAD

Las historias de Juan Santana
“PIEDAD”

    No quisiera que nadie pensara que por el título que he puesto a este documento, es porque quiero pedir clemencia, ya que me centro tan solo en lo que me sugiere dicho nombre, el cual ya no se utiliza como antaño. 

     Y es que la afirmación de que somos como máquinas no resulta nada descabellado, porque a veces sucede que al escuchar una sola palabra, esta actúa como una clave, la cual activa en nuestro cerebro una serie de vivencias y cosas con la que puedes compararlas, siendo este mi caso con la citada palabra “piedad”.  

     Pensamos que “piedad” es algo que deben tener con nosotros y ya está, pero lo de que debamos tenerla con los demás, eso ya es otro cantar, poniendo condiciones para ello, aunque no la ponemos para con nosotros.

     Ya dice el refrán popular que “no es lo mismo predicar que dar trigo”, por lo cual exigimos tan solo a los demás, pensando que nosotros tenemos más derecho que el prójimo, pues ¡faltaría más!
     
     Es por eso que la piedad es relativa, porque ante un mismo caso, solemos cambiar nuestra opinión si la persona que la pide es de raza blanca o no lo es, también si es de aquí o por el contrario es inmigrante, en cuyo caso ni siquiera se nos ocurre plantearnos la posibilidad de pensarlo.

   En ninguno de los casos debemos confundir la piedad con la condescendencia, porque podríamos caer en el error de perdonar al que se extralimite en sus funciones.

       Es por eso que pienso que lo de ser juez es algo complicado, al no tener nunca la certeza de saber si nuestro veredicto es el más correcto.

     Para la mayoría de los católicos, cuando acudimos a misa, decimos: “Señor ten piedad; Cristo ten piedad”, pero en este caso se puede decir que pedimos, pero no practicamos la caridad, por el sencillo hecho de que pedimos la piedad sin que se nos impongan condiciones, cosa que no hacemos cuando nos la piden.

     Con esto no quiero generalizar, pero todos y cada uno de nosotros deberíamos indagar en nuestro interior si la damos con la misma facilidad que la pedimos.

        En conclusión, que al pedir algo, nos tendremos que poner en el lugar del otro, preguntándonos si nosotros seremos capaces de dar en el caso de que se nos pida algo que sí tengamos.

Juan Santana Méndez

       

jueves, 7 de abril de 2016

”A BUENAS HORAS”

 Escribe Juan Santana (Arinaga)

”A BUENAS HORAS”  

Hoy me vino a la memoria lo que en una época no quisimos escuchar y pienso que estábamos equivocados, aunque solo hable en mi nombre, ya que los demás no sé lo que pensarán.    

Resulta que en los años 70, cuando aún teníamos solo un canal de televisión, que era la que veíamos todos los canarios a través del canal situado en la isla de Tenerife, concretamente en Izaña, aunque tenía un repetidor que estaba en las cumbres de Gran Canaria,  nos gustaba ver la película que proyectaban en el programa llamado “primera sesión”, que venía a ser, más o menos como el actual “Cine de barrio”, los Sábados por la tarde, aunque con la diferencia de que no eran solo películas españolas, pudiendo tocar por ejemplo una de “Tarzán”, que al ser de más duración que el resto, se le empezó a llamar “Largometrajes”.  

Lo que iba antes de la película era algo sobre refranes populares, presentado por un señor al que le teníamos manía, pues con los deseos de ver la película, sus refranes nos resultaban pesados.
Creo que sus apellidos eran “Calvo Sotelo”, pero de eso no estoy seguro.

          Lo que él hacía era decir los refranes por temas, como por ejemplo el tema de la espera, donde decía “El que espera, desespera” y otros relacionados.

Hoy, en la distancia, valoro aquello que me perdí, pudiendo reflejar yo mismo otro refrán que dice: “Los árboles no me dejaron ver el bosque”.
Pero es que sirven para salirte por la tangente, cuando no sabes que decir, ya que le sueltas cualquier refrán popular y dejas a tu interlocutor fuera de juego y sin saber que responder, dándote un momento de reflexión para saber como continuar.  

  No es nada nuevo el que los refranes vienen del pueblo, siendo todos aplicables a la vida cotidiana, porque todos hemos mencionado alguna vez eso de: “Al que madruga, Dios le ayuda”, si te encuentras una cartera, pero siempre está el pesimista que te dice: “Pues más madrugó el que la perdió”. 

En realidad los dos llevan razón, aunque uno lo dice de alegría y el otro de “aguafiestas”.

Espero no cansarles con estas cosas, pero me doy por satisfecho si a los cinco minutos de leer esto ya se han olvidado de él, pero despertando en sus memorias los refranes que siempre hayan escuchado. 


Juan Santana Méndez

jueves, 24 de marzo de 2016

VISITANDO LA RADIO

Las Historias de Juan Santana (Arinaga)

VISITANDO LA RADIO

En la mañana de hoy, día 17 de Marzo de 2016, acudí a la emisora Radio Planeta FM, que está situada en el Cruce de Arinaga. Me acompañó mi hermano, pues yo solo no puedo llegar debido a mi minusvalía.

Allí estaba citado para hablar de la financiación de mi segundo libro, pues yo le había pedido a Ángel que si se podría hacer un llamamiento a través de las ondas, tan solo para si alguna persona o entidad colaboraba en este sueño, que es posible que un día se haga realidad.
 
Por supuesto que yo no quiero ser como el burro flautista que Tomás de Iriarte cita en su poesía satírica, que por haber escrito un libro me considere un escritor.     
 
Volviendo a la radio, que es el caso que me mueve a escribir esto, debo decir que sin conocerme de nada, estuvieron prestos y dispuestos para hacerme un hueco en su programación, cosa que les agradeceré siempre, funcione o no mi llamada a la colaboración que desemboque en la publicación del libro, ya que tan solo con la intención basta.

Sin ánimo de “peloteo”, confieso que me recibieron como si fuera el director de la emisora.

Aunque sea la segunda vez que acudo a ponerme delante de un micrófono, creo que de algo me sirvieran los años que estuve como “radioaficionado”, aunque las dos “féminas” que me hacían las preguntas me dijeron antes de salir al aire el lugar donde estaba el micrófono y ajustar el volumen de los auriculares, también llamados “cascos”. 
La petición ya está hecha, ahora solo falta que una persona de buena voluntad se decida a que el hoy “manuscrito” pase a ser un ejemplar listo para que la gente se entretenga un rato con la lectura.

Yo no cito aquí al hombre, que desinteresadamente corrigió el futuro libro, por si le gustase quedar en el anonimato, aunque vaya mi agradecimiento también para él.  

Solo espero y deseo que esto que con cariño y dedicación he escrito, una vez publicado, tenga la misma aceptación que el primero, al cual titulé “Memorias de Arinaga”, aclarando que si pudiera llegar a un acuerdo con el posible financiador, haría con los beneficios de la venta lo mismo que con el primero, que es destinar ese dinero a “Caritas”, porque lo primero es que yo no vivo de la escritura y lo segundo es que por desgracia hay mucha gente necesitada.   


Juan Santana Méndez