jueves, 22 de diciembre de 2016

AÑO TRAS AÑO

Escribe Juan Santana desde Arinaga

AÑO TRAS AÑO  

Aunque Jesucristo naciera en Belén, para todos los que nos consideramos creyentes, el Hijo de Dios vuelve a nacer cada año en nuestros corazones.

Muestra de ello es que en esta época todos pasamos por alto lo que durante el resto del año nos pone, en palabras de la juventud:”como una moto”.  
 
Ya sé que ahora las cosas andan algo fastidiadas con eso de la crisis, pero el que más o el que menos siempre incumple la promesa hecha el año anterior, pues siempre dicen al terminar la cena de “Nochebuena” eso de: “el año próximo, si Dios quiere, no haré tanta cantidad de comida para cenar”.

Recuerdo que en una ocasión, un familiar mío me comentó lo que había visto en un escaparate de la calle Triana, en Las Palmas de gran Canaria, ya que tras el cristal se veía una mesa repleta de toda clase de manjares, como los dulces navideños, carne, pescado etc.

Era tal la cantidad de cosas que casi no cabían en la mesa, pero al fondo estaba una puerta pequeña, por la cual se divisaba la imagen de un niño, con ropas maltrechas, pero que con sus ojos quería devorar toda aquella comida.  

No hace falta ser un hombre de ciencia para saber que todo ese “tinglado” era para denunciar las grandes diferencias que hay en el mundo, diferencias que hemos creado nosotros, porque mientras unos enferman a causa de los “empachos”, otros lo hacen por culpa del hambre que padecen.

Pero es que por mucho que lo sepamos, nunca colaboramos para erradicar eso del planeta, pero sí que tranquilizamos nuestra conciencia diciendo que esa es labor de los gobernantes, que para eso cobran. 

Así que unos por otros y “la casa sin barrer”.
Yo creo que todas las cosas, con mesura, pueden resultar buenas, pero pensemos también a la hora de celebrar las fiestas en aquellos hogares donde lo están pasando mal, no teniendo que ir muy lejos por desgracia para encontrarles, estarán más cerca de la verdadera Navidad.   


Unos y otros recordaremos a esos que un día partieron hacia el cielo, reconfortándonos el pensamiento de que estarán junto a Dios. 
Por todo lo expuesto, vayan mis deseos de felicidad y paz para todos y que ese Niño que va a nacer nos traiga salud y paz, sin olvidar que nació en un mísero portal, pero que por eso nos enseña lo que significa la palabra humildad.

¡Feliz Navidad y un próspero año nuevo para todos y para todas! 

Juan Santana Méndez



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