Diario

Diario de un cura

SIEMPRE ESTAMOS EMPEZANDO
LOS CURAS DEL ARCIPRESTAZGO PARTICIPARON EN “LA PLAZA DE LA IGLESIA” DE RADIO AGÜIMES Y RADIO TAMARACEITE



Hace unos días  murió D. Juan Artiles, un sacerdote de nuestra diócesis nacido  y muy querido en la villa de Agüimes. Tenía 83 años. Muchos de esos 83 años los vivió trabajando para la diócesis, desde el Obispado y siempre con actitud dialogante.  Un vecino me comentó:

-Bueno, con 83 años, D. Juan ya no tendría otro proyecto sino descansar. 

-Te equivocas,  amigo.  Pobre de la persona que, a la edad que sea, abandona los proyectos y las ilusiones. La última vez que hablé con  D. Juan, hace unos meses, me contó  que seguía  trabajando,  aunque ya sus fuerzas estuvieran mermadas,  en el proyecto de  beatificación del siervo de Dios Antonio Vicente González. Y que andaba ilusionado con contactar con una comunidad religiosa que viniera a sustituir a las Teresianas de Agüimes. Y que estaba tomando notas para un nuevo libro. No, D. Juan nunca se rindió. 

No quiero  imaginar a  un maestro o a una catequista o a un cura que empiece un nuevo curso sin ganas, dispuesto a repetir lo mismo del año pasado porque ya ha perdido el entusiasmo. No quiero imaginar a nadie de mi Iglesia tirando la toalla por los problemas que encontramos día a día, o por la edad que limita nuestras fuerzas  o por ninguna otra dificultad. Quiero una Iglesia siempre viva, siempre ilusionante, siempre con nuevos proyectos adaptados a cada momento y a cada lugar. Don Juan Artiles es un ejemplo a seguir.   

El otro día estuve en un concierto del cantautor Luis Guitarra: Y decía cosas como estas: Mientras haya un horizonte en esta tierra,/mientras no pierdas las ganas de reir, /mientras brille en nuestro cielo alguna estrella,/no te rindas, no te canses de vivir.  Mientras haya quien denuncie en las aceras/ la injusticia, las promesas sin cumplir…/Mientras quede algún peldaño en tu escalera/ no te pares, no lo dejes sin subir.  

Con esa ilusión quiero empezar este nuevo curso. Con esa actitud terminó Juan Artiles el curso de su vida.
     

 Escuche aquí el programa de radio:



 De izquierda a derecha: Yurena, Victorio, Miguel, José Manuel, Hiurma y Suso
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 Suso
De izquierda a derecha: Victorio, Miguel, José Manuel, Hiurma y Suso. 

VERANO,
CON UN LIBRO EN LA MANO.

Los libros, como las bicicletas, son para el verano.

Todos los años, cuando llegan estas fechas y afloja la actividad en las parroquias, hago la lista de los libros que me propongo leer. O mejor, intento leer, porque no siempre lo cumplo. Anoche estaba intentando hacer la selección, que no siempre es fácil: alguna novela, algo de poesía, un tema de espiritualidad, un autor canario…La cosa es no perder, -o si se ha perdido,  recuperar-  el hábito de la lectura. Y me acordé del primer libro que leí estando en el Seminario. Bueno la verdad es que D. Heraclio, mi profesor de Literatura, nos  transmitió un tremendo amor a los libros y en clase leíamos y comentábamos muchos de ellos. Pero así, por mi cuenta, se me ocurrió comprar por correo a una editorial de la península, la novela “La vida sale al encuentro”. Contaba la historia, en forma de diario, de un muchacho de 15 años. La edad que yo tenía entonces. Aquel libro fue para mí un descubrimiento. Me lo leí más de una vez. Me identificaba con Iñaqui, su protagonista y me atreví a escribir a su autor, José Luis Martín Vigil que me contestó y me envió de regalo otro libro llamado “50 amigos”. Es más. La primera vez que fui a Madrid, aprovechando que Pino, mi hermana,  vivía allí, me atreví a ir a la casa del autor y hablar con él.  Aquel libro y las clases del Seminario crearon en mí tanta  afición a leer, que ya me gustaría poder recuperar. Reconozco que, para leer, tenía que  hacer trampas.  En el seminario, 
en aquellos tiempos,  nos exigían apagar las luces de las habitaciones y acostarnos a dormir desde las 10 de la noche. 
Yo, como algunos otros compañeros, hacía alguna trampa para que, desde fuera,  no se notara que teníamos la luz encendida. Y  así podíamos continuar leyendo aquellos libros, como “La vida sale al encuentro”, que tanto nos marcó. Ahora, al hacer la nueva lista para el verano, procuro incluir algunos otros que me han acompañado siempre en mi vida: “El diario de Ana Frank,”  “El Principito” o las obras completas de Tagore.  Un verano sin lectura, por muy buen tiempo  que haya, no es un buen verano. Hoy tengo un deseo: leer, aprender, y animar a que otros también lean. 


VIAJERO SÍ. TURISTA NO

He tenido la suerte de viajar bastante…y me sigue ilusionando. Pero la verdad: lo que más me entusiasma no es tanto conocer los monumentos del lugar sino la forma de vivir de la gente. Poder dialogar, escuchar, intentar comprender sus costumbres y su modo de vida y crear relaciones de personas. 

No hace mucho, en Madrid, conocí a una pareja con la que hice amistad. Me dijeron que habían estado dos veces en Gran Canaria; pero que, realmente, sólo conocieron de la isla  el hotel y la playa.  Ni siquiera hablaron nunca  con un canario. Si acaso, un saludo de buenos días o buenas noches y poco más.  Yo les volví a invitar a venir y estuvimos juntos  una semana. Les presenté a  algunos de mis amigos. Les enseñé  Agüimes e Ingenio, vieron nuestro folklore, hicieron senderismo. Y, sobre todo, compartimos muchos diálogos y vivencias con la gente de mi pueblo. Más tarde me confesaron que realmente estuvieron en esta Isla sólo cuando se relacionaron con gente de aquí. Las otras visitas fueron otra cosa.

Hace unos años estuve en África, en Malawi,  con amigos de la parroquia. Nos quedábamos en una casa misionera y participábamos de las actividades organizadas por la iglesia y por la comunidad religiosa  que allí trabaja.  Conocimos las escuelas y hablamos y cantamos con los niños. Palpamos  la vida de la gente en la calle y los paisajes inigualables que de noche se iluminaban con la luna más grande que nunca he visto.  No sé decir ahora mismo el nombre de ningún edificio importante de Malawi. Tampoco me importa mucho, la verdad. Pero tengo en mi mente la sonrisa inmensa de los habitantes de aquel pueblo pobre pero alegre. Y recuerdo la iglesia llena, un domingo por la mañana, con toda la gentecantando a voces, como si formaran una coral. 



Y el mercado callejero,  siempre repleto de gente. Claro que no puedo decir que conozco Malawi pero sí puedo decir que  conozco algo de cómo es la gente de allí. Para que un viaje tenga valor no basta que uno haya hecho quinientas fotografías espectaculares. Es necesario que la  gente, la vida de ese lugar impregne el corazón y puedas aprender a quererlo. Es necesario emocionarte.  
Todos los que estuvimos en ese viaje  recordamos aún emocionados las muchas horas vividas en aquel  hospital de Kapiri con  los trabajadores, las religiosas y los enfermos que habían llegado hasta allí caminando largas horas para ser curados. 

Me gusta viajar, ya lo he dicho. Pero no me gusta ser turista. No sé a dónde iré este verano. Pero seguro que iré  a cualquier lugar del mundo en el que sea posible dialogar con alguien, aprender de la gente y empaparme, aunque sea con dolor, de la vida del pueblo.  Iré a donde sea posible emocionarse  y  convencerse de que allí hay  hermanos míos. 




TIEMPO
PARA SONREÍR
Algunas veces me pasa que, cuando termina la jornada y ya voy a dormir,  me sorprendo  a mí mismo con una  sonrisa de felicidad.   Y me pregunto  ¿por qué esta alegría? Necesito entonces repasar lo vivido durante la jornada para descubrir el motivo. Anoche, no. 

Anoche, a la hora de descansar, me encontré, no sé… como melancólico. Como si me faltara algo. ¿Y por qué este sentimiento? Empecé a rebobinar mentalmente las horas del día y encontré la respuesta: 

Algunas cosas no habían salido como yo hubiera querido. Y recordé que me había ilusionado, por ejemplo,  con que los premios Max de Teatro aterrizaran en Gran Canaria. Y no fue así. También encontré mi decepción porque, en el Día del Medio Ambiente, el lunes pasado,  algunos políticos expresaron, orgullosos,  que no pensaban  hacer nada para cuidar nuestro planeta. Y más tarde, además, caí en la cuenta de que,  hacía sólo unas horas, me habían confirmado que una comunidad de religiosas que trabajan en mi arciprestazgo y mi parroquia, se marchan a otro lugar. Y recordaba a algunas personas amigas que están pasando un mal trago. 

            Pero no me gusta ir a la cama con desánimo.  Por eso, intenté encontrar la cara más amable de estos hechos. Y la estoy encontrando. Recordé unas palabras de la Biblia, en el Eclesiastés:

"Hay bajo el sol un momento para todo, y un tiempo para hacer cada cosa: Tiempo para nacer, y tiempo para morir; tiempo para plantar, y tiempo para arrancar lo plantado; tiempo para llorar y tiempo para reír; tiempo para gemir y tiempo para bailar; tiempo para lanzar piedras y tiempo para recogerlas; tiempo para los abrazos y tiempo para abstenerse de ellos; tiempo para buscar y tiempo para perder; tiempo para conservar y tiempo para tirar fuera; tiempo para rasgar y tiempo para coser; tiempo para callarse y tiempo para hablar. “ 

            Y estas palabras me  devolvieron la tranquilidad, al menos durante la noche.  Las cosas no siempre salen al gusto de uno. Lo que parece negro, desde otro ángulo puede parecer blanco.  Lo que se consideraba  una pérdida, a veces resultó ser  ganancia. Lo que para unos es derrota, para otros es victoria. No siempre se puede ganar. Para que algunos tengan más, otros deben tener menos. Cada cosa tiene su tiempo.  Y ahora toca este. Esta mañana me he despertado muy feliz. Tiempo para sonreír.


ME GUSTA
MI TIERRA Y TAMBIÉN OTRAS TIERRAS
El día de Canarias, que coincide con el día de San Fernando, lo pasé en Maspalomas. No en la playa, que también estaba apetecible, sino en la parroquia. Me gustó encontrarme allí con personas amigas de la zona.   Y con bastantes  compañeros curas. Ninguno con el traje típico o el cachorro. Pero todos demostrando sensibilidad por lo canario. En la conversación surgieron los  temas más dispares relacionados con nuestra tierra: los beneficios para las islas de la aprobación de los presupuestos del Estado, la atención religiosa en Lanzarote y Fuerteventura o los problemas relacionados con la salud y los hospitales en nuestra Comunidad. 

Al salir de la iglesia, ya por la tarde, un periodista me preguntó lo que me gustaba de Canarias y lo que no.    
Le dije  lo que admiro  y quiero a mi Isla de Gran Canaria. Y que me cuesta mucho mucho vivir fuera de ella. Pero que también  soy admirador de  Lanzarote y Tenerife y de las demás islas. Como me encanta igualmente   Galicia y Cantabria y Madrid y Castilla. No desprecio ningún lugar del mundo. Y me ilusiona  conocer y comprender y respetar la cultura y costumbres de cada lugar. No hay por qué despreciar ni tampoco copiar lo del otro. 

Y lo que no me gusta…
No me gustan los pleitos, envidias y celos  entre islas o provincias. Me disgusta que alguien considere que su tierra es la mejor. Me da pena  que no siempre sepamos valorar lo bueno de cada pueblo. 

Me disgusta leer mensajes de canarios que utilizan el vosotros, que dicen os quiero  o vuestra casa, porque  creen que es más correcto  hablar o escribir así.

Me gustaría que en las iglesias se hablara el español de Canarias con la forma sencilla y comprensible que hacemos  en la calle. 

Me gusta Canarias  porque aquí he nacido y crecido.  Porque soy parte de esta tierra que me ha alimentado y cuidado y enseñado. Porque  sus tradiciones y defectos y  virtudes son también míos.     


ENFERMOS,JÓVENES 
Y ALEGRES

Dicen que Dios escribe derecho con renglones torcidos. Sara me sorprendió ayer. Tiene 14 años y, aunque  dice que es tímida y que le cuesta expresar lo que siente, una hora de diálogo con ella dio para mucho. Me contó que, desde muy niña, ha vivido muchos meses en habitaciones de hospital, como su segunda residencia. También ahora, en plena adolescencia,  aquel sigue siendo un lugar que, a su pesar, debe visitar frecuentemente.  Pero Sara, que demuestra una gran madurez, no pierde el humor  ni las ilusiones. Todo un ejemplo. Me dice  que, cuando tenía sólo 8 años,  le publicaron un cuento titulado “El niño raro”. Lo escribió en una habitación del Materno. ¿Y saben qué le gustaría estudiar a Sara? Nada raro: Medicina. Seguro que va a ser una buena profesional de la salud. ¿Pediatra tal vez?
En estos días que, casualmente,  coinciden con la llamada Pascua del Enfermo que organiza la Iglesia, me ha tocado compartir historias de buenos jóvenes a quienes acompaña o ha acompañado la enfermedad. Todos, tocados. Pero ninguno derrotado. Pero en todos he visto una actitud positiva. Por ejemplo Aday, de 20 años, me escribe desde el Hospital:
Muchas gracias por orar por mí. Gracias por esa energía  que todo el mundo me está transmitiendo. Mi estado de ánimo es fabuloso. Todo se consigue porque siempre hay que sonreírle a la vida para seguir adelante.
Qué bien, Aday. Tú sí que  das fuerzas y energías a tu familia y a tus muchos amigos. Sonreímos contigo a la vida para seguir adelante.

A Sergio lo vi hace algo más de un mes. Estaba entonces en su casa a la espera de una operación. Tiene 17 años. Llama la atención por su responsabilidad y porque  es buen estudiante.  Pero su enfermedad le ha obligado a interrumpir estudios. Cuando hablamos,  estaba con  su hermana que ejercía como si fuera profesional de enfermería. Pero ejercía, sobre todo, de buena hermana. Se llevan muy bien y se ayudan mutuamente. Ahora que Sergio está hospitalizado, sé por sus padres,  que progresa y mejora mucho. La mejor medicina está en ese cariño que da y que recibe  constantemente.  Deseamos verte pronto, Sergio. Y le daremos gracias a Dios y a tu hermana y a todos los que te están apoyando. Que a nadie le falte este medicamento.

Y podría seguir. Siguen pasando por mi mente otros nombres. Pienso en Ana Belén que con sus  18 años, compagina  dolor y  risas y optimismo.  O en la pequeña Nira, de 11 años,  que desde su silla de ruedas se comunica con sonrisas.  Dios siempre escribe derecho. Aunque a veces parezca que no. Alguna vez, piensa uno, que  le salió un borrón o una línea torcida. No. Dios no quiere el sufrimiento.  A pesar de los malos momentos lo podemos descubrir en el rostro radiante de Sara, en la sonrisa inmensa de Aday, en la serenidad contagiosa de Sergio, en la alegría espontánea de Ana  o en la ternura e inocencia de Nira. Gracias, Jóvenes amigos.

POESÍA
Cada noche, antes de dormir, necesito una oración y una poesía. Y al amanecer igual. Si me falta la oración, los días se llenan de trompicones. Falta  paciencia y sobra desánimo. Y si no hay poesía, todo se materializa, sólo se valora lo que se toca, lo que puede medirse en euros o en poder.  Lo bueno es que la oración es también poesía. Los cristianos tenemos la suerte de trabajar para un poeta llamado Dios.  Por eso vivimos con  sueños y utopías. Y se valoran los sentimientos, la belleza,  el amor, lo no tangible. También es cierto que, como todos,    tenemos la tentación de quitar de nuestra vida los versos. Porque no son “rentables”,  porque no  tienen valor en el mercado habitual. Como si sólo hubiera que buscar resultados materiales. No es así. Necesitamos la liturgia, el incienso, la música, la ternura, la sonrisa, la espiritualidad. Todos los días necesitamos comer. Pero también todos los días necesitamos alimentar nuestro espíritu. Raimundo es un mendigo que pide en las calles de Brasil.  Y a quien le da una limosna para poder comer,  él le regala unos versos suyos, para que se alimente espiritualmente.  No sabemos quién es el que da más.  Los dos son necesarios. 


Estamos en el mes de mayo. Y quiero que la primera comunión de los niños sea lo que siempre debió ser. Alimento espiritual. Que los jóvenes que se confirman descubran a través de todos los ritos  que el Espíritu de Dios está en ellos. Que sigamos amando y acudiendo  a la Virgen “con flores a maría que Madre nuestra es”. Hoy necesito celebrar la llegada de mayo con una oración y unos versos. Que nunca nos falte.


ESTAMOS EN FIESTA  

Enfrente de mí, porque estoy delante de la iglesia, veo banderas canarias de un lado a otro de la calle. Un poquito más arriba están  los cochitos y una caja de turrones. Este pueblo está en fiestas.  No hay ni que decirlo, se ve.


Cuando yo era cura de Vecindario, hace ya unos 30 años, vine muchas veces a esta fiesta de San José Obrero en el Cruce de Arinaga. Venía casi siempre con un grupo de jóvenes a los que les gustaba asistir a las verbenas de Paco Guedes. Confieso que también a mí, poquito a poco (des-pa-ci-to) se me fue pegando el gusto por la música verbenera. No pensaba yo entonces que, pasados los años, me iba a tocar ser cura de aquí y participar en todas sus fiestas que son unas cuantas. Es una suerte estar y vivir en un pueblo fiestero y este lo es. Un pueblo con alegría, con música, con risas y sabor a turrón. Qué más puede uno pretender.

Cuando yo era niño, el día de la fiesta era distinto y yo lo voy a reivindicar. Si se puede, hay que estrenar ropa el día de la fiesta del pueblo. Hay que betunar los zapatos y a quien le gusta, ponerse corbata o la mejor ropa. Hay que saludar a todo el mundo, dar muchos besos. Hay que acercarse al santo y quedarse un rato mirándolo y hacer una oración silenciosa. Y en el caso de este nuestro, preguntarle. ¿Cómo es que fuiste tan bueno, tan honrado, tan buen padre? ¿Me quieres enseñar?  En las fiestas, y en esta, claro, hay que ir a la misa, a la función  y participar en la  procesión. Y sonreír y cantar y ver a los niños en los cochitos. Y no perderse nada de la plaza. Y mirar al cielo y dar gracias porque tenemos un pueblo divertido y unos buenos vecinos y banderas y ganas de fiesta. Yo quiero un pueblo así y grito para que todos los pueblos tengan fiesta, también Tamaraceite, también. Y que siga habiendo  gente, que las hay, que trabaja mucho y descansa poco,  para que todos podamos disfrutar de ese gran invento que los pueblos han hecho  para ayudar a  que todo el mundo sea feliz. Si un pueblo deja de hacer fiesta, algo grave está pasando. Y si un pueblo hace fiesta, algo grande está pasando. Algo muy grande está pasando en Cruce de Arinaga. 

ME SIENTO BIEN 

La semana santa ofrece muchas oportunidades para escuchar a la gente. A la iglesia se acercan en estas fechas bastantes  personas a las que no ve uno  con frecuencia. Algunas personas mayores hacen un esfuerzo, no siempre fácil,   por acercarse al templo o acompañar una procesión.  Cuando pregunto a una señora mayor que cómo está, espero una respuesta como esta:
-Mal.  Me duelen los huesos,  me canso mucho,  apenas puedo caminar…
Pues no, en esta semana santa he ido de sorpresa en sorpresa.
Juanita, que ha estado más de un año con depresión, me responde  que está muchísimo mejor  y entusiasmada.
Dieguito, que camina muy despacio, pasito a pasito,  y que hace poco se accidentó, dice el hombre que Dios le está dando fuerzas y que está bien.
Layito camina con dos bastones  y nunca se queja. Al contrario, sólo sabe dar gracias a Dios y a quienes le ayudan. Dice que va tirando bien. 

Rosarito y Juanito, siempre juntos,  y que deben trasladarse en taxi para ir a misa,  no se pierden una procesión. Se  agarran del trono  para poder participar sin caerse. Y con voz tenue siempre dicen que están mejorcitos.
Antonio y Panchito

Rosarito, Juanito, Juan y Juana

La señora que padece un cáncer y ha estado más de un año en el hospital  me dice que está bienísimo, aunque la enfermedad no se haya  parado ni mucho menos.
Qué gente más positiva. Qué gente más  creyente.  Qué lección más hermosa de tantas personas mayores que, aunque tengan muchos sufrimientos por dentro y por fuera no quieren que otros también sufran. Y por eso dicen lo que a mí también me gustaría decir siempre. Me siento bien.

LOS JÓVENES

Soy afortunado. Me lo repetí varias veces el lunes después de estar un par de horas oyendo confidencias de chicos y chicas de apenas dieciséis o diecisiete años. Soy afortunado porque yo, una persona mayor,  puedo escuchar de  una adolescente que se siente enamorada y no sabe cómo decirlo a los padres. O que un muchachito te cuenta las dificultades que tiene para dominar su temperamento: pero que está haciendo esfuerzos por mejorar. O de quien, con quince años,  está envuelto en dudas de fe. Y así, hasta veinte o treinta pequeñas historias. Lo dicho. Soy afortunado y doy gracias a Dios porque cuando un chico o una chica abre su alma y te cuenta lo que siente, lo que busca, lo que sueña, lo que ha guardado secretamente hasta ahora… descubre uno  la grandeza de Dios en la bondad y hermosura  de los chicos, con su   sinceridad y  su candidez. Me sobrecogió la historia de Elva. Tenía todo preparado para irse de acampada esta semana santa. Nunca había ido y era la mayor de sus ilusiones. Ni dormía algunas noches pensando lo bien que lo pasaría con sus amigos y amigas. Pero de repente, algo rompió su sueño. Su hermano más pequeño se puso malo.  Y su madre  le prohibió ir a la acampada.  No podía dejar solo a su hermano. Elva me dijo:
-Primero me puse a llorar con rabia porque la maldita enfermedad rompió todos mis planes.  Pero ahora estoy muy contenta porque tengo la mejor ocasión de decir a mi madre y a mi hermano que les quiero y hago lo que sea por ellos.

-Yo me acordé de Jesús, el que dio la vida, con apenas treinta años, por sus amigos. Lo pensé y se lo dije. Y ella se emocionó y me aseguró que en esta semana santa va a estar con su hermano… y con Jesús. Porque te prometo -me dijo-  que el jueves santo estaré en la misa con Jesús. Y que  esta semana santa va a ser la más feliz de mi vida.

Es lógico que yo me sienta afortunado, ¿verdad? Por eso hoy sólo sé rezar dando gracias.  

SOÑAR

Esta semana he tenido muchos sueños, muchísimos.  Sueño frecuentemente  cuando duermo y sueño más cuando estoy despierto. Supongo que no seré el único.  Me gusta soñar. El otro día me vi con Yolanda, que fue trabajadora de Cáritas en Tamaraceite. Fue Técnica de zona durante varios años. Por cierto, que no me gusta nada ese nombre de  ¨Técnico de zona”.   Con ella, también venía Miguel, otro amigo trabajador de Cáritas. Hace ya más de ocho años compartimos los tres una experiencia misionera en Guatemala.  Volver a estar ahora con ellos, me  hizo recordar y soñar.  Como siempre ocurre, nuestra conversación nos llevó a aquellos lugares en donde vivimos intensamente  tareas muy interesantes, ilusiones, alegrías y dificultades. Y deseé vivamente volver de nuevo a esa u otra misión y con personas tan comprometidas  como Miguel y Yolanda.  

Ayer me puse otra vez a soñar. Por un asunto casual, recordé los momentos de mi vida en los que me ha tocado trabajar con adolescentes en campamentos, o como formador en el Seminario Menor. Los días en los que, sin ser scout,  intenté cantar sus mismas canciones y cumplir y animar a vivir los artículos de su Ley:   “El scout cifra su honor en ser digno de confianza. El scout es leal. El scout es útil y servicial. El scout es amigo de todos y hermano de cualquier scout”... 

Y otra vez me ilusioné  por   dedicar más tiempo a chicos y chicas que  quieren  vivirla llamada de la Naturaleza y la llamada de Dios. Y por eso decidí compartir algo de todo esto hoy en la radio. Y deseo seguir soñando. Todos tenemos sueños. Tengo sueños para esta  Iglesia y sueños para el mundo. Sueños para Cáritas, para los jóvenes, para los adolescentes. Sueños grandes o pequeñitos que se cumplirán o no. Me gustaría, claro, que se cumplieran. Pero si no, al menos desearlo. Es lo que dice esa Labordeta.También será posible  que esa hermosa mañana(ese hermoso sueño, podría decir) ni tú, ni yo, ni el otro la lleguemos a ver; pero habrá que forzarla para que pueda ser. Quiero seguir soñando. Sueños alegres, vivos, bonitos, ilusionantes.  Cuando uno sueña es feliz. Cuando uno deja de soñar, su corazón ha envejecido. Quiero seguir soñando.


LA PRIMAVERA
Estamos ya en primavera. Me gustaría haberlo descubierto  con poesía y perfume de flores como los versos que aprendimos de niños.  Pero hay otras muchas formas de saber que ya está aquí.  Por ejemplo, a mí me no me avisó con poesías ni canciones, qué va.  Lo supe por  la nariz trancada por las alergias, la dificultad para respirar y los estornudos.   Siempre las buenas cosas traen efectos colaterales no tan buenos. Lo perfecto de verdad, estará en el cielo. Al fin y al cabo, la primavera y la cuaresma vienen siempre de la mano.  Y la cuaresma nos recuerda que estamos en camino.  Aunque a veces los senderos  nos resulten muy agradables. 

Anoche estuve en Vecindario.  Fui a confesar a los padres de los niños que este año harán su primera comunión.   Y pensé que el hecho de que muchos  estén preparándose para un encuentro con Jesús es un buen  anuncio de primavera. Cuando me senté  a confesar, disfruté.  Primero, porque a aquellas madres que se acercaban al sacramento de la penitencia las había conocido siendo niñas. Y, como ahora sus hijos, se acercaban entonces  para prepararse a comulgar por vez primera.  Y también  porque nada hay más primaveral que abrir el alma a otra persona sabiendo que en medio está Jesús. Me supo a primavera. Realmente, a pesar de los catarros y las alergias, y a pesar de los problemas de la humanidad y de la iglesia, por donde quiera,  surgen pequeñas primaveras.   No hay que desaprovechar ningún momento de florecimiento. En las parroquias, en el trabajo, en el trato con los compañeros.

Después de las confesiones, el grupo de sacerdotes nos fuimos a cenar a la casa parroquial. Y me vino a la mente el salmo: ¡Qué bueno y agradable que los hermanos estén unidos! Qué bueno que los curas se ayuden y se reúnan. Qué bueno que la familia haga esfuerzos para juntarse y animarse. Qué bueno que sea primavera. Qué bueno que, aunque el tiempo esté frío o ventoso y se nos tranque la nariz, podamos hacer primavera entre nosotros.

LA LETRA, CON MÚSICA ENTRA

Hace unos meses, mi sobrina Sara se rió mucho de mí. Todo, porque en algún lugar  escribí que me gustaba una canción de reguetón. En concreto, esa tan escuchada de Nicky Jam y que dice  cosas como ésta: Te estaba buscando/ Por las calles gritando/ Eso me está matando/.Es que yo sin ti/Y tú sin mí /Dime quién puede ser feliz Esto no me gusta”. 

            Es verdad. No me pega nada ese estilo. Pero es que a veces una música pegadiza te hace cantar cosas con las que, tal vez,  no estás de acuerdo.  También pasa lo contrario. Letras excelentes, llenas de poesía, al ritmo de una música imposible. Tengo admiración por muchos cantautores y grupos  que, apoyados en una bonita melodía,  transmiten mensajes bellos,  crítica seria y compromiso social. 

            La canción religiosa cuenta también con estupendos artistas que han puesto música a textos impecables. Lástima que, a pesar de las buenas composiciones,  sigamos cantando siempre  “Juntos como hermanos” y “alabaré, alabaré”. Luis Guitarra es uno de esos cantautores comprometidos que, cuando están en  un escenario o en una iglesia, son capaces de entusiasmar a la audiencia diciendo cosas del evangelio. No dejen de escucharlo cuando canta, por ejemplo: “Alégrense los que creen en los demás, / los que se dejan por otros la piel. /Preocúpense los que acumulan bienestar,/ los que buscan el poder./ Alégrense los que construyen la Verdad, / los que soñaron un mundo al revés. / Preocúpense los que no quieren dialogar, / los que no saben ceder./ Alégrense los que creen en los demás...”

            Pero no era sólo de estas letras y estas músicas de las que quería hablar. Me duelen esos discursos solemnes de algunos gobernantes, como el recién llegado a Estados Unidos,  que, para colmo,  pone de fondo un himno militar. Ni la música, ni la letra. Y me hieren los templos suntuosos, repletos de adornos,  que invitan a decir qué bonito, cuánta riqueza y en donde tan difícil es rezar. Prefiero la ermita humilde, el gregoriano del monasterio y las canciones  con gestos de los niños de la catequesis.  O lo que canta  Ricardo Arjona, poeta y músico guatemalteco: “Jesús no entiende por qué en el culto le aplauden /Hablan de honestidad sabiendo que el diezmo es un fraude./ A Jesús le da asco el pastor que se hace rico con la fe./ Jesús, hermanos míos, es verbo, no sustantivo”.  

La buena letra, con buena música sí que entra. Por eso  hay que aplaudir a esos coros parroquiales que se esmeran en cantar y que la gente cante. Y que la canción sepa a evangelio y la melodía llegue al corazón. Y hay que felicitar a los curas y grupos de liturgia y catequistas que están convencidos de que hay que cantar mucho y todo lo bien que se pueda,  para  que el mensaje resulte agradable, fácil de digerir y alegren el alma. 

Y tenemos que alegrarnos de que a los jóvenes y también a mucha  gente grande les guste cantar y bailar y reír poniendo ritmo a la vida. Si a eso le ponemos letras cristianas y bellas, quien las cante  se llevará  todo el mensaje  a su casa y a la calle. Recuerdo que hace años, en un viaje en barco,  un grupo de jóvenes sin ninguna relación con la Iglesia, cantaba sin parar canciones religiosas probablemente aprendidas en las catequesis. Las canciones habían calado. 

Comprenderás, sobrina Sara, que, aunque te rías conmigo,  la música marca mucho y en todas las edades. Y siempre hay a quien cantarle: ”Es que yo sin Tí/Y Tú sin mí /Dime quién puede ser feliz”. 


P.D. Mi apoyo sincero al músico amigo,  Nino Díaz, de Tías (Lanzarote) ante las muchas      críticas por el Festival de Canarias. Es bueno escuchar otras voces (otras letras) y que la música no siempre sea la misma. Lo que tú pretendías, Nino. 

Todo es de todos
Luis Guitarra


PLÁTANOS AMASADOS
CON GOFIO


 Me hizo mucha gracia cuando me lo contaron. Un vecino de mi pueblo participó hace unos meses en un concurso de postres canarios. Se presentaron más de cien concursantes con recetas muy  elaboradas:   Mezclas insólitas de productos de nuestra tierra a cual más sofisticada. Para sorpresa del concursante de mi pueblo, su receta, plátanos amasados con gofio,  fue la premiada. Los ingredientes eran plátanos y gofio. Así de sencillo. Y este fue el postre o la merienda de muchos canarios en los tiempos que por aquí  no se conocía el yogur ni el mus ni todas esas delicateses  que nos ofrecen ahora en cualquier restaurante. Me supongo que el jurado valoraría la sencillez del postre y su autenticidad. Qué más se puede pedir.

Como en casi todo, nada mejor que lo sencillo. A mí, por ejemplo, me cansan   los discursos, homilías o reuniones con lenguaje  rebuscado, infinitos,  no hechos para ser disfrutados  sino para el lucimiento de quien lo hace. Me molestan los escritos que hay que leer tres veces para entenderlos. Cuando era estudiante en Colonia, cuenta una profesora, tuve que preparar, en una ocasión, un trabajo largo y difícil  para una clase en la Universidad. Antes de entregarlo al profesor, lo enseñé a un compañero mayor, que lo leyó con interés, y después me dio un consejo amistoso que nunca he olvidado: Está bien, me comentó. Pero si quieres tener una buena nota, tienes que decir lo mismo, pero   de un modo más complicado.

Así suele ocurrir. Se confunde muchas veces lo complicado con lo inteligente. Cuántas veces hemos oído a alguien que dice: Qué homilía tan buena. O qué inteligente la persona que habló. Y si uno le pregunta cuál era  el tema  responde que no  lo entendió  mucho, pero que hablaba muy bien. Si se habla es para que el público a quien uno se dirige lo entienda. Lo siento, pero hay predicadores –a lo mejor yo soy uno- que son maravillosos…para dormir a la feligresía. Nos olvidamos que Dios, que es la suma verdad, es también la suma sencillez. San Pablo, en la primera carta a los Corintios (14,1) dice que “Si no hablamos con palabras que se entiendan, estaríamos hablando al viento”. Y es que, para ser auténticos hay que empezar por ser sencillos. Sin demasiado decorado, sin afectación. La forma hay que cuidarla. Pero lo que realmente importa es el mensaje que se quiere transmitir.

El papa  Francisco tiene la difícil virtud de la sencillez. Generalmente no ha sido fácil  leer los discursos o encíclicas de los papas. Sin embargo ahora nos estamos acostumbrando a escuchar o leer  las homilías de Francisco. Hace poco  hacía él mismo este comentario: “En nuestra imaginación –se lamentó- la salvación debe venir de algo grande, majestuoso. Como si sólo pudieran salvarnos los poderosos, aquellos que tienen fuerza, que tienen dinero. Sin embargo la salvación solo viene de lo pequeño, de la simplicidad de las cosas de Dios.”  


El lenguaje engolado, falsamente erudito y rebuscado puede valer  para el lucimiento personal. La forma de hablar llana, sencilla, humilde, auténtica, es como los buenos postres. Fáciles de entender y gustosos al paladar y al corazón. Como los plátanos amasados con gofio. 


A QUIEN DIOS NO
LE DA HIJOS…

Hace unos días  recibí el correo de Teresa, una lectora de La Provincia. Además de algunas llamadas de atención y algunos piropos (todo se recibe muy bien), ponía una pregunta: Ya que usted publica su diario,  me gustaría saber cómo celebra un cura las Navidades.   Podría contestar a mi lectora que, probablemente, no hay demasiada diferencia entre ella y yo si los dos tenemos fe. Habrá algunos matices pero en general, seguro que hay muchas coincidencias. Bastaría hacer un cóctel donde se mezcle  familia, fe y solidaridad. Es una mezcla formidable que produce una gran dosis de  paz y de alegría.  

Pero voy a ser más explícito. En los días previos a la Navidad, muchos curas participamos en actividades como éstas: un encuentro de oración personal, visita a los enfermos de la parroquia, o acompañar en la acogida que Cáritas hace a las familias necesitadas.  Y en mi caso, además, celebrar la eucaristía en el centro de mayores que hay en el pueblo. Por cierto que  en esta ocasión participaron también  los jóvenes que están en catequesis de confirmación y contaron a todos cómo les gustaría vivir esta  Navidad. Fue un buen regalo para los acogidos en el centro sentarse junto a los muchachos  y escuchar sus mensajes espontáneos y alegres. 

Y ya en la Nochebuena, nos toca a los curas celebrar el nacimiento de Jesús intentando que la misa no fuera un simple rito, sino transmitir de la mejor forma posible el mensaje siempre nuevo del evangelio. A veces no resulta fácil, sobre todo cuando debemos estar en más de una parroquia y, por tanto,  celebrar dos o tres veces seguidas el nacimiento de Jesús. Una tentación, es caer en la rutina. Por supuesto que intentamos evitarla. 

La misa de Nochebuena procuramos que sea viva y muy participada. No es fácil acertar con la hora adecuada para que todos podamos compaginar la misa y la cena. En mi parroquia hemos procurado  que los niños y los jóvenes tuvieran su espacio en la eucaristía escenificando el pasaje del evangelio de Navidad.  Acabada la misa,  con el besapiés o la caricia a la imagen del Niño  Jesús terminamos con el compromiso de transmitir esa “caricia” a quienes necesitan un gesto de amabilidad, de cariño o  de escucha. Como ves, una primera parte muy semejante a la de cualquier otro cristiano que no se conforma con sólo estar en misa. 

Y después,  como la mayoría de las  personas,  vivimos el encuentro familiar. El mío fue con algunos hermanos, sobrinos y cuñadas. Dicen algunos que a quien Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos. No creo que sea así. La familia de los curas suelen ser los sobrinos y los padres de los sobrinos. Y también la parroquia. Normalmente  nos sentimos acogidos, comprendidos y apoyados por las buenas familias que acuden a la iglesia. Y cuando un cura no tiene aquí familia como son los de otra Isla o de la península o de lugares más lejanos, siempre encuentran entre los feligreses quienes le inviten a cenar y pasar un rato en cálido ambiente familiar.  

Cuando me tocó estar lejos de mi familia siendo  párroco  en Tías (Lanzarote) o Antigua y Betancuria (Fuerteventura), nunca me faltó una familia, y más de una,  con quien compartir estas fiestas del Nacimiento de Jesús y el fin de año.
Como ves, Teresa, la Navidad de los curas no tiene mucho de extraordinario. Ojalá aprendamos también los sacerdotes  a que nuestras casas parroquiales estén disponibles para algún hermano que pueda sentirse  solo en estas fechas. Por cierto que ayer, Día de la Sagrada Familia de Nazaret,  celebré con algunos de mis actuales y antiguos feligreses, los cuarenta y cinco años de sacerdocio. Fue una ocasión para fortalecer los lazos familiares con todos ellos. Por eso me gusta corregir el refrán y decir más bien que,  A quien Dios no le da hijos, Él mismo le  multiplica las familias. 

P.D. Que el nuevo año 2017 traiga mucha paz, más trabajo,  más solidaridad y familias acogedoras para todos.
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susovega@hotmail.com

RUTA DE BELENES

Este puede ser un buen día para hacer la ruta de los belenes. Realmente pudiera hacerse en muchos momentos de la vida. Vamos a ver si me explico. Es costumbre que, aprovechando la Navidad, algunos cojan su coche y se vayan a ver, por ejemplo, el nacimiento de la Playa de Las Canteras. Formidable. Lo que pasa es que yo estoy pensando en una ruta diferente. Otro tipo de  belenes. No. Tampoco me refiero, por poner un ejemplo, al muy espectacular que ha hecho Dámaso Suárez en Cruce de Arinaga y que vale la pena conocer. Reconozco que me encanta visitar nacimientos. De hecho hace unos días me encontré con un belenista reconocido como Ramón Brito de Tamaraceite quien,  en pocos minutos, me ofreció  una ruta  de los mejores nacimientos realizados en  parques, plazas y domicilios particulares de Moya, Telde, Arucas o Mogán. Pero es que, si uno contempla un nacimiento o mil, no puede quedarse en la imagen idílica que allí se pinta y que alegra la vista. Ríos de agua limpia, ovejitas con abundante agricultura a su alrededor, pastores que sonríen, un portal con luz eléctrica y música de ángeles. 

Es bueno visitar belenes, pero no sólo para extasiarnos ante algunas obras artísticas. Los nacimientos hay que saber interpretarlos. Hay que ponerles voz y movimiento sin necesidad de mecanismo alguno. Se le puede  preguntar a la  oveja por qué está allí. Hay que escuchar  al Niño Jesús si nos dice  dónde podemos encontrarlo de verdad, de carne y hueso. Se puede  mirar a la Virgen María y, aunque aparentemente no recibamos la respuesta, decirle que dónde hay una persona que necesite el cuidado y el afecto que ella parece que está dando su hijo. O suspirar ante esa figurita de un san José bueno, obediente que no comprende casi nada de lo que está pasando. Pero que está allí porque confía en Dios. 

Ayoze montó un pequeño belén en su casa con la ayuda de los padres que consideraron que esta sería una buena catequesis para el niño. Y el chiquillo, todos los días  cuando se levanta, va al rinconcito donde está el belén y cambia alguna figura. Ayer apareció el niño metido en medio de los pastores. Y otra vez puso a la Virgen con las lavanderas. Pareciera como si Ayoze le estuviera dando la catequesis a los padres. A ver si se dan cuenta que lo del belén es una forma de descubrir que todo eso que allí aparece quieto está en continuo movimiento. Y que a Jesús hay que seguir buscándolo por ahí, en los sitios más insospechados. Por eso no basta hacer la ruta de belenes de figuritas. Falta la otra.

La otra ruta de Nacimientos no es un entretenimiento para los días de Navidad. Si uno hizo bien  la primera, la que muchos de nosotros hacemos, es muy posible que nos animemos  a hacer la segunda. Y se va uno un día  a buscar y encontrar  al Jesús, al de verdad. Por ejemplo al Hospital. Y otro día se entera uno que hay un acto solidario para personas con enfermedad mental y se planta allí porque allí seguro que lo va a encontrar a Él.  

No se organizan rutas de belenes de este tipo. Tampoco hace falta. Pero es bueno organizarlas para uno mismo. Durante todo el año, poquito a poquito, se puede ir visitando o ayudando a Jesús que anda  entre nosotros.

En la Plaza de San Pedro del Vaticano instalaron este año un belén inspirado en las pateras que traen refugiados a nuestras tierras. Muy buena idea. Al verlo, no vale decir ¡qué bonitoooo! Porque los belenes, aunque sean muy bellos artísticamente,  tienen que ayudarnos a decir ¡!qué feo! Qué feo que  un Niño haya tenido que nacer así. Y qué refeo que no hayamos aprendido todavía  y se sigan multiplicando  los “niños jesuses” que viven a la intemperie  y sin sonrisa.

Necesariamente, voy a empezar la otra ruta de los belenes.  Aunque, en verdad, la empecé ayer cuando, sin pretenderlo, en la misma iglesia, vino a mi encuentro Sandra y me contó entre lágrimas que la habían despedido del trabajo. Y que se veía lejos de los suyos, cargada de problemas y sin ninguna salida.  Yo la escuchaba y al mismo tiempo ponía los ojos en las figuras del Belén de la parroquia. ¿Dónde estaría Jesús?



Muchas preguntas y algunas respuestas 



Yoana, la catequista, tenía cara de preocupación cuando me dijo que los niños de su grupo querían hacerme una pregunta. Pasé a la sala donde estaban y no me hicieron una pregunta sino mil. Parecían disparar interrogantes con metralleta. ¿Quién hizo a Dios? ¿Si Dios es tan bueno por qué se murió mi abuelo? ¿Cómo es el cielo? ¿Y por qué nos manda enfermedades? ¿Cómo es posible que Dios esté en todas partes?  

Sinceramente, me costaba responder.  Y cuando empezaba a contestar una pregunta, ya me interrumpían para hacer la siguiente. Entonces les conté que yo no lo sé todo y que también me hago muchas preguntas.  También a mí, como a los niños, el tema de Dios y de  la muerte me crea interrogantes que no siempre sé responder. 

Sin ir más lejos, en unos pocos días se me han marchado cuatro amigos curas. El primero y más joven  fue Luis María, de Palencia.  Nos conocimos hace más de treinta años y, aunque nos veíamos poco, seguía siendo para mí un ejemplo  de persona buena, trabajadora  y comprometida socialmente. Le recuerdo y le admiro. 

A los pocos días tuve que decir  adiós a Juan Castellano. A Juanito “el de Guía” como le decíamos en Ingenio. Juan era un hombre dulce. Enamorado de la música y de la liturgia. Transmitía mucha paz.  Apenas levantaba la voz. Parecía más bien que cantaba gregoriano.  Su conversación resultaba en sí misma una melodía.  Un día, después de leer una de mis cartas al viento me dijo  muy socarrón: ¡A ver qué vas a decir de mí  cuando yo me muera!  Nos reímos y le contesté medio en broma: Diré que has sabido hablar de Dios y con Dios a través de  la música.  Como un ángel. Que esa asignatura la tienes aprobada. Se lo dije entonces. Y ahora, ya  fuera de bromas,  lo vuelvo a afirmar. 

Juan Moreno Sánchez,  fue un sacerdote que se integró en el clero diocesano después de unos años como claretiano. La pasada semana  fue despedido en Tenoya, su pueblo natal.   Había trabajado  generosamente, con gran actitud de servicio  en la pastoral parroquial durante cincuenta y ocho años nada menos. 

Juan Castellano. "Juanito el de Guía"
         Y el pasado domingo, José Manuel Ruiz,  que fue cura de Melenara,  también se despidió. Un hombre alegre que, a pesar de su edad avanzada, no perdió ni la memoria, ni el humor. En los años 60 estaba de cura en el barrio de San José. Y allí empezaron a llamarle “Padre Botella”.  Él  lo recordaba muchas veces con simpatía:  "Me di cuenta de que si yo recogía botellas y por ellas pagaban unos diez céntimos de peseta, podíamos sacar dinero para los pobres ya que antes no había tantas ayudas sociales". Y así hizo. Con los jóvenes del barrio  se puso  a recoger botellas de cristal por las casas que luego vendía a una fábrica  de envases.  Él decía  que con esto conseguía ayuda para los necesitados y que se enseñaba a reciclar. José Manuel terminó sus años de vida en la casa parroquial de Melenara con el cariño y respeto de todo el barrio marinero. Y antes de marcharse definitivamente  entregó la letra de una canción que estaba significando mucho para él: 

José Manuel Ruiz en Melenara 

“Aquí me tienes, Señor,
aquí estoy pues me llamaste.
Vengo a ofrecerte mi vida
la que Tú me regalaste.
Cansado vengo a tu puerta,
fue duro mi caminar,
pero en tus brazos de Padre
al fin podré descansar 

Todo esto, vivido intensamente en unos pocos días, me dejan muchos interrogantes: ¿El mensaje y el testimonio de estos cuatro curas se mantendrá vivo? ¿Seremos capaces de seguir cultivando  esos valores de fe, de servicio, de humor, de compromiso, de dulzura? ¿Nuestra diócesis  buscará alternativas para suplir la ausencia de sacerdotes como éstos?

 Algún día le diré a Yoana, la catequista, que llame a los niños de su grupo.  Porque  también yo tengo miles de preguntas y algunas respuestas para  sus preguntas y las mías. 


¡Yo no me doy
por vencido!


El otro día estuve en un acto de política municipal. Había bastante gente. Jóvenes, casi ninguno. A actos religiosos voy  todos los días. Jóvenes, casi ninguno. A  actividades musicales voy de vez en cuando. Jóvenes, casi todos. 

Estuve  ayer con un compañero y lo encontré más que vencido. Derrotado. Decía que está harto de convocar a los jóvenes para la confirmación o para hablar de algún tema que él considera de interés  y nadie acude.   Asegura  que no hay nada que hacer. Y que no va a seguir perdiendo el tiempo. Se conformará con lo que ya hay en su parroquia. 

Yo tampoco  tengo soluciones. Pero sigo cantando con Luis Fonsi que no me doy por vencido. Ni muchísimo menos. No se puede trabajar para la juventud o con la juventud  si  no se tiene el mínimo de fuerza para resistir la tentación de abandonar. 

Estoy  muy cercano a una asociación juvenil, Vida Solidaria, y compruebo  que también ellos  tienen dificultades para mantener la fidelidad a las reuniones o los compromisos que se van tomando. Lo que hace que la asociación de mantenga es porque  algunos “no se dan por vencidos” y siguen contra viento y marea, participando, animando y reuniéndose aunque sólo vengan cinco. 

No entiendo que un concejal o un cura se rindan.  Un cristiano que  tire la toalla… dudo que sea cristiano. Un político  desanimado  porque la juventud no responde,  tendrá que plantearse su cargo.  Y mucho menos que se tranquilicen culpando a la juventud  de todos los males. Hay una actitud que se llama autocrítica que es lo que hay que hacer. Lo que pasa que eso cuesta mucho.  Todos recordamos multitudes de jóvenes en los templos. Si ahora no están, tal vez es que hay algo que no estamos haciendo bien. Quizás seguimos con los mismos esquemas de hace  sesenta años. Tal vez no sabemos animar a los adolescentes. A lo mejor hay que ser más humildes y olvidarnos de las masas. 

Yo quiero una Iglesia joven. Y alegre, y entusiasta.  Y humilde. 
Y quiero instituciones públicas que trabajen con la juventud sin buscar sólo la inmediatez . Hay que trabajar sin esperar el éxito inmediato que conduce a la decepción. Trabajar con los jóvenes exige paciencia, serenidad, y mucha, muchísima humildad. 


Yo, yo no me doy por vencido

Juro que vale la pena esperar, y esperar y esperar un suspiro

Una señal del destino

No me canso, no me rindo, no me doy por vencido.




Cementerios, cenizas y funerales

En esta semana he visitado dos cementerios. Nada extraordinario en un mes de noviembre que la Iglesia dedica a los  difuntos. Escuché decir hace muchos años a un viejo escritor que  una buena forma para  conocer a un pueblo,  es visitar su camposanto. Y estoy de acuerdo. Las lápidas,  tanto en sus textos como en los  dibujos y  adornos expresan sentimientos,  creencias y tradiciones del difunto o sus familiares. Y en días como el 1 y  2 de noviembre, con los cementerios a tope de familiares de los allí enterrados, se encuentra   uno a vecinos y amigos con los que surgen pequeños diálogos. 

No sé si es correcto decirlo, pero disfruté en aquellas visitas. Aparte de la oración, que allí surge casi espontánea,  se viven  recuerdos llenos de cariño a los seres queridos que ya no están. Me  encontré con diferentes personas. Y,  aunque estábamos en un cementerio, el tema más repetido fue el de la incineración. Me preocupa que mucha gente haya quedado decepcionada o llena de dudas serias a consecuencia del documento del Vaticano. En estos días he leído bastantes artículos sobre el tema a propósito de la instrucción “Para resucitar con Cristo”. Entre los que he leído, me pareció muy esclarecedor el de mi compañero Eugenio Rodríguez y que fue publicado en La Provincia. 

Pero después de haber leído “Ad resurgendum cum Christo” ( y perdonen por usar el latín)  he expresado libremente mi opinión a diferentes personas. La primera, que este no es un documento del papa sino de una congregación de la Santa Sede. Esto me parece muy importante ya que no tiene el mismo valor. Por otra parte hay que aclarar que el documento, en ningún momento se opone a la incineración sino al lugar donde se depositan las cenizas. En lo que no estoy de acuerdo es en el punto 8 que dice: En el caso de que el difunto hubiera dispuesto la cremación y la dispersión de sus cenizas en la naturaleza por razones contrarias a la fe cristiana, se le han de negar las exequias  La Tierra es sagrada y no hay que estar haciendo diferenciaciones por el lugar donde se esparzan o guarden las cenizas. Pero lo peor, a mi juicio, es que a estas alturas volvamos a estar con prohibiciones. Yo nunca negaría la misa a ninguna persona. A ninguna. Y muchísimo menos a quienes están en un momento tan sensible y tan doloroso como la muerte de un ser querido. Es momento para animar, para acercar y nunca nunca para prohibir. 

Pero mi diario no acaba aquí. Otras vivencias de estos días han tenido cabida en mi cuaderno. Por ejemplo, la alegría que he sentido al encontrarme con un sacerdote de Palencia, Mederico, con quien he tenido ocasión de dialogar de casi todo lo posible y también rezar y reír. O mi admiración  al escuchar a dos vecinos del barrio de Las Rosas (Agüimes)  en el programa de radio “La plaza de la Iglesia”. Estos dos vecinos, Martina y Ayoze,  se sienten satisfechos, dijeron, totalmente satisfechos,  con todos los servicios que hay en su barrio. Algo nada fácil. 

Ya ven que  en noviembre, además de cementerios, cenizas y funerales, hay espacio para la alegría y para la admiración. Que nunca falte.



¿CUÁNTO VALE UNA MISA?

Ayer, un grupo de jóvenes,  con toda la ironía del mundo, me hicieron la pregunta: ¿Cuánto vale una misa o bautizar a un niño o casarse? Pensé responderle lo que me enseñaron en el seminario: El valor de una misa es infinito. El valor espiritual, se entiende. Pero la pregunta no se refería a lo espiritual.
Entonces recordé a mi compañero Antonio Berriel que, con mucha frecuencia, dice que en sus muchos años en el  oficio de párroco, jamás ha puesto precio a un bautizo o una boda o una misa. Y yo puedo afirmar que la gran mayoría de los curas  isleños tampoco cobran. Otra cosa es que se entregue un sobre por si se quiere  hacer un donativo voluntario.
Mis jóvenes amigos no se conformaron con la respuesta y siguieron preguntando: ¿Y qué haces con ese dinero de los donativos por las misas, por ejemplo?  Les aclaré entonces que ese dinero no es para el celebrante sino para el mantenimiento de la parroquia como ocurre con las colectas. Cada cura tiene su sueldo y, normalmente, deben vivir de su salario como cualquier persona.
No tengo la menor duda de que, cobrar por un sacramento, resulta contradictorio. Dice el evangelio de San Mateo: “Den gratis lo que recibieron gratis” (Mt 10, 8). Somos curas por la gracia (gratuidad) de Dios. Por tanto, debemos celebrar los sacramentos  gratuitamente. La Iglesia se mantiene, en buena parte, gracias a los donativos de los creyentes. Y a ellos debemos estar agradecidos.
De todos modos, el tema es serio y en algunos casos, escandaloso. Mucho debe serlo en cuanto  ha sido el mismo papa el que ha llamado la atención sobre los abusos de muchas parroquias con los estipendios o tasas que se cobran por un sacramento. El papa, en una homilía, se refirió con dureza a este hecho: Cuántas veces, dijo,  vemos que,  entrando en un templo, todavía hoy, está la “lista de precios”, por recibir el bautismo, la bendición, las intenciones de la Misa, lo que hace que se escandalice el pueblo.
Un profesor, en el Seminario, insistía en decirnos que hay dos cosas que el Pueblo de Dios no puede perdonar: un sacerdote apegado al dinero o un sacerdote que maltrata a la gente. A mí personalmente me desagrada la pregunta de quien  va a apuntar una misa y pregunta que cuánto vale.  Ojalá llegue pronto el día en el que todos los servicios parroquiales sean gratuitos. Y ojalá llegue también el día en el no se trate de malos modos a nadie. Ni en las parroquias ni en ningún otro sitio. Que quien llegue al templo se sienta de verdad como en familia, ya que tanto lo predicamos. Pero lo mismo habrá que decir de otros  colectivos inscritos  como asociaciones  “sin ánimo de lucro” o ayuntamientos que en teoría está al servicio de los ciudadanos y que, sin embargo, cobran por todo.
La conversación con mis amigos me anima a hacer un canto a la gratuidad y  al trabajo desinteresado. Como gratuito y desinteresado es el trabajo de muchos misioneros.
La conversación con mis jóvenes amigos no terminó así. Cuando parecía que el tema había acabado, les lancé mi pregunta: ¿Qué servicios gratuitos y generosos hacen ustedes a la Iglesia o al pueblo? También me hago la misma pregunta. Misas y bautizos gratis, sí. Pero no solamente afecta esto a los curas. Todos tenemos la posibilidad de compartir algo de nuestro tiempo y nuestras cualidades sin ponerle precio. Si algún cura cobra por un sacramento, muy mal. Y si tú no ofreces nada gratuito a tu comunidad, tampoco está bien.

P.D. Este fin de semana se celebra el Día de las Misiones: El DOMUND. Una oportunidad para ser generoso.  

UN CURA  PARA
LA CALLE

       Un amigo, después de escuchar la homilía del obispo el día de la patrona,  hizo este comentario con un poco de guasa: Si el obispo dice que ahora hay menos gente que va a la iglesia y los jóvenes están fuera de ella, ¿para qué quiere que haya más curas? El trabajo será menor y se  necesitarán menos sacerdotes.

Parecería una reflexión con lógica si la tarea de los sacerdotes se limitara a atender a los que van a misa o a la catequesis. Pero las cosas no son así ni debieran serlo. Precisamente el obispo en las homilías de las fiestas de las patronas de  Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura, insistió en la necesidad de  salir a la calle que es lo que el evangelio propone y  “no encerrarnos en nuestros templos y salones para continuar cuidando a los que no se han ido”.  Cuantas más personas estén decepcionadas del catolicismo,  cuanto más vacías estén las iglesias, más necesidad tendremos de sacerdotes. Sacerdotes para la calle. 

A mí me preocupa que muchas personas crean que el trabajo del sacerdote  se reduce a una misa diaria, atender a quienes solicitan un sacramento y poco más. Pero más que eso, me preocupa que también los curas y agentes de pastoral  nos acomodemos  al calorcito de la iglesia y echemos a otros la culpa de la falta de jóvenes o la apatía religiosa de buena parte de la población.  Se necesitan, más que nunca,  curas y catequistas que ejerzan fuera de los templos. No  porque van echando sermones. Tampoco porque llevan la etiqueta que los identifica. No es eso lo que hace falta.   Hace unos años, cuando el papa Francisco comenzó a hablar de que tenemos que oler a ovejas y mezclarnos con la gente, hubo quienes pensaron en más procesiones y más manifestaciones externas de fe.  Lógicamente no habían entendido el mensaje del papa como  tampoco ahora el de Francisco Cases.   Ser un cura de la calle es algo  más profundo, más comprometido y más difícil. San Pablo  dice a Timoteo: Toma parte en los duros trabajos del evangelio.  O lo que es lo mismo: No te acomodes ni  dediques todas las horas del día a celebrar misas y tener reuniones y catequesis siempre con el mismo grupo de personas. La calle nos espera. Para estar con la gente que no va a la iglesia, para escucharla, para comprenderla, para aprender. Para intentar ser testimonio del evangelio. 

Escribo estas cosas, consciente de que me las digo a mí mismo. Cuando llega la noche y escribo mi Diario me pregunto siempre si durante el día he tomado parte en los duros trabajos del evangelio o me he limitado a sólo  los que me resultan fáciles.

Este sábado, nuestra diócesis, tan necesitada de vocaciones, cuenta con un nuevo sacerdote: Aday Josué García Jiménez, natural de La Montaña de Gáldar.  El obispo le impondrá las manos y le encargará una parcela de la diócesis  para que la cuide y la quiera y la trabaje y aprenda. Seguro que Aday estará feliz de responder a la llamada del Señor y con ganas de comerse el mundo. Eso me gusta.  Todo el tiempo será poco.  Evangelizar es una urgencia.  Hay que buscar tiempo para orar  y para celebrar la eucaristía. Pero también tiempo para estar con la gente a la que te envíen.  Me gustaría, Aday, que seas un cura de la calle. La calle es un segundo seminario. Lo necesitamos.

FALLECIÓ MARILUZ MARTÍN, VOLUNTARIA DE CÁRITAS
A las dos y media de esta tarde, una llamada hizo dar un giro diferente a todo mi día. Era Pepe, el marido de Mariluz:  
-Suso, Mariluz está ya descansando. Y rápidamente, en pocos minutos, me puse en su casa. Allí había estado varias veces estos días. Habíamos hablado tranquilamente, habíamos rezado, le había dado la unción y ella era consciente que su final aquí abajo era cercano. 
Los voluntarios de Cáritas están acostumbrados a enfrentarse a las más difíciles y duras  situaciones. Eso lo conocía muy bien Mariluz Martín Suárez  que durante varios años trabajó como voluntaria en Cáritas de la Parroquia de Cruce de Arinaga. Le tocó muchas veces buscar salida  a lo que parecía imposible de solucionar. No se dejaba llevar de sentimentalismos aunque los sentimientos los tenía a flor de piel. Estaba curtida en la lucha a pesar de su juventud y sabía afrontar cada problema con delicadeza y al mismo tiempo con valentía. Fue una mujer luchadora.  En Caritas parroquial tuvo la virtud de trabajar en equipo y  saber escuchar y no rendirse ante nada.  Y sonreír. Su última tarea estuvo centrada en el apoyo escolar a niños de familias con pocos recursos económicos.  Su trabajo ha sido fecundo.
Y hace dos años aproximadamente, la vida le puso un reto más difícil aún: luchar contra su propia  enfermedad. Y una vez más, Mariluz dio la talla. Desde la cama o la silla de ruedas seguía pensando en los demás. Le preocupaba que su familia no se derrumbara. Y cuando veía  a alguno de los voluntarios de Cáritas, seguía preguntando interesada por el Proyecto de Familia, por la tienda Talitha de Comercio Justo, o por algunos de los chicos de Apoyo escolar.
Mariluz Martín Suárez, con 43 años,  era una chica muy creyente, con un especial cariño y devoción a la Virgen María.  Hoy nos ha dicho adiós. Ha dejado un tremendo vacío. Pero su buen ejemplo, su ternura hacia los más necesitados y su fe nos anima a seguir sintiéndola presente entre nosotros.
Esta noche, en el velatorio, nos hemos encontrado todos los voluntarios de Cáritas. Y todos hemos recordado con cariño los muchos momentos vividos con ella.
Desde Cáritas Parroquial de Cruce de Arinaga manifestamos nuestra admiración por Mariluz. Nos unimos en el dolor y la oración con su esposo José Bordón Bordón, sus padres, hermanos y toda la familia.
El viernes 19 a las 6 de la tarde será la misa funeral por Mariluz en la iglesia parroquial de San José Obrero de Cruce de Arinaga. Que descanse en paz una voluntaria de Cáritas. Una buena mujer.



ENTRE ALEGRÍA Y CANCIONES

Domingo 8 de agosto de 2016

Con Raquel y Sara en Tías
Estoy contento. Contentísimo. La experiencia de los días vividos en Lanzarote con la presentación del libro, el encuentro con mucha  gente amiga y la convivencia  con mis “sobrinas” Raquel y Sara me tienen  eufórico.  Aunque es un verano sin vacaciones “oficiales” me estoy tomando los días con bastante calma y optimismo, que no siempre es fácil, pero ayuda a descansar .
            La misa de la mañana en Cruce de Arinaga, a pesar de que en el verano faltan los niños (hay cuatro o cinco que sí son constantes y se han mantenido fieles), estuvo animadilla. Y como el mensaje de hoy era valorar el tesoro de la fe y no desanimarnos aunque encontremos dificultades, también intento vivirlo así. Con Paco y Paki me fui al Burrero y constantemente salió en la conversación el tema de los jóvenes. Precisamente, en el cuaderno donde estoy anotando ideas para el curso próximo, lo primero que he apuntado tiene que ver con ellos, con la Asociación que estamos creando y alguna propuesta que ojalá salga adelante. 

            En estos días, aprovechando este tiempo más relajado,  he escuchado y cantado  muchas canciones. No todas religiosas. Por momentos redescubro mi lado más sentimental porque la melodía y las letras me transportan a momentos vividos que han sido significativos. En temas religiosos va en el número 1 “Alma misionera” que además la cantamos en la misa de este fin de semana. Es un mensaje que comparto y me da muchos ánimos.  Y en  música  pop, aunque la letra no me guste especialmente, la que más he escuchado es “El perdón” de Nicky Jam.  Y mientras escucho música, espero la visita prometida de dos jóvenes, Tati y Vero. Sé que, aunque la puntualidad no es su mejor virtud, ellas vendrán.  He hecho un paréntesis para buscar la oración que mañana enviaré a mis doscientos “abonados”. Y aunque mi estado de ánimo no tiene nada que ver con el enfado, de eso va la plegaria de mañana y  que ahora mismo también hago mía: 

DESDE EL ENFADO
Señor, dame ingenio
para afrontar los problemas,
cordura para responder
en las horas de conflicto,
libertad
para defender mis razones
y madurez para entender
los motivos ajenos.
Dame sentido del amor
para discutir con calma;
y sentido del humor
para mirarme al espejo
cuando la cara habla de
enfados y mosqueos.

Dame, en fin, la paz y la mansedumbre
de los bienaventurados,
que, sin perder la coherencia,
se niegan a perder la sonrisa.
(José María R. Olaizola)


Eso espero. Y que me siga ayudando Dios, la música y la buena gente amiga. 


EN LANZAROTE, CON  RAQUEL Y SARA, MIS SOBRINAS…

               Bueno,  mis queridas Sara y Raquel. Llevo ya un par de horas en mi casa de Cruce de Arinaga. Y noto un vacío. En serio. Me faltan ustedes. Quiero decirles que , gracias a ustedes, y a los buenos amigos de Tías, disfruté al máximo  en Lanzarote. Me encantó reír con ustedes, cantar, bromear, hablar de cosas serias, y sencillamente estar con ustedes, conocerlas más y quererlas más. Aunque es cierto que soy olvidadizo, recordaré siempre  estos tres días “convividos” a tope. No podré olvidarme de la broma de ser mis hijas, ni de la soprano,  ni de los emotivos encuentros con los viejos amigos de  Puerto del Carmen. 

         Gracias por ser así y por ser tan amables y respetuosas y cariñosas conmigo. Esta noche me va a costar dormir porque no es lo mismo haber estado con ustedes las 24 horas del día y ahora, de repente sentirlas  un poco lejos. Pero vamos a empezar por el principio.

             Invitado por el Ayuntamiento de Tías, me marché a Lanzarote a presentar el libro Nuevas Cartas al viento. Fui con mucha ilusión, algo de miedo y mucho respeto. Ver a casi cien personas en el Centro Cívico de Puerto del Carmen anima mucho. Y más, ir reconociendo las caras de tantos amigos cuando fui cura de allí hace…¡40 años!  Pancho el alcalde, Tomás y Rafael, se encargaron de hacer la presentación. Más tarde, un formidable recital. Y acabamos con la cena en común en la que también estuvieron   Yolanda,  Pepe Juan, el alcalde anterior y ex monaguillo de Mácher y Agustín Lasso el cura. 

             Fue una noche de emociones. 

            Con Sara y Raquel me quedé en los apartamentos Lomo Blanco, bajo la dirección de Teresa Hernández. 

         Como ocurre cada año que vengo a Lanzarote, buscamos una “disculpa” para vernos las caras Julián, Cande, Pepa, Canita, Nina, Inma, Mari C., Efi, Pilar, Sara, María, Adrián,  Dulce Cassy, Olaya,  y más, bastante más gente. 

Y como el día 1 de agosto es el aniversario de mi ordenación de diácono, aprovechamos para celebrar la eucaristía y ver a otra mucha gente en  aquel ambiente íntimo y alegre en la iglesia de  Tías. Fue algo “familiar” y sin protocolo. Leímos el texto de Jeremías: “No sigas  que eres un muchacho. Yo estaré contigo y pondré mis palabras en tu boca”. Aprovechamos para revisar nuestras actitudes de servicio a la comunidad. Allí estaba otra vez un numeroso grupo de personas: los niños Alicia y Agustín, las monjas, Lila, Teresita, Mariconcha, M. Lola, Lidia, Juanita, Lázaro, Antonio, Azucena  y cincuenta personas más. Cuántos nombres a los que Dios también ha llamado para un servicio en la comunidad. De eso hablamos.  Por cierto que Azucena leyó un bello poema, recordando momentos de hace 37 años cuando compartíamos experiencias de la vida en la parroquia. 

         Fue un momento en el que deseé sinceramente seguir dedicando  mi vida a los demás.  Y mejor que hasta ahora. 

Estar en Lanzarote siempre me entusiasma.  Así lo viví de nuevo.           Y hubo más. Un encuentro también en San Bartolomé, en la casa de Carmen y Luis  con Loli, Pedro, Yoli, Andrés, Omar, Juana, Mari  y bastantes invitados más. Ambiente agradable de familia. 

   Los días fueron muy aprovechados. Llenos de nombres de personas que tanto significaron y significan en mi vida. Tres días en donde también hubo tiempo para disfrutar de la Playa en Fariones, pasear por la Geria y acercarme con mis sobrinas a la iglesia de la Candelaria aunque estuviera cerrada.  Gracias Sara y Raquel por aceptar la invitación y acompañarme a visitar a la buena gente de Lanzarote.  

               Para ver algunas fotos, pinchar en el siguiente enlace: 



TRES DÍAS EN FUERTEVENTURA

CON  JÓVENES DE LA PARROQUIA


La verdad es que salir con los jóvenes es una gozada. Hay momentos en los que se necesita   llamar la atención, corregir o ponerse serios. Pero eso casi que no cuenta si mira uno  todos los demás momentos de risas, bromas, palabras amables, gestos cariñosos, diálogos y canciones, muchas canciones. 

Fueron 20 los chicos y chicas de entre 13 y 18 años que participaron en la convivencia de tres días. Nos trasladamos  en barco a Fuerteventura y tuvimos como hogar el Aula de la Naturaleza que el Cabildo majorero tiene en Parra Medina (Betancuria). Con los chicos estuvieron siempre  Paco y Pili que son catequistas de jóvenes. También acompañaron con su apoyo como monitores, Pino, Paki, madres de chicos participantes y Suso el cura. Los adolescentes valoraron las instalaciones del Cabildo y hay que decir que las cuidaron con esmero y las dejaron perfectamente limpias.  




Lo que peor llevo de las convivencias juveniles, y por tanto también en esta, es lo que, por el contrario, gusta más a los chicos: Noches interminables que proyectamos acabar a las 11 y terminan a las dos o las tres de la madrugada. Pero como eso es lo que más viven ellos, también he intentado asumirlo. En todas  las actividades que tuvimos (playa, caminata, cine, eucaristía, entrevista en el pueblo, actividad ecológica en la playa, baile, canciones …) me ha gustado la actitud siempre positiva de los chicos. Dispuestos a colaborar, siempre participantes. En la misa hubo mucha espontaneidad  para pedir, dar gracias o recordar algunos hechos. Fue una misa distinta a las habituales.  

El comienzo de cada día, siempre un poco duro para todos por las pocas horas de sueño.  Y hoy, satisfacción generalizada.


Ahora, cuando apenas hace dos horas que regresamos al Cruce de Arinaga, se echa de menos la ausencia de los chicos que llenaban con sus canciones y alegría todos los minutos del día. 

Gracias,  muchach@s por estos días tan compartidos y tan llenos. Y gracias a quienes nos facilitaron la estancia en Fuerteventura: Personal del Cabildo, José Antonio el guía, Dory la encargada del lugar y  Celeste la amiga del Bazar de Betancuria. 

Por mí, dispuesto a volver a Parra Medina y con la misma gente. 

Chicos participantes: Aida Almeida, Javier Álvarez, Paula Artiles, Nerea Barriga, Selena Caballero,  Elena Checa, Javi García, Lucía García, Rubén Guedes, Sara Guerra, Gloria Melián,  Arianna Méndez, Fran Méndez, Lorena Pérez, Paola Pérez, Sara Sánchez, Evelyne Sánchez, Sara Sosa, Óscar Alejandro Torrealba y  Óscar Daniel Torrealba.




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