Diario

Diario de un cura

LA LETRA, CON MÚSICA ENTRA

Hace unos meses, mi sobrina Sara se rió mucho de mí. Todo, porque en algún lugar  escribí que me gustaba una canción de reguetón. En concreto, esa tan escuchada de Nicky Jam y que dice  cosas como ésta: Te estaba buscando/ Por las calles gritando/ Eso me está matando/.Es que yo sin ti/Y tú sin mí /Dime quién puede ser feliz Esto no me gusta”. 

            Es verdad. No me pega nada ese estilo. Pero es que a veces una música pegadiza te hace cantar cosas con las que, tal vez,  no estás de acuerdo.  También pasa lo contrario. Letras excelentes, llenas de poesía, al ritmo de una música imposible. Tengo admiración por muchos cantautores y grupos  que, apoyados en una bonita melodía,  transmiten mensajes bellos,  crítica seria y compromiso social. 

            La canción religiosa cuenta también con estupendos artistas que han puesto música a textos impecables. Lástima que, a pesar de las buenas composiciones,  sigamos cantando siempre  “Juntos como hermanos” y “alabaré, alabaré”. Luis Guitarra es uno de esos cantautores comprometidos que, cuando están en  un escenario o en una iglesia, son capaces de entusiasmar a la audiencia diciendo cosas del evangelio. No dejen de escucharlo cuando canta, por ejemplo: “Alégrense los que creen en los demás, / los que se dejan por otros la piel. /Preocúpense los que acumulan bienestar,/ los que buscan el poder./ Alégrense los que construyen la Verdad, / los que soñaron un mundo al revés. / Preocúpense los que no quieren dialogar, / los que no saben ceder./ Alégrense los que creen en los demás...”

            Pero no era sólo de estas letras y estas músicas de las que quería hablar. Me duelen esos discursos solemnes de algunos gobernantes, como el recién llegado a Estados Unidos,  que, para colmo,  pone de fondo un himno militar. Ni la música, ni la letra. Y me hieren los templos suntuosos, repletos de adornos,  que invitan a decir qué bonito, cuánta riqueza y en donde tan difícil es rezar. Prefiero la ermita humilde, el gregoriano del monasterio y las canciones  con gestos de los niños de la catequesis.  O lo que canta  Ricardo Arjona, poeta y músico guatemalteco: “Jesús no entiende por qué en el culto le aplauden /Hablan de honestidad sabiendo que el diezmo es un fraude./ A Jesús le da asco el pastor que se hace rico con la fe./ Jesús, hermanos míos, es verbo, no sustantivo”.  

La buena letra, con buena música sí que entra. Por eso  hay que aplaudir a esos coros parroquiales que se esmeran en cantar y que la gente cante. Y que la canción sepa a evangelio y la melodía llegue al corazón. Y hay que felicitar a los curas y grupos de liturgia y catequistas que están convencidos de que hay que cantar mucho y todo lo bien que se pueda,  para  que el mensaje resulte agradable, fácil de digerir y alegren el alma. 

Y tenemos que alegrarnos de que a los jóvenes y también a mucha  gente grande les guste cantar y bailar y reír poniendo ritmo a la vida. Si a eso le ponemos letras cristianas y bellas, quien las cante  se llevará  todo el mensaje  a su casa y a la calle. Recuerdo que hace años, en un viaje en barco,  un grupo de jóvenes sin ninguna relación con la Iglesia, cantaba sin parar canciones religiosas probablemente aprendidas en las catequesis. Las canciones habían calado. 

Comprenderás, sobrina Sara, que, aunque te rías conmigo,  la música marca mucho y en todas las edades. Y siempre hay a quien cantarle: ”Es que yo sin Tí/Y Tú sin mí /Dime quién puede ser feliz”. 


P.D. Mi apoyo sincero al músico amigo,  Nino Díaz, de Tías (Lanzarote) ante las muchas      críticas por el Festival de Canarias. Es bueno escuchar otras voces (otras letras) y que la música no siempre sea la misma. Lo que tú pretendías, Nino. 

Todo es de todos
Luis Guitarra


PLÁTANOS AMASADOS
CON GOFIO


 Me hizo mucha gracia cuando me lo contaron. Un vecino de mi pueblo participó hace unos meses en un concurso de postres canarios. Se presentaron más de cien concursantes con recetas muy  elaboradas:   Mezclas insólitas de productos de nuestra tierra a cual más sofisticada. Para sorpresa del concursante de mi pueblo, su receta, plátanos amasados con gofio,  fue la premiada. Los ingredientes eran plátanos y gofio. Así de sencillo. Y este fue el postre o la merienda de muchos canarios en los tiempos que por aquí  no se conocía el yogur ni el mus ni todas esas delicateses  que nos ofrecen ahora en cualquier restaurante. Me supongo que el jurado valoraría la sencillez del postre y su autenticidad. Qué más se puede pedir.

Como en casi todo, nada mejor que lo sencillo. A mí, por ejemplo, me cansan   los discursos, homilías o reuniones con lenguaje  rebuscado, infinitos,  no hechos para ser disfrutados  sino para el lucimiento de quien lo hace. Me molestan los escritos que hay que leer tres veces para entenderlos. Cuando era estudiante en Colonia, cuenta una profesora, tuve que preparar, en una ocasión, un trabajo largo y difícil  para una clase en la Universidad. Antes de entregarlo al profesor, lo enseñé a un compañero mayor, que lo leyó con interés, y después me dio un consejo amistoso que nunca he olvidado: Está bien, me comentó. Pero si quieres tener una buena nota, tienes que decir lo mismo, pero   de un modo más complicado.

Así suele ocurrir. Se confunde muchas veces lo complicado con lo inteligente. Cuántas veces hemos oído a alguien que dice: Qué homilía tan buena. O qué inteligente la persona que habló. Y si uno le pregunta cuál era  el tema  responde que no  lo entendió  mucho, pero que hablaba muy bien. Si se habla es para que el público a quien uno se dirige lo entienda. Lo siento, pero hay predicadores –a lo mejor yo soy uno- que son maravillosos…para dormir a la feligresía. Nos olvidamos que Dios, que es la suma verdad, es también la suma sencillez. San Pablo, en la primera carta a los Corintios (14,1) dice que “Si no hablamos con palabras que se entiendan, estaríamos hablando al viento”. Y es que, para ser auténticos hay que empezar por ser sencillos. Sin demasiado decorado, sin afectación. La forma hay que cuidarla. Pero lo que realmente importa es el mensaje que se quiere transmitir.

El papa  Francisco tiene la difícil virtud de la sencillez. Generalmente no ha sido fácil  leer los discursos o encíclicas de los papas. Sin embargo ahora nos estamos acostumbrando a escuchar o leer  las homilías de Francisco. Hace poco  hacía él mismo este comentario: “En nuestra imaginación –se lamentó- la salvación debe venir de algo grande, majestuoso. Como si sólo pudieran salvarnos los poderosos, aquellos que tienen fuerza, que tienen dinero. Sin embargo la salvación solo viene de lo pequeño, de la simplicidad de las cosas de Dios.”  


El lenguaje engolado, falsamente erudito y rebuscado puede valer  para el lucimiento personal. La forma de hablar llana, sencilla, humilde, auténtica, es como los buenos postres. Fáciles de entender y gustosos al paladar y al corazón. Como los plátanos amasados con gofio. 


A QUIEN DIOS NO
LE DA HIJOS…

Hace unos días  recibí el correo de Teresa, una lectora de La Provincia. Además de algunas llamadas de atención y algunos piropos (todo se recibe muy bien), ponía una pregunta: Ya que usted publica su diario,  me gustaría saber cómo celebra un cura las Navidades.   Podría contestar a mi lectora que, probablemente, no hay demasiada diferencia entre ella y yo si los dos tenemos fe. Habrá algunos matices pero en general, seguro que hay muchas coincidencias. Bastaría hacer un cóctel donde se mezcle  familia, fe y solidaridad. Es una mezcla formidable que produce una gran dosis de  paz y de alegría.  

Pero voy a ser más explícito. En los días previos a la Navidad, muchos curas participamos en actividades como éstas: un encuentro de oración personal, visita a los enfermos de la parroquia, o acompañar en la acogida que Cáritas hace a las familias necesitadas.  Y en mi caso, además, celebrar la eucaristía en el centro de mayores que hay en el pueblo. Por cierto que  en esta ocasión participaron también  los jóvenes que están en catequesis de confirmación y contaron a todos cómo les gustaría vivir esta  Navidad. Fue un buen regalo para los acogidos en el centro sentarse junto a los muchachos  y escuchar sus mensajes espontáneos y alegres. 

Y ya en la Nochebuena, nos toca a los curas celebrar el nacimiento de Jesús intentando que la misa no fuera un simple rito, sino transmitir de la mejor forma posible el mensaje siempre nuevo del evangelio. A veces no resulta fácil, sobre todo cuando debemos estar en más de una parroquia y, por tanto,  celebrar dos o tres veces seguidas el nacimiento de Jesús. Una tentación, es caer en la rutina. Por supuesto que intentamos evitarla. 

La misa de Nochebuena procuramos que sea viva y muy participada. No es fácil acertar con la hora adecuada para que todos podamos compaginar la misa y la cena. En mi parroquia hemos procurado  que los niños y los jóvenes tuvieran su espacio en la eucaristía escenificando el pasaje del evangelio de Navidad.  Acabada la misa,  con el besapiés o la caricia a la imagen del Niño  Jesús terminamos con el compromiso de transmitir esa “caricia” a quienes necesitan un gesto de amabilidad, de cariño o  de escucha. Como ves, una primera parte muy semejante a la de cualquier otro cristiano que no se conforma con sólo estar en misa. 

Y después,  como la mayoría de las  personas,  vivimos el encuentro familiar. El mío fue con algunos hermanos, sobrinos y cuñadas. Dicen algunos que a quien Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos. No creo que sea así. La familia de los curas suelen ser los sobrinos y los padres de los sobrinos. Y también la parroquia. Normalmente  nos sentimos acogidos, comprendidos y apoyados por las buenas familias que acuden a la iglesia. Y cuando un cura no tiene aquí familia como son los de otra Isla o de la península o de lugares más lejanos, siempre encuentran entre los feligreses quienes le inviten a cenar y pasar un rato en cálido ambiente familiar.  

Cuando me tocó estar lejos de mi familia siendo  párroco  en Tías (Lanzarote) o Antigua y Betancuria (Fuerteventura), nunca me faltó una familia, y más de una,  con quien compartir estas fiestas del Nacimiento de Jesús y el fin de año.
Como ves, Teresa, la Navidad de los curas no tiene mucho de extraordinario. Ojalá aprendamos también los sacerdotes  a que nuestras casas parroquiales estén disponibles para algún hermano que pueda sentirse  solo en estas fechas. Por cierto que ayer, Día de la Sagrada Familia de Nazaret,  celebré con algunos de mis actuales y antiguos feligreses, los cuarenta y cinco años de sacerdocio. Fue una ocasión para fortalecer los lazos familiares con todos ellos. Por eso me gusta corregir el refrán y decir más bien que,  A quien Dios no le da hijos, Él mismo le  multiplica las familias. 

P.D. Que el nuevo año 2017 traiga mucha paz, más trabajo,  más solidaridad y familias acogedoras para todos.
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susovega@hotmail.com

RUTA DE BELENES

Este puede ser un buen día para hacer la ruta de los belenes. Realmente pudiera hacerse en muchos momentos de la vida. Vamos a ver si me explico. Es costumbre que, aprovechando la Navidad, algunos cojan su coche y se vayan a ver, por ejemplo, el nacimiento de la Playa de Las Canteras. Formidable. Lo que pasa es que yo estoy pensando en una ruta diferente. Otro tipo de  belenes. No. Tampoco me refiero, por poner un ejemplo, al muy espectacular que ha hecho Dámaso Suárez en Cruce de Arinaga y que vale la pena conocer. Reconozco que me encanta visitar nacimientos. De hecho hace unos días me encontré con un belenista reconocido como Ramón Brito de Tamaraceite quien,  en pocos minutos, me ofreció  una ruta  de los mejores nacimientos realizados en  parques, plazas y domicilios particulares de Moya, Telde, Arucas o Mogán. Pero es que, si uno contempla un nacimiento o mil, no puede quedarse en la imagen idílica que allí se pinta y que alegra la vista. Ríos de agua limpia, ovejitas con abundante agricultura a su alrededor, pastores que sonríen, un portal con luz eléctrica y música de ángeles. 

Es bueno visitar belenes, pero no sólo para extasiarnos ante algunas obras artísticas. Los nacimientos hay que saber interpretarlos. Hay que ponerles voz y movimiento sin necesidad de mecanismo alguno. Se le puede  preguntar a la  oveja por qué está allí. Hay que escuchar  al Niño Jesús si nos dice  dónde podemos encontrarlo de verdad, de carne y hueso. Se puede  mirar a la Virgen María y, aunque aparentemente no recibamos la respuesta, decirle que dónde hay una persona que necesite el cuidado y el afecto que ella parece que está dando su hijo. O suspirar ante esa figurita de un san José bueno, obediente que no comprende casi nada de lo que está pasando. Pero que está allí porque confía en Dios. 

Ayoze montó un pequeño belén en su casa con la ayuda de los padres que consideraron que esta sería una buena catequesis para el niño. Y el chiquillo, todos los días  cuando se levanta, va al rinconcito donde está el belén y cambia alguna figura. Ayer apareció el niño metido en medio de los pastores. Y otra vez puso a la Virgen con las lavanderas. Pareciera como si Ayoze le estuviera dando la catequesis a los padres. A ver si se dan cuenta que lo del belén es una forma de descubrir que todo eso que allí aparece quieto está en continuo movimiento. Y que a Jesús hay que seguir buscándolo por ahí, en los sitios más insospechados. Por eso no basta hacer la ruta de belenes de figuritas. Falta la otra.

La otra ruta de Nacimientos no es un entretenimiento para los días de Navidad. Si uno hizo bien  la primera, la que muchos de nosotros hacemos, es muy posible que nos animemos  a hacer la segunda. Y se va uno un día  a buscar y encontrar  al Jesús, al de verdad. Por ejemplo al Hospital. Y otro día se entera uno que hay un acto solidario para personas con enfermedad mental y se planta allí porque allí seguro que lo va a encontrar a Él.  

No se organizan rutas de belenes de este tipo. Tampoco hace falta. Pero es bueno organizarlas para uno mismo. Durante todo el año, poquito a poquito, se puede ir visitando o ayudando a Jesús que anda  entre nosotros.

En la Plaza de San Pedro del Vaticano instalaron este año un belén inspirado en las pateras que traen refugiados a nuestras tierras. Muy buena idea. Al verlo, no vale decir ¡qué bonitoooo! Porque los belenes, aunque sean muy bellos artísticamente,  tienen que ayudarnos a decir ¡!qué feo! Qué feo que  un Niño haya tenido que nacer así. Y qué refeo que no hayamos aprendido todavía  y se sigan multiplicando  los “niños jesuses” que viven a la intemperie  y sin sonrisa.

Necesariamente, voy a empezar la otra ruta de los belenes.  Aunque, en verdad, la empecé ayer cuando, sin pretenderlo, en la misma iglesia, vino a mi encuentro Sandra y me contó entre lágrimas que la habían despedido del trabajo. Y que se veía lejos de los suyos, cargada de problemas y sin ninguna salida.  Yo la escuchaba y al mismo tiempo ponía los ojos en las figuras del Belén de la parroquia. ¿Dónde estaría Jesús?



Muchas preguntas y algunas respuestas 



Yoana, la catequista, tenía cara de preocupación cuando me dijo que los niños de su grupo querían hacerme una pregunta. Pasé a la sala donde estaban y no me hicieron una pregunta sino mil. Parecían disparar interrogantes con metralleta. ¿Quién hizo a Dios? ¿Si Dios es tan bueno por qué se murió mi abuelo? ¿Cómo es el cielo? ¿Y por qué nos manda enfermedades? ¿Cómo es posible que Dios esté en todas partes?  

Sinceramente, me costaba responder.  Y cuando empezaba a contestar una pregunta, ya me interrumpían para hacer la siguiente. Entonces les conté que yo no lo sé todo y que también me hago muchas preguntas.  También a mí, como a los niños, el tema de Dios y de  la muerte me crea interrogantes que no siempre sé responder. 

Sin ir más lejos, en unos pocos días se me han marchado cuatro amigos curas. El primero y más joven  fue Luis María, de Palencia.  Nos conocimos hace más de treinta años y, aunque nos veíamos poco, seguía siendo para mí un ejemplo  de persona buena, trabajadora  y comprometida socialmente. Le recuerdo y le admiro. 

A los pocos días tuve que decir  adiós a Juan Castellano. A Juanito “el de Guía” como le decíamos en Ingenio. Juan era un hombre dulce. Enamorado de la música y de la liturgia. Transmitía mucha paz.  Apenas levantaba la voz. Parecía más bien que cantaba gregoriano.  Su conversación resultaba en sí misma una melodía.  Un día, después de leer una de mis cartas al viento me dijo  muy socarrón: ¡A ver qué vas a decir de mí  cuando yo me muera!  Nos reímos y le contesté medio en broma: Diré que has sabido hablar de Dios y con Dios a través de  la música.  Como un ángel. Que esa asignatura la tienes aprobada. Se lo dije entonces. Y ahora, ya  fuera de bromas,  lo vuelvo a afirmar. 

Juan Moreno Sánchez,  fue un sacerdote que se integró en el clero diocesano después de unos años como claretiano. La pasada semana  fue despedido en Tenoya, su pueblo natal.   Había trabajado  generosamente, con gran actitud de servicio  en la pastoral parroquial durante cincuenta y ocho años nada menos. 

Juan Castellano. "Juanito el de Guía"
         Y el pasado domingo, José Manuel Ruiz,  que fue cura de Melenara,  también se despidió. Un hombre alegre que, a pesar de su edad avanzada, no perdió ni la memoria, ni el humor. En los años 60 estaba de cura en el barrio de San José. Y allí empezaron a llamarle “Padre Botella”.  Él  lo recordaba muchas veces con simpatía:  "Me di cuenta de que si yo recogía botellas y por ellas pagaban unos diez céntimos de peseta, podíamos sacar dinero para los pobres ya que antes no había tantas ayudas sociales". Y así hizo. Con los jóvenes del barrio  se puso  a recoger botellas de cristal por las casas que luego vendía a una fábrica  de envases.  Él decía  que con esto conseguía ayuda para los necesitados y que se enseñaba a reciclar. José Manuel terminó sus años de vida en la casa parroquial de Melenara con el cariño y respeto de todo el barrio marinero. Y antes de marcharse definitivamente  entregó la letra de una canción que estaba significando mucho para él: 

José Manuel Ruiz en Melenara 

“Aquí me tienes, Señor,
aquí estoy pues me llamaste.
Vengo a ofrecerte mi vida
la que Tú me regalaste.
Cansado vengo a tu puerta,
fue duro mi caminar,
pero en tus brazos de Padre
al fin podré descansar 

Todo esto, vivido intensamente en unos pocos días, me dejan muchos interrogantes: ¿El mensaje y el testimonio de estos cuatro curas se mantendrá vivo? ¿Seremos capaces de seguir cultivando  esos valores de fe, de servicio, de humor, de compromiso, de dulzura? ¿Nuestra diócesis  buscará alternativas para suplir la ausencia de sacerdotes como éstos?

 Algún día le diré a Yoana, la catequista, que llame a los niños de su grupo.  Porque  también yo tengo miles de preguntas y algunas respuestas para  sus preguntas y las mías. 


¡Yo no me doy
por vencido!


El otro día estuve en un acto de política municipal. Había bastante gente. Jóvenes, casi ninguno. A actos religiosos voy  todos los días. Jóvenes, casi ninguno. A  actividades musicales voy de vez en cuando. Jóvenes, casi todos. 

Estuve  ayer con un compañero y lo encontré más que vencido. Derrotado. Decía que está harto de convocar a los jóvenes para la confirmación o para hablar de algún tema que él considera de interés  y nadie acude.   Asegura  que no hay nada que hacer. Y que no va a seguir perdiendo el tiempo. Se conformará con lo que ya hay en su parroquia. 

Yo tampoco  tengo soluciones. Pero sigo cantando con Luis Fonsi que no me doy por vencido. Ni muchísimo menos. No se puede trabajar para la juventud o con la juventud  si  no se tiene el mínimo de fuerza para resistir la tentación de abandonar. 

Estoy  muy cercano a una asociación juvenil, Vida Solidaria, y compruebo  que también ellos  tienen dificultades para mantener la fidelidad a las reuniones o los compromisos que se van tomando. Lo que hace que la asociación de mantenga es porque  algunos “no se dan por vencidos” y siguen contra viento y marea, participando, animando y reuniéndose aunque sólo vengan cinco. 

No entiendo que un concejal o un cura se rindan.  Un cristiano que  tire la toalla… dudo que sea cristiano. Un político  desanimado  porque la juventud no responde,  tendrá que plantearse su cargo.  Y mucho menos que se tranquilicen culpando a la juventud  de todos los males. Hay una actitud que se llama autocrítica que es lo que hay que hacer. Lo que pasa que eso cuesta mucho.  Todos recordamos multitudes de jóvenes en los templos. Si ahora no están, tal vez es que hay algo que no estamos haciendo bien. Quizás seguimos con los mismos esquemas de hace  sesenta años. Tal vez no sabemos animar a los adolescentes. A lo mejor hay que ser más humildes y olvidarnos de las masas. 

Yo quiero una Iglesia joven. Y alegre, y entusiasta.  Y humilde. 
Y quiero instituciones públicas que trabajen con la juventud sin buscar sólo la inmediatez . Hay que trabajar sin esperar el éxito inmediato que conduce a la decepción. Trabajar con los jóvenes exige paciencia, serenidad, y mucha, muchísima humildad. 


Yo, yo no me doy por vencido

Juro que vale la pena esperar, y esperar y esperar un suspiro

Una señal del destino

No me canso, no me rindo, no me doy por vencido.




Cementerios, cenizas y funerales

En esta semana he visitado dos cementerios. Nada extraordinario en un mes de noviembre que la Iglesia dedica a los  difuntos. Escuché decir hace muchos años a un viejo escritor que  una buena forma para  conocer a un pueblo,  es visitar su camposanto. Y estoy de acuerdo. Las lápidas,  tanto en sus textos como en los  dibujos y  adornos expresan sentimientos,  creencias y tradiciones del difunto o sus familiares. Y en días como el 1 y  2 de noviembre, con los cementerios a tope de familiares de los allí enterrados, se encuentra   uno a vecinos y amigos con los que surgen pequeños diálogos. 

No sé si es correcto decirlo, pero disfruté en aquellas visitas. Aparte de la oración, que allí surge casi espontánea,  se viven  recuerdos llenos de cariño a los seres queridos que ya no están. Me  encontré con diferentes personas. Y,  aunque estábamos en un cementerio, el tema más repetido fue el de la incineración. Me preocupa que mucha gente haya quedado decepcionada o llena de dudas serias a consecuencia del documento del Vaticano. En estos días he leído bastantes artículos sobre el tema a propósito de la instrucción “Para resucitar con Cristo”. Entre los que he leído, me pareció muy esclarecedor el de mi compañero Eugenio Rodríguez y que fue publicado en La Provincia. 

Pero después de haber leído “Ad resurgendum cum Christo” ( y perdonen por usar el latín)  he expresado libremente mi opinión a diferentes personas. La primera, que este no es un documento del papa sino de una congregación de la Santa Sede. Esto me parece muy importante ya que no tiene el mismo valor. Por otra parte hay que aclarar que el documento, en ningún momento se opone a la incineración sino al lugar donde se depositan las cenizas. En lo que no estoy de acuerdo es en el punto 8 que dice: En el caso de que el difunto hubiera dispuesto la cremación y la dispersión de sus cenizas en la naturaleza por razones contrarias a la fe cristiana, se le han de negar las exequias  La Tierra es sagrada y no hay que estar haciendo diferenciaciones por el lugar donde se esparzan o guarden las cenizas. Pero lo peor, a mi juicio, es que a estas alturas volvamos a estar con prohibiciones. Yo nunca negaría la misa a ninguna persona. A ninguna. Y muchísimo menos a quienes están en un momento tan sensible y tan doloroso como la muerte de un ser querido. Es momento para animar, para acercar y nunca nunca para prohibir. 

Pero mi diario no acaba aquí. Otras vivencias de estos días han tenido cabida en mi cuaderno. Por ejemplo, la alegría que he sentido al encontrarme con un sacerdote de Palencia, Mederico, con quien he tenido ocasión de dialogar de casi todo lo posible y también rezar y reír. O mi admiración  al escuchar a dos vecinos del barrio de Las Rosas (Agüimes)  en el programa de radio “La plaza de la Iglesia”. Estos dos vecinos, Martina y Ayoze,  se sienten satisfechos, dijeron, totalmente satisfechos,  con todos los servicios que hay en su barrio. Algo nada fácil. 

Ya ven que  en noviembre, además de cementerios, cenizas y funerales, hay espacio para la alegría y para la admiración. Que nunca falte.



¿CUÁNTO VALE UNA MISA?

Ayer, un grupo de jóvenes,  con toda la ironía del mundo, me hicieron la pregunta: ¿Cuánto vale una misa o bautizar a un niño o casarse? Pensé responderle lo que me enseñaron en el seminario: El valor de una misa es infinito. El valor espiritual, se entiende. Pero la pregunta no se refería a lo espiritual.
Entonces recordé a mi compañero Antonio Berriel que, con mucha frecuencia, dice que en sus muchos años en el  oficio de párroco, jamás ha puesto precio a un bautizo o una boda o una misa. Y yo puedo afirmar que la gran mayoría de los curas  isleños tampoco cobran. Otra cosa es que se entregue un sobre por si se quiere  hacer un donativo voluntario.
Mis jóvenes amigos no se conformaron con la respuesta y siguieron preguntando: ¿Y qué haces con ese dinero de los donativos por las misas, por ejemplo?  Les aclaré entonces que ese dinero no es para el celebrante sino para el mantenimiento de la parroquia como ocurre con las colectas. Cada cura tiene su sueldo y, normalmente, deben vivir de su salario como cualquier persona.
No tengo la menor duda de que, cobrar por un sacramento, resulta contradictorio. Dice el evangelio de San Mateo: “Den gratis lo que recibieron gratis” (Mt 10, 8). Somos curas por la gracia (gratuidad) de Dios. Por tanto, debemos celebrar los sacramentos  gratuitamente. La Iglesia se mantiene, en buena parte, gracias a los donativos de los creyentes. Y a ellos debemos estar agradecidos.
De todos modos, el tema es serio y en algunos casos, escandaloso. Mucho debe serlo en cuanto  ha sido el mismo papa el que ha llamado la atención sobre los abusos de muchas parroquias con los estipendios o tasas que se cobran por un sacramento. El papa, en una homilía, se refirió con dureza a este hecho: Cuántas veces, dijo,  vemos que,  entrando en un templo, todavía hoy, está la “lista de precios”, por recibir el bautismo, la bendición, las intenciones de la Misa, lo que hace que se escandalice el pueblo.
Un profesor, en el Seminario, insistía en decirnos que hay dos cosas que el Pueblo de Dios no puede perdonar: un sacerdote apegado al dinero o un sacerdote que maltrata a la gente. A mí personalmente me desagrada la pregunta de quien  va a apuntar una misa y pregunta que cuánto vale.  Ojalá llegue pronto el día en el que todos los servicios parroquiales sean gratuitos. Y ojalá llegue también el día en el no se trate de malos modos a nadie. Ni en las parroquias ni en ningún otro sitio. Que quien llegue al templo se sienta de verdad como en familia, ya que tanto lo predicamos. Pero lo mismo habrá que decir de otros  colectivos inscritos  como asociaciones  “sin ánimo de lucro” o ayuntamientos que en teoría está al servicio de los ciudadanos y que, sin embargo, cobran por todo.
La conversación con mis amigos me anima a hacer un canto a la gratuidad y  al trabajo desinteresado. Como gratuito y desinteresado es el trabajo de muchos misioneros.
La conversación con mis jóvenes amigos no terminó así. Cuando parecía que el tema había acabado, les lancé mi pregunta: ¿Qué servicios gratuitos y generosos hacen ustedes a la Iglesia o al pueblo? También me hago la misma pregunta. Misas y bautizos gratis, sí. Pero no solamente afecta esto a los curas. Todos tenemos la posibilidad de compartir algo de nuestro tiempo y nuestras cualidades sin ponerle precio. Si algún cura cobra por un sacramento, muy mal. Y si tú no ofreces nada gratuito a tu comunidad, tampoco está bien.

P.D. Este fin de semana se celebra el Día de las Misiones: El DOMUND. Una oportunidad para ser generoso.  

UN CURA  PARA
LA CALLE

       Un amigo, después de escuchar la homilía del obispo el día de la patrona,  hizo este comentario con un poco de guasa: Si el obispo dice que ahora hay menos gente que va a la iglesia y los jóvenes están fuera de ella, ¿para qué quiere que haya más curas? El trabajo será menor y se  necesitarán menos sacerdotes.

Parecería una reflexión con lógica si la tarea de los sacerdotes se limitara a atender a los que van a misa o a la catequesis. Pero las cosas no son así ni debieran serlo. Precisamente el obispo en las homilías de las fiestas de las patronas de  Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura, insistió en la necesidad de  salir a la calle que es lo que el evangelio propone y  “no encerrarnos en nuestros templos y salones para continuar cuidando a los que no se han ido”.  Cuantas más personas estén decepcionadas del catolicismo,  cuanto más vacías estén las iglesias, más necesidad tendremos de sacerdotes. Sacerdotes para la calle. 

A mí me preocupa que muchas personas crean que el trabajo del sacerdote  se reduce a una misa diaria, atender a quienes solicitan un sacramento y poco más. Pero más que eso, me preocupa que también los curas y agentes de pastoral  nos acomodemos  al calorcito de la iglesia y echemos a otros la culpa de la falta de jóvenes o la apatía religiosa de buena parte de la población.  Se necesitan, más que nunca,  curas y catequistas que ejerzan fuera de los templos. No  porque van echando sermones. Tampoco porque llevan la etiqueta que los identifica. No es eso lo que hace falta.   Hace unos años, cuando el papa Francisco comenzó a hablar de que tenemos que oler a ovejas y mezclarnos con la gente, hubo quienes pensaron en más procesiones y más manifestaciones externas de fe.  Lógicamente no habían entendido el mensaje del papa como  tampoco ahora el de Francisco Cases.   Ser un cura de la calle es algo  más profundo, más comprometido y más difícil. San Pablo  dice a Timoteo: Toma parte en los duros trabajos del evangelio.  O lo que es lo mismo: No te acomodes ni  dediques todas las horas del día a celebrar misas y tener reuniones y catequesis siempre con el mismo grupo de personas. La calle nos espera. Para estar con la gente que no va a la iglesia, para escucharla, para comprenderla, para aprender. Para intentar ser testimonio del evangelio. 

Escribo estas cosas, consciente de que me las digo a mí mismo. Cuando llega la noche y escribo mi Diario me pregunto siempre si durante el día he tomado parte en los duros trabajos del evangelio o me he limitado a sólo  los que me resultan fáciles.

Este sábado, nuestra diócesis, tan necesitada de vocaciones, cuenta con un nuevo sacerdote: Aday Josué García Jiménez, natural de La Montaña de Gáldar.  El obispo le impondrá las manos y le encargará una parcela de la diócesis  para que la cuide y la quiera y la trabaje y aprenda. Seguro que Aday estará feliz de responder a la llamada del Señor y con ganas de comerse el mundo. Eso me gusta.  Todo el tiempo será poco.  Evangelizar es una urgencia.  Hay que buscar tiempo para orar  y para celebrar la eucaristía. Pero también tiempo para estar con la gente a la que te envíen.  Me gustaría, Aday, que seas un cura de la calle. La calle es un segundo seminario. Lo necesitamos.

FALLECIÓ MARILUZ MARTÍN, VOLUNTARIA DE CÁRITAS
A las dos y media de esta tarde, una llamada hizo dar un giro diferente a todo mi día. Era Pepe, el marido de Mariluz:  
-Suso, Mariluz está ya descansando. Y rápidamente, en pocos minutos, me puse en su casa. Allí había estado varias veces estos días. Habíamos hablado tranquilamente, habíamos rezado, le había dado la unción y ella era consciente que su final aquí abajo era cercano. 
Los voluntarios de Cáritas están acostumbrados a enfrentarse a las más difíciles y duras  situaciones. Eso lo conocía muy bien Mariluz Martín Suárez  que durante varios años trabajó como voluntaria en Cáritas de la Parroquia de Cruce de Arinaga. Le tocó muchas veces buscar salida  a lo que parecía imposible de solucionar. No se dejaba llevar de sentimentalismos aunque los sentimientos los tenía a flor de piel. Estaba curtida en la lucha a pesar de su juventud y sabía afrontar cada problema con delicadeza y al mismo tiempo con valentía. Fue una mujer luchadora.  En Caritas parroquial tuvo la virtud de trabajar en equipo y  saber escuchar y no rendirse ante nada.  Y sonreír. Su última tarea estuvo centrada en el apoyo escolar a niños de familias con pocos recursos económicos.  Su trabajo ha sido fecundo.
Y hace dos años aproximadamente, la vida le puso un reto más difícil aún: luchar contra su propia  enfermedad. Y una vez más, Mariluz dio la talla. Desde la cama o la silla de ruedas seguía pensando en los demás. Le preocupaba que su familia no se derrumbara. Y cuando veía  a alguno de los voluntarios de Cáritas, seguía preguntando interesada por el Proyecto de Familia, por la tienda Talitha de Comercio Justo, o por algunos de los chicos de Apoyo escolar.
Mariluz Martín Suárez, con 43 años,  era una chica muy creyente, con un especial cariño y devoción a la Virgen María.  Hoy nos ha dicho adiós. Ha dejado un tremendo vacío. Pero su buen ejemplo, su ternura hacia los más necesitados y su fe nos anima a seguir sintiéndola presente entre nosotros.
Esta noche, en el velatorio, nos hemos encontrado todos los voluntarios de Cáritas. Y todos hemos recordado con cariño los muchos momentos vividos con ella.
Desde Cáritas Parroquial de Cruce de Arinaga manifestamos nuestra admiración por Mariluz. Nos unimos en el dolor y la oración con su esposo José Bordón Bordón, sus padres, hermanos y toda la familia.
El viernes 19 a las 6 de la tarde será la misa funeral por Mariluz en la iglesia parroquial de San José Obrero de Cruce de Arinaga. Que descanse en paz una voluntaria de Cáritas. Una buena mujer.



ENTRE ALEGRÍA Y CANCIONES

Domingo 8 de agosto de 2016

Con Raquel y Sara en Tías
Estoy contento. Contentísimo. La experiencia de los días vividos en Lanzarote con la presentación del libro, el encuentro con mucha  gente amiga y la convivencia  con mis “sobrinas” Raquel y Sara me tienen  eufórico.  Aunque es un verano sin vacaciones “oficiales” me estoy tomando los días con bastante calma y optimismo, que no siempre es fácil, pero ayuda a descansar .
            La misa de la mañana en Cruce de Arinaga, a pesar de que en el verano faltan los niños (hay cuatro o cinco que sí son constantes y se han mantenido fieles), estuvo animadilla. Y como el mensaje de hoy era valorar el tesoro de la fe y no desanimarnos aunque encontremos dificultades, también intento vivirlo así. Con Paco y Paki me fui al Burrero y constantemente salió en la conversación el tema de los jóvenes. Precisamente, en el cuaderno donde estoy anotando ideas para el curso próximo, lo primero que he apuntado tiene que ver con ellos, con la Asociación que estamos creando y alguna propuesta que ojalá salga adelante. 

            En estos días, aprovechando este tiempo más relajado,  he escuchado y cantado  muchas canciones. No todas religiosas. Por momentos redescubro mi lado más sentimental porque la melodía y las letras me transportan a momentos vividos que han sido significativos. En temas religiosos va en el número 1 “Alma misionera” que además la cantamos en la misa de este fin de semana. Es un mensaje que comparto y me da muchos ánimos.  Y en  música  pop, aunque la letra no me guste especialmente, la que más he escuchado es “El perdón” de Nicky Jam.  Y mientras escucho música, espero la visita prometida de dos jóvenes, Tati y Vero. Sé que, aunque la puntualidad no es su mejor virtud, ellas vendrán.  He hecho un paréntesis para buscar la oración que mañana enviaré a mis doscientos “abonados”. Y aunque mi estado de ánimo no tiene nada que ver con el enfado, de eso va la plegaria de mañana y  que ahora mismo también hago mía: 

DESDE EL ENFADO
Señor, dame ingenio
para afrontar los problemas,
cordura para responder
en las horas de conflicto,
libertad
para defender mis razones
y madurez para entender
los motivos ajenos.
Dame sentido del amor
para discutir con calma;
y sentido del humor
para mirarme al espejo
cuando la cara habla de
enfados y mosqueos.

Dame, en fin, la paz y la mansedumbre
de los bienaventurados,
que, sin perder la coherencia,
se niegan a perder la sonrisa.
(José María R. Olaizola)


Eso espero. Y que me siga ayudando Dios, la música y la buena gente amiga. 


EN LANZAROTE, CON  RAQUEL Y SARA, MIS SOBRINAS…

               Bueno,  mis queridas Sara y Raquel. Llevo ya un par de horas en mi casa de Cruce de Arinaga. Y noto un vacío. En serio. Me faltan ustedes. Quiero decirles que , gracias a ustedes, y a los buenos amigos de Tías, disfruté al máximo  en Lanzarote. Me encantó reír con ustedes, cantar, bromear, hablar de cosas serias, y sencillamente estar con ustedes, conocerlas más y quererlas más. Aunque es cierto que soy olvidadizo, recordaré siempre  estos tres días “convividos” a tope. No podré olvidarme de la broma de ser mis hijas, ni de la soprano,  ni de los emotivos encuentros con los viejos amigos de  Puerto del Carmen. 

         Gracias por ser así y por ser tan amables y respetuosas y cariñosas conmigo. Esta noche me va a costar dormir porque no es lo mismo haber estado con ustedes las 24 horas del día y ahora, de repente sentirlas  un poco lejos. Pero vamos a empezar por el principio.

             Invitado por el Ayuntamiento de Tías, me marché a Lanzarote a presentar el libro Nuevas Cartas al viento. Fui con mucha ilusión, algo de miedo y mucho respeto. Ver a casi cien personas en el Centro Cívico de Puerto del Carmen anima mucho. Y más, ir reconociendo las caras de tantos amigos cuando fui cura de allí hace…¡40 años!  Pancho el alcalde, Tomás y Rafael, se encargaron de hacer la presentación. Más tarde, un formidable recital. Y acabamos con la cena en común en la que también estuvieron   Yolanda,  Pepe Juan, el alcalde anterior y ex monaguillo de Mácher y Agustín Lasso el cura. 

             Fue una noche de emociones. 

            Con Sara y Raquel me quedé en los apartamentos Lomo Blanco, bajo la dirección de Teresa Hernández. 

         Como ocurre cada año que vengo a Lanzarote, buscamos una “disculpa” para vernos las caras Julián, Cande, Pepa, Canita, Nina, Inma, Mari C., Efi, Pilar, Sara, María, Adrián,  Dulce Cassy, Olaya,  y más, bastante más gente. 

Y como el día 1 de agosto es el aniversario de mi ordenación de diácono, aprovechamos para celebrar la eucaristía y ver a otra mucha gente en  aquel ambiente íntimo y alegre en la iglesia de  Tías. Fue algo “familiar” y sin protocolo. Leímos el texto de Jeremías: “No sigas  que eres un muchacho. Yo estaré contigo y pondré mis palabras en tu boca”. Aprovechamos para revisar nuestras actitudes de servicio a la comunidad. Allí estaba otra vez un numeroso grupo de personas: los niños Alicia y Agustín, las monjas, Lila, Teresita, Mariconcha, M. Lola, Lidia, Juanita, Lázaro, Antonio, Azucena  y cincuenta personas más. Cuántos nombres a los que Dios también ha llamado para un servicio en la comunidad. De eso hablamos.  Por cierto que Azucena leyó un bello poema, recordando momentos de hace 37 años cuando compartíamos experiencias de la vida en la parroquia. 

         Fue un momento en el que deseé sinceramente seguir dedicando  mi vida a los demás.  Y mejor que hasta ahora. 

Estar en Lanzarote siempre me entusiasma.  Así lo viví de nuevo.           Y hubo más. Un encuentro también en San Bartolomé, en la casa de Carmen y Luis  con Loli, Pedro, Yoli, Andrés, Omar, Juana, Mari  y bastantes invitados más. Ambiente agradable de familia. 

   Los días fueron muy aprovechados. Llenos de nombres de personas que tanto significaron y significan en mi vida. Tres días en donde también hubo tiempo para disfrutar de la Playa en Fariones, pasear por la Geria y acercarme con mis sobrinas a la iglesia de la Candelaria aunque estuviera cerrada.  Gracias Sara y Raquel por aceptar la invitación y acompañarme a visitar a la buena gente de Lanzarote.  

               Para ver algunas fotos, pinchar en el siguiente enlace: 



TRES DÍAS EN FUERTEVENTURA

CON  JÓVENES DE LA PARROQUIA


La verdad es que salir con los jóvenes es una gozada. Hay momentos en los que se necesita   llamar la atención, corregir o ponerse serios. Pero eso casi que no cuenta si mira uno  todos los demás momentos de risas, bromas, palabras amables, gestos cariñosos, diálogos y canciones, muchas canciones. 

Fueron 20 los chicos y chicas de entre 13 y 18 años que participaron en la convivencia de tres días. Nos trasladamos  en barco a Fuerteventura y tuvimos como hogar el Aula de la Naturaleza que el Cabildo majorero tiene en Parra Medina (Betancuria). Con los chicos estuvieron siempre  Paco y Pili que son catequistas de jóvenes. También acompañaron con su apoyo como monitores, Pino, Paki, madres de chicos participantes y Suso el cura. Los adolescentes valoraron las instalaciones del Cabildo y hay que decir que las cuidaron con esmero y las dejaron perfectamente limpias.  




Lo que peor llevo de las convivencias juveniles, y por tanto también en esta, es lo que, por el contrario, gusta más a los chicos: Noches interminables que proyectamos acabar a las 11 y terminan a las dos o las tres de la madrugada. Pero como eso es lo que más viven ellos, también he intentado asumirlo. En todas  las actividades que tuvimos (playa, caminata, cine, eucaristía, entrevista en el pueblo, actividad ecológica en la playa, baile, canciones …) me ha gustado la actitud siempre positiva de los chicos. Dispuestos a colaborar, siempre participantes. En la misa hubo mucha espontaneidad  para pedir, dar gracias o recordar algunos hechos. Fue una misa distinta a las habituales.  

El comienzo de cada día, siempre un poco duro para todos por las pocas horas de sueño.  Y hoy, satisfacción generalizada.


Ahora, cuando apenas hace dos horas que regresamos al Cruce de Arinaga, se echa de menos la ausencia de los chicos que llenaban con sus canciones y alegría todos los minutos del día. 

Gracias,  muchach@s por estos días tan compartidos y tan llenos. Y gracias a quienes nos facilitaron la estancia en Fuerteventura: Personal del Cabildo, José Antonio el guía, Dory la encargada del lugar y  Celeste la amiga del Bazar de Betancuria. 

Por mí, dispuesto a volver a Parra Medina y con la misma gente. 

Chicos participantes: Aida Almeida, Javier Álvarez, Paula Artiles, Nerea Barriga, Selena Caballero,  Elena Checa, Javi García, Lucía García, Rubén Guedes, Sara Guerra, Gloria Melián,  Arianna Méndez, Fran Méndez, Lorena Pérez, Paola Pérez, Sara Sánchez, Evelyne Sánchez, Sara Sosa, Óscar Alejandro Torrealba y  Óscar Daniel Torrealba.



EL RESPETO ES MUY BONITO


Estábamos  el otro día en la celebración donde se bautizaban seis niños. La iglesia, llena. Se oían ruidos y conversaciones. Todos,  preparados para la fiesta posterior al bautizo. Muy pocos preparados para celebrar dignamente el sacramento. Al acabar la ceremonia, Ángel, familiar de uno de los bautizados, se acercó a decirme con evidente enfado: ¡Qué poco respeto hay en el templo! No se puede venir a la iglesia si no se cree en esto. O que, aunque  sólo sea por educación, se mantenga la compostura necesaria.  Por supuesto que le di la razón. Otra cosa es cómo debe uno reaccionar para, sin faltar a nadie, pedir el necesario respeto. No es tarea fácil.

En muchos hoteles se requiere una vestimenta adecuada (sin chanclas, sin la ropa de la playa) para cenar en su restaurante. Todos lo vemos como lo más normal del mundo. No sé por qué algunos se quejan de que  haya  iglesias donde se prohíbe alguna prenda de vestir. Es verdad que puede haber reacciones desagradables entre los encargados del templo y la feligresía. Todo se arreglaría con educación. A nadie se le ocurriría entrar, por ejemplo, a una mezquita  y no  quitarse los zapatos.   Lo que nosotros pedimos es bastante más sencillo. Sólo respeto. O sólo educación. 

Los días de la semana han transcurrido con momentos llenos de emotividad, presentaciones de libro, visitas médicas, diálogo con misioneros canarios, participación en cáritas arciprestal, caminatas, fiestas y un día de retiro con casi cien compañeros sacerdotes y el obispo. Precisamente en el diálogo  volvió a surgir la pregunta. ¿Somos demasiado exigentes con nuestros feligreses? ¿Somos demasiado blandos? Roberto, un compañero párroco, cuenta que, cuando daba clases en el Instituto,  los chicos le llamaban “seis pesetas”. Porque  él no era “duro”… sino lo siguiente.  En cambio Juan,  manifestaba que él sería sólo “dos pesetas y media”  ya que se muestra más proclive a disculpar y no ser demasiado exigente. 

Hablando de todo esto, se recordó una homilía reciente del Papa Francisco en donde anima a tener actitudes humildes, de servicio, de paciencia, de serenidad...

El cura, el pastor,  “no vive contabilizando  las horas de servicio. Es un buen samaritano  en busca de quien tiene necesidad. No es un inspector y se dedica a la misión  con todo su ser. No se queda parado  después de las desilusiones  ni se rinde ante las dificultades. No es un jefe temido por sus ovejas sino el pastor que camina con ellas. No regaña a quien abandona  o equivoca el camino sino que está dispuesto  a recomponer los litigios.” 

Y es que buena parte de los conflictos en la Iglesia, como también ocurre en el deporte, se solucionan, sencillamente,  con educación.  Educación y respeto por parte de todos. Que el respeto es muy bonito.

LA MUJER, 
UN TESORO ESCONDIDO

Me puse a contarlas. Bueno, no. Me puse a contarlos, que era más fácil.  En la Vigilia de Pentecostés que muchas parroquias celebramos este año en Maspalomas, sólo el 20 por ciento de los más de 500 asistentes  éramos hombres. Las demás eran mujeres. Presidiendo la celebración estábamos ocho hombres curas. Es a lo que estamos acostumbrados.  Y  vemos como normal lo que no debe ser normal. Aún así disfrutamos de la vigilia. Dejó buen sabor. 

El papa habló  hace unos días de estudiar la posibilidad de que las mujeres puedan ser diaconisas y de repente, toda la gente empieza a opinar. Me gusta el debate. En la parroquia me preguntó una señora, muy contenta,  si es verdad que ahora ya hay mujeres que pueden bautizar y casar. Y he leído ya algunos artículos de algunos que se rasgan las vestiduras porque creen que esto es un disparate. Tengo que decir que a mí la noticia me ha dado un alegrón. Pero no es sólo eso lo que queremos que se pueda lograr. Hay muchas tareas en la Iglesia que están casi exclusivamente en manos de la mujer: los grupos de Cáritas y de catequesis, por ejemplo. Sin embargo en los órganos de gobierno hay demasiadas ausencias. Un cardenal, Pietro Parolin  dijo hace poco  que “si no escuchamos con atención la voz de las mujeres  en los grandes momentos decisorios de la vida de la Iglesia, perderíamos  aportaciones decisivas.  Es indispensable escuchar a las mujeres” Y de paso hizo un elogio a las mujeres teólogas: “Gracias a las mujeres, ahora comprendemos el evangelio. La mujer es un tesoro escondido”.  Sobresaliente para este cardenal.

Precisamente esta semana me tocó dar una charla a  un grupo de jóvenes en el Colegio N. S. del Rosario de Agüimes. Eran alumnos y alumnas de 4º de la ESO. También aquí  había más chicas que chicos y ellas más decididas a opinar.  Me encantó su actitud de escucha, diálogo y respeto. Algo que se echa en falta en  las tertulias de la tele o de la radio. Hablamos  del agradecimiento y,  por lo que me comentaron, está naciendo una generación que sabe dar gracias. También a estos les pongo la mejor nota. 

Y otra mujer. Antoñita María,  una señora de Carrizal con casi 90 años, lúcida, activa, defensora de la mujer, me acaba de regalar el libro “Mujeres con ingenio”. El libro está escrito por dos hombres y dos mujeres que nos cuentan muy cariñosamente  las historias de 25 mujeres de Ingenio. Veinticinco emprendedoras del siglo XX que son  ejemplo de trabajo, de lucha y saber hacer. 

Las paginas de mi diario, ya ven,  están llenas de alusiones a la mujer. Y no olvido, en este mes de mayo, a la Mujer de Nazaret. María  sí que tiene un papel importante  en la Iglesia. La llamamos Madre, corredentora, Mediadora entre Dios y los hombres, abogada, intercesora y otros títulos. Pero esa gran responsabilidad de la Virgen María le viene dada de Dios mismo. Dios no es machista.  Dios escucha a las mujeres. Tiene razón el cardenal. Si la mujer es un tesoro escondido, la Iglesia no lo ha encontrado del todo. Estamos a tiempo.

Entierros,  bodas y  bautizos

Los días en la parroquia corren veloces y los acontecimientos se multiplican. Hay semanas, esta ha sido un de ellas, en las que abundan los entierros y funerales. Es un momento al que  acudo casi siempre acompañado por alguien para saludar a los familiares y rezar. Es el momento de acompañar y mostrar la condolencia y cercanía de la comunidad cristiana. Normalmente, todo fluye con normalidad. Y aunque el acontecimiento se repite, no es algo a lo que uno se acostumbre. A veces hay situaciones que se hacen difíciles. No tiene mucho sentido, por ejemplo,  que, como ocurrió hace unos días, una familia tenga que esperar casi tres días para enterrar a su madre que había fallecido en el Hospital. Recuerdo que en otros tiempos se hacían entierros de primera, de segunda y hasta de tercera clase. Gracias a Dios eso fue suprimido por la Iglesia hace ya más de cincuenta años. Pero,  por desgracia, en algunas instituciones se siguen manteniendo   diferencias hasta para enterrar a los muertos. Y, aunque  no está escrito en ningún sitio, sólo faltaría eso,  a veces, si la situación económica es débil,  hay que buscar influencias. No es justo.

Los entierros y funerales, donde lo religioso y lo meramente social se confunden, procuramos  llevarlos con la máxima atención y respeto hacia la persona fallecida y a sus familiares. Ojalá nunca lo convirtamos en un acto rutinario, como denunciaba León Felipe: 

“No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos  como debemos,
cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero” 

Lo que ha descendido notablemente en la Iglesia son las bodas. La gente se lo piensa no sé si mejor o peor. Al menos se dan más tiempo para decidirlo. Pero de vez en cuando hay quien viene a decirte:
-¿Qué tengo que hacer que quiero casarme otra vez?
Así me dijo la semana pasada  el argentino Jorge Salinas. De entrada, la pregunta desorienta un poco. Pero más tarde aclara:
-    Es que yo contraje matrimonio hace cincuenta años con Ana María Salas y quiero decirle que la sigo queriendo. 

Alegra escuchar estas cosas.  Ellos habían olvidado el nombre de la parroquia y el cura que les casó. Pero mantenían vivo lo fundamental: El amor.  Estas bodas, las de oro y de plata, suelen ser más frecuentes ahora. Por eso intentamos celebrarlas  con igual entusiasmo que si fuera la primera vez que se prometieron amor y fidelidad.  

Precisamente esta próxima semana, serán varios curas de nuestra Diócesis los que celebrarán un destacado aniversario de su ordenación sacerdotal. El martes día 10, dos amigos sacerdotes, Antonio Viera, párroco de Escaleritas y Luis María Guerra, profesor de Teología,  celebrarán sus primeros 25 años de cura. Ellos, como la pareja argentina, renuevan ilusionados su compromiso ante Dios y ante los compañeros. 

Y lo mismo hará el salesiano José Luis Cardenete que cumple cincuenta años en el sacerdocio. Mi felicitación sincera a los tres.

Los bautizos son otra historia. Otras historias. Más importantes que las bodas, que cualquier boda.  Lo comentaré otro día. 

EL DERRUMBE DE ECUADOR

Comparto con ustedes algunas hojas  de mi Diario. Son páginas en donde cabe todo lo que un cura de pueblo vive y sueña. Lo que te hace sonreír o llorar.  Como a cualquier ciudadano. Cada día abro la agenda para recordar las tareas e intentar que la memoria no me juegue ninguna mala pasada. Como aquel día que olvidé la boda de unos feligreses. Afortunadamente, eran amigos y perdonaron mi olvido. No suele ocurrir que uno se olvide, pero hay que estar precavido. Porque los días suelen venir cargados  de reuniones, visitas, diálogos personales, preparación de homilías  y otras celebraciones. Aunque muchos siguen pensando que la tarea  del cura consiste sólo en decir misa.  Como aquellos que te decían que lo de cura es el trabajo más agradable: Trabajas sólo media hora al día. Y encima, con vino.   

Chistes aparte, es verdad que es un trabajo agradable.  Como todo aquello que se hace cuando se tiene vocación, se hace con gusto. Pero el trabajo es mucho más. Hay que meterse en la piel de la gente, solidarizarse con el sufrimiento de las familias que acuden a Cáritas, adaptarse al lenguaje de los niños, intentar transmitir adecuadamente el mensaje cristiano, animar la fe  y ser crítico con uno mismo para no dejarse llevar de la rutina ni aburrir a quienes habitualmente participan en la eucaristía o los encuentros. Es agradable,  pero muchas veces difícil y costoso. 

En estos días, al acercarse ya las fechas de la primera comunión,  toca confesar a los niños. En mi parroquia fueron  el pasado martes. Te ríes con ellos, te diviertes con sus expresiones, su sinceridad y sus nervios por tener que contar algunas de sus travesuras. Y disfrutas viendo cómo los chiquillos empiezan a valorar la honradez, el respeto o el perdón. Y cómo se inician en el camino de la oración y el camino de la verdad.

Pero  un párroco, como cualquier otro cristiano, tiene que huir del parroquialismo que nos impide levantar la vista y ver otras realidades y otras  tareas. 

En estos días,  la mirada ha estado puesta en dos países: Ucrania y Ecuador. Este fin de semana la colecta de todas las misas, por iniciativa del Papa Francisco, irá destinada a echar una mano a Ucrania que está sufriendo  la violencia con varios miles de muertes. Es una colecta especial que se hará en todas las Iglesias de Europa. 

Y también está Ecuador. Ecuador sufrió  un fuerte terremoto el sábado  pasado. Como todos hemos podido conocer por la Prensa y medios audiovisuales, hay  centenares de personas fallecidas y miles de familias que se han quedado sin vivienda y sin nada. También la Iglesia ha reaccionado con prontitud. Y esta vez, a través de Cáritas.    En nuestra Cáritas Diocesana se ha abierto una cuenta con 10.000 euros y se espera que esta cantidad se multiplique con las aportaciones de los ciudadanos y otras instituciones. Ya algunas parroquias, como en el Sureste de Gran Canaria,  han acordado dedicar la colecta del primer domingo de mayo a colaborar con Cáritas Ecuador. Una excelente iniciativa. 

Hoy mi Diario se centra en el derrumbe de Ecuador. Pero no se derrumba la esperanza en la solidaridad de nuestra gente.


LA SONRISA NECESARIA
     Son Las tres de la mañana de un día cualquiera  de febrero. Me asomo por la ventana y parece que la vida está detenida. La carretera sola. Silencio. Aparentemente todo se ha parado con la noche. Pero por algo se despierta uno. Porque la vida que se ha detenido por fuera recobra vitalidad por dentro. Los pensamientos y sentires están activos y se asoman un poquito en la madrugada.
     Pensé en  la cuaresma que va a empezar y me desperté.
     Recordé lo que me dijo Aday y sonreí.
     Me vino a la mente la misión pendiente y me costó dormir.
     No puede ser que uno se duerma  del todo con el evangelio sin anunciar. He recordado a todos los jóvenes que en estos años han vivido su experiencia creyente en la comunidad y que ahora han quedado aparentemente paralizados. Y a algunos  catequistas que transmiten conocimientos pero que no pueden transmitir experiencia de Dios porque no la están viviendo. Y en los que llenan las calles del pueblo cuando sale el sol sin descubrir el otro Sol.
     Y siempre te queda la inocencia.
     Aday se encontró en la iglesia un trozo de una pulsera. A los cinco años, todo lo que brilla es bonito. Y con los ojos más brillantes que  el trozo de pulsera, esperó impaciente y educado a  que  acabara de hablar con una señora. Cuando le tocó su turno,  me lo dijo todo seguido: “Le dices a Dios que si él sabe quien perdió esto que me lo diga a mí para yo devolvérselo”. - No entendí bien. ¿Cómo dices, Aday?  Eso, que le digas a Dios que yo me encontré esto  ( y me lo enseñó como un tesoro) y que si sabe de quién es que me lo diga…

     ¡Ay Aday! Menos mal que viniste tú a poner la sonrisa necesaria cuando uno anda preocupado por la misión.


“ESTUVE ENFERMO Y ME VISITASTE”

Fran, uno de los jóvenes de la parroquia me envió hoy un whatsapp  (¿se escribe así, Fran?) con una pregunta: “Suso, la gente de mi grupo  me pregunta que cuándo vamos a visitar a los enfermos”. Y aunque no le he respondido me alegró muchísimo  que los chiquitos con 17-18 quieran entregar un poco de su tiempo a estar con los mayores, con los enfermos. Este hecho nada más sería suficiente para que esta noche (acaban de dar las 12 en el reloj de la iglesia) me marchara a dormir como un bendito.
Pero no fue solo eso. Tengo un sobrino enfermo y este mediodía fui a visitarlo. Ayer me llamó y me pidió  que le llevara la comunión. Hoy, en su casa,  hablamos mucho y con profundidad. Me hablaba de cómo ha vivido su fe y cómo lleva su enfermedad. Mi sobrino hablaba con toda naturalidad del cáncer y con la misma naturalidad de  su confianza en Dios. Después de comulgar hablamos con Dios y, emocionados,  le pedimos por estos y otros enfermos y quienes los cuidan y les ayudan a vivir con esperanza.
Le pregunté; ¿Has podido transmitirle la fe a tu hija ahora adolescente?  Y me dijo que lo ha intentado y lo sigue intentando siempre. Pero sin imponer. Me encantó la respuesta y la actitud de su padre. Cuando hoy me he reunido con unas veinte personas de la parroquia para leer y comentar el evangelio, aunque era otro texto el que se proclamaba, en mi cabeza martilleaba un texto distinto:“Vengan,  benditos de mi Padre, porque estuve enfermo y ustedes me visitaron”. 
Y ahora, cuando ya el silencio reina en el barrio, caigo en la cuenta por qué  hoy me siento tan feliz. Los “benditos de Padre Dios” son esos jóvenes que tanto aprecio y que me preguntan cuándo vamos a visitar a los enfermos. Y el enfermo que fui a visitar, con el rostro y las molestias de mi sobrino… era el mismo  Jesús. ¿No es para sentirse uno afortunado? 




PEPE, GRACIAS POR

CONFIAR EN NOSOTROS


Lo conocí a los pocos días de llegar como cura a este municipio. Pepe vino a presentarse y a decirme que podía contar con él para lo que necesitase. Me pareció un hombre correcto, sencillo, noble. Esa fue mi primera impresión. Pero más tarde me di cuenta que me había equivocado. Pepe era supernoble, super sencillo, supercorrecto. Poco a poco a poco lo fue considerando "de la familia". de esa familia que formamos la comunidad cristiana que nos vemos, hablamos de todo, nos conocemos y nos queremos. Pepe y yo pasamos a considerarnos amigos. De vez en cuando él necesitaba contarme cosas, desahogarse o celebrar con una sonrisa o unas risas nacidas muy adentro, que había vencido algún obstáculo en su dura vida llena de dificultades. No sé cuando cumplía años, pero cada 6 de julio me decía que había que celebrar no sé cuántos años sin tomar alcohol.  Le fue muy dura la vida a Pepe y me consta que hacía esfuerzos tremendos para luchar contra la depresión o el aburrimiento. Yo le decía siempre.


-Pepe, alégrate, porque la gente del pueblo y de la parroquia te quiere, te queremos.

Y se lo decía de verdad y él lo sabía. Los vecinos le tenían un especial cariño y se lo demostraban invitándolo a comer, ayudándolo a costearse el viaje a Santiago cundo fuimos un grupo de la parroquia y, sobre todo, animándolo siempre.
   Y él correspondía con un espíritu de servicialidad. Este pasado domingo lo recordé en la misa  al leer el evangelio (segundo domingo de adviento): Preparen el camino al Señor, limpien sus senderos. Recuerdo a pepe, en aquella primera caminata, adelantándose a Dieguito, un hombre mayor, para quitar las piedras que le dificultaban caminar sin tropiezos. 
 Y cuando le pedía que me ayudara y fueron muchas veces, siempre aceptaba a la primera:
-Pepe, ¿puedes darle un paseo por la isla a este compañero sacerdote ? (A Francisco el cura chino o a Luis el misionero de Áfrivca que vino cobn motivo del Domund)
-Pepe, ¿puedes llevar a Antonio al centro de desonticaxión de Tamaraceite?
Pepe, ¿puedes traerme la comida del Colegio de Agüimes?
 Pepe, ¿puedes repartir "El Puente" o los carteles del viaje a Roma?

Y Pepe siempre decía que sí. 

Es más, cuando hacía lo que había pedido, siempre me enviaba un sms al móvil en estos o parecidos términos:
-Gracias, Jesús, por confiar en mí.
O sea que, encima, era él quien me daba las gracias.
Lo veía rezando en silencio casi cada día en la iglesia. Hasta esta misma mañana. Lo veía en la misa de los sábados  y muchos otros  días leyendo de una forma pausada, serena , sentida. 
Y en las caminatas a las que creo que nunca faltó, echando una mano a Hilario el guía, quedándose atrás, el último, para que nadie se perdiera. Y, desde hace unos meses, hasta el martes pasado, reuniéndose con los adultos que se preparan para la confirmación. Participando siempre con seriedad, con atención, con respeto. 
hasta hace unos meses combatía sus problemas mentales de los que él era consciente, haciendo dibujos que regalaba a los amigos. Muchos de sus dibujos, llenos de pensamientos profundos, de frases que invitaban a la paz, a la alegría o al compartir, están expuestos desde hace un año en el salón parroquial.

  Pepe era sde esta casa, de esta familia de esta comunidad. Lo sigue siendo. Fue muy bueno y era también muy débil aunque luchaba contra este tal vez su único defecto visible. Hoy le venció la debilidad. Y hoy, Pepe, tengo que decirte antes de irme a dormir, que entras en el calendario de los Inolvidables de la Parroquia, de las personas que tenemos que recordar siempre con un cariño inmenso. de las personas más buenas que he conocido, de  las que emocionan con sólo recordar. Creo que estás con Dios. Me da confianza saber que desde el cielo nos echas una mano. Disculpa, pepe, si no supimos darte el ánimo y la ilusión que necesitabas. Pienso que en adelante aqui vamos a ser más buenos porque tú, cerca de Padre Dios, vas  a hacer algo por esta gente a la que tanto quieres. la que tanto te sigue queriendo. Te voy a copiar, Pepe:

-Gracias por confiar en nosotros.  


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