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miércoles, 14 de febrero de 2018

“NO SEÑALO A NADIE”

BAJO MI PUNTO DE VISTA
(Juan Santana, de Arinaga)
“NO SEÑALO A NADIE”

Aunque no sé la fecha en que puso cierta persona en el Facebook unas declaraciones en las que afirmaba que la Virgen María no se le había aparecido nunca a nadie, es en este día cuando me lo leyeron.    
 Si lo puso ahí, ahora me alegro de no poder tener el Facebook, pues creo que es una ofensa para todos los creyentes.
 Pero lo más indignante es que esas palabras las diga alguien que pertenece al Clero, echando por tierra las apariciones de la Virgen del Pino, “Lourdes”, la de “Fátima” etc.

Si alguno le creyera, que no es mi caso, porque la fe la sigo manteniendo viva, gracias a Dios, la aparición de la Virgen Milagrosa a la monja a la cual le pidió que fabricara una medalla con lo que estaba mirando y otras que no cito aquí porque de todos son conocidas, la verdad es que hace un “flaco favor” a la Iglesia, por lo que deberían tomar medidas, pues creo que a pesar de sus estudios, no tiene un concepto claro de lo que predica en la “Casa de Dios” y lo que pregona fuera de ella.
Si recordásemos la letra de una canción de la desaparecida Cecilia, que en paz descanse, la de “Dama, dama”, tendríamos que citar eso de que quiere ser “el niño en el bautizo y el muerto en el entierro”, aunque su pertenencia al Clero no le da derecho a mancillar nuestras creencias y me da “que ya se está saliendo de madre”.
Perdón a los que no les gusten mis afirmaciones, pero tenía que escribir esto, aunque vean que no he descargado ofensas hacia él, porque si así lo hiciera me pondría a su altura y esa no es mi costumbre, aunque sí pongo mi nombre como hago en todo lo que escribo.   
    
Juan Santana Méndez




viernes, 18 de agosto de 2017

HACIENDO JUSTICIA

Escribe Juan Santana

“BAJO MI PUNTO DE VISTA”  

HACIENDO JUSTICIA

Cuando los marineros se asentaron en la playa de Arinaga, la mayoría venidos desde la Bahía de Gando, residían en el trayecto que va desde el muelle hasta las inmediaciones de la actual sede de “Protección civil”. Unos lo hicieron en cuevas y otros en improvisadas casas, todas situadas en la orilla del mar, pero cuando era tan solo arena y el agua en escasas ocasiones llegaba a sus hogares.
Es difícil imaginarse esa estampa cuando se ve lo deteriorada que está en la actualidad esa misma orilla que un día pisaron nuestros familiares y vecinos.

Pero en este caso me referiré a la vivienda ocupada por el matrimonio compuesto por Agustín Herrera y su esposa “Dª Trinidad”, pero que todos llamaban “Trina”. Por supuesto vivían con ellos sus hijos, pero que a excepción de uno, todos se habían casado y tenían su casa en otro lugar del pueblo.  Se defendieron como “jabatos” ante los cambios que día a día hacían del litoral en torno a su casa, dispuestos a quedarse por duro que se lo pusieran, pero hasta última hora, “Trina” seguía vendiendo el pescado, no ya de su marido, sino de uno de sus hijos que iba a la pesca unos cuantos días en semana.

En la estatua situada al pie de la “Cuesta de Agüimes”, donde se ve a una señora con una cesta de pescado a la espalda, es el fiel reflejo de muchas mujeres que iban cargadas hasta Agüimes, entre ellas “Trina”, que era una de las que dejaba su casa por las mañanas para regresar después del mediodía, con el cuerpo abatido por el cansancio, pero sabiendo que al día siguiente le esperaba la misma tarea, pues eran tiempos duros y todos tenían que arrimar el hombro.  
  
A mediados de los años 80, les hicieron una oferta que consistía en darles medio millón de las antiguas pesetas, unos tres mil Euros actuales, con la condición de que abandonaran su casa y derruirla, yendo a vivir con uno de sus hijos.

Recuerdo las palabras de mi difunto padre, el cual me decía que en varias ocasiones se juntaban las dos familias para coger más pescado, siendo Trina una de las encargadas de venderlo, acudiendo cada día para entregar el dinero, producto de la venta, dando todos los detalles de lo vendido sin quedarse con un céntimo.

Por todo lo aquí expuesto, vaya para ella mi reconocimiento y respeto.    

 Con mucho cariño y admiración hacia una gran mujer:

Le reconoce su valía: Juan Santana Méndez 

jueves, 27 de julio de 2017

OPINIÓN PARTICULAR

 BAJO MI PUNTO DE VISTA
Escribe Juan Santana (Arinaga)  

OPINIÓN PARTICULAR

A pesar de que ya escribí de un tema al que titulé y publiqué con el nombre de “Manía de cambiar”, hablando del cambio de nombre que los de fuera del pueblo de Arinaga pusieron a la llamada “Punta de la monja”, paraje natural que rebautizaron con el nombre de “Risco Verde”, tan solo porque en su interior tiene una charca llena de Algas marinas, que por supuesto son de color verde, aunque eso no le dan pie a ponerle otro nombre.  
Yo no voy a hacer lo mismo, sino que en esta ocasión, al tratarse de un lugar privado, por cierto que un bar, creo que tan solo cabe mi sugerencia, que si la quieren la cogen y si no la dejan, pues no soy quien para meterme en asuntos particulares, pero aún así me arriesgaré porque creo que con lo que digo no ofendo a nadie.
El bar En cuestión y para no hacer publicidad, por lo que no digo su nombre actual, era propiedad de varias señoras, ya fallecidas y que eran las hermanas, Catalina, Chana, Joaquina y una hija de Catalina que se llamaba Juana.
Aunque estaban todas juntas, la titular era Catalinita, que era como la conocían los vecinos de la playa.     
Pero siempre fue conocido ese local como “el bar. De las Catalinas” o la tienda que tenía al lado como “la tienda de Catalinita”, donde las cuatro estaban siempre haciendo los famosos “manteles de artesanía”, producto no valorado por la gente, que no saben el trabajo que cuesta hacerlo y que además se dejan la vista en él por tener la mirada fija donde ponen la aguja de coser, siempre de un lado a otro.

Pero centrándonos en el bar,  diré que a la barra le decían mostrador, pues tenía en el centro y delante, un hueco tapado con un cristal para “mostrar allí algunas golosinas para que, sobre todo los niños, se les antojara algo, obligando así a los padres a comprarlo.      
Y es que ese local se resiste a ser derruido para colocar allí otra edificación, porque sí es verdad que es una de las pocas edificaciones antiguas que no se han cargado, como hicieron con otras, queriendo dejar a Arinaga sin historia, pero más tarde o más temprano se verá convertida en escombros, Dios no lo quiera.
La única esperanza que nos queda a los que deseamos conservar las cosas que nos representan es la de que al ser de propiedad privada, las entidades públicas no decidan su futuro, rogando a su propietario que lo conserve tal y como ha sido siempre.         
Por eso me gustaría que llevara el nombre que los lugareños le habían puesto, pero acabo pidiendo disculpas si con eso se sienten molestos sus actuales propietarios, porque tan solo es mi opinión particular.


Juan Santana Méndez