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jueves, 1 de marzo de 2018

PENSIONISTA


DIARIO DE UN CURA

PENSIONISTA

Está uno acostumbrado  a que cada día te  llegue alguien a la  parroquia pidiendo algún tipo de ayuda. Normalmente, alimentos, o algunos euros para pagar el recibo de la luz o el agua. U otras cosas más complicadas que muchas veces no está en las manos de uno.

El otro día, al regreso de la cafetería donde cada mañana comparto un cortado con algunos vecinos, Juana –supongamos que ese es su nombre- se acercó con cierta timidez.

-¿Puedo hablar con usted?

Juana hace años que es viuda y ha sufrido la crisis con sus tres hijos  mucho tiempo en paro. Una crisis que le ha afectado no solamente a la economía sino también  a la salud. En los momentos más difíciles se acercó a la parroquia, siempre con algo de vergüenza: “Usted sabe que yo no estoy acostumbrada a eso. Si vengo aquí es porque ya no puedo más”.

A pesar de todo, me extrañó la visita de Juana a aquella hora.
-Dígame, Juana

Le costó arrancar

-Es que no sé si usted me puede dar para lo que le voy a pedir.

-¿Algún problema especial?, le pregunté intentando allanar el camino…

- Mire, yo creo que los pobres tenemos también que poner de nuestra parte para salir de la situación en la que estamos. Yo siempre he sido luchadora. Y me parece una obligación ir a la huelga de los pensionistas para reclamar nuestros derechos.

Yo, ingenuo de mí, todavía no caía en la cuenta de lo que me estaba pidiendo Juana. Sobre la mesa tenía un sobre con un dinero que una buena persona, como casi todos los meses,  me había dejado para Cáritas.

Juana fue más clara:

- Es que no tengo dinero para trasladarme a Las Palmas  e ir a la huelga y no sé si es justo pedirle para eso.

Entonces abrí los ojos e hice lo que yo creo que habría hecho  cualquier otra persona en mi lugar. ¡Cómo me supo aquella pequeña  ayuda parroquial para la lucha por la causa justa de los pobres! Para asistir a una huelga.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

DIARIO DE UN CURA


FRACASOS Y ÁNIMOS


En la Iglesia estamos acostumbrados a los fracasos, aunque todos evitamos pronunciar la palabra. Es una palabra fea, la verdad. Estamos tan acostumbrados,  que damos por hecho que, por ejemplo, los chicos que se apuntan a la confirmación se desapuntan de todo desde que el obispo venga y les imponga las manos.  De todos modos, tampoco Jesús fue, humanamente hablando, un triunfador ni mucho menos. Estoy convencido de que los que hemos optado por el anuncio del evangelio, aunque nos encontremos con muchos tropiezos, nunca debemos desanimarnos. No estamos aquí para triunfar ni para recibir aplausos. Estamos   para sembrar. Aunque los frutos no se vean. Aunque aparentemente se esté fracasando.


Pero bueno, tenemos la suerte de que muchas veces la vida nos recuerda que nunca hemos de perder la esperanza. Todo lo contrario. Aunque la realidad sea muy dura, más fuerte debe ser nuestra fe. 


El viernes próximo estoy invitado a  participar en una reunión en Las Palmas por un tema relacionado con la inmigración y la pobreza. Me hacía ilusión participar, pero prefería  que, al menos otras dos personas, especialmente jóvenes, me acompañaran en mi coche y también pudieran vivir la misma experiencia.  Y como, normalmente, la gente es reacia a las reuniones, pensé: Para conseguir que vayan dos, tendré que invitar al menos a seis personas. Y así lo hice.  Seis mensajes o llamadas esperando seis disculpas:  Que estoy preparando un examen, que tengo algo de gripe, que si hubiera sido el jueves, que ya quedé, que es el cumpleaños de mi amiga…


Pero no.  Las sorpresas fueron llegando poco a poco. Los seis invitados,  diciendo que sí, que contara con ellos. Y eso que ni sabían exactamente el tema de la reunión.  Por eso hoy estoy escribiendo con tinta roja de entusiasmo.


Carmelo, Gloria, Deisy, Óscar, Verónica y Ana Cristina fueron respondiendo sin excusas: Todos encantados de acompañarme a la reunión. Y  los siete, en un coche de cinco plazas. La esperanza es lo último que se pierde y no, no está perdida.  

miércoles, 8 de noviembre de 2017

DIARIO DE UN CURA


LIBERTAD

Este fin de semana pasado me tomé  dos días libres   y navegué un poco lejos. Cuando se puede, es bueno aparcar ocupaciones y estar con quien quieres y donde quieres. Para eso hay que  tener la suerte, por ejemplo, de tener una sobrina en Cracovia.  Eso me  dio la oportunidad de compartir bastantes horas de diálogos, de paseos y de risas con los jóvenes amigos de la resobrina…


         Una noche, cansados de mucho caminar, con toda la intención del mundo, provoqué un diálogo sobre temas que sabía que iban a interesar: las amistades, la familia, los secretos de cada uno, la libertad…


¡La libertad! Con 18 o 20 años, comentaban, es una conquista difícil pero que vale la pena. Los padres tienen que tener mucha confianza en ti para dejarte marchar a un  país lejano con gente que  ni ellos conocen ni tú tampoco. Pero saben que no les vas a fallar. Confían en ti.  Y esa confianza se logra con muchos esfuerzos, intentando ser responsable de lo que haces y lo que dices durante todos los años anteriores.


         Disfruté con aquellos diálogos de jóvenes libres en un país, Polonia, que tantos sufrimientos ha tenido.  Precisamente,  por la falta de libertad.


Sara, Omaira, Pili, Edi, Álvaro, y otros chicos y chicas  estaban allí  estrenando el preciado don de la  libertad y orgullosos de su conquista hecha  con respeto, con diálogo y con mesura, cosa no siempre fácil. 

Me gustan los pueblos libres y las personas libres que, con su conducta, mantienen limpio ese hermoso nombre: Libertad. ¿Te acuerdas, Sara cuando, en la Plaza Mayor, por la noche,  cantábamos, “Y a su barco le llamó Libertad”?

Estás en el barco adecuado mientras haces el Erasmus. ¡Feliz  travesía!        

viernes, 16 de junio de 2017

VIAJERO SÍ. TURISTA NO

DIARIO DE UN CURA:

VIAJERO SÍ. TURISTA NO

He tenido la suerte de viajar bastante…y me sigue ilusionando. Pero la verdad: lo que más me entusiasma no es tanto conocer los monumentos del lugar sino la forma de vivir de la gente. Poder dialogar, escuchar, intentar comprender sus costumbres y su modo de vida y crear relaciones de personas. 

No hace mucho, en Madrid, conocí a una pareja con la que hice amistad. Me dijeron que habían estado dos veces en Gran Canaria; pero que, realmente, sólo conocieron de la isla  el hotel y la playa.  Ni siquiera hablaron nunca  con un canario. Si acaso, un saludo de buenos días o buenas noches y poco más.  Yo les volví a invitar a venir y estuvimos juntos  una semana. Les presenté a  algunos de mis amigos. Les enseñé  Agüimes e Ingenio, vieron nuestro folklore, hicieron senderismo. Y, sobre todo, compartimos muchos diálogos y vivencias con la gente de mi pueblo. Más tarde me confesaron que realmente estuvieron en esta Isla sólo cuando se relacionaron con gente de aquí. Las otras visitas fueron otra cosa.

Hace unos años estuve en África, en Malawi,  con amigos de la parroquia. Nos quedábamos en una casa misionera y participábamos de las actividades organizadas por la iglesia y por la comunidad religiosa  que allí trabaja.  Conocimos las escuelas y hablamos y cantamos con los niños. Palpamos  la vida de la gente en la calle y los paisajes inigualables que de noche se iluminaban con la luna más grande que nunca he visto.  No sé decir ahora mismo el nombre de ningún edificio importante de Malawi. Tampoco me importa mucho, la verdad. Pero tengo en mi mente la sonrisa inmensa de los habitantes de aquel pueblo pobre pero alegre. Y recuerdo la iglesia llena, un domingo por la mañana, con toda la gentecantando a voces, como si formaran una coral. 



Y el mercado callejero,  siempre repleto de gente. Claro que no puedo decir que conozco Malawi pero sí puedo decir que  conozco algo de cómo es la gente de allí. Para que un viaje tenga valor no basta que uno haya hecho quinientas fotografías espectaculares. Es necesario que la  gente, la vida de ese lugar impregne el corazón y puedas aprender a quererlo. Es necesario emocionarte.  
Todos los que estuvimos en ese viaje  recordamos aún emocionados las muchas horas vividas en aquel  hospital de Kapiri con  los trabajadores, las religiosas y los enfermos que habían llegado hasta allí caminando largas horas para ser curados. 

Me gusta viajar, ya lo he dicho. Pero no me gusta ser turista. No sé a dónde iré este verano. Pero seguro que iré  a cualquier lugar del mundo en el que sea posible dialogar con alguien, aprender de la gente y empaparme, aunque sea con dolor, de la vida del pueblo.  Iré a donde sea posible emocionarse  y  convencerse de que allí hay  hermanos míos.



viernes, 19 de mayo de 2017

La segunda comunión

DIARIO DE UN CURA:
La segunda comunión
De verdad, de verdad, lo más que me gusta de las comuniones es cuando hay  una segunda comunión. La primera está muy vista. Hay cantidad de fotos y vídeos y apenas reconoces a los niños que vienen vestidos para la ocasión. La segunda, no. Aunque tiene  la misma importancia que la primera, los niños vienen vestidos de niños, con naturalidad y simpatía como ellos son siempre.  Ni traje especial, ni regalos, ni protocolo. Sólo un encuentro personal de Jesús y el niño o la niña. Ya no hay nervios, ya no hay observadores. Si acaso, el papá y la mamá que,  sin pasar por la peluquería, se acercan discretamente a la iglesia, participan de la misa y, a la hora de comulgar, con su hijo al lado, reciben a Jesús con cara de felicidad   porque es su segunda comunión. Bueno, la verdad, a mí me gustan igualmente  las terceras y las décimas y todas las que vengan. Lo que más me gusta de la primera comunión es que, sin primera, no hay segunda. 

El otro día, un poco antes de misa, a unos niños sentados en el primer banco de la iglesia les pregunté que cuándo hacían la segunda comunión. Ellos se echaron una carcajada y la más espabilada dice.
-¡Querrás decir la primera comunión!
 Y yo insistí. No, la primera sé yo que es el domingo próximo. Quiero saber para cuándo es la segunda.
Y otra vez la respuesta entre risas de la más lista:
- No hay segunda, sólo la primera.
-Pues este año, le dije, vamos a tener primera comunión y segunda comunión …y bastantes  más!!!
Los chiquillos, que seguramente estaban pensando que yo estaría  un poco mal de la cabeza,  lanzaron, sin ensayo previo  un
¡Ñoooos, qué buenooooo!!! que retumbó en toda  la iglesia.
Entonces me quedé contentísimo.  En adelante, pensé,  pondré fechas de primera y segunda comunión… y algunas más.  Seguro que los niños se sentirán muy bien. Y los padres. Y los catequistas. Y los curas.
Que vivan las segundas comuniones.



miércoles, 5 de abril de 2017

LOS JÓVENES

DIARIO DE UN CURA

LOS JÓVENES

Soy afortunado. Me lo repetí varias veces el lunes después de estar un par de horas oyendo confidencias de chicos y chicas de apenas dieciséis o diecisiete años. Soy afortunado porque yo, una persona mayor,  puedo escuchar de  una adolescente que se siente enamorada y no sabe cómo decirlo a los padres. O que un muchachito te cuenta las dificultades que tiene para dominar su temperamento: pero que está haciendo esfuerzos por mejorar. O de quien, con quince años,  está envuelto en dudas de fe. Y así, hasta veinte o treinta pequeñas historias. Lo dicho. Soy afortunado y doy gracias a Dios porque cuando un chico o una chica abre su alma y te cuenta lo que siente, lo que busca, lo que sueña, lo que ha guardado secretamente hasta ahora… descubre uno  la grandeza de Dios en la bondad y hermosura  de los chicos, con su   sinceridad y  su candidez. Me sobrecogió la historia de Elva. Tenía todo preparado para irse de acampada esta semana santa. Nunca había ido y era la mayor de sus ilusiones. Ni dormía algunas noches pensando lo bien que lo pasaría con sus amigos y amigas. Pero de repente, algo rompió su sueño. Su hermano más pequeño se puso malo.  Y su madre  le prohibió ir a la acampada.  No podía dejar solo a su hermano. Elva me dijo:

-Primero me puse a llorar con rabia porque la maldita enfermedad rompió todos mis planes.  Pero ahora estoy muy contenta porque tengo la mejor ocasión de decir a mi madre y a mi hermano que les quiero y hago lo que sea por ellos.

-Yo me acordé de Jesús, el que dio la vida, con apenas treinta años, por sus amigos. Lo pensé y se lo dije. Y ella se emocionó y me aseguró que en esta semana santa va a estar con su hermano… y con Jesús. Porque te prometo -me dijo-  que el jueves santo estaré en la misa con Jesús. Y que  esta semana santa va a ser la más feliz de mi vida.

Es lógico que yo me sienta afortunado, ¿verdad? Por eso hoy sólo sé rezar dando gracias.  

sábado, 17 de diciembre de 2016

RUTA DE BELENES

DIARIO DE UN CURA
RUTA DE BELENES

Este puede ser un buen día para hacer la ruta de los belenes. Realmente pudiera hacerse en muchos momentos de la vida. Vamos a ver si me explico. Es costumbre que, aprovechando la Navidad, algunos cojan su coche y se vayan a ver, por ejemplo, el nacimiento de la Playa de Las Canteras. Formidable. Lo que pasa es que yo estoy pensando en una ruta diferente. Otro tipo de  belenes. No. Tampoco me refiero, por poner un ejemplo, al muy espectacular que ha hecho Dámaso Suárez en Cruce de Arinaga y que vale la pena conocer. Reconozco que me encanta visitar nacimientos. De hecho hace unos días me encontré con un belenista reconocido como Ramón Brito de Tamaraceite quien,  en pocos minutos, me ofreció  una ruta  de los mejores nacimientos realizados en  parques, plazas y domicilios particulares de Moya, Telde, Arucas o Mogán. Pero es que, si uno contempla un nacimiento o mil, no puede quedarse en la imagen idílica que allí se pinta y que alegra la vista. Ríos de agua limpia, ovejitas con abundante agricultura a su alrededor, pastores que sonríen, un portal con luz eléctrica y música de ángeles.

Es bueno visitar belenes, pero no sólo para extasiarnos ante algunas obras artísticas. Los nacimientos hay que saber interpretarlos. Hay que ponerles voz y movimiento sin necesidad de mecanismo alguno. Se le puede  preguntar a la  oveja por qué está allí. Hay que escuchar  al Niño Jesús si nos dice  dónde podemos encontrarlo de verdad, de carne y hueso. Se puede  mirar a la Virgen María y, aunque aparentemente no recibamos la respuesta, decirle que dónde hay una persona que necesite el cuidado y el afecto que ella parece que está dando su hijo. O suspirar ante esa figurita de un san José bueno, obediente que no comprende casi nada de lo que está pasando. Pero que está allí porque confía en Dios.

Ayoze montó un pequeño belén en su casa con la ayuda de los padres que consideraron que esta sería una buena catequesis para el niño. Y el chiquillo, todos los días  cuando se levanta, va al rinconcito donde está el belén y cambia alguna figura. Ayer apareció el niño metido en medio de los pastores. Y otra vez puso a la Virgen con las lavanderas. Pareciera como si Ayoze le estuviera dando la catequesis a los padres. A ver si se dan cuenta que lo del belén es una forma de descubrir que todo eso que allí aparece quieto está en continuo movimiento. Y que a Jesús hay que seguir buscándolo por ahí, en los sitios más insospechados. Por eso no basta hacer la ruta de belenes de figuritas. Falta la otra.

La otra ruta de Nacimientos no es un entretenimiento para los días de Navidad. Si uno hizo bien  la primera, la que muchos de nosotros hacemos, es muy posible que nos animemos  a hacer la segunda. Y se va uno un día  a buscar y encontrar  al Jesús, al de verdad. Por ejemplo al Hospital. Y otro día se entera uno que hay un acto solidario para personas con enfermedad mental y se planta allí porque allí seguro que lo va a encontrar a Él. 

No se organizan rutas de belenes de este tipo. Tampoco hace falta. Pero es bueno organizarlas para uno mismo. Durante todo el año, poquito a poquito, se puede ir visitando o ayudando a Jesús que anda  entre nosotros.

En la Plaza de San Pedro del Vaticano instalaron este año un belén inspirado en las pateras que traen refugiados a nuestras tierras. Muy buena idea. Al verlo, no vale decir ¡qué bonitoooo! Porque los belenes, aunque sean muy bellos artísticamente,  tienen que ayudarnos a decir ¡!qué feo! Qué feo que  un Niño haya tenido que nacer así. Y qué refeo que no hayamos aprendido todavía  y se sigan multiplicando  los “niños jesuses” que viven a la intemperie  y sin sonrisa.

Necesariamente, voy a empezar la otra ruta de los belenes.  Aunque, en verdad, la empecé ayer cuando, sin pretenderlo, en la misma iglesia, vino a mi encuentro Sandra y me contó entre lágrimas que la habían despedido del trabajo. Y que se veía lejos de los suyos, cargada de problemas y sin ninguna salida.  Yo la escuchaba y al mismo tiempo ponía los ojos en las figuras del Belén de la parroquia. ¿Dónde estaría Jesús?




viernes, 18 de noviembre de 2016

¡Yo no me doy por vencido!

DIARIO DE UN CURA
¡Yo no me doy
por vencido!

El otro día estuve en un acto de política municipal. Había bastante gente. Jóvenes, casi ninguno. A actos religiosos voy  todos los días. Jóvenes, casi ninguno. A  actividades musicales voy de vez en cuando. Jóvenes, casi todos.

Estuve  ayer con un compañero y lo encontré más que vencido. Derrotado. Decía que está harto de convocar a los jóvenes para la confirmación o para hablar de algún tema que él considera de interés  y nadie acude.   Asegura  que no hay nada que hacer. Y que no va a seguir perdiendo el tiempo. Se conformará con lo que ya hay en su parroquia.

Yo tampoco  tengo soluciones. Pero sigo cantando con Luis Fonsi que no me doy por vencido. Ni muchísimo menos. No se puede trabajar para la juventud o con la juventud  si  no se tiene el mínimo de fuerza para resistir la tentación de abandonar.

Estoy  muy cercano a una asociación juvenil, Vida Solidaria, y compruebo  que también ellos  tienen dificultades para mantener la fidelidad a las reuniones o los compromisos que se van tomando. Lo que hace que la asociación de mantenga es porque  algunos “no se dan por vencidos” y siguen contra viento y marea, participando, animando y reuniéndose aunque sólo vengan cinco.

No entiendo que un concejal o un cura se rindan.  Un cristiano que  tire la toalla… dudo que sea cristiano. Un político  desanimado  porque la juventud no responde,  tendrá que plantearse su cargo.  Y mucho menos que se tranquilicen culpando a la juventud  de todos los males. Hay una actitud que se llama autocrítica que es lo que hay que hacer. Lo que pasa que eso cuesta mucho.  Todos recordamos multitudes de jóvenes en los templos. Si ahora no están, tal vez es que hay algo que no estamos haciendo bien. Quizás seguimos con los mismos esquemas de hace  sesenta años. Tal vez no sabemos animar a los adolescentes. A lo mejor hay que ser más humildes y olvidarnos de las masas.

Yo quiero una Iglesia joven. Y alegre, y entusiasta.  Y humilde.
Y quiero instituciones públicas que trabajen con la juventud sin buscar sólo la inmediatez . Hay que trabajar sin esperar el éxito inmediato que conduce a la decepción. Trabajar con los jóvenes exige paciencia, serenidad, y mucha, muchísima humildad.


Yo, yo no me doy por vencido
Juro que vale la pena esperar, y esperar y esperar un suspiro
Una señal del destino
No me canso, no me rindo, no me doy por vencido.




viernes, 21 de octubre de 2016

¿CUÁNTO VALE UNA MISA?

DIARIO DE UN CURA
¿CUÁNTO VALE UNA MISA?
Ayer, un grupo de jóvenes,  con toda la ironía del mundo, me hicieron la pregunta: ¿Cuánto vale una misa o bautizar a un niño o casarse? Pensé responderle lo que me enseñaron en el seminario: El valor de una misa es infinito. El valor espiritual, se entiende. Pero la pregunta no se refería a lo espiritual.
Entonces recordé a mi compañero Antonio Berriel que, con mucha frecuencia, dice que en sus muchos años en el  oficio de párroco, jamás ha puesto precio a un bautizo o una boda o una misa. Y yo puedo afirmar que la gran mayoría de los curas  isleños tampoco cobran. Otra cosa es que se entregue un sobre por si se quiere  hacer un donativo voluntario.
Mis jóvenes amigos no se conformaron con la respuesta y siguieron preguntando: ¿Y qué haces con ese dinero de los donativos por las misas, por ejemplo?  Les aclaré entonces que ese dinero no es para el celebrante sino para el mantenimiento de la parroquia como ocurre con las colectas. Cada cura tiene su sueldo y, normalmente, deben vivir de su salario como cualquier persona.
No tengo la menor duda de que, cobrar por un sacramento, resulta contradictorio. Dice el evangelio de San Mateo: “Den gratis lo que recibieron gratis” (Mt 10, 8). Somos curas por la gracia (gratuidad) de Dios. Por tanto, debemos celebrar los sacramentos  gratuitamente. La Iglesia se mantiene, en buena parte, gracias a los donativos de los creyentes. Y a ellos debemos estar agradecidos.
De todos modos, el tema es serio y en algunos casos, escandaloso. Mucho debe serlo en cuanto  ha sido el mismo papa el que ha llamado la atención sobre los abusos de muchas parroquias con los estipendios o tasas que se cobran por un sacramento. El papa, en una homilía, se refirió con dureza a este hecho: Cuántas veces, dijo,  vemos que,  entrando en un templo, todavía hoy, está la “lista de precios”, por recibir el bautismo, la bendición, las intenciones de la Misa, lo que hace que se escandalice el pueblo.
Un profesor, en el Seminario, insistía en decirnos que hay dos cosas que el Pueblo de Dios no puede perdonar: un sacerdote apegado al dinero o un sacerdote que maltrata a la gente. A mí personalmente me desagrada la pregunta de quien  va a apuntar una misa y pregunta que cuánto vale.  Ojalá llegue pronto el día en el que todos los servicios parroquiales sean gratuitos. Y ojalá llegue también el día en el no se trate de malos modos a nadie. Ni en las parroquias ni en ningún otro sitio. Que quien llegue al templo se sienta de verdad como en familia, ya que tanto lo predicamos. Pero lo mismo habrá que decir de otros  colectivos inscritos  como asociaciones  “sin ánimo de lucro” o ayuntamientos que en teoría está al servicio de los ciudadanos y que, sin embargo, cobran por todo.
La conversación con mis amigos me anima a hacer un canto a la gratuidad y  al trabajo desinteresado. Como gratuito y desinteresado es el trabajo de muchos misioneros.
La conversación con mis jóvenes amigos no terminó así. Cuando parecía que el tema había acabado, les lancé mi pregunta: ¿Qué servicios gratuitos y generosos hacen ustedes a la Iglesia o al pueblo? También me hago la misma pregunta. Misas y bautizos gratis, sí. Pero no solamente afecta esto a los curas. Todos tenemos la posibilidad de compartir algo de nuestro tiempo y nuestras cualidades sin ponerle precio. Si algún cura cobra por un sacramento, muy mal. Y si tú no ofreces nada gratuito a tu comunidad, tampoco está bien.

P.D. Este fin de semana se celebra el Día de las Misiones: El DOMUND. Una oportunidad para ser generoso.  

viernes, 30 de septiembre de 2016

UN CURA PARA LA CALLE

DIARIO DE UN CURA

UN CURA  PARA
LA CALLE

       Un amigo, después de escuchar la homilía del obispo el día de la patrona,  hizo este comentario con un poco de guasa: Si el obispo dice que ahora hay menos gente que va a la iglesia y los jóvenes están fuera de ella, ¿para qué quiere que haya más curas? El trabajo será menor y se  necesitarán menos sacerdotes.

Parecería una reflexión con lógica si la tarea de los sacerdotes se limitara a atender a los que van a misa o a la catequesis. Pero las cosas no son así ni debieran serlo. Precisamente el obispo en las homilías de las fiestas de las patronas de  Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura, insistió en la necesidad de  salir a la calle que es lo que el evangelio propone y  “no encerrarnos en nuestros templos y salones para continuar cuidando a los que no se han ido”.  Cuantas más personas estén decepcionadas del catolicismo,  cuanto más vacías estén las iglesias, más necesidad tendremos de sacerdotes. Sacerdotes para la calle.

A mí me preocupa que muchas personas crean que el trabajo del sacerdote  se reduce a una misa diaria, atender a quienes solicitan un sacramento y poco más. Pero más que eso, me preocupa que también los curas y agentes de pastoral  nos acomodemos  al calorcito de la iglesia y echemos a otros la culpa de la falta de jóvenes o la apatía religiosa de buena parte de la población.  Se necesitan, más que nunca,  curas y catequistas que ejerzan fuera de los templos. No  porque van echando sermones. Tampoco porque llevan la etiqueta que los identifica. No es eso lo que hace falta.   Hace unos años, cuando el papa Francisco comenzó a hablar de que tenemos que oler a ovejas y mezclarnos con la gente, hubo quienes pensaron en más procesiones y más manifestaciones externas de fe.  Lógicamente no habían entendido el mensaje del papa como  tampoco ahora el de Francisco Cases.   Ser un cura de la calle es algo  más profundo, más comprometido y más difícil. San Pablo  dice a Timoteo: Toma parte en los duros trabajos del evangelio.  O lo que es lo mismo: No te acomodes ni  dediques todas las horas del día a celebrar misas y tener reuniones y catequesis siempre con el mismo grupo de personas. La calle nos espera. Para estar con la gente que no va a la iglesia, para escucharla, para comprenderla, para aprender. Para intentar ser testimonio del evangelio.

Escribo estas cosas, consciente de que me las digo a mí mismo. Cuando llega la noche y escribo mi Diario me pregunto siempre si durante el día he tomado parte en los duros trabajos del evangelio o me he limitado a sólo  los que me resultan fáciles.

Este sábado, nuestra diócesis, tan necesitada de vocaciones, cuenta con un nuevo sacerdote: Aday Josué García Jiménez, natural de La Montaña de Gáldar.  El obispo le impondrá las manos y le encargará una parcela de la diócesis  para que la cuide y la quiera y la trabaje y aprenda. Seguro que Aday estará feliz de responder a la llamada del Señor y con ganas de comerse el mundo. Eso me gusta.  Todo el tiempo será poco.  Evangelizar es una urgencia.  Hay que buscar tiempo para orar  y para celebrar la eucaristía. Pero también tiempo para estar con la gente a la que te envíen.  Me gustaría, Aday, que seas un cura de la calle. La calle es un segundo seminario. Lo necesitamos.

domingo, 4 de marzo de 2012

DIARIO DE UN CURA. Mirando con otros ojos, qué bien se está aquí



DIARIO DE UN CURA.
Mirando con otros ojos, qué bien se está aquí

             Sí, desde hace unos meses me sorprendo a mí mismo mirando la vida con otros ojos.  Y la veo distinta, creo que mejor. Y veo a la gente más buena y disfruto como nunca hablando y escuchando  a los amigos. Disfruto como cuando uno saborea un helado de turrón, mi postre favorito, y siente que  ya  se va a acabar.
           Los domingos, hoy lo es, mi mirada se pasea por cada una de las personas que entran o salen de la iglesia y por cada una de las personas con las que me voy tropezando por las calles. Me gustaría decirles que me caen bien, que son simpáticas. Cuando leí el evangelio de la misa de hoy, vi que Pedro se sintió enganchado a Dios, a la vida, a los amigos y exclamó:
-Qué bien se está aquí.
También yo lo digo: Qué bien se está aquí, compartiendo este clima, este ambiente, estos amigos. Hoy estuve en Corralillos con los catequistas más divertidos del mundo. Observé de cerca  la mirada  de cada uno, a mí que me cuesta tanto  mirar  a los ojos, y descubrí miradas tiernas, amables, sinceras, alegres…. Podríamos haber hecho allí tres tiendas o más…
Me gustaron los ojos de los chiquillos de Arinaga que hoy tenían ganas de reír y de jugar. Y los de  la gente de Las Rosas, todo amabilidad,  con la bonita música que pusieron las más jóvenes del lugar.
          Anoche, con la cabalgata de carnaval en el Cruce, algunas personas me saludaban y como iban disfrazadas, me obligaba a mirarles a los ojos. A muchos no pude reconocer, pero  se podía descubrir  que detrás de sus ojos había alguien bueno o alegre o simpático.
Esta semana quiero seguir mirando a la gente, contemplando paisajes, reteniendo momentos. Y saboreando este presente con ojos nuevos, con la mirada con que Dios miraría. Con que Dios mira.
Tal vez ser sacerdote consiste en eso: mirar con los ojos de Dios. Eso quiero.


P.D.
Miguel de Unamuno escribió un bello poema que habla de los ojos y las miradas. Dejo copia. Y también dejo constancia de algunos de los ojos con los que hoy tropecé mi mirada.  
Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan,
hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan,
hay ojos que ríen -risa placentera,
hay ojos que lloran -con llanto de pena,
unos hacia adentro -otros hacia fuera.


Son como las flores -que cría la tierra.
Mas tus ojos verdes, 
me miran, me sueñan, -me llaman, me esperan,
me ríen rientes -risa placentera,
me lloran llorosos -con llanto de pena,
desde tierra adentro, -desde tierra afuera.


En tus ojos nazco, -tus ojos me crean,
vivo yo en tus ojos -el sol de mi esfera,
en tus ojos muero, -mi casa y vereda,
tus ojos mi tumba, -tus ojos mi tierra.

jueves, 9 de febrero de 2012

DIARIO DE UN CURA. Las cosas nuevas de cada día

DIARIO DE UN CURA.

Las cosas nuevas de cada día

Hace días que no escribo. Y no porque no tenga cosas que decir, al contrario. Eso me pasa siempre. Todos los días surgen cosas nuevas. Y como son tantas no sabe uno por dónde empezar. Pastoralmente estoy ilusionado con el Encuentro Diocesano de Jóvenes que este año se va a celebrar en Cruce de Arinaga. Me alegra ver cómo poquito a poco la gente de las dos parroquias se van implicando y se va transmitiendo  el entusiasmo.  También lo pasé muy bien el martes visitando a los enfermos de Las Rosas. Y, además, con la buena compañía de Martina y Águeda. Aprende uno muchas cosas de los mayores y los enfermos. Hay otras muchas cosas que me ilusionan en la parroquia, aunque siempre hay que estar peleándose con el tiempo, porque parece que todo se va acumulando y las horas del día se hacen pocas. A veces espera uno una mejor respuesta, como en la reunión de ayer para preparar la vigilia de Cuaresma que también nos toca este año a nosotros. Pero en estos momentos es en los que hay que tener paciencia y no desanimarse. Y ciertamente  no me desanima sino que pienso que a lo mejor hay que invitar de otro modo.

La visita a Angelita la de Jacomar (Tamaraceite)  el otro día  para llevarle el sacramento de la Unción me dio mucha alegría. Sobre todo porque sé que ella lo vive con mucha fe. Es consciente de su enfermedad y a mí me resulta ejemplar su actitud. Casi puedo decir que al darle a ella el sacramento de los enfermos a mi me dio un fortalecimiento en la esperanza y en la fe. Gracias, Angelita. Me acompañaron Omaira y Verónica que siempre están muy disponibles. Los caminos largos me gusta hacerlos con alguien. Y es que  con ellas, además, lo paso fenomenal.  El martes, sin pretenderlo, fue un día dedicado a los enfermos porque también por la mañana estuve con mi sobrino Pepe R. que  anda delicadillo. Me alegró encontrarlo más animado y con mejor humor que la última vez que lo visité. El tema de la enfermedad lo estoy sintiendo  muy cercano y veo que me afecta por muchas cosas, aunque procuro esquivarlo casi siempre. En este aspecto no me gusta hablar de lo mío.
Y pasado mañana tenemos caminata, la caminata del mes;  y me fastidia no poder ir, aunque pienso estar en la salida…y en la llegada. Algo es algo. Por cierto que hoy es el 16 aniversario de Radio Tamaraceite que para mí es una fecha importante. Hay cosas en la vida que quedan marcadas. De la radio, de esa radio, imposible olvidarse.  En estos últimos días  han quedado muchas “marcas” buenas y malas, aunque muchas más las buenas: la visita a Lanzarote con los sacristanes Pepita, Pepe y Dámaso, todo un día lleno de sorpresas, risas y bromas; las fiestas de la Candelaria y San Blas en Ingenio que este año las viví muy de cerca; la presencia del amigo  Mederico  durante una semana que me liberó de algunas tareas; la reunión con el grupo de adultos que se van a confirmar a los que veo deseosos de aprender, siempre atentos, como Almudena que me sorprende por el interés que pone; el buen humor de las catequistas a las que más he visto estos días: Fanny, Loren, Rita, Paqui, Sandra, Javier…
Sí, muchas cosas que se van sucediendo. Parece que no pasa nada y no, cada día es diferente, cada día cosas nuevas y cada día muchos motivos para seguir trabajando, esperando y confiando. Así lo espero.


lunes, 9 de enero de 2012

CARTA AL VIENTO: Y volver, volver, volver (a la normalidad)…quiero volver, volver, volver, volver…

CARTA AL VIENTO:

Y volver, volver, volver (a la normalidad)… quiero volver, volver, volver, volver…

     Creo que a todos nos alegra volver a la normalidad. Seguramente hemos vivido intensamente estas fiestas pasadas. Pero ya apetecía regresar a la vida ordinaria.  Y  eso no quiere decir que  minusvaloremos lo vivido en el tiempo de Navidad. Nada de eso.

Se pone uno a recordar lo que han sido estos quince días y da para mucho. En cuanto a las parroquias hay que hacer mención de las solemnidades litúrgicas vividas en cada lugar   y otros actos que ya se han comentado en el blog. Pero otros no han quedado reflejados porque el tiempo ha pasado tan aprisa que se hacía casi imposible hablar de todos. Por ejemplo, la bendición del sagrario en La Goleta. Aunque fue un acto sencillo dentro de la misa del día 6, hubo mucha participación y una actitud común de veneración al Señor.

     El belén de la iglesia ha sido muy valorado por las personas de la parroquia y por muchos de los visitantes que han pasado estos días por cada uno de los templos. Me imagino que todos hemos recibido o hecho  visitas aprovechando la Navidad. Personalmente  he disfrutado con muchos amigos que han estado por aquí: los gallegos Montse y Óscar; los majoreros Agustín, Teresa y los niños; los conejeros Loly y Andrés;  los de Ojos de Garza: María del Mar y Pino; los de Vecindario Pino, Luci, Raquel, Lidia, Isa, Adela, etc. Los de Tamaraceite, María Jesús, Esteban, Mayu, Ramón y los niños (todos estos en la foto) además de Lourdes, Conchi,  Mónica, Almarca, María Dolores, Araceli o los compañeros curas Alexis, Antonio Juan, Berriel y muchos más: sería muy difícil nombrarlos a todos.  
     La víspera de Reyes hicimos el programa de radio "La Plaza de la Iglesia" con un grupo de niños. Dijeron cosas muy bonitas y muy graciosas. En el álbum de fotos que dejo al final de este texto están ellos con sus sonrisas y su seriedad. Es un álbum muy variado, como esta página del diario. Como la vida.

     Con la llegada de los Reyes, por cierto con alguna anécdota,  dijimos adiós a las grandes fiestas. Hacía tiempo que no recibía reyes el mismo día y en la casa parroquial. Eso quedaba  para los siguientes días con la familia y alguna cosita de los parroquianos que siempre se acuerdan del cura. Por la  mañana del día 6  recibí  un sms  para darme “instrucciones” en donde  podía encontrar mis “reyes”: “habitación junto a la cocina. Ir al fondo, al lado mochila. Abre la maleta… y allí están” Los emisarios de los reyes, dos muchachitas: Oma y Vero. Y más tarde Dahe. Por supuesto que me alegró el detalle.   

     También cinco catequistas (Adela, Mensa, Inmaculada, Tita y Fela) me acompañaron al retiro del pasado sábado con las monjas Hijas de María Madre de la Iglesia en Tafira Baja.

     Lo importantes es que ha sido una Navidad llenita de vitalidad y ahora  todo vuelve a su cauce normal, aunque siempre, para no caer en la monotonía, hay que poner alguna nota diferente. Pero me alegra esta “vuelta al cole” y a la misa de cada día y a levantarse temprano, y a reunirse con los catequistas y a soñar con las siguientes vacaciones o la próxima fiesta… Ya hacía falta volver, volver, volver…  

domingo, 11 de diciembre de 2011

DIARIO DE UN CURA. APUNTES EN EL DOMINGO DE LA ALEGRÍA

DIARIO DE UN CURA. APUNTES EN EL
DOMINGO DE LA ALEGRÍA

Amaneció esta mañana y era domingo. Y estaba yo en Madrid, en casa de mi hermana Pino. Y me sentí alegre, tal vez porque estaba aún saboreando la celebración de ayer con Esther que hizo su profesión perpetua como Hermana dominica. Hasta el día amaneció hoy menos frío y con un tímido sol en el cielo recordando que hoy, tercer domingo de Adviento, es el Domingo de la Alegría.
-Alegría y mucha hubo ayer en la iglesia de S. Francisco Javier (Plaza de Castilla) para celebrar con Esther su sí a Dios para siempre. Una ceremonia que duró dos horas pero que no resultó larga. Que Esther estaba radiante de gozo y con ella todas las Dominicas que vinieron de distintos lugares de España. Nos faltó Aquilina que se puso mala.
-Presencia de Tamaraceite: Tania, Adriana, Adrián su novio, Conchi Moreno...y encuentro con gente amiga tanto tiempo sin ver: Sara Alonso Fraile, las dominicas Inma Carmen Lanao y Soraya; Cristina, la teresiana que de estudiante iba a dar catequesis con Mayu a Tamaraceite.... Y gente "nueva" como Javier el cura del que tanto había oido hablar hace años en Tamaraceite y que no nos conocíamos.
- Más tarde, después de la fiestecilla, muy divertida, salimos a dar una vuelta con Pablo Prieto que anda por aquí lleno de vitalidad y entusiasmo esperando su trabajo misionero quién sabe dónde.
-Y más alegrías, claro. Saber de la presencia de algunos vecinos del Cruce en la actividad organizada por Afesur en Vecinario. Y que a Omaira y familia y a Carmelo y Mensa les gustara la experiencia.
Y pasear por Madrid y estar en casa de mi hermana que siempre me resulta agradable.
  Sólo una salverdad. Ayer, por un error del que tendré que responsabilizarme, Playa de Arinaga se quedó sin misa. Pero hay que valorar la decisión de Pepita Sanz de, ella misma, organizar la celebración de la palabra, la comunión...¡¡y dar la bendición!! a la iglesia llena de fieles, que acogió con un aplauso la espontaneidad de la sacristana.
    Hoy regreso a Gran Canaria y a la vida de la parroquia. Y lo hago con igual alegría de estar en donde me siento como pez en el agua. En la comunidad de Arinaga y Cruce de Arinaga. Buen domingo!