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domingo, 11 de diciembre de 2011

DIARIO DE UN CURA. APUNTES EN EL DOMINGO DE LA ALEGRÍA

DIARIO DE UN CURA. APUNTES EN EL
DOMINGO DE LA ALEGRÍA

Amaneció esta mañana y era domingo. Y estaba yo en Madrid, en casa de mi hermana Pino. Y me sentí alegre, tal vez porque estaba aún saboreando la celebración de ayer con Esther que hizo su profesión perpetua como Hermana dominica. Hasta el día amaneció hoy menos frío y con un tímido sol en el cielo recordando que hoy, tercer domingo de Adviento, es el Domingo de la Alegría.
-Alegría y mucha hubo ayer en la iglesia de S. Francisco Javier (Plaza de Castilla) para celebrar con Esther su sí a Dios para siempre. Una ceremonia que duró dos horas pero que no resultó larga. Que Esther estaba radiante de gozo y con ella todas las Dominicas que vinieron de distintos lugares de España. Nos faltó Aquilina que se puso mala.
-Presencia de Tamaraceite: Tania, Adriana, Adrián su novio, Conchi Moreno...y encuentro con gente amiga tanto tiempo sin ver: Sara Alonso Fraile, las dominicas Inma Carmen Lanao y Soraya; Cristina, la teresiana que de estudiante iba a dar catequesis con Mayu a Tamaraceite.... Y gente "nueva" como Javier el cura del que tanto había oido hablar hace años en Tamaraceite y que no nos conocíamos.
- Más tarde, después de la fiestecilla, muy divertida, salimos a dar una vuelta con Pablo Prieto que anda por aquí lleno de vitalidad y entusiasmo esperando su trabajo misionero quién sabe dónde.
-Y más alegrías, claro. Saber de la presencia de algunos vecinos del Cruce en la actividad organizada por Afesur en Vecinario. Y que a Omaira y familia y a Carmelo y Mensa les gustara la experiencia.
Y pasear por Madrid y estar en casa de mi hermana que siempre me resulta agradable.
  Sólo una salverdad. Ayer, por un error del que tendré que responsabilizarme, Playa de Arinaga se quedó sin misa. Pero hay que valorar la decisión de Pepita Sanz de, ella misma, organizar la celebración de la palabra, la comunión...¡¡y dar la bendición!! a la iglesia llena de fieles, que acogió con un aplauso la espontaneidad de la sacristana.
    Hoy regreso a Gran Canaria y a la vida de la parroquia. Y lo hago con igual alegría de estar en donde me siento como pez en el agua. En la comunidad de Arinaga y Cruce de Arinaga. Buen domingo!

lunes, 15 de marzo de 2010

TESTIMONIO: Terremotos, atentados...¿DÓNDE ESTABA DIOS?

 Cada semana publicamos un testimonio real. Usted puede también colaborar contándonos su propia experiencia o transmitiéndonos alguno que le haya resultado impactante.
Esther Sáez, víctima del 11-M: "¿Dónde estaba Dios? Dios estaba ahí, conmigo"

* "Me han dicho que en Haití han sacado gente de los escombros e inmediatamente se han puesto a rezar: ellos son los sabios de verdad. Cuando uno lo pasa mal, Dios es el único que está. Yo, cuando estaba en la Unidad de Críticos, no me podía mover, estaba sorda, sin apenas ver, con un respirador para poder respirar..., me sentía sola. Pero es una soledad que sólo en ella eres capaz de ver a Dios cara a cara" 15 de febrero de 2010.- Uno llega a la estación de Atocha desde Alcalá de Henares, en uno de aquellos que llamaron los trenes de la muerte del 11-M, y se detiene en uno de esos puestos de venta de libros para viajeros con prisas. Allí, entre multitud de títulos en los que se abre paso la superchería de la nueva era, destaca uno con un nombre llamativo: Dios no es bueno. Y claro, cuando uno viene de hablar con Esther Sáez, que viajaba en uno de aquellos trenes, no se lo cree. Casada y madre de dos chicos, David e Ismael, que en el momento del 11-M tenían 3 años y un año y medio,recuerda cómo vivió el atentado: 
     «En ese momento, mi concepción de la vida cambió. Fue cuando realmente me di cuenta de que la vida es perecedera.
      Uno siempre piensa: A mí nunca me va a pasar. Ese contacto con la realidad es muy duro, pero, sin saber por qué, en ese momento, no me sentía sola. No perdí la conciencia en ningún momento, y a pesar de todos los dolores tan horribles que sentía, por fuera y por dentro, en ese momento tuve una paz muy distinta a lo que había vivido antes. Esa tranquilidad y esa serenidad mucha gente no las entiende. Las da absolutamente Dios, la confianza en Dios. No brota de ti, de decir simplemente: Voy a confiar en Dios. Viene de Él mismo, del descanso en sus manos que Él mismo produce: Cuando tú lo pasas mal, Yo te llevo en brazos». 
     Por eso, cuando el terremoto de Haití ha vuelto a despertar la pregunta sobre Dios -sobre su existencia y sobre su bondad-, Esther explica, basándose en su propia experiencia: «Muchos, con lo de Haití, se preguntan: ¿Dónde está Dios en estos momentos? ¿No era tan bueno? No saben lo que están diciendo. Los eruditos de hoy en día son los que piensan que se puede construir la vida sin Dios. Me han dicho que en Haití han sacado gente de los escombros e inmediatamente se han puesto a rezar: ellos son los sabios de verdad. Cuando uno lo pasa mal, Dios es el único que está. Yo, cuando estaba en la Unidad de Críticos, no me podía mover, estaba sorda, sin apenas ver, con un respirador para poder respirar..., me sentía sola. Pero es una soledad que sólo en ella eres capaz de ver a Dios cara a cara. ¿Dónde estaba Dios? Dios estaba ahí, conmigo».
     ¿Y cómo conjugar entonces la bondad de Dios con la maldad de los hombres? Esther cuenta lo que hace cuando piensa en los terroristas que llevaron a cabo los atentados del 11-M: «Rezo el Padrenuestro, porque resume el amor a los hermanos, amigos y no tan amigos. No tengo rencor. Me pregunto qué tipo de vida han llevado para acabar haciendo eso. No debemos juzgar, porque no sabemos cómo han vivido. Seguramente han crecido con mucho odio alrededor, con mensajes contra la vida de los demás, gente que seguramente está vacía. A mí me han destrozado la vida, pero tengo una Vida aparte. ¿Y ellos?»
     Esther hace un ejercicio de teodicea práctica, basada en la experiencia, al afirmar que «muchas desgracias son producto del hombre; es muy fácil echarle la culpa a Dios. El terremoto de Haití, si hubiera pasado en Japón, no habría causado tantas víctimas. No es culpa de Dios que esa gente haya vivido en las condiciones en las que viven. Con el atentado del 11-M pasa lo mismo: ¿es que fue Dios el que puso la bomba? El regalo más hermoso que nos ha dado Dios, aparte de la vida, es la libertad». Aunque viéndola nadie lo diría, por la paz que vive y que transmite al hablar, las secuelas del atentado persisten. Son ya once operaciones las que lleva encima, y también vive momentos de dolor y de noches oscuras: «Suelo tener un salmo marcado en la Biblia, que rezo cuando estoy en las horas un poco más bajas. Es el salmo 121, que dice: El auxilio me viene del Señor. Porque no es fácil tener, a los 38 años, los mismos dolores que una persona de 80. Tengo un rosariotan grande de secuelas... Son momentos duros, que vivo desde la perspectiva de Dios. No hay que tener miedo de decirle a Cristo: Mira, Señor, estoy mal, estoy triste. O me ayudas, o me hundo. Y cuando tú hablas al Señor así, desde el corazón, Él te ayuda. Además, alguien me enseñó una vez que la oración de los enfermos tiene mucho valor. Y eso me ayuda a pensar que a alguien le está ayudando lo que yo paso».