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jueves, 27 de septiembre de 2018



DIARIO DE UN CURA
UN PLAGIO

            Hoy he llegado a la casa parroquial cansado y sin ganas de escribir mi Diario. Además, mi cabeza ha estado en otro lado, incapaz de mantener la atención. Así que me dije.
-Voy a copiar un texto que ya escribí hace un par de años. Total, ahora que se habla tanto de los plagios de las tesis o el máster de algún político, no pasa nada que yo me copie a mí mismo. Nadie se va a dar cuenta.
Pero no.  Puestos a  copiar, mejor sería  imitar  lo que algunos buenos compañeros míos hacen en sus parroquias. Me gusta copiar la sensatez y sabiduría de alguna gente del pueblo en el que vivo. Me vendría muy bien plagiar la actitud de servicio de Dámaso o  la perseverancia de Pepe. O copiar la responsabilidad y buena letra  de Mensa. O los esfuerzos y logros  de Tita, el buen humor de Jorge, la simpatía de Omaira, la fe y discreción de María. O la inocencia de Alejandra y Cristóbal y los niños misioneros, la oración de Margarita o de Marimar.  Copiaré, si puedo,  el compañerismo de Águeda, la rectitud de Enrique  y el buen oído de Paco y de Loren. Hoy, la verdad, necesito plagiar.     
                                                                     Casualmente, un amigo me mandó anoche  mismo un texto que me gustó y lo copio textualmente: Pongo comillas:
“Un campesino,  cansado de la rutina del campo y de tanto trabajo duro, decidió vender su finca. Como sabía que su vecino era un destacado poeta, se decidió a pedirle el favor de que le hiciera un anuncio para  su  venta.
El poeta accedió gustosamente y empezó a elaborarlo:
El cartel decía:
 

“Vendo un pedacito de cielo, adornado con bellas flores y verdes árboles, hermosos prados y un cristalino río con el agua más pura que jamás hayan visto”

El poeta tuvo que marcharse por un tiempo, pero a su regreso decidió visitar a sus nuevos vecinos, pensando que aquel hombre del aviso de venta ya se había mudado. Cuál fue su sorpresa al encontrarse otra vez con el campesino trabajando en sus campos. El poeta le preguntó:
-¡Amigo! ¿No pudo vender la finca?

El campesino con una sonrisa le respondió: 
-No mi querido vecino, después de leer el anuncio que usted me hizo, comprendí que tenía el lugar más maravilloso de la tierra y que por ahora no existe otro mejor…”  Cierro comillas.
Moraleja: No esperes a que venga un poeta  para hacerte un anuncio que diga lo bonito que es tu pueblo, lo  maravillosa que es tu vida, tu familia, tu parroquia. O lo buenos que son tus compañeros.  Reconoce cuánta bondad y belleza hay a tu alrededor y que hay a tu alrededor.
       Disculpen. Lo de hoy es un plagio. Pero me ayuda  a valorar lo que tengo y  a decir a todo el mundo  que tengo una finca y una parroquia y unos amigos que no quiero cambiar  por nada del mundo. 


jueves, 28 de junio de 2018


DIARIO DE UN CURA
UNA FAMILIA RUMANA

 La casa parroquial en donde vivo huele a frescura, a hogar.  Esta semana comparto  vivienda  con  una familia de rumanos: Un matrimonio, -Nely y Ion- y su hija  Alexia que ahora tiene 12 años. Están unos días  de paso y estoy encantado de  vivir con ellos.  En esto me parezco a bastantes familias que en estos días han estado compartiendo con niños y niñas venidos de otros países en intercambio escolar. Por ejemplo Liliana, una vecina,  me contaba, muy satisfecha,  que le tocó convivir con una chica alemana muy educada y amable y que sintió muchísimo  que se marchara.

         Lo mío no es un intercambio escolar, por supuesto, pero se parece. Conocí a Nely hace años en circunstancias muy distintas por esas casualidades que la vida nos ofrece y que uno se niega a llamarle  sólo casualidad. En aquella ocasión estaba únicamente  ella y se alojó en la parroquia de Tamaraceite. Y más tarde,   con otros amigos, -Maxi, Nancy e Isa-  estuvimos en su casa de  Rumanía y nos trataron inmejorablemente. Ahora, con su marido y con la niña y el cambio de situación, la visita es más agradable. Reímos mucho aunque  la comunicación es difícil por la diferencia de idiomas. A veces tenemos que andar buscando distintos  sinónimos para referirnos a una misma palabra.  O gesticular extrañamente. O  hablar como los indios de las películas usando sólo los infinitivos. Nos da risa pero hay comunicación y muchos muchos gestos de afecto y  de comprensión.

         Me gusta vivir en familia. Y me gusta disfrutar la riqueza de la variedad de idiomas, culturas, edades, gustos y formas de pensar. A veces pienso que los curas tendríamos que vivir habitualmente en familia. Con la propia, o con otra. Y me resulta curioso que la Iglesia, probablemente la institución que  más hincapié hace en la defensa de la  Familia, tenga a la mayoría de sus representantes viviendo sin ella.  Estoy contento de estos pocos días de convivencia familiar. Un aire nuevo ha entrado en esta casa parroquial de la mano de una niña, Alexia, y de dos buenos amigos, Ion y Nely que seguramente Dios quiso poner en mi camino. Una bonita familia rumana.


ALGUNAS FOTOS: 


jueves, 24 de mayo de 2018

DIARIO DE UN CURA:



UN  EURO DE LA PRIMERA COMUNIÓN

Escribo mi diario hoy, todavía bajo los efectos de las primeras comuniones del pasado fin de semana. Alegrías, pequeñas anécdotas, faltas de respeto, sonrisas, fe, inocencia… Una gran mezcla de pequeños o grandes  hechos. Los niños son, sin la menor duda, el mejor recuerdo. Nos transmiten su espontaneidad   y sus sonrisas. Cuando les pregunté si leerían el evangelio que les íbamos a regalar, uno de ellos dijo que no. Abiertamente. No cabía más discusión. Sinceridad a tope.

Los mejores, los niños. ¿Y los peores? Los peores algunos invitados que van a la primera comunión totalmente ajenos a lo que allí se celebra. Que andan despistados. Preparados para un banquete pero no para una misa.  Hasta ahí se acepta. La pena es que falte el poquito de educación  que se necesita para  saber respetar  un acto en el que se precisa silencio. Y no se les pedía más. Nadie va un cine, por ejemplo,  y se pasa todo el tiempo hablando con su acompañante. Aunque la película no te guste.

Algunos chiquillos respondieron a las preguntas del cura diciendo que se parecían a su padre en el mal carácter, o que eran muy nerviosos, o presumida como su madre. O que si se tiene un problema lo mejor es consultar en el google. O que se parecía a su padre en la cara y en las gafas.

Da gusto escuchar a los chiquillos y verlos rezar. O cantar y gesticular para decir que “Jesús está en ti,  y está en mí” .  O  ver  cómo se acercan a comulgar  con respeto y con emoción. Y los padres y madres, igual.

 La primera comunión vale la pena aunque unos pocos inconscientes la quieran convertir en un mercadillo.

El domingo pasado, al acabar la misa, ya en la sacristía, entró uno de los niños  con un euro en la mano:
-Cógelo, Suso.
-Pero ¿para qué me lo das?
-Es para que se lo des a los pobres, a Cáritas.

Les aseguro que, por un gesto como este y tanta bondad, vale la pena la primera comunión. Es una señal de que, como cantaron los niños el fin de semana pasada, Jesús está en ti, está en mí,  y sobre todo está en ustedes, los niños y niñas.



viernes, 18 de mayo de 2018

REUNIONES DE PADRES Y MADRES


DIARIO DE UN CURA

REUNIONES DE 
PADRES y MADRES

 Anoche  me reuní con un grupo de padres y madres que tienen niños en la catequesis. Hasta el curso pasado, eran otras las personas encargadas de la reunión. Cuando este año me hice cargo yo, la verdad que no me hacía mucha ilusión. Esperaba encontrarme con padres y madres con cara de malos amigos por tener que venir cada mes  a este encuentro. Pero resulta que no. Aunque para muchos  no es nada agradable terminar la jornada de trabajo, cansados,  y venirse a la iglesia a escuchar un posible tostón, resulta que me  han sorprendido. Me he encontrado con padres y madres simpáticos, que escuchan, que les cuesta hablar en público pero que por lo bajo te dicen lo que piensan y sienten y te cuentan las dificultades con los hijos y también  preguntan y aclaran cuestiones.

Me ha resultado una muy buena experiencia. Lo he pasado bien en las reuniones. Me he sentido a gusto y nunca he visto un mal gesto y mucho menos una respuesta  descortés. Incluso  lo he pasado divertido y eso que se tratan temas serios. Y que estoy hablando de más  de 300 padres o madres de niños niños. Unas 300 familias que participan en las diferentes catequesis y reuniones. 

Valoro  la actitud de los padres y madres que, por el bien espiritual  de sus hijos  están  haciendo ese largo proceso aunque  para muchos termine el día de la primera comunión. Pero no seré yo el que tire la toalla.

También  quiero valorar a los niños porque, gracias a ellos, algunos padres y madres están despertando a la fe.  Se pensaba que los padres serían los acompañantes espirituales de sus hijos y resulta que,  en algunos casos, los acompañantes espirituales están siendo los niños. Muchas veces  se hace un balance negativo de la catequesis, de la primera comunión y de las reuniones. Hoy, que sigo siendo optimista, quiero hacer un acto de fe en los niños y en los padres. Creo en ellos y espero mucho de ellos. Es verdad que surgen dificultades y cuesta mucho la continuidad y que a veces los resultados no son los que uno desea. Pero los animadores tenemos que ser animadores siempre.  Estoy de acuerdo con Luis Fonsi cuando canta:

Yo, yo no me doy por vencido
Yo quiero un mundo contigo
Juro que vale la pena esperar, y esperar y esperar un suspiro
Una señal del destino
No me canso, no me rindo, no me doy por vencido

P.D
He tenido una nueva oportunidad de conocer, escuchar y aprender de las madres y los padres que quisieron prepararse a la primera comunión participando en el sacramento del Perdón. En el diálogo personal  con cada uno me he sentido realmente feliz y emocionado. Nada más llegar a la casa le di gracias al Dios y lo hice  cantando y con fuerza. ¡Siempre está uno aprendiendo!


jueves, 10 de mayo de 2018

DIARIO DE UN CURA



EL PAN, COMIDA DE ÁNGELES

En un tiempo, hace ya años, viví cerca de una panadería. Era una calle estrecha y bonita.  Alguna vez había que cerrarla  para poder descargar la harina ya que  el camión ocupaba toda la vía. Por la noche se convertía en una calle silenciosa. Sin ruidos, ni coches ni gente. Hasta entonces yo sabía que a uno podía despertarle el ruido o también la luz. Allí experimenté que el olor, el olor a pan recién sacado del horno, también despertaba del sueño. Y cada mañana aquel olor que salía del horno me animaba a empezar un día transmitiendo la misma fragancia. El olor a pan caliente recorría toda la calle y avisaba a los vecinos que ya era hora de levantarse. Era un lujo vivir allí, al aroma de una panadería.

   Pero había  más. Algunas veces,  cuando el olor a pan bueno me había despertado,  pude descubrir, atada a la ventana,  una bolsa con algunos panecillos. Yo  adivinaba fácilmente que eran un obsequio de aquellos buenos vecinos panaderos. Da gusto vivir al lado de una panadería. Y más agradable aún, vivir al lado de unos vecinos que saben a pan, que son como el pan.

    Una niña que este año va a hacer la primera comunión me llamó para, en bajita voz,  preguntarme cómo se hace ese pan que después en la misa se convierte en Jesús. ¿Es verdad que está hecho por los ángeles?

    Tardé un poco en responderle porque las preguntas profundas necesitan ser pensadas. Y sé que no encontré palabras adecuadas. Le dije, un poco aturdido, que los panaderos no son ángeles pero si son buenos, como casi todos, hacen el mismo oficio de ellos. Y  que la gente buena es como el pan porque se dejan querer y que Jesús es pan y que cuando nosotros comemos el Pan consagrado nos hacemos buenos.

Y la niña, con más lógica que yo,   me dijo:
-Todo eso quiere decir que los ángeles son los que hacen el pan de la misa, ¿sí o no?

Me sonreí y creo que acabé diciéndole que sí. Que los panaderos son ángeles. O que los ángeles son panaderos. Y  me da que acerté. Porque aquellos que me dejaban el pan en la ventana y hacían un pan riquísimo lo eran. Periquito y Nenita.  Y los que comen el Pan de la eucaristía, como los niños de estos domingos, también lo son. El pan es comida de ángeles.

Y ALGO MÁS: NIÑAS EN
RADIO TAMARACEITE



En las fotos que puedes ver más abajo hay tres niñas que en estos días harán su primera comunión: Keila, Zaira y Claudia. Ellas con algunos niños y niñas más, forman el grupo “Niños Misioneros”. Estuvieron hace unos días en Radio Tamaraceite y en el Parque de la Mayordomía. En alguna de las fotos están también Victor, el cura de Tamaraceite, Raúl Arencibia, presentador de Tenderete y  director de la radio. También  algunas madres: Guaci, Marimar  Mari y Adela.




Pinche para ver las fotos: 
       


viernes, 20 de abril de 2018

BENDITOS MAESTROS



DIARIO DE UN CURA

BENDITOS MAESTROS

Si yo no hubiera sido cura, probablemente habría elegido ser el cartero del pueblo. O a lo mejor, carpintero. No, periodista. O no: maestro. El viernes estuve en el colegio Beñesmén. Los profesores siempre me invitan  a visitarles, lo cual agradezco mucho, aunque sólo voy unas cuantas veces en el curso. El viernes estaban todos los niños en el patio porque acogían la Antorcha de la Concordia y el juego limpio. Niños y niñas portaban banderas y realizaron diferentes actividades lúdicas y deportivas. Un espectáculo precioso. En silencio se escucharon  palabras hermosas que varios niños recitaron: “Tarjeta roja al enfado,/ a la ira, a la violencia /al mal humor, a la furia,/ también a la impertinencia./   Tarjeta roja a la ofensa/ al enojo y al mal gusto, /al que pone zancadillas, al que siempre está disgusto”.

Mientras gozaba del espectáculo, intenté observar, además, a cada uno de los profesores que allí estaban. Me admiró verlos disfrutando de lo que hacían los alumnos, sonrientes, con total tranquilidad. Y eso que tenían delante a unos quinientos niños y niñas, a un grupo de familiares y  las cámaras de televisión.  Me resultó curioso. No vi nervios ni enfados sino todo lo contrario. La chiquillería podía disfrutar y disfrutaba. Mucha armonía. Un pequeñajo abandona su lugar  para preguntar algo a  la profesora   y recibe una sonrisa de respuesta. Una niña pregunta al maestro si puede ir al baño. Ninguna mala respuesta, ningún mal gesto. Me acordé de la canción que estos días cantan los niños en la misa: “En la Pascua del Señor, no hay caras largas”. En este colegio tampoco las hay.

Y yo me vine feliz a la Parroquia por encontrar tan buenos maestros  como estos a los que he estado observando a distancia. Seguro que muchos niños soñarán con ser profesores como ellos. Seguro que todos estarán aprendiendo, además de las materias obligatorias de cada curso, lo que  cada profe les está transmitiendo con su ejemplo. Y  recordé que, cuando yo era niño, quería ser carpintero como mi tío Máximo, o cartero para repartir alegrías por las casas. O periodista,  porque me gustaban las aventuras. O maestro como D. José. O cura. Este día se me ha despertado otra vez la vocación de maestro. Como los del colegio que visité.

Bendita vocación. Benditos maestros.  


jueves, 12 de abril de 2018

DIARIO DE UN CURA


DIARIO DE UN CURA

ENGANCHADOS A LA MISA

No sé si es incorrecto lo que voy a decir. Las misas no son aptas para los niños. No enganchan. Muchos curas se esfuerzan por adaptarse al público infantil, cuando lo tienen.  Pero ni las lecturas, ni las plegarias eucarísticas ni los prefacios ni las homilías  son, normalmente,  comprensibles  para los chiquillos.  Es imposible hacerse entender por los pequeños de la comunidad si se quieren cumplir las  “normas litúrgicas”.  Y  entre una cosa y otra…yo prefiero que los niños entiendan lo que decimos y hacemos en la eucaristía.

Lo que digo de la misa con participación de niños, vale también para muchos adultos. ¿Qué puede entender una persona normal que no ha estudiado teología cuando, por ejemplo,  en una oración de la misa de esta semana se decía: “Oh Dios que has querido  que tu Verbo asumiera la verdad de la carne humana”. Eso podría entenderse si se dijera con un  lenguaje más normal,  el que hablamos  habitualmente. Pero mientras tengamos los brazos atados con normas y traducciones oficiales, estamos tentando a que muchas personas se desconecten de lo que leemos o decimos. Y acabarán desenganchándose.

A pesar de todo, nuestra gente  creyente hace un gran esfuerzo por entender lo que se dice y hace en la misa.  Un día de la pasada   semana, al salir de la iglesia, una señora me dijo que seguía semanalmente este programa de radio. Y añadió: “A ver si cuenta un día en su diario  que hay personas que estamos “enganchadas” a la radio y “enganchadas” a la misa. Porque  a veces una cosa, dijo,  lleva a la otra. Y ya me acostumbré a participar de la misa que por nada me la pierdo”.

 Me gustaron sus palabras, claro. Afortunadamente hay quienes logran   “engancharse” a lo que ayuda a vivir y crecer: la lectura, el cine, los encuentros de amigos, la participación… O la misa. Por eso hay que intentar que se entienda: para que, al menos por ese motivo, nadie se desenganche. Y mucho menos los niños.

 

jueves, 5 de abril de 2018

FELIZ PASCUA


DIARIO DE UN CURA
FELIZ PASCUA

Para  algunas personas,  el saludo normal de estos días que celebramos la resurrección de Jesús es decir: ¡Feliz Pascua! Aquí, en Canarias,  no es muy frecuente. A Javier, un amigo uruguayo, le sorprendíó que, cuando hace unos  días felicitaba  por la Pascua, algunos le pusieran  cara de sorpresa. No lo entendían. Y Domingo me contó que, hasta ayer mismo,  nunca nadie le había felicitado la Pascua de resurrección. Incluso  Luisa, que había participado  en la Vigilia pascual, se echó a reír  cuando, a la salida de la misma, le dije Feliz Pascua.  Pensaba que era una broma. 

La verdad, no me preocupa mucho que nos felicitemos o no la Pascua. Al fin y al cabo, las frases hechas son un formulismo que   no siempre nacen del corazón. Lo importante es que estamos  celebrando la Pascua de Jesús, su paso de la muerte a la vida.  Y que haya  muchas que también tengan motivos para celebrar su propia pascua.  Porque andaban en la oscuridad de la rabia, o el rencor  o la envidia y dieron o están dando el paso a  otro estilo de vida más fraterna.

Siempre, durante la semana santa, tengo la suerte de poder escuchar testimonios  de personas del pueblo que me entusiasman. Algunos admirables.  Hay  gente que te cuenta que, con un montón de dificultades en el trabajo o en la casa, intentan  poner actitudes de bondad. No les resulta fácil. Lo pasan mal. Pero sacan de su corazón lo bueno que hay dentro. A esos siempre los felicito y agradezco y animo en lo que puedo, porque también a mí me animan.

El padre Rudy, el cura guatemalteco que participó con nosotros en la Semana Santa, contó que a su padre y a su hermano lo asesinaron a sangre fría no hace mucho. Y, a pesar de su dolor, nos habló del perdón. Y era sincero. Por eso siento vergüenza por las veces que a uno le cuesta perdonar u olvidar una tontería. Y un joven preso en Juan Grande me contó su decisión de iniciar un proceso para desengancharse de la droga que fue lo que le llevó a delinquir y  a la prisión. Eso es ponerse en camino hacia la pascua.  Y cuando uno escucha estos testimonios, dan ganas de desear que todo el mundo sea feliz, que todo el mundo sea bueno y que queden atrás los  egoísmos y maldades.

Por eso, a  lo mejor no lo digo, porque tal vez no me comprendan. Pero en estos días, a cada persona que veo, interiormente le deseo una feliz Pascua.  


jueves, 15 de marzo de 2018

GABRIEL


DIARIO DE UN CURA

GABRIEL
El Domingo pasado, a las 11 de la mañana celebré la misa en Cruce de Arinaga. Como casi todas las semanas. Es una misa en la que participan bastantes niños. Había, tal vez,  sesenta o setenta. Antes de la homilía me acerqué a los primeros bancos ocupados por los más pequeños y les pregunté: ¿Saben ustedes quién es Gabriel, que tiene 8 años? La respuesta fue unánime. Todos me dijeron que sabían quién era y que  le querían y que deseaban que apareciese pronto. En un poco de silencio, rezamos por él sin sospechar  lo que un par de horas más tarde íbamos a saber y a sufrir.

Ha sido una semana de muchas emociones. Pero si hubiera que elegir un momento o unas palabras, me quedo con éstas: “Se ha generado un movimiento muy bonito gracias a mi hijo. Me gustaría que continuara. Están apareciendo muchos mensajes pidiendo muerte o maldad. Entiendo que estas personas tienen la misma rabia que yo dentro, pero que lo usen para pedir bondad en el mundo. En memoria del pescaíto pido que no se extienda la rabia, que queden las buenas personas, las buenas acciones y la imagen de Gabriel. Que nadie reenvíe  cosas de rabia. Ese no es mi hijo ni esa soy yo”. Hasta aquí las palabras de una gran mujer que muchos hemos empezado a admirar. Una mujer valiente, llena de razón y llena de corazón. Quiero aprender de ella. Y quiero repetir una de sus frases. Por favor, que nadie retuitee cosas de rabia. Que nadie reenvíe cosas de rabia. Me duele mucho, esto lo digo yo,   cuando algún amigo me reenvía un mensaje  ofensivo para los de otro país o de otra raza o de otras ideas. “Que queden las buenas acciones, que quede la bondad”.

El domingo en la misa, cuando hablábamos de Gabriel,  había un niño que parecía despistado, que se movía de un lado para otro. Ayer tarde, cuando celebré la misa estaba otra vez en el primer banco. Me extrañó verlo siendo un día de trabajo. Más tarde vi a su abuela y me lo aclaró:

-Me dijo que quería venir a misa para rezar por Gabriel. Por eso vinimos.

-Que queden las buenas acciones. Que queden las buenas personas.

CANCIÓN GIRASOLES DE ROZALÉN


jueves, 8 de marzo de 2018

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER


DIARIO DE UN CURA

MUJERES

He leído que algún obispo, allá en la península, ha metido la pata hablando de feminismo. Se creen algunos que, por tener mitra, saben de todos los temas y tienen siempre la última palabra. A mí me gusta cuando algunos niños, con más dedos de frente que sus padres,  se atreven a llamarles la atención:

-No corras tanto, mamá. Nos podemos matar.
-Papa, ¿no dices tú que fumar es malo? ¿Y por qué fumas tú? 

Y me gusta cuando algunos cristianos, que no llevan  mitra ni báculo, se atreven a llamar la atención a su obispo porque opina de lo que no sabe o porque se mete  en jardines innecesarios.  A nuestra Iglesia le queda mucho que aprender  todavía y no debe ir opinando mucho  de igualdad de género o de feminismo. Al menos, hasta  que ella misma  se lo tome en serio y se note. Es verdad que  una de las tareas de la Iglesia es enseñar. Pero hay otra anterior.   Aprender. Hay que decírselo a algunos obispos: Ustedes enseñen, sí; pero también aprendan. Hablen; pero también callen, que las dos cosas son importantes.

En  las parroquias en las que he estado,  debo reconocer y agradecer, he aprendido muchas cosas de las mujeres. Como son las que más participan, mi amistad con ellas me ha ayudado y ayuda  a tener otra mirada, a cuidar el lenguaje, a valorar los pequeños gestos de hombres y mujeres. Sin duda ninguna, he cometido muchos errores y he metido la pata.  Como cualquier obispo.

La Iglesia, aprovechando este tiempo de Cuaresma, tiene que hacer, tenemos que hacer, un examen de conciencia y reconocer que también entre nosotros se ha marginado a la mujer.  A veces se suele decir eso de que no debe haber un día para la mujer o un día de la madre o un día del Niño, por poner un ejemplo, porque todos los días deben ser también de ellos. Pero un día de la Mujer o un día del Inmigrante nos ayuda a tomar conciencia de situaciones injustas. Y nos anima  a corregir errores.

En este día me voy a permitir dar  las gracias a todas las mujeres que en las parroquias en donde he vivido  han estado muy cercanas, que han tenido confianza para corregirme y para animar y para colaborar a hacer una Iglesia más cercana a la vida de la gente. 

Hay muchas más mujeres que hombres en congregaciones religiosas.  Más del 70 por ciento de las personas que participan en la eucaristía  son mujeres. La mayoría de catequistas y agentes de la pastoral parroquial pertenecen al género femenino. Pero  el gobierno eclesial, la toma de decisiones, está casi exclusivamente en manos de hombres. Algo deberá cambiar, supongo.
Para estas cosas valen fechas como el Día de la Mujer que celebramos estos días. Para que algunos metan la pata, para que otros llamen la atención y para que unos y otros, otras y unas nos planteemos que aún tenemos mucho que aprender y que corregir y defender.  

jueves, 25 de enero de 2018

DIARIO DE UN CURA

NO DIGAS VOSOTROS:
HABLA CANARIO

A mi  sobrina Maite, que es madrileña, le gusta valorar las cosas de nuestra tierra. Hace unos días me contaba, sorprendida, que algunos amigos suyos de Gran Canaria, cuando escriben,  utilizan muchas veces el “vosotros”. Maite habla peninsular, pero no comprende que ahora muchos canarios estén abandonando  su modo de hablar, tan correcto como el de la Península, para apuntarse a una moda incomprensible de decir estéis, llegáis y os quiero.

            Yo tampoco lo entiendo, Maite. Bueno, no lo soporto. Hay gente que se cree más fina, más lista, intentando hablar  como los de  Valladolid. Y lo peor es que después confunden los tiempos verbales y no hablan bien ni como canarios ni como peninsulares.

Cuando voy con algún amigo a un restaurante, sobre todo en el sur, y el camarero nacido, por ejemplo en Arguineguín,  nos  suelta: ¿Vosotros qué queréis?, me dan ganas de decir que,  lo que queremos  de verdad,  es ir a un lugar en  donde los peninsulares hablen en peninsular y los canarios en canario.

   Creo que hay cosas de nuestro modo de hablar que no podemos seguir permitiendo. No hay ninguna disculpa para que  un canario reniegue de su modo de hablar.  Suena a falso. Como suena a falso que entres a una tienda y la persona que te atiende, que no te conoce de nada, te llame cariño, amor o tesoro. ¿No es más normal que nos llamen señor o señora? ¿No es más normal que nos traten de ustedes y no de vosotros?
¿Volveremos algún día a tratarnos con normalidad? 

Esto que hoy escribo en mi diario lo he escrito ya muchas veces. Ocurre lo mismo en las misas. Me parece normal que un sacerdote peninsular se dirija al pueblo  diciendo “El señor esté con vosotros”. Pero que un cura  canario no diga “El Señor esté con ustedes”, es incomprensible. El lenguaje de la misa no puede estar sometido a una determinada región. Gracias a Dios, ahora hay traducciones de la Biblia y de los libros que se utilizan en la misa,  adaptadas a nuestra forma de hablar.

     A Maite, mi sobrina peninsular, que lleva ya algunos años viviendo en esta Isla,  le gusta el habla canaria con el seseo que no distingue las zetas de las eses  y que nunca, nunca utiliza la segunda persona del plural. El vosotros es ustedes y nunca es  os quiero sino les quiero. O sea hablar, como aprendimos de nuestros padres. Hablar con sencillez. Hablar en canario. Hablar en cristiano.  

viernes, 5 de enero de 2018

DIARIO DE UN CURA

QUERIDOS REYES MAGOS

Queridos Reyes Magos: Casi todos los años, les escribo una carta que yo estoy seguro que ustedes leen con mucho cariño. Como las otras  cartas que los niños y adultos necesitamos escribir por estas fechas. Y casi todos los años, el día 6 de enero, veo que, no todo  lo que había pedido  tan inocentemente, me lo trajeron. ¿Se acuerdan de aquella carta que les escribí hace ya tantos años en la que les pedía una bicicleta de verdad y sólo me pusieron un cochito de cuerda? Mi madre intentó explicar a su hijo de 7 años que, tal vez, había sido una confusión de ustedes. Porque a otro niño de mi edad, el hijo  de D. José el maestro,  que vivía un poquito más arriba de mi casa, sí le pusieron la bici.

Según han ido pasando los años, yo les  seguía  pidiendo cosas que consideraba adecuadas y justas. Una vez, me acuerdo, tendría yo unos 15 años,   les dije que no iba a pedirles nada más para mí, sino para otros. Y la verdad me volví loco pidiendo y deseando muchos arreglos de la sociedad. Pero según pasaban los días, mis ilusiones se iban desvaneciendo. Porque no solamente no obtenía lo pedido sino que cada vez eran más las cosas que se necesitaban para arreglar el mundo y que habría que pedirles a ustedes. 

Al año siguiente, un hermano mío me enseñó una carta que ustedes le habían escrito. Me resultó raro al principio. Siempre había oído que éramos nosotros los que escribíamos la carta.  Pero ya vi que no. Porque en esa carta eran ustedes los que le  pedían a mi hermano.  Y empecé a comprender que ustedes dan mucho, pero piden mucho también. Yo sabía que ustedes, Melchor, Gaspar y Baltasar, llevaron hermosos regalos al Niño Jesús. Pero es que antes,  el Niño Jesús  les había regalado mucha Sabiduría, mucha Fe, mucha constancia. Y eso vale inmensamente más que un poco de oro o de incienso o de mirra.

Este año, queridos Reyes Magos, quiero pedir para todos los niños y niñas del mundo. También para los grandes. Y si no les importa, también para mí: Un poquito más de fe, un poquito más de sabiduría y un poquito más de constancia y esfuerzo.  Por mi parte yo compartiré con otros lo que pueda tener de oro y esas cosas parecidas a las que ustedes entregaron a Jesús.  Me da que este año he acertado con la carta y que aquella  bicicleta de mis sueños llegará  a otros niños gracias a la fe, la sabiduría y el esfuerzo de muchos. Hasta el año que viene.  

miércoles, 20 de diciembre de 2017

DIARIO DE UN CURA

MARIOLA VERA

Mientras escribo mi diario estoy escuchando música. Lo hago siempre.  Con la   música, con las canciones, expresamos los sentimientos más profundos: Amor, amistad, fe, alegría, pena. A veces, cuando me pongo a cantar espontáneamente al levantarme  o durante el día, creo que nos pasa a todos, estamos manifestando, sin pretenderlo, nuestro estado de ánimo. El sábado, cuando compartimos la oración por Mariola,  Octavio empezó a cantar “En mi debilidad me haces fuerte, sólo en tu amor, Señor, me haces fuerte”.   En ese momento nos sobrecogimos porque sabíamos de la fortaleza de Mariola en este último año. La fortaleza  que le venía de Dios.

Las canciones se eligen para cada  ocasión. Durante el tiempo que  compartí con Mariola este programa de radio  fue ella la que me habló de  una cantautora que yo no conocía: Salomé Arricibita. Y más en concreto de una canción que entonces empezamos a poner todas las semanas: Dime cómo ser pan. 

Es toda una oración para una persona sencilla que quiere darse a los demás: Dime cómo ser pan, cómo ser alimento que sacia por dentro, que trae la paz. Dime cómo acercarme a quien no tiene aliento, a quien cree que es cuento el reír, el amar.  Dime cómo ser pan que cura la injusticia que crea libertad.
De izquierda a derecha: MARIOLA, Dámaso, Ayoze, Martina y Suso 
TÚ QUE HACES DE MÍ TU REFLEJO TÚ QUE ABRAZAS MI DEBILIDAD TÚ QUE SACIAS MI HAMBRE CUANDO VUELVO DE LEJOS  DIME CÓMO SER PAN . 

Descubro con esta canción que algunas personas aparentemente débiles, alimentadas con el Pan de fe  en Dios  también se van transformando en  pan que alimenta y fortalece. Pienso en Mariola, 44 años, una vida entregada a Dios y a los demás. Un  trabajo respetuoso y  sereno y humilde  en Cáritas, la preocupación y atención constante a su madre enferma, el cariño a la gente, empezando por la familia,  la alegría compartida en su  vocación religiosa con las Hermanas del Sagrado Corazón.

Cada semana veníamos juntos a la radio. Compartimos mucho. Escuchábamos música, nos poníamos al día de lo que cada uno había vivido durante la semana y poco a poco se fue cultivando una amistad que perdura aunque más allá de la muerte.  Me enseñaste a preguntar cómo ser pan. Y Dios me responde:

-Mariola es pan.  Haz como ella. 

Para escuchar la canción Dime cómo ser pan, pincha en este enlace: