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jueves, 10 de mayo de 2018

DIARIO DE UN CURA



EL PAN, COMIDA DE ÁNGELES

En un tiempo, hace ya años, viví cerca de una panadería. Era una calle estrecha y bonita.  Alguna vez había que cerrarla  para poder descargar la harina ya que  el camión ocupaba toda la vía. Por la noche se convertía en una calle silenciosa. Sin ruidos, ni coches ni gente. Hasta entonces yo sabía que a uno podía despertarle el ruido o también la luz. Allí experimenté que el olor, el olor a pan recién sacado del horno, también despertaba del sueño. Y cada mañana aquel olor que salía del horno me animaba a empezar un día transmitiendo la misma fragancia. El olor a pan caliente recorría toda la calle y avisaba a los vecinos que ya era hora de levantarse. Era un lujo vivir allí, al aroma de una panadería.

   Pero había  más. Algunas veces,  cuando el olor a pan bueno me había despertado,  pude descubrir, atada a la ventana,  una bolsa con algunos panecillos. Yo  adivinaba fácilmente que eran un obsequio de aquellos buenos vecinos panaderos. Da gusto vivir al lado de una panadería. Y más agradable aún, vivir al lado de unos vecinos que saben a pan, que son como el pan.

    Una niña que este año va a hacer la primera comunión me llamó para, en bajita voz,  preguntarme cómo se hace ese pan que después en la misa se convierte en Jesús. ¿Es verdad que está hecho por los ángeles?

    Tardé un poco en responderle porque las preguntas profundas necesitan ser pensadas. Y sé que no encontré palabras adecuadas. Le dije, un poco aturdido, que los panaderos no son ángeles pero si son buenos, como casi todos, hacen el mismo oficio de ellos. Y  que la gente buena es como el pan porque se dejan querer y que Jesús es pan y que cuando nosotros comemos el Pan consagrado nos hacemos buenos.

Y la niña, con más lógica que yo,   me dijo:
-Todo eso quiere decir que los ángeles son los que hacen el pan de la misa, ¿sí o no?

Me sonreí y creo que acabé diciéndole que sí. Que los panaderos son ángeles. O que los ángeles son panaderos. Y  me da que acerté. Porque aquellos que me dejaban el pan en la ventana y hacían un pan riquísimo lo eran. Periquito y Nenita.  Y los que comen el Pan de la eucaristía, como los niños de estos domingos, también lo son. El pan es comida de ángeles.

Y ALGO MÁS: NIÑAS EN
RADIO TAMARACEITE



En las fotos que puedes ver más abajo hay tres niñas que en estos días harán su primera comunión: Keila, Zaira y Claudia. Ellas con algunos niños y niñas más, forman el grupo “Niños Misioneros”. Estuvieron hace unos días en Radio Tamaraceite y en el Parque de la Mayordomía. En alguna de las fotos están también Victor, el cura de Tamaraceite, Raúl Arencibia, presentador de Tenderete y  director de la radio. También  algunas madres: Guaci, Marimar  Mari y Adela.




Pinche para ver las fotos: 
       


domingo, 1 de enero de 2017

PIN, PAN....¡SE ACABÓ!

Escribe Paco Mira

PIN, PAN....¡SE ACABÓ!

            Les digo la verdad que no sé si es el mejor título que le puedo poner a la reflexión de esta semana. Pero si echamos la vista a aquel uno de enero del 2016, todos los deseos eran pocos. A algunos ya los tenían cumplidos porque la lotería había asomado a la puerta, otros querían que esos deseos se cumplieran en el año que comenzaba. Miren por donde, que esos deseos, se cumplieran o no, ya no hay vuelta atrás.

         Acaba el año y volvemos a repetir el ritual de todos los años. Me pregunto, ¿tan difícil es poner de nuestra parte?. Estoy convencido que siempre que decimos que no podemos hacer nada, creo que no es verdad. Podemos, si queremos, hacer lo más cercano mejor. Podemos, si queremos, que aquello que nos rodea sea de otra manera.

         Es verdad que el año que termina viene marcado por el silbido de las balas, de los actos terroristas, de camiones asesinos contra gente inocente, por resolución de políticas y gobiernos que estaban indecisos, por gente que no ha podido, todavía, salir del paro, por jóvenes que todavía no han encontrado trabajo, por gente que en la curia vaticana quieren ir contra Francisco.... ¡cuántas cosas marcaron el 2016!.

         ¡Cuántas madres han llorado por la no felicidad de sus hijos o de sus familias!. Ahora volvemos a contemplar a María en el inicio del año. Volvemos a contemplar a María poniéndole nombre a su Hijo, poniendo nombre a todos y cada uno de nosotros. María, como Reina de la Paz, María como sufriente por algo que a nosotros se nos antoja imposible y que ella insiste en que la hagamos realidad.

         Lo más probable es que cuando este fin de semana nos hemos puesto los mejores trajes; lo más probable es que cuando este fin de semana hemos levantado la copa de cava; lo más probable que cuando hemos ido tomando las uvas, una a una, e ir acompasando cada una de ellas a los toques de los relojes, procurando no equivocarnos y acabar como marca la tradición.... hemos pensado en algo o en alguien.

         Lo más probable que al acabar las campanadas hemos ido, quizás corriendo, a besar, a abrazar a la persona que más marca nuestra vida.... con el fin de desear aquello que hemos pensado.... y quizás la vida continúe - como cantaba el gran Julio Iglesias - igual.
         La vida nos vuelve a dar la oportunidad de 365 días. No son pocos, son todo un año para poder hacer aquello que llevamos insistiendo y que no somos capaces de conseguirlo. Me gustaría que cuando acabe el 2017, fuésemos capaces de recurrir al título del estas letras: "pin, pan... se acabó". Que seamos capaces de decir que aquello que hemos deseado se ha cumplido.

         No queremos ser perfectos. No queremos ser el modelo de nadie, pero sí queremos ser los fieles cumplidores de un Nacimiento que acabamos de celebrar y que no acabamos de dar cumplimiento.

         Echemos la vista atrás, sí, pero corrijamos aquello en lo que nos hemos equivocado. Echemos la vista atrás, sí,  y tengamos la humildad para pedir perdón por aquello que no ha funcionado. Echemos la vista atrás, sí, pero sobre todo a los 365 días que nos quedan por delante, porque son 365 oportunidades nuevas con pensamientos que ya tenemos.

         Dios, en su Hijo, siempre nos dice que nunca es tarde para volver a empezar. Nunca se cansa para comenzar oportunidades que nos tocan en la puerta.

         Sí les digo que FELIZ AÑO, pero les digo Que nunca es tarde para ser felices y en nuestra mano está, en parte, el poder conseguirlo.

      Hasta la próxima.

          Paco Mira

martes, 14 de diciembre de 2010

¿QUIÉN HACE EL PAN PARA LA COMUNIÓN?

¿QUIÉN HACE EL PAN PARA LA COMUNIÓN? 
A veces algunas personas lo preguntan: ¿Quién hace las partículas del pan que recibimos en la comunión?
 ¿Cómo y dónde se hace? 
Hay conventos, como el de las Carmelitas, donde las monjas tienen, como trabajo, hacer las partículas que después distribuyen en las parroquias.
También hay alguna parroquia, como la de San Rafael de Vecindario o la de Ingenio que, desde hace muchos años, se encargan de hacer su propio pan, el pan que luego se consagrará en la misa.
   También en nuestras parroquias de Arinaga y Cruce de Arinaga, por iniciativa de un grupo de señoras, dentro de unas semanas se empezará a fabricar el propio pan para las eucaristías.
Hoy han empezado a entrenarse un grupo de tres personas:  Fela, Eulogia y Fina. Han ido a Vecindario donde dos expertas, Antoñita y Fefa, les han indicado cómo hacer la masa, cómo utilizar la "plancha" para las obleas y el modo de recortar, con una pequeña máquina, las formas pequeñas y grandes que se utilizarán en la misa.
    Nuestra parroquia ha comprado ya la maquinaria necesaria y esperamos que, dentro de unos pocos días, se pueda celebrar la misa con el pan recién hecho expresamente para  esta comunidad.
    En las fotos pueden ver algunos momentos del "taller" de aprendizaje.
Y si algún lector o lectora quiere colaborar en esta tarea , puede ponerse en contacto con la parroquia a través de esta página o hablándolo personalmente. 

sábado, 19 de septiembre de 2009

EL PAN DE AGÜIMES



Dicen en mi pueblo que el pan de Agüimes se hace en Ingenio. Da lo mismo. El pan de Agüimes es bueno. Y el de Ingenio también. Mi amigo Policarpo, que es del pueblo lanzaroteño de Ye, vendía pan por las calles y pregonaba: ¡Pan de Ye, pan de Ye! hasta que alguien le hizo ver que vendería más si solamente pregonara el pan, sin decir de dónde, porque algunos consideraban que, mejor que el pan "de Ye" estaría el del mismo día? Y es que lo que uno quiere de verdad cuando compra un bizcocho es que sea bueno, al margen de que sea de Moya o de Tamaraceite. Y eso nunca lleva a confusión. Por eso resulta cansado y sin sentido escuchar todos los días a los políticos contar lo bueno que es su pan, su discurso, su proyecto. Y lo malo que es el del otro grupo. Cuando nunca un gobernante, por sistema, da la razón al grupo de oposición ni los de oposición a los que gobiernan, es que no son de fiar. Nadie hay tan malo que no se le pueda reconocer algo bueno.

Los celos, la envidia, son hierbas que crecen en todos los campos. Hasta en los que predican en contra de ella, aunque a veces haya alguna excepción. Resulta gratificante, por ejemplo, escuchar a un entrenador de fútbol que elogia el buen juego del equipo contrario. O los aplausos de todo el público del estadio valorando el gol del equipo visitante. Ojalá alguna vez lo veamos también en el Congreso de los Diputados o en el pleno municipal. O en la parroquia. Saber reconocer lo bueno de la iglesia vecina o de la persona a la que se sustituyó son signos que engrandecen a quien lo hace. Intentar silenciar, olvidar, callar lo bueno del otro es sencillamente mezquindad.

Cuando sólo se es capaz de reconocer lo bueno de uno mismo o de su equipo, su pueblo o su parroquia, se empieza a rozar o se está ya de lleno en el fanatismo. Me alegra, por ejemplo, escuchar en Gran Canaria comentarios que resaltan los valores de Tenerife. Por supuesto que también me gustaría escucharlos desde la otra isla hacia esta. Son la señal de un verdadero afecto. Los celos en ningún caso son señales de amor. Decía Balzac que ser celoso es el colmo del egoísmo porque es el amor propio, egoísta, elevado a la máxima potencia.

En una ocasión, los discípulos de Jesús se pusieron celosos porque habían visto a una persona ajena a ellos que también curaba y hacía el bien. Los discípulos, ingenuos, querían la exclusiva todo lo bueno. Y, guiados por la envidia, que es prima hermana de los celos, intentaron impedir que siguiera haciendo cosas buenas. Jesús pone cabeza en el tema e interviene diciéndoles poco más o menos:

-No sean tontos. Uno que hace cosas buenas en mi nombre no hace ningún daño. El que no está contra nosotros está a nuestro favor.

Y desde entonces el pan de Agüimes, no importa dónde se haga, está que se come solo. Y el de Ingenio también.