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viernes, 5 de enero de 2018

DIARIO DE UN CURA

QUERIDOS REYES MAGOS

Queridos Reyes Magos: Casi todos los años, les escribo una carta que yo estoy seguro que ustedes leen con mucho cariño. Como las otras  cartas que los niños y adultos necesitamos escribir por estas fechas. Y casi todos los años, el día 6 de enero, veo que, no todo  lo que había pedido  tan inocentemente, me lo trajeron. ¿Se acuerdan de aquella carta que les escribí hace ya tantos años en la que les pedía una bicicleta de verdad y sólo me pusieron un cochito de cuerda? Mi madre intentó explicar a su hijo de 7 años que, tal vez, había sido una confusión de ustedes. Porque a otro niño de mi edad, el hijo  de D. José el maestro,  que vivía un poquito más arriba de mi casa, sí le pusieron la bici.

Según han ido pasando los años, yo les  seguía  pidiendo cosas que consideraba adecuadas y justas. Una vez, me acuerdo, tendría yo unos 15 años,   les dije que no iba a pedirles nada más para mí, sino para otros. Y la verdad me volví loco pidiendo y deseando muchos arreglos de la sociedad. Pero según pasaban los días, mis ilusiones se iban desvaneciendo. Porque no solamente no obtenía lo pedido sino que cada vez eran más las cosas que se necesitaban para arreglar el mundo y que habría que pedirles a ustedes. 

Al año siguiente, un hermano mío me enseñó una carta que ustedes le habían escrito. Me resultó raro al principio. Siempre había oído que éramos nosotros los que escribíamos la carta.  Pero ya vi que no. Porque en esa carta eran ustedes los que le  pedían a mi hermano.  Y empecé a comprender que ustedes dan mucho, pero piden mucho también. Yo sabía que ustedes, Melchor, Gaspar y Baltasar, llevaron hermosos regalos al Niño Jesús. Pero es que antes,  el Niño Jesús  les había regalado mucha Sabiduría, mucha Fe, mucha constancia. Y eso vale inmensamente más que un poco de oro o de incienso o de mirra.

Este año, queridos Reyes Magos, quiero pedir para todos los niños y niñas del mundo. También para los grandes. Y si no les importa, también para mí: Un poquito más de fe, un poquito más de sabiduría y un poquito más de constancia y esfuerzo.  Por mi parte yo compartiré con otros lo que pueda tener de oro y esas cosas parecidas a las que ustedes entregaron a Jesús.  Me da que este año he acertado con la carta y que aquella  bicicleta de mis sueños llegará  a otros niños gracias a la fe, la sabiduría y el esfuerzo de muchos. Hasta el año que viene.  

miércoles, 3 de enero de 2018

LA PLAZA DE LA IGLESIA

EN “LA PLAZA DE LA IGLESIA”, HABLAMOS
CON PEPA AURORA
DE LIBROS Y POESÍA
Y CON PABLO MARTÍN  
DEL AUTO DE LOS REYES MAGOS EN AGÜIMES

Escuche aquí todo el programa del 3 de enero de
2018 pinchando en el siguiente enlace:




Vea las fotos pinchando en el siguiente enlace: 







viernes, 6 de enero de 2017

MUCHA ILUSIÓN, PERO... ¿AHORA QUÉ?

Escribe Paco Mira

MUCHA ILUSIÓN,
PERO...¿AHORA QUÉ?

            Creo que ya se lo dije, pero lo vuelvo a repetir, FELIZ AÑO. Quizás sea una frase como muy utilizada, usada, no sé si gastada, pero es un deseo personal. Es más: me lo propongo todos los años y no siempre lo consigo, pero bueno.

        ¡Fíjense!. Hace menos de un mes, (algunos más, por supuesto) todos con una ilusión tremenda preparábamos los adornos navideños. En una carta anterior les comentaba que a muchos, incluyéndome, nos hace una ilusión tremenda estas fiestas. Hace menos de un mes desempolvábamos los adornos, las figuras del belén, completábamos aquello que nos faltaba, algunos montaban árbol y belén. Incluso los abuelos llaman a los nietos para que les ayuden a decorar la casa. Soñamos, primero con Papá Nöel, luego con los reyes.... ¡cuanta ilusión!. Pero una ilusión sana.

        Sin embargo, ahora que se acaba toda la parafernalia de la época en cuestión, me da la impresión que guardamos las cosas no con la ilusión para el año que viene, sino con el cabreo de quien nos ha manchado la casa, con el cabreo de unas fiestas que nos hicieron coger no sé cuántos kilos, con el desastre de haber gastado un montón de dinero.... pero cabreados.

        Me pregunto ¿qué hace que en veinte días, mal contados, nos cambie el sentido del humor siendo prácticamente el mes el mismo?. ¡Qué rápido ganamos y qué rápido perdemos las ilusiones!. Así nos va. Los niños, los grandes protagonistas humanos y mundanos de la fiesta que celebramos, son los que nos dan lecciones de cómo no hay que perder la ilusión, de cómo hay que caminar por la vida, sin la tristeza impregnada en la cara, de cómo hay que salir corriendo porque la caravana de sus majestades pasa y lo más probable es que no me de tiempo a contemplarla.

        Dios se ha manifestado a los pueblos. Sigo preguntando lo mismo, ¿lo hemos visto, contemplado, saboreado...? o por el contrario, como hemos hecho con el belén de casa, ¿estábamos deseando que se acabaran los tiempos de navidad, para recoger de prisa y corriendo para poder limpiar y dejar las cosas como estaban?. Si es así, así nos va. Nuestra fe, lo más probable es que vaya a trompicones y se mueva en función de los tiempos que nos invitan a vivir ciertos acontecimientos, pero pasajeros.

        Jesús se bautiza. Una voz dice que ese es su Hijo, el amado, el predilecto. Nosotros que ya estamos bautizados, ¿qué voces oímos y escuchamos? y mejor, ¿nosotros decimos que Jesús es el amado, nuestro predilecto, el faro que nos guía en la vida?. ¿Somos capaces de descubrir al que contemplamos en un pesebre hace muy poquito y al que le catábamos villancicos?.

        Uff, me da la impresión que cambiamos rápidamente de tesitura. El bautismo, nuestro bautismo nos tiene que dar una identidad lo suficientemente fuerte como para dar razón de nuestra esperanza allí donde quiera que vayamos. Tenemos que hacer como Pedro, que cuando pregunta si conocen lo que pasó en Galilea que un tal Jesús pasó haciendo el bien.

        Esa tiene que ser nuestra razón de ser. Hacer el bien. Hacer el Belén con ilusión y mantenerla trescientos sesenta y cinco días y que cuando llegue diciembre recargar las pilas, pero no perder la ilusión de lo que decimos que queremos y no hacemos. Dios siempre da otra oportunidad y en este caso no da un montón de ellas.

        Recojamos lo iniciado, pero pensemos en el momento de guardar cada una de las figuras de lo que pueden significar en nuestras vidas y con quien las identificamos.
       
       Hasta la próxima.

        Paco Mira

lunes, 6 de enero de 2014

LOS REYES MAGOS NOS ENVIARON ESTA CARTA

CARTA DE LOS REYES MAGOS
Queridos amigos. Soy uno de aquellos magos que, siguiendo la estrella, llegaron un día al portal de Belén. Me gusta mucho, como a mis compañeros Baltasar y Gaspar, mirar las estrellas del cielo. De hecho yo me encontré con Jesús gracias a aquella Estrella. Me dejé guiar por ella y encontré lo que más quiero: A Jesús.
En estos días he visto a muchos niños, a miles de niños soñando alegrías. A muchos hemos podido llegar y dejarle un poquito de nuestra alegría, un poco de cariño y mucha fe.  Me da mucha lástima que muchos niños se queden sin juguetes. Pero siento más lástima de que haya niños que tienen con qué jugar pero les falta quien les trate bien, les escuche y les comprenda. Y siento lástima de los niños y los mayores que en estos días andan rodeados de comida y de regalos pero están faltos de valores. Creen que tener muchas cosas les va a ser felices. Y por eso no han probado a ser felices queriendo a la gente. No saben que la verdadera alegría está cuando uno tiene en paz su corazón, cuando regala afecto y perdón y comprensión.  Yo les invito a descubrir la estrella, como nos pasó a nosotros, y a dejarse llevar por ella. La estrella que nos guió fue la Fe. Y les puedo asegurar que, cuando visitamos las casas para dejarles los regalos, los niños más felices son los que creen en Jesús. Queremos pedirles a los padres que sigan queriendo y regalando muchas cosas a los niños, pero que no dejen de regalarles mucha fe en Dios.
Ustedes querrán saber si anoche dejamos muchos regalos. Es imposible contarles tantas cosas que hemos vivido con emoción en esta noche, pero les cuento algo. Hemos dejado carbón a algunos padres descuidados con la educación de los hijos. Y bastante carbón a los adultos que han sido violentos, que han utilizado malos gestos y malas palabras. Carbón también para los egoístas y los cómodos y para los que les gusta la crítica y saber la vida de los demás.  
A los niños no les hemos dejado carbón, aunque a algunos hemos tenido que llamarles un poquito la atención por su comportamiento o sus contestaciones. Pero  les hemos dejado ganas de estudiar y de ser mejores y de querer a Jesús. También otros regalitos que a ellos les hacía ilusión. Nosotros todos los años le llevamos oro a Jesús. Pero no el oro que algunos regalan en cadenas y pulseras. Nuestro oro es adorar a Jesús y a través de Jesús, mostrar nuestro afecto y nuestro respeto a todos los niños del mundo. Por eso invitamos a que también los niños y los grandes sean generosos y compartan un poquito con los que menos tienen. Compartir no solamente cosas. Compartir los valores que tienen, las cosas buenas que Dios y la familia les han transmitido.

También tengo que decir a la niña que ayer en la iglesia pidió salud, que ya nosotros le dijimos a Jesús que le ayudara a ella y a tantas personas que lo están pasando mal. Y queremos dar las gracias a esa parroquia porque este año han sido muy generosos y nos han hecho más fácil nuestro trabajo. Porque muchas personas han compartido comida y juguetes con las familias que menos tienen. Eso es lo que nosotros queremos hacer. Y sabemos que, cuanto más cerca está uno de Jesús, más cerca también estará de los demás. Por eso les invitamos a todos: Sigan, sigan la estrella que les llevará a Jesús. Y serán muy felices. 

viernes, 3 de enero de 2014

Paco Mira escribe: QUERIDOS REYES MAGOS

Paco Mira escribe

QUERIDOS REYES MAGOS

            
¿Saben?. No se si la ilusión tiene que estar unida indefectiblemente a la infancia, o hay que ser infantiles para ser ilusos. Creo que no. Creo que todos debemos ser un poco inocentes, infantiles y nunca perder la ilusión. Por eso cuando llega esta fiesta se me ponen los pelos de punta, porque la inocencia, la ilusión y ser infantiles tienen como conclusión la felicidad. Es el día de los felices, de los que sueñan, de los que esperan con desesperación… es el día de Reyes.
        Por eso yo también quiero escribir una carta a sus majestades, también con la idea de ser feliz. Lo más probable es que no me hubiese portado lo mejor del todo y eso que he tenido 365 días para ello; no tengo claro que no me caigan carbones, pero no de los dulces, sino del que da calor y mancha las manos. Pero ilusión y ganas no me faltan por eso yo también quiero pedir.
        Quiero pedirles una Iglesia más limpia, fresca, con olor a suavizante. Quiero en esa Iglesia que nuestro Papa Bergoglio, o el Papa Francisco, sople, abra ventanas y lave todo aquello que nos impide abrir las puertas a sus majestades. Pero también quiero una Iglesia más cercana, donde mi Obispo, mi párroco… sea verdadero corresponsal del Papa que sopla, airea y limpia.
        Quiero pedir un mundo sin odio. Levantarnos un día y que la gran noticia es que las balas han dejado de silbar; la gran noticia es que los niños, ancianos, mujeres, hombres no tienen que correr porque hay alguien que en su corazón no existe cabida para el amor, para el perdón… y aniquila todo aquello que encuentra a su paso.
        Quiero pedir que nuestros gobernantes, nuestros políticos… aquellos en los que hemos depositado nuestra esperanza, no nos mientan. Estoy por asegurar que nuestras majestades pasarán por las casas de ellos, independientemente de cómo esté el país, que también es el de ellos. Muchos de nuestros hermanos tienen que hacer cola en el paro, en los comedores de caritas, en las puertas de nuestras iglesias… y seguro que en muchas de esas casas no podrán pasar sus majestades… entre otras cosas porque a lo mejor ha habido una orden de desahucio, y ahora la dirección ya no es la misma. Me gustaría que esos mismos políticos no nos engañaran diciendo que el próximo año va a ser mejor, cuando ellos mismos no lo saben.
        Quiero pedir menos nerviosismo en todos. Estamos como demasiado estresados, demasiado apurados y quizás no nos dé tiempo a mirarle a la cara al que pasa a nuestro lado. Quizás si le mirásemos al otro, entenderíamos mejor nuestra propia situación.
        Me gustaría seguir pidiendo, pero no quiero ser egoísta. Quiero que los demás también pidan, pero que pidamos todos con los ojos de los niños, con la ilusión de los más pequeños, con la inocencia de quien no tiene doble intención. Alguien me dijo que si somos como ellos, igual entramos en el Reino de los cielos. Bueno, pues me apunto a ello.
        Solo entendiendo que podemos ser luz en medio de sombras, sabremos comprender que estamos ante la fiesta de la Epifanía. Ante la fiesta de la manifestación de Dios, a través de su Hijo, a los pueblos. Los magos quizás no fueran tres, ni se llamaran como nosotros lo hacemos, pero si es verdad, que como cantaba un cantautor español, “quizás habrá un día en que todos los hombres alcemos la vista y veamos un mundo mejor”. Entre otras cosas porque hemos sido capaces de comprender la manifestación de lo celebrado en la Navidad.
        Amigos, disfrutemos del día, con el día, de los nuestros y con los nuestros y preguntémonos si realmente Jesús se ha manifestado en nosotros.
       
        Hasta la próxima

        Paco Mira

miércoles, 26 de diciembre de 2012

¡ LOS TRES REYES SON VERDAD!

     Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:

     - ¿Papa?
     - Sí, hija, cuéntame
     - Oye, quiero... que me digas la verdad
     - Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
     - Es que... -titubeó Blanca
     - Dime, hija, dime.
     - Papá, ¿existen los Reyes Magos?


     El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.

      - Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
     - ¿Y tú qué crees, hija?
     - Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
     - Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero...
     - ¿Entonces es verdad? - cortó la niña con los ojos humedecidos ¡Me habéis engañado!
     - No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Blanca.
     - Entonces no lo entiendo, papá.
     - Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.


     Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

     - Cuando el Niño Jesús nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
     - ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
     - ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
     - Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
     Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
     - Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
     - ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
     - No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.


     - ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.



     - Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.

     - Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.


     - Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?

     - Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
      - Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:


     - Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen.


     - También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos.      Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
     - Ahora sí que lo entiendo todo papá… Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.
      Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía: No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero. Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos. Feliz Navidad desde todas las partes del mundo, y ya sabes que si reenvías este correo a todos tus amigos con hijos o sobrinos se cumplirán todos tus deseos.

domingo, 2 de enero de 2011

LO DE LOS REYES MAGOS ES VERDAD



LO DE LOS REYES MAGOS ES VERDAD
 
Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:


- ¿Papa?
- Sí, hija, cuéntame
- Oye, quiero... que me digas la verdad
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
- Es que... -titubeó Blanca
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?

El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.

- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?

La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:

- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero...
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Blanca .
- Entonces no lo entiendo. papá.
 
- Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
 
Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

- Cuando el Niño Jesús nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.

Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.

Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:

- Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero... no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender ésto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá.. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.
 
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
 
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.
 
¡Felices Reyes desde las Islas Canarias, y ya sabes que si cuentas esto a todos tus amigos con hijos, sobrinos, nietos,... les habrás dado una hermosa explicación de lo que, con ilusión, celebramos cada 6 de enero!
 
Por cierto, echa de tu casa a ese barbudo y gordo impostor de rojo, ¡¡es un invento de la Cocacola!!