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sábado, 9 de diciembre de 2017

Escribe Paco Mira


ESPERANZA TAMBIÉN
SE ESCRIBE COMO JOC

            ¡Es lo que tiene la esperanza: la posibilidad de segundas oportunidades!. Probablemente si viviéramos en situación de provisionalidad dentro de la esperanza, seguro que las oportunidades de aparecer de nuevo, de tener nuevos retos, de tener nuevas probabilidades... nos harían vivir mejor las situaciones por las que la vida en determinados momentos nos oferta.

         Eso es el Adviento: la posibilidad de poder volver a empezar, de allanar lo escabroso, de enderezar lo torcido... de preparar el camino al Señor. ¡ Cuántas veces pensamos y decimos: "si volviera a nacer..." y es curioso como Dios, como cualquier Padre, siente la necesidad de volver a invitar a sus hijos a comenzar de nuevo, a no decirles que el tiempo se ha acabado, sino que el tiempo que vivimos es el que nos toca y hay que aprovecharlo.

         Esta semana la Palabra de Dios nos invita a hacer nuestra una nueva actitud que se suma a la de la vigilancia del domingo anterior, preparar los caminos para el Señor que viene. Ésta, que es una actitud más activa, la podríamos desarrollar en dos ámbitos distintos pero complementarios: primero, a nivel comunitario, al construir entre todas y todos las condiciones de posibilidad para que este mundo se parezca más al mundo soñado por Dios en la primera hora de la humanidad. Segundo, a nivel personal, cuando reconocemos con humildad que hay aspectos de nuestra vida que nos gustaría cambiar pues son obstáculos que impiden que Dios nos habite plenamente y que sea su modo de proceder, sus criterios y sus valores los que den sentido y forma a lo que somos y hacemos. Quisiera invitaros a centrar la reflexión sobre este segundo nivel que, a la postre, se convertirá en punto de partida para el primero. A modo de ejemplo, si en nuestros corazones no hemos hecho espacio para el valor de la justicia, ¿cómo podremos ser constructores de un mundo justo?.

         Probablemente es lo que la JOC estuvo haciendo este fin de semana larguísimo en Gran Canaria. Las Juventudes Obreras Cristianas son las oportunidades que la vida nos ofrece de que el Adviento todavía, en el siglo XXI, sigue siendo posible; La JOC es la realidad concreta de que la esperanza en la Iglesia no está agotada y que todavía sigue siendo posible; La JOC es la realidad más concreta que todavía hay jóvenes que sienten y creen que la utopía del Reino sigue siendo posible.

         La JOC es la realidad patente que ya anunciaba Isaías ochocientos años antes de un tal Jesús de Nazaret: que hay que allanar los senderos y enderezar lo escabroso. Las Juventudes obreras, en su realidad cotidiana, son la prueba real y fehaciente de que el reino de Dios es posible en un mundo donde la realidad espiritual no es lo más abundante.      

         En este Adviento podríamos iniciar un camino de salida de nuestro propio amor, querer e interés  e implicarnos afectiva y efectivamente en la vida de los otros. Cuando damos cabida al nosotros, a los rostros y las historias de las personas con las que estamos llamados a construir el reinado de Dios, aquí y ahora, es posible que el cielo nuevo y la tierra nueva que nos dice la carta de Pedro sean, más allá de un anuncio de los bienes futuros, una realidad que alienta nuestra espera.

          Muchos de nosotros podemos tener la tentación de vivir como surfistas, de pensar que en el disfrutar las sensaciones fuertes que nos genera el estar en la cresta de la ola es suficiente para tener un horizonte de felicidad. Esta tentación puede llevarnos a vivir preocupados solamente por el gozo y el placer efímero, por los logros a corto plazo, por vivir el día a día sin preocuparnos e interesarnos por un mañana mejor para todos. Hay vida más allá de la Liga de Fútbol y de los Reality show con las que nos estamos anestesiando.

         En este Adviento podríamos atrevernos a bucear e implicarnos en las transformaciones hondas, tanto a nivel personal como comunitario, que nos demanda el proyecto de Jesús. La complejidad de la actual situación mundial: guerras, hambre, fundamentalismos violentos, corrupción, paro, etc., no se puede solucionar con medidas superficiales, requiere de personas que sean capaces de escrutar las causas estructurales y que se atrevan a proponer alternativas, aunque éstas no gocen del favor popular. ¡Qué bueno sería cambiar la tabla del surf por el oxígeno del evangelio que nos permite entrar en contacto con la profundidad de la vida!. Estoy seguro que la JOC lo está intentando. Felicidades por ello.

         Hasta la próxima.          

         Paco Mira

viernes, 1 de diciembre de 2017

Escribe Paco Mira:


EL ESPERANZÓMETRO

            Les confieso que fui al diccionario y no encontré la palabra que inicia esta reflexión. Pero claro, si uno lee ciertas informaciones tendría que estar en el diccionario: ¡cuantas veces hemos oído que la esperanza de vida es de....!. Y yo me he preguntado si la esperanza se puede medir y si es así, cómo se llamaría el aparato que la mide. Le he puesto ese nombre, pero si hay alguno que encuentre otro mejor, pues fenomenal.

         Se preguntarán por qué hablo de esta palabreja y es que vamos a entrar en tiempo de esperanza. Uff, ¿pero eso no es todo el año?, probablemente, pero es que los cristianos hemos acabado el año y ahora vamos a empezar uno nuevo sin campanadas y sin uvas, pero con los deseos de las pilas cargadas de esperanza de poder ser un tiempo nuevo y por supuesto un tiempo mejor.

         Entramos en el adviento, tiempo por esperanza del año litúrgico, pero claro, ¿los tiempos que corremos tienen visión de esperanza?: paro, guerra, gente que duerme en la calle, las pensiones en la cuerda floja porque la hucha se ha vaciado, la economía va creciendo muy lentamente pero en nuestros bolsillos no se nota mucho.... ¿hablamos de esperanza?.

         Muchos, ante las dificultades, pueden pensar que Dios es un Dios lejano, ausente, pero Él ha estado presente animando y fortaleciendo la esperanza de las víctimas, sufriendo con ellas y alentando los esfuerzos de quienes, yendo  a contracorriente de los mercaderes de la muerte y la exclusión, han dedicado sus vidas a la construcción de la sociedad de hermanos y hermanas soñadas por Dios. ¡El Dios de la vida y de la misericordia ha estado, está y estará siempre en medio de nosotros!. Es un Dios-con-nosotros.

         A muchos, a mí el primero, me encanta el adviento. Y me encanta porque me hace soñar en que el tiempo que viene es un tiempo mejor que el que tenemos y eso me/nos hace o nos debería hacer ver la vida de otra manera, de otra forma y de otra manera. Es un tiempo, como ya vaticinaba el gran Isaías, de allanar senderos y de enderezar lo escabroso y que nos permite eliminar obstáculos que impiden que Dios esté presente en nosotros.

         Pero el adviento es un poco como el faro, el vigía que avisa y que como la parábola que leíamos no hace mucho, nos hace estar en vela, no vaya a ser que nos pille en "fuera de juego" ahora que está tan de moda en el mundo del deporte. Tenemos y hemos de estar en vela, para ofrecer los mejores materiales para la construcción del un belén creíble. Un belén del que muchos se quejan que no es el adecuado tal y como lo ha vivido un tal  Jesús de Nazaret. Seguro que si construimos ese belén, estemos haciendo la verdadera Navidad.

         Probablemente para hacer bien esa Navidad y en este adviento quizás sea bueno revisar nuestra vida, ahora que acabó el año y comenzamos uno nuevo. Qué hicimos que no tengamos que volver hacer; tenemos - quizás - que remover todo aquello que impide la verdadera presencia de Dios, no solamente en nuestras vidas, sino en la de aquellos que nos rodean y sobre todo renovar la vida con ilusión abriendo espacios para volver a Jesús y a la alegría de su evangelio.

         Dificultades vamos a encontrar un montón. Desesperanzas también, pero nuestro esperanzómetro mide la capacidad que tenemos nosotros de insuflar lo que otros, por las circunstancias de la vida, no tienen. Los cristianos tenemos que ser cristianos de esperanza ya que esta es lo último que perdemos. Los cristianos tenemos que tomarnos las uvas del deseo de un nuevo año mejor que el que hemos acabado, pero sobre todo tenemos que marcarnos objetivos reales como la propia vida de Jesús de Nazaret.

         Feliz año en el adviento.

         Hasta la próxima.        

         Paco Mira

sábado, 26 de noviembre de 2016

Morado...

MORADO, ¿COLOR PARA LA ESPERANZA
Y PARA LA CAMPAÑA NAVIDEÑA?

         ¿Saben?. No sé si felicitarles el año o no. Lo digo porque algunos me dirán que no estamos en la época de ello, que todavía queda un mes y máximo cuando muchos nos quejamos que las grandes superficies, en beneficio económico, lo único que hacen, es adelantar fechas. No me gusta, pero por desgracia habrá que acostumbrarse a convivir con ello. Pero litúrgicamente, les voy a decir feliz año.

         Pero la Iglesia es diferente. No porque “no quiera ser de este mundo”, sino porque siendo del mundo y estando encarnada en el mundo, utiliza una pedagogía y una metodología que ya quisieran muchos pedagogos que se precian de utilizar los métodos que ella utiliza.

         Uno de esos métodos, quizás por novedoso, son los colores. Colores que identifican momentos. Colores que resaltan tiempos especiales. Colores que marcan un camino de fe y que a veces no le prestamos la atención que se merece. Pero a veces me resultan contradictorios ciertos colores, y es que el morado sea el color característico de un tiempo de espera, un tiempo que puede ser novedoso, un tiempo esperanzado, un tiempo de incertidumbre y nerviosismo final. Quizás habría que identificar ese tiempo con el verde, pero no seamos tan ordinarios y lo dejamos para cuando el devenir diario nos lo haga patente.

         En este tiempo que ahora comenzamos, el tiempo de adviento, me quiero unir a alguien que escribió que “las ventanas se pueden abrir, que cambiar de aire depende de ti. Te ayudará, vale la pena una vez más. Saber que se puede, querer que se pueda. Quitarse los miedos, sacarlos afuera. Pintar la cara color esperanza”.

         Creo que Diego Torres no sé si estaba pensando en el adviento, pero sí estaba, sin querer, pensando en todos nosotros. Creo que nadie nos tiene que marcar los tiempos en los que nuestra fe nos tiene que mover. Nosotros somos los que tenemos que marcar el tiempo que queremos que se nos note lo que estamos viviendo.

         Nunca mejor una explicación que pintarse la cara de color del adviento, de color esperanza. Quitarnos en nuestra Iglesia los miedos de anunciar que el camino que ahora recorremos es un camino que puede tener un color morado en alguno de los momentos, de angustia por alguna de las veredas que podamos transitar, pero que la esperanza de un mundo mejor es posible, porque la luz de la Navidad empieza a dejar el reflejo.

         Sigue diciendo Diego Torres, que es mejor perderse que nunca embarcar. La vida nos ofrece continuamente las posibilidades de dar lo mejor de cada uno. Jesús se arriesga a perderse y su desenlace en la cruz puede parecerlo, pero prefiere embarcarse en una aventura a través de María. Y nos invita a ello.

         Y nos invita, casi como las grandes superficies, a hacer nuestra propia campaña de Navidad. A veces pensamos que los equipos de marketing no funcionan en la Iglesia. ¡Que pena!. Nosotros, en Adviento, tenemos la posibilidad de hacer nuestra propia campaña. Una campaña en la que hay que anunciar, es la llegada de lo que da sentido a nuestra vida. Como nos dice la canción de Diego Torres, aunque ya ves que no es tan fácil empezar, sé que lo imposible se puede lograr. A nadie le resulta fácil y en este tiempo serán los profetas los encargados de avivar nuestra campaña navideña.

         Ojalá que la esperanza se nos pinte en la cara. Ojalá que el morado no sea el color que impere en nuestra vida, sino que se difumine para que el blanco reluzca más que nunca.

         Amigos, feliz año, feliz campaña navideña del adviento.

     Hasta la próxima.

         Paco Mira

sábado, 28 de noviembre de 2015

SI ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE, POR FAVOR... ¡CUIDÉMOSLA!

Escribe Paco Mira

SI ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE, POR FAVOR... ¡CUIDÉMOSLA!

            La vida nos sigue ofertando posibilidades. La vida se busca el camino para que el hombre no se quede sin la opción de poder llevar a cabo aquello que anhela dentro de las maneras adecuadas. En este maravilloso marco, la Iglesia, nuestra Iglesia, levanta el telón del adviento, levanta las ganas de insuflar lo último que dicen que se pierde que es la esperanza. ¡Que bonita palabra!. Esperanza, lo que no es pero se anhela, lo que quiero pero todavía no poseo, pero que sin embargo me hace vivir en una tensión constante.

         Quizás es lo que nos falte a los cristianos de a pié: la tensión constante para mantener siempre viva la llama. Vivimos momentos convulsos, de incertidumbre, casi de tiempos apocalípticos no reflejados en la Biblia con la claridad que están ocurriendo, pero a lo mejor anunciados en alguno de los evangelios como el caso de Lucas. Quizás estos tiempos convulsos nos estén llevando a los cristianos a agazaparnos y a no ser capaces de dar razón de nuestra esperanza. Quizás los tiempos que corremos son tiempos de profunda crisis de identidad y que más que nunca tendremos que apelar a la valentía que decimos que nos caracteriza.

         El Papa Francisco viajó estos días a la tierra de la esperanza. Viajo a la tierra de la pobreza. Viajó a encontrarse con el pobre y el desvalido, con quien no tiene nada y por eso todo lo espera, porque sus corazones están atentos a recibir aquello que le llena de vida. El pobre, el humilde, el sencillo es el que es capaz de no tener su corazón ocupado en aquello que no le conviene, por eso es capaz de dar razón de aquello que espera.

         Hemos acabado el año, litúrgico, claro. Quizás es la mejor manera de echar un vistazo, a lo mejor de reojo y ver lo que hemos podido hacer y lo hemos dejado pasar. No se trata de tomar las uvas, porque litúrgicamente no corresponde, pero sí de comprobar que hace exactamente un año pedíamos un montón de deseos, sobre todo mirando a una ciudad como la de Belén, donde se iba a producir un acontecimiento único y casi inexplicable.

         Por eso es el momento de tener la mente fría, corazón caliente, para no quedarnos mirando hacia atrás. Es el momento de no tener, como dice Lucas (Lc 21,25) en su evangelio de este fin de semana, la cabeza embotada, no vaya a ser que se nos eche encima aquel que dijo que estaba cerca. Hoy en día los acontecimientos no nos llevan a tener la mente despejada, pero nuestro mensaje tiene que ser de todo lo contrario.

         En la vida que nos ha tocado vivir no hay caminos maravillosos, sino caminantes inigualables. Gente que nos da la mano y a veces sin pedirla; gente que desde el anonimato quiere vivir la misma experiencia que nosotros y que nos pide que no seamos pesimistas, sino todo lo contrario, que les ayudemos a llevar la esperanza que les da ánimo en la vida.

         El adviento es un tiempo que no solo nos invita a la esperanza, sino a la búsqueda de la verdad. Es un tiempo maravilloso, es un tiempo en el que Dios quiere salir al encuentro de cada uno de nosotros para, precisamente, caminar con nosotros.  No le demos la espalda, no soltemos la mano del que nos invita a recorrer el mismo camino que nosotros.

         La esperanza es lo último que se pierde. Seamos capaces de cuidarla; seamos capaces de alimentarla; seamos capaces de decirle al mundo que lo que nosotros esperamos tiene sentido y creemos en ello. Vaya mi recuerdo para los que han celebrado esta semana la jornada de sensibilización de personas sin hogar. Con nosotros a su lado, su esperanza puede ser mayor.

         Felicidad en el adviento.
        
     Hasta la próxima.

         Paco Mira


viernes, 12 de diciembre de 2014

Escribe Paco Mira

GAUDETE, GAUDETE, GAUDETE, 
GAUDETE, GAUDETE

       A veces, se  lo confieso, me gustaría que los días tuvieran menos horas o que por lo menos las horas corriesen más despacio. Cuanto más avanza el tiempo me doy cuenta de las cosas que pude haber hecho, pero que por diferentes motivos no hice y… espero que no sea tarde. Ya vamos por el tercer domingo de adviento. Parece que fue ayer cuando celebrábamos la vigilia que nos daba el pistoletazo de salida y casi ya lo hemos acabado. Pero he aquí que la Iglesia, esa bendita Iglesia pecadora, nos invita, quiere que celebremos la alegría de la esperanza. Que celebremos el Gaudete del adviento. Eso es lo que significa Gaudete, alegría.

       Quizás es la hora de preguntarnos si la alegría la estamos practicando en momentos y en tiempos en que en vez de esperanza parece que existe la desesperanza. Un hombre/mujer que está lleno y vive la esperanza tiene que tener siempre una sonrisa en los labios, por muy mal que le vayan las cosas. Si es que los cristianos tenemos que diferenciarnos en algo de los que no lo son. No en una carrera, no en un título, no en una acreditación… sí en actitudes, en valores, en formas de pensar, ver y actuar en la vida. No podemos caer en la rutina de quien no tiene la más mínima esperanza de que las cosas pueden ser de otra manera.

       Isaías, (¡qué grande era!), nos invita, como invitó a María, a dejarnos inundar por el Espíritu de Dios. Y eso nos lleva a tener esas actitudes en la vida. “El Señor nos ha ungido, nos ha enviado a dar buenas noticias a los que sufren, a los corazones desgarrados, proclamar el año de gracia”. Si Dios se fija en nosotros para eso, es que no somos nosotros los destinatarios. Nosotros se la damos a los que nos ven, a los que nos oyen, a los que comparten con nosotros la alegría de la fe.

       Hoy quizás nuestros amigos, ante esa alegría nos pregunten con insistencia como a Juan el Bautista, ¿quién eres?. Nosotros, como él, seguimos siendo llamados a allanar los senderos: ¡Qué dificultades ponemos, a veces, en los caminos de Dios!. Es como si alguien nos quisiera comprar un regalo y siempre le estamos poniendo trabas y dificultades. Me gusta Juan, el Bautista, porque no miente: por eso le cortaron la cabeza. No miente y siempre dice no soy yo.

       A veces nos sentimos como él, y parece que proclamamos en el desierto. Ya lo decía mi madre, “parece que predico en el desierto porque no me haces caso”. Pues a nivel de fe lo mismo. Las circunstancias de la vida nos llevan a creer que nuestra voz no se escucha en ninguna parte. Esa sensación no la tenía Juan. Creía que su voz sí se escuchaba: había que darle tiempo al tiempo, porque el que tenía que llegar, la linterna que alumbraba, era la que venía en la forma y en el tiempo esperado.

       Quiero tener un recuerdo especial con el pueblo de Santa Lucía, con nuestro pueblo. Celebran su fiesta, celebramos nuestra fiesta. Lucía una mujer que se mantuvo fiel a pesar de las dificultades. Una mujer que supo mantener intacta su convicción religiosa a pesar de las dificultades y de los oprobios  a los que se vio sometida. Una mujer que al final hizo realidad el refrán de quien la sigue la consigue.

       Quizás es hora de cantar con el salmista que nos alegramos con nuestro Dios. Si es que en el fondo el adviento es GAUDETE, es alegría. Claro que sí. Es tiempo de confianza, es tiempo de dejarnos llevar por la magia de lo que nos espera en Belén. Es tiempo de poner en práctica aquello que decimos que predicamos. Es tiempo que como dice Juan, ir delante alumbrando la llama del Amor llamado Jesús de Nazaret.

       Amigos, cada vez estoy más nervioso pero más contento. Cada vez la esperanza me pone contra las cuerdas pero los retos son más grandes. La Navidad se acerca y merece la pena que se note. ¿Lo intentamos?

       Hasta la próxima.

       Paco Mira
  

martes, 20 de mayo de 2014

Manos Unidas aboga por la Europa del respeto, la esperanza y la solidaridad

La diócesis de Bilbao pide una UE "acogedora"
Manos Unidas aboga por la Europa del respeto, la esperanza y la solidaridad
         El próximo domingo, millones de europeos están llamados a elegir en las urnas a los 751 parlamentarios que, durante cinco años, trabajarán en la elaboración, modificación y aprobación de la legislación europea. Desde Manos Unidas instamos a votar a aquellos partidos que representen el proyecto de una Europa del respeto, la esperanza y la solidaridad con la que tantos ciudadanos sueñan.
Hacemos nuestras las palabras de san Juan Pablo II: "Desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades", a quien citan los Obispos españoles en su mensaje previo a los comicios:
"La Unión Europea se encuentra en un momento decisivo. La crisis económica, provocada por el colapso bancario de 2008, ha tensado las relaciones entre los estados miembros, ha cuestionado el principio fundamental de la solidaridad en toda la Unión, ha traído consigo el aumento de la pobreza para un gran número de ciudadanos, y ha frustrado las perspectivas de futuro de muchos de nuestros jóvenes. La situación es dramática, y para muchos, incluso trágica.
Nosotros, obispos católicos, pedimos que el proyecto europeo no se ponga en riesgo ni se abandone por las dificultades de la presente situación. Es esencial que todos nosotros -políticos, candidatos y todas las demás partes implicadas- contribuyamos constructivamente a modelar el futuro de Europa. Todos tenemos demasiado que perder si el proyecto europeo descarrila".
Además, recomendamos conocer la iniciativa "La Europa que queremos" puesta en marcha por CONCORD, la confederación europea de ONG para el desarrollo y la ayuda humanitaria, a la que pertenece Manos Unidas como miembro de CIDSE. Se trata de una iniciativa políticamente independiente, que llama, también, a poner a la gente en primer lugar y a luchar contra la desigualdad y por un mundo más justo.
Por su parte, la Diócesis de Bilbao ha instado a votar el próximo domingo en las elecciones europeas para construir "una Europa abierta y acogedora, comprometida con los derechos humanos y la justicia social, sostenible y en paz, más justa y solidaria con las personas y comunidades más vulnerables". Además, ha pedido políticos a los que "les duela, de verdad, la sociedad, el pueblo y la vida de los pobres".
En un comunicado, la Delegación Diocesana de Caridad y Justicia, y la Delegación Diocesana de Misiones y Cáritas Diocesana de Bilbao  ante las elecciones europeas han recordado que el 25 de mayo los ciudadanos están convocados a elegir a sus representantes en el Parlamento Europeo.
En este sentido, ha afirmado que asisten "con preocupación al escepticismo y el desinterés con el que muchos presencian" estos comicios, y ha destacado que "el modo en que desde Europa se está haciendo frente a la crisis, el impacto social de las medidas que se van tomando, el papel de las instituciones europeas, así como la tensión y la primacía de los intereses de cada país sobre los intereses generales, están deteriorando la confianza en el proyecto europeo y en sus instituciones, y cuestionando el hecho mismo de votar en estas elecciones".
La Diócesis de Bilbao ha asegurado que son "conscientes y comparten en gran medida estas preocupaciones", y ha apuntado que tienen "la convicción de que en estas elecciones nos jugamos mucho: el tipo de salida que se va a dar a la crisis, la apuesta por un modelo económico al servicio de las personas y, en definitiva, la construcción de una Europa que sirva a su ciudadanía".
Por ello, ha mostrado su deseo de lograr "una Europa abierta y acogedora, comprometida con los derechos humanos y la justicia social, sostenible y en paz, más justa y solidaria con las personas y comunidades más vulnerables".
En este contexto, se suma a la petición de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE) para "configurar Europa como una comunidad de solidaridad y responsabilidad, basada en un modelo de economía social de mercado, en el que no solo prime lo económico, sino también lo político y lo moral"
"Debe, por tanto, estar al servicio de la justicia y la paz, con la voluntad decidida de preservar los derechos fundamentales de todas las personas", ha aseverado.
Asimismo, ha señalado que, como comunidad cristiana, tienen "el deber de recordar y exigir a los candidatos al Parlamento europeo" que se debe "construir un mundo diferente, presidido por la solidaridad, la búsqueda del bien común y el cuidado del medio ambiente".

Por ello, piden a Dios, "con el papa Francisco, que nos regale políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres". "Como ciudadanos y cristianos no podemos permanecer indiferentes. Por ello, invitamos a votar y a participar en la construcción del presente y del futuro de Europa. Está en juego la vida y la dignidad de millones de personas", ha advertido.

martes, 16 de febrero de 2010

PREGÓN DE CUARESMA

He vuelto de Fuerteventura. Largas conversaciones con Higinio el cura de Antigua. Familiar almuerzo con Dulce, Inma y Ruth, Convivencia amplia y amistosa con Tinín, Habiba, Malak, Lourdes y Francisco. Encuentro cordial con Aurelio, Asun, Pino, Juan y Manolo Lasso y Juanín Évora.  Espera de encuentro con Vito y Miguel, con Lidia y  Soraya. Lluvia, visita rápida por Valles de Ortega, Agua de Bueyes y la pena de no poder llegar a Betancuria y ver a Celeste, Petra y demás amigos. Tampoco se pudo más en tan corto tiempo. Ahora, al regreso, me queda la Cuaresma. La quiero vivir con ilusión. Quiero que en estas comunidades donde estoy la vivamos con ilusión como en el dibujo de la derecha, con todo el corazón. Aprovecho un texto de Ulibarri que me envía Mariano y lo hago mío. Pongo en rojo algunas palabras en las que quiero detenerme...¡Feliz cuaresma, amigos!

Ustedes los que han sido bautizados,
los que han escuchado la voz del Espíritu,
los que han acogido la revelación del Dios vivo,
los que han descubierto que son sus hijos,
¡entren en el desierto sin miedo
y caminen con paso ligero!


Cuaresma es ese tiempo que viene y va,
tiempo para vivirlo en camino,
sin instalarse, sin retenerlo, sin lamento,
con la esperanza siempre a flor de piel
y la mirada fija en otro tiempo,
la Pascua, que es definitivo.

Entren en Cuaresma convencidos,
listos para el combate, ligeros de equipaje, la mente despejada,
entrañas llenas de ternura y misericordia,
calzado apropiado,
y mucha paciencia con ustedes mismos.

Déjense mecer por la brisa del Espíritu;
pongan su corazón en sintonía
con los latidos de Dios
y el grito de los afligidos,
beban en los manantiales de la vida
y no se dejen engañar por los espejismos del desierto.

Bajen del monte a los caminos de la vida,
bajen sin miedo y llenos de misterio.
No profanen los templos vivos,
busquen de noche como Nicodemo
y, como aquellos griegos,
pregunten a discípulos y amigos
por Jesús y su Reino
y cómo sembrarse en el campo del mundo
para germinar a su estilo.
Vivan la Cuaresma bien despiertos, caminando en comunidad,
con fe, esperanza y amor,
fijos los ojos en Jesús.
¡Dense esa oportunidad!