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sábado, 29 de septiembre de 2018


Escribe Paco Mira:
LA SOCIEDAD DEL ESCÁNDALO

            Los que me conocen saben que me gusta leer el periódico. Probablemente leo más las grandes letras que la menudencia que rellena hojas y que el final hace que la prensa, al menos la escrita, sea cada vez más barata. Ahora con las nuevas tecnologías probablemente el papel va a tender a quedar para el recuerdo o la galería del coleccionista y con el paso de los años volverá a su color amarillo que la edad le va asignando.
         No hace mucho un sociólogo norteamericano - quizás no podría ser otro - escribía que estamos en la sociedad del escándalo. Escándalo en todos los órdenes de la vida: social (a la gente le da igual lo que los demás puedan decir de uno en función de lo que haga o diga); escándalo económico ( no tenemos escrúpulos en quedarnos con el dinero de otros y si es para enriquecimiento personal pues mejor que mejor); escándalo religioso (los casos de pederastia que últimamente han hecho tambalear los cimientos de nuestra iglesia, así lo atestiguan); escándalo cibernético (nos da igual el contenido de las páginas de internet e incluso nos da igual quien pueda acceder a dichas páginas), escándalo amoroso ( ya el valor de lo sincero en nuestras relaciones va a quedar relegado a un segundo plano y probablemente prime más el valor del yo por encima del nosotros); escándalo literario (¡ pues anda que no salen plagios últimamente) etc.... y así seguía enumerando los escándalos que en nuestro mundo iban surgiendo. Pero lo más que me llamó la atención es que él llegaba a la conclusión y ahí el peligro: que nos estamos acostumbrando al escándalo. Ya éste forma parte de nuestras vidas y es uno más de nuestra familia. Cuando no hay escándalo, nos falta algo y, además,  ya lo cantaba Raphael: " escándalo, es un escándalo"
         Este fin de semana, Jesús (Marcos 9) nos habla también del escándalo. Pero con un matiz: rueda de molino al cuello y arrojo al mar. La piedra probablemente es por si uno sabe nadar y sale a flote. Quizás, Newmann, es decir el sociólogo que mencioné antes, se le olvidó lo de la piedra.
         Creo que soñar un mundo mejor y atreverse a gestarlo con la colaboración de todos no tiene dueño. Todas las personas e instituciones de buena voluntad caben en el equipo de trabajadores por la vida. Todo esfuerzo es bien acogido... quien no está contra nosotros está a favor nuestro, le va a decir Jesús a sus amigos. La diversidad es una riqueza. Nuestra mirada sobre la vida y la historia están por esta labor, no somos nadie para censurar y apartar. Al contrario, en el diálogo constructivo y la colaboración con otros, encontramos nueva fuerza que hacen que el impacto en favor de los últimos crezca.
         Con humildad tenemos que reconocer y pedir perdón por los tropiezos que hemos puesto a muchas personas para acercarse a Jesús. La vida de muchos de los que nos consideramos cristianos de fe con acuse de recibo puede considerarse escandalosa y por ello tenemos que pedir perdón y reconocer con humildad que no lo hemos hecho bien. Los bienes y los lujos que restan credibilidad a nuestro anuncio de una vida austera; el afán de poder de no pocos de nosotros. La división entre sectores entre nosotros como hermanos que llega a poner en tela de juicio la autoridad de nuestro hermano mayor en la tierra el Papa Francisco; en definitiva todo aquello que ensombrece el anuncio limpio y sincero de un mensaje que merece la pena, por el que damos gracias y llamamos evangelio.
         No tomemos al pie de la letra las palabras de Jesús: que nos cortemos una mano si pecamos, que nos pongan ruedas de molino.... pero sí que nos tenemos que plantear hasta qué punto nuestra palabra es acorde a nuestros gestos, sobre todo a la hora de dar testimonio de nuestra fe. Probablemente muchos seguirán a Jesús o no en función de nuestra vida.
         Les recuerdo que entramos en Octubre. 
         Hasta la próxima
         Paco Mira

viernes, 31 de agosto de 2018



Escribe Paco Mira
UFF, ESTO ME PONE NERVIOSO

            Ufff. ¡chiquito verano nos estamos llevando!. Así comenzaba y compartía mi reflexión la semana pasada. Y eso venía a cuento por el perdón de la Iglesia en palabras del Papa. Sin embargo, estoy viendo en el ambiente, no clerical, sino social, ciertas actitudes que me hacen poner nervioso. Porque me da la impresión que estamos pasado del negro al blanco o viceversa, sin pasar por el gris como término medio.
         Esta semana veía que en Alemania, estaban surgiendo ciertos movimientos anti-inmigratorios y pensaba que eso se había acabado con la liberación de Alemania, al acabar la segunda guerra mundial. Pensaba que mantener en pie los campos de concentración era el fiel reflejo de lo que no hay que volver a hacer y por eso ha de servir de ejemplo para las generaciones futuras. Pero claro viendo las trifulcas que había con la policía pensaba que eso no se había acabado.
         Pero viendo lo que a veces se ve en relación al Valle de los Caídos, ese querer resurgir de las cenizas al ave fénix, ese recordar - brazo en alto- hazañas pasadas, me hace transportar a un tiempo pretérito que creía que ya estaba superado, pero veo que no.
         Viendo, también, como de una forma expres  se devuelve a los inmigrantes que saltan la valla, cuando hasta ahora no se había hecho de una forma común; viendo cómo nos da igual cual será el destino de los que han sido y son víctimas de las mafias a los que se les paga sin arriesgar sin que nadie haga nada, pues me pone nervioso.
         No hace mucho, Monseñor Agrelo, decía que los inmigrantes son votos que garantizan ciertas actuaciones políticas y que no siempre estas son las mejores ni las más acertadas, me hace pensar lo que no quería: que jugamos con los seres humanos como el que juega al monopoly y que además especulamos sobre ellos como moneda de cambio que nos da cierta seguridad a la hora de afirmar tú dijiste pero no has hecho.
         Probablemente los seres humanos que saltan las vallas o que van a países huyendo del suyo, no lo hacen como los que hicimos las maletas hace treinta días para aprovechar unas vacaciones, quizás merecidas, sino que con lo puesto, con lo que son y tienen, sin más que el miedo y la incertidumbre de lo que les puede ocurrir, esos seres humanos huyen de la muerte que tarde o temprano y no de manera natural, les va a tocar.
         No defiendo ciertas actitudes de ellos, actitudes violentas que son del todo deprobables, pero cuando en televisión, en ciertos programas vomitivos, pero que todos vemos, oímos que alguno/a dice yo por mi..... mato y teniendo todos los adelantos y sueldos habidos y por haber, ¡que no harán estos pobres hombres/mujeres que no tienen las posibilidades que tienen los televisivos o no televisivos!.. Eso me pone nervioso.
         El evangelio de Marcos (Mc 7) de este fin de semana, nos habla de lo que nos sale del corazón. Probablemente muchos podremos hacer un montón de cosas pero lo que nos sale con ganas, lo que nos sale desde la sinceridad coronaria, es lo que, a veces, no podemos arreglar. No porque siempre se hizo así; no porque la ley diga ciertas cosas, no se puede ir contra los derechos de los seres humanos y entre ellos el de la vida y garantizarla. Ojo: no solamente para los inmigrantes, sino para los que vivimos y estamos dentro.
         No ganemos votos a costa del ser humano. Ganemos votos en favor del ser humano, de la vida, de la integración, de la socilacización, nunca desde la imposición... y así estaremos dando sentido al evangelio.
         No nos olvidemos de visitar, el fin de semana que viene , a mamá María bajo la advocación del Pino.
         Feliz verano
         Hasta la próxima
         Paco Mira

viernes, 24 de agosto de 2018


Escribe Paco Mira:



PERDÓN. SÍ,PERDÓN

            Ufff. ¡chiquito verano nos estamos llevando!. Estarán de acuerdo conmigo que nuestro vocabulario, nuestro diccionario es rico en pluralidad de palabras. Incluso una misma palabra puede significar varias cosas al mismo tiempo, de ahí la riqueza del vocabulario. Pero claro está, cuando usamos en exceso una palabra - o cualquier otra cosa - corremos el riesgo que esa palabra pierda el significado para el que ha surgido la palabra, o su uso no tenga la fuerza necesaria para poder utilizarla en su contexto y en su justa medida.
         Si van al diccionario, y buscan la palabra perdón van a encontrar cinco o seis acepciones que utilizan el mismo vocablo, pero con significación, en algunos casos, diferente. Pero para la palabra perdón déjenme que recurra a lo que una vez un amigo me dijo: " Paco, es la sensación de expresar lo que tú primero has experimentado". Claro. Rápidamente lo entendí: perdonar significa haber sentido la experiencia de que alguien te ha perdonado primero. No puedes dar aquello que no tienes. Y.... claro está: cuando una palabra la utilizamos en exceso sin pensar lo que realmente significa, puede perder todo su valor: amor, sinceridad, honestidad, comprensión, perdón...
         Estos días, la Iglesia por medio de su máxima autoridad el Papa Francisco, ante los avatares que la sociedad clerical estaba manifestando, ha corrido y desde la sinceridad, desde lo más profundo de su corazón que es el corazón de la Iglesia, dijo PERDÓN. El efecto "Francisco" no se hizo esperar y sus gestos y palabras llenaron rápidamente las páginas y los titulares de los medios de comunicación social.
         El Papa pedía perdón por los abusos de pederastia. La Iglesia no es una fábrica de pederastas. Por desgracia en el mundo hay muchos pederastas y no solamente en la Iglesia. Pero es verdad que la Iglesia requiere de una renovación y no solamente hay que cargar en las espaldas del Papa toda la responsabilidad. En la carta que escribía el 20 de agosto, nos invitaba como pueblo de Dios, a asumir nuestra responsabilidad. Estamos desafiados a asumir el dolor de nuestros hermanos. Si en el pasado la omisión pudo convertirse en una forma de respuesta, hoy se quiere que la solidaridad entendida en su sentido más hondo, profundo y desafiante, se convierta en una forma de hacer la historia presente y futura, nos decía el Papa.
         Cuando se pide perdón es sencillamente para aceptar que todos nos equivocamos y que desde el corazón podemos sentirnos humildes en la acogida de los demás y eso nos reconforta. A todos nos debe doler lo sucedido. Todos debemos ser implacables con quien no entiende que el amor no es igual a abuso, por el papel de importancia social que en algún tiempo se tuvo. Es por ello que no es cuestión de generalizar lo que no tiene que ser generalizado: no todos en la iglesia somos pederastas. Somos humanos y nos equivocamos y no justificamos hechos que no tienen que ser justificados, pero tampoco somos peores que otros.
         Probablemente en estos momentos lo mejor sería arrojar la toalla y decir que esto ya no sirve y que nos han estado engañando. Pero como dirá Pedro en el evangelio de este domingo (Marcos 6,60), "Señor, ¿a quién iríamos?. En situaciones como esta no tiene sentido abandonar a Jesús de cualquier manera, sin haber encontrado un maestro mejor y mas convincente. Si no seguimos a Jesús, nos quedaremos sin saber a quien seguir. No hay que precipitarse. No es bueno quedarse sin luz ni guía en la vida.
         " Señor, tú tienes palabras de vida eterna". Esas palabras son las que me invitan a compartir con ustedes, igual que con el Papa, Perdón. Pero no por ello metamos la cabeza debajo del ala. No nos avergonzamos de pedir perdón, con la cabeza bien alta, Jesús es nuestro guía, como lo fue para Pedro.
         Feliz verano
         Hasta la próxima
         Paco Mira

martes, 26 de diciembre de 2017

LA CRUZ DE LAMPEDUSA

LA CRUZ DE LAMPEDUSA EN CRUCE DE ARINAGA

La Cruz de Lampedusa, bendecida por el Papa y que está visitando muchos países para animarnos a ser sensibles  ante el sufrimiento de los demás, llega  este miércoles 27 de diciembre,  a Cruce de Arinaga.
A las 8,30 la recibiremos en el pórtico de la iglesia.
JUEVES 28:  La iglesia permanecerá abierta todo el día para que podamos visitarla, orar o meditar ante ella. Celebraremos la eucaristía a las 5 de la tarde y 10 de la noche.
Viernes 29: La cruz saldrá por la mañana hasta Playa de Arinaga, a orillas del mar, por Risco Verde.


viernes, 30 de diciembre de 2016

DÍA DE LA SAGRADA FAMILIA

HOY, DÍA DE LA SAGRADA FAMILIA
ORACIÓN POR LAS FAMILIAS

Jesús, María y José:
En  ustedes, Sagrada Familia de Nazaret,
ponemos hoy nuestra mirada
con admiración y confianza;
en ustedes contemplamos
la belleza de la comunión en el amor verdadero;
a ustedes  encomendamos todas nuestras familias
para que se renueven en ellas las maravillas de la gracia.

Sagrada Familia de Nazaret, 
atractiva escuela del santo Evangelio,
enséñanos a imitar tus virtudes
con una sabia disciplina espiritual;
danos esa mirada limpia
que sabe reconocer la obra de la Providencia
en las situaciones diarias de la vida.

Sagrada Familia de Nazaret,
custodia fiel del misterio de la salvación.
Haz que renazca en nosotros la estima del silencio,
haz de nuestras familias cenáculos de oración
y transfórmalas en pequeñas Iglesias domésticas.
Renueva el deseo de santidad,
mantén la noble fatiga del trabajo, de la educación,
de la escuela de la comprensión y del perdón recíprocos.

Sagrada Familia de Nazaret:
despierta en nuestra sociedad la consciencia
del carácter sagrado e inviolable de la familia, 
bien inestimable e insustituible.
Que cada familia sea morada acogedora
de bondad y de paz
para los niños y para los ancianos,
para quien está enfermo y solo,
para quien es pobre y está necesitado.

Jesús, María y José,
con confianza les rezamos,
con mucha alegría,  nos encomendamos a ustedes.
(Papa Francisco)

sábado, 21 de noviembre de 2015

Carta al viento. EL PAPA Y EL DÍA INTERNACIONAL DE LOS NIÑOS


Carta al viento

EL PAPA Y EL DÍA INTERNACIONAL
DE LOS NIÑOS

El papa, como se sabe, es un personaje tremendamente popular.  Todo el mundo lo nombra y lo cita, aunque a veces se le apliquen cosas que él no ha dicho. Está claro que cae bien. Cuando pregunto a los niños  si saben cómo  se llama el obispo de Canarias  o el cura de su parroquia, algunos dudan mucho o no lo saben. Pero si pregunto por el nombre del papa, los niños, todos,  pronuncian su nombre antes de acabar la pregunta.  

         Con ocasión del reciente  Día Internacional de los Derechos de los Niños y Niñas el cura de una parroquia visitó un colegio de primaria. Cuando llegó, muchos  le reconocieron y le saludaron con la espontaneidad  y alegría que muestran los niños.  Gustavo,  de unos 8 años,  hijo de padres no católicos,  se acercó con asombro al cura y le dijo: Tú eres el papa, ¿verdad?  Y el profesor, tratando de no defraudar al niño le dijo que bueno, que no es el papa, pero en cierto modo lo representa. Y todos quedaron satisfechos con la sabia respuesta del maestro.

Los niños saben del papa. Y el papa también sabe de los niños. Y de sus derechos. En una ocasión, tirando de la oreja a algunos párrocos, dijo que “a los niños que lloran, nunca hay que echarlos de la iglesia. Es la mejor predicación”.  Hombre, mejor que la de algunos curas, seguro que sí. Y hace unos meses, en el rezo del ángelus,  afirmó   que “una sociedad sin niños es triste y gris”. Y concluyó recordando que  “los niños dan vida, alegría y esperanza”. Lo cual es una gran verdad, aunque también a veces den dolores de cabeza.

Hace unos días  el  Papa expresó su confianza en que “la comunidad internacional vigile atentamente las condiciones de vida de los niños, en particular allí donde están expuestos a ser reclutados por grupos armados.  Y que ayude a las familias a garantizar a todos los niños y niñas el derecho a la escolarización y la educación”.

Francisco ha  sido muy claro al denunciar los abusos de todo tipo a los que algunos niños han sido  sometidos.  Y no se ha mordido la lengua para censurar las conductas inmorales de los mayores, aunque fueran  hombres de Iglesia.  Hemos contemplado muchísimos gestos del papa Francisco que transmiten su respeto y cariño a los más pequeños. Recuerdo uno muy singular. El papa Francisco  se acercó  a abrazar a un niño durante su visita a la iglesia luterana en Roma, hace sólo unos días. Y durante una homilía a hijos de inmigrantes,  hizo referencia al “sueño” de  Luther King   afirmando  que él también “sueña que muchos niños tengan igualdad de oportunidades y puedan crecer con alegría”. Excelente deseo que aplaudo con entusiasmo. 

P. D. Dedicado a los niños del colegio Beñesmén de Cruce de Arinaga que están ilusionados porque el  domingo 29 van a cantar en la iglesia,   dirigidos  y animados por los profesores Alejandro y Domingo.  Seguro que, si estuviera por aquí el papa Francisco, se sentiría muy satisfecho y  les dedicaría una sonrisa cariñosa. Y, a falta del papa, el párroco del lugar “que en cierto modo lo representa”, sonreirá también de oreja a oreja. Por los derechos de los niños y niñas de todo el mundo.  

miércoles, 11 de noviembre de 2015

ORACIÓN POR LA IGLESIA

ORACIÓN POR LA IGLESIA


     Sabemos, Señor,  que en esta Iglesia que Tú has querido que  te represente, a veces  algunos se portan muy mal.

     Sabemos que algunos que hablan de amor y de generosidad, se quedan con los bienes de los pobres para su propio beneficio.
Sabemos que el Papa Francisco, entristecido,  afirmó  que en el Vaticano  se ha terminado con “la vida de faraón” que algunos han estado llevando.

   Sabemos que algunos obispos y cardenales son  un mal ejemplo por su estilo de vida y sus ambiciones y sus lujos y sus faltas de honradez.  Y nos duele.

     También nosotros mismos tenemos que reconocer nuestros propios egoísmos, infidelidades  y faltas de coherencia.
Tenemos que reconocer que muchas veces no hacemos el bien que exigimos a “la Iglesia” como si nosotros no fuéramos  también parte de ella.

    Hoy te pedimos por toda la Iglesia: Que aceptemos tu invitación a ser sencillos y  generosos. Y que desaparezca del Vaticano, de nuestra diócesis y de  nuestra vida todo lo que oscurece el mensaje transparente del evangelio.

   Que seamos personas de bien sin dejarnos vencer por el egoísmo y la mentira. No nos dejes caer en la tentación. Y líbranos de todo mal.

Amén.

(César Metiles)


 

martes, 23 de diciembre de 2014

15 enfermedades que acechan a la Iglesia
Discurso del Papa
(Vale la pena leerlo despacito y pensando en uno mismo. Ideal para un retiro o rato largo de oración)

     Queridos hermanos, Al término del Adviento nos encontramos para los tradicionales saludos. En pocos días tendremos la alegría de celebrar la Navidad del Señor; el evento de Dios que se hace hombre para salvar a los hombres; la manifestación del amor de Dios que no se limita a darnos alguna cosa o a enviarnos algún mensaje o ciertos mensajeros, sino que se nos da a sí mismo. Ante todo, quisiera desear a todos ustedes  una santa Navidad y un feliz Año Nuevo.
     Deseo elevar con ustedes al Señor un profundo y sincero agradecimiento por el año que termina, por los acontecimientos vividos y por todo el bien que Él ha querido realizar generosamente a través del servicio de la Santa Sede, pidiéndole humildemente perdón por las faltas cometidas "en pensamientos, palabras, obras y omisiones".

       Y partiendo de este pedido de perdón, desearía que nuestro encuentro y las reflexiones que voy a compartir con ustedes se conviertan, para todos nosotros, en un apoyo y un estímulo para un verdadero examen de conciencia para preparar nuestro corazón para la Navidad.
Estamos llamados a mejorar, siempre mejorar y crecer en comunión, santidad y sabiduría para realizar plenamente su misión. Sin embargo, como cada cuerpo, como todo cuerpo humano, está expuesto a la enfermedad, al mal funcionamiento. Y aquí me gustaría mencionar algunas de estas enfermedades probables, enfermedades. Las enfermedades más frecuentes en nuestra vida de la Curia son las enfermedades y tentaciones que debilitan nuestro servicio al Señor. Creo que nos va a ayudar el "catálogo" de las enfermedades - como los Padres del Desierto, que hacían catálogos - de las que hablamos hoy: nos ayudará a prepararnos para el Sacramento de la Reconciliación, que será un bello paso para todos nosotros para prepararnos para la Navidad.
1. La enfermedad de sentirse "inmortal", "inmune" o incluso "indispensable" descuidando los necesarios y habituales controles. Una ordinaria visita a los cementerios podría ayudarnos a ver los nombres de tantas personas, de las que cuales algunas tal vez creíamos que eran inmortales, inmunes e indispensables. Esta deriva frecuentemente de la patología del poder, del ‘complejo de los Elegidos', del narcisismo que mira apasionadamente la propia imagen y no ve la imagen de Dios impresa en el rostro de los otros, especialmente de los más débiles y necesitados. El antídoto a esta epidemia es la gracia de sentirnos pecadores y de decir con todo el corazón: ‘Somos siervos inútiles. Hemos hecho lo que teníamos que hacer' (Lc 17,10).
2. Otra: es la enfermedad del ‘martalismo' (que viene de Marta), de la excesiva laboriosidad: es decir de aquellos que se sumergen en el trabajo descuidando, inevitablemente, ‘la parte mejor': sentarse al pie de Jesús (cfr Lc 10, 38-42). Por esto Jesús ha llamado a sus discípulos a ‘descansar un poco', (cfr Mc 6,31) porque descuidar el necesario reposo lleva al estrés y a la agitación. El tiempo de reposo, para quien ha terminado la propia misión, es necesario, debido y va vivido seriamente: en el transcurrir un poco de tiempo con los familiares y en el respetar las vacaciones como momentos de recarga espiritual y física; es necesario aprender lo que enseña Eclesiastés que "hay un tiempo para cada cosa" (3,1-15).
3. También está la enfermedad de la ‘fosilización' mental y espiritual. Es decir, aquellos que poseen un corazón de piedra y ‘tortícolis' (At 7,51-60); de aquellos que, en el camino, pierden la serenidad interior, la vivacidad y la audacia y se esconden bajo los papeles convirtiéndose en ‘máquinas de prácticas' y no ‘hombres de Dios' (cfr. Eb 3,12). Es peligroso perder la sensibilidad humana necesaria para llorar con quienes lloran y alegrarse con aquellos que se alegran. Es la enfermedad de quienes pierden ‘los sentimientos de Jesús' (cfr Fil 2,5-11) porque su corazón, con el pasar del tiempo, se endurece y se convierte en incapaz de amar incondicionadamente al Padre y al prójimo (cfr Mt 22, 34-40). Ser cristiano, de hecho, significa ‘tener los mismos sentimientos que fueron de Jesucristo' (Fil 2,5), sentimientos de humildad y de donación, de desapego y de generosidad.
4. La enfermedad de la excesiva planificación y del funcionalismo. Cuando el apóstol planifica todo minuciosamente y cree que si hace una perfecta planificación las cosas efectivamente progresan, convirtiéndose de esta manera en un contador. Preparar todo bien es necesario, pero sin caer nunca en la tentación de querer encerrar o pilotear la libertad del Espíritu Santo que es siempre más grande, más generosa que cualquier planificación humana (cfr. Jn 3,8). Si cae en esta enfermedad es porque ‘siempre es más fácil y cómodo permanecer en las propias posturas estáticas e inmutables. En realidad, la Iglesia se muestra fiel al Espíritu Santo en la medida en que no tiene la pretensión de regularlo y de domesticarlo... -domesticar al Espíritu Santo- Él es frescura, fantasía, novedad.
5. La enfermedad de la mala coordinación. Cuando los miembros pierden la unión entre ellos y el cuerpo pierde su armonioso funcionamiento y su templanza, se convierten en una orquesta que produce ruido porque sus miembros no colaboran y no viven el espíritu de comunión y de equipo. Cuando el pie dice al brazo: ‘no te necesito' o la mano dice a la cabeza ‘mando yo', causa malestar y escándalo.
6. La enfermedad del ‘Alzheimer espiritual', es decir el olvido de la ‘historia de la salvación', de la historia personal con el Señor, del ‘primer amor' (Ap 2,4). Se trata de una disminución progresiva de las facultades espirituales que en un más o menos largo período de tiempo causa serias discapacidades a la persona haciéndola incapaz de desarrollar alguna actividad autónoma, viviendo en un estado de absoluta dependencia de sus concepciones, a menudo imaginarias. Lo vemos en aquellos que han perdido la memoria de su encuentro con el Señor; en quienes no tienen sentido deuteronómico de la vida; en aquellos que dependen completamente de su presente, de las propias pasiones, caprichos y manías, en quienes construyen a su alrededor muros y hábitos se convierten, cada vez más, en esclavos de los ídolos que han esculpido con sus propias manos.
7. La enfermedad de la rivalidad y de la vanagloria. Cuando la apariencia, los colores de la ropa o las medallas honoríficas se convierten en el primer objetivo de la vida, olvidando las palabras de San Pablo: ‘No hagan nada por rivalidad o vanagloria, sino que cada uno de ustedes, con humildad, considere a los otros superiores a sí mismo. Cada uno no busque el propio interés, sino también el de los otros (Fil 2,1-4). Es la enfermedad que nos lleva a ser hombres y mujeres falsos y a vivir un falso ‘misticismo' y un falso ‘quietismo'. El mismo San Pablo los define ‘enemigos de la Cruz de Cristo' porque se jactan de aquello que tendrían que avergonzarse y no piensan más que a las cosas de la tierra (Fil 3,19).
8. La enfermedad de la esquizofrenia existencial. Es la de quienes viven una doble vida, fruto de la hipocresía típica del mediocre y del progresivo vacío espiritual que licenciaturas o títulos académicos no pueden llenar. Una enfermedad que sorprende frecuentemente a los que abandonan el servicio pastoral, se limitan a las cosas burocráticas, perdiendo de esta manera el contacto con la realidad, con las personas concretas. Crean así un mundo paralelo, en donde ponen de parte todo lo que enseñan severamente a los demás e inician a vivir una vida oculta y a menudo disoluta. La conversión es muy urgente e indispensable para esta gravísima enfermedad (cfr Lc 15, 11-32).
9. La enfermedad de los chismes, de las murmuraciones y de las habladurías. De esta enfermedad ya he hablado en muchas ocasiones, pero nunca lo suficiente. Es una enfermedad grave, que inicia simplemente, quizá solo por hacer dos chismes y se adueña de la persona haciendo que se vuelva ‘sembradora de cizaña' (como Satanás), y, en muchos casos casi ‘homicida a sangre fría' de la fama de los propios colegas y hermanos. Es la enfermedad de las personas cobardes que, al no tener la valentía de hablar directamente, hablan a las espaldas de la gente. San Pablo nos advierte: hacer todo sin murmurar y sin vacilar, para ser irreprensibles y puros (Fil 2,14.18). Hermanos, ¡cuidémonos del terrorismo de los chismes!
10. La enfermedad de divinizar a los jefes: es la enfermedad de los que cortejan a los superiores, esperando obtener su benevolencia. Son víctimas del carrerismo y del oportunismo, honran a las personas y no a Dios (cfr Mt 23-8.12). Son personas que viven el servicio pensando únicamente en lo que deben obtener y no en lo que deben dar. Personas mezquinas, infelices e inspiradas solamente por el propio egoísmo (cfr Gal 5,16-25). Esta enfermedad podría golpear también a los superiores cuando cortejan a algunos de sus colaboradores para obtener su sumisión, lealtad y dependencia psicológica, pero el resultado final es una verdadera complicidad.
11. La enfermedad de la indiferencia hacia los demás. Cuando cada uno sólo piensa en sí mismo y pierde la sinceridad y el calor de las relaciones humanas. Cuando el más experto no pone su conocimiento al servicio de los colegas menos expertos. Cuando se sabe algo se posee para sí mismo en lugar de compartirlo positivamente con los otros. Cuando, por celos o por astucia, se siente alegría viendo al otro caer en lugar de levantarlo y animarlo.
12. La enfermedad de la cara de funeral. Es decir, la de las personas bruscas y groseras, quienes consideran que para ser serios es necesario pintar el rostro de melancolía, de severidad y tratar a los demás -sobre todo a los que consideran inferiores- con rigidez, dureza y arrogancia. En realidad, la severidad teatral y el pesimismo estéril son a menudo síntomas de miedo y de inseguridad de sí. El apóstol debe esforzarse para ser una persona cortés, serena, entusiasta y alegre que transmite felicidad en donde se encuentra. Un corazón lleno de Dios es un corazón feliz que irradia y contagia con la alegría a todos los que están alrededor de él: se ve inmediatamente. No perdamos, por lo tanto, el espíritu alegre, lleno de humor e incluso auto-irónicos, que nos convierte en personas amables, también en las situaciones difíciles. Qué bien nos hace una buena dosis de un sano humorismo. Nos hará muy bien rezar frecuentemente la oración de Santo Tomás Moro: yo la rezo todos los días, me hace bien.
13. La enfermedad de la acumulación: cuando el apóstol trata de llenar un vacío existencial en su corazón acumulando bienes materiales, no por necesidad, sino solo para sentirse al seguro. En realidad, no podremos llevar nada material con nosotros porque ‘el sudario no tiene bolsillos' y todos nuestros tesoros terrenos -también si son regalos- no podrán llenar nunca aquel vacío, y lo harán más exigente y más profundo. A estas personas el Señor repite ‘tú dices soy rico, me he enriquecido, no tengo necesidad de nada. Pero no sabes que eres un infeliz, un miserable, un pobre, un ciego y desnudo... Sé pues celoso y conviértete' (Ap 3,17-19). La acumulación pesa solamente y ralentiza el camino inexorable. Pienso en una anécdota: un tiempo, los jesuitas españoles describían a la Compañía de Jesús como la ‘caballería ligera de la Iglesia'. Recuerdo la mudanza de un joven jesuita, mientras cargaba el camión de sus posesiones: maletas, libros, objetos y regalos, y escuchó, con una sabia sonrisa, de un anciano jesuita que lo estaba observando: ¿Esta sería la caballería ligera de la Iglesia? Nuestras ‘mudanzas' son signos de esta enfermedad.
14. La enfermedad de los círculos cerrados en donde la pertenencia al grupito se vuelve más fuerte de la pertenencia al Cuerpo y, en algunas situaciones, a Cristo mismo. También esta enfermedad comienza siempre de buenas intenciones, pero, con el paso del tiempo, esclaviza a los miembros convirtiéndose en un ‘cáncer' que amenaza la armonía del Cuerpo y causa tanto mal -escándalos- especialmente a nuestros hermanos más pequeños. La autodestrucción o el ‘fuego amigo' de las comilonas es el peligro más sutil. Es el mal que golpea desde dentro, y como dice Cristo, ‘cada reino dividido en sí mismo va a la ruina' (Lc 11,17).
15. Y la última, la enfermedad del provecho mundano, del exhibicionismo, cuando el apóstol transforma su servicio en poder, y su poder en mercancía para obtener provechos mundanos o más poderes. Es la enfermedad de las personas que buscan infatigablemente el multiplicar poderes y por este objetivo son capaces de calumniar, de difamar y de desacreditar a los demás, incluso en periódicos y en revistas. Naturalmente para exhibirse y demostrarse más capaces que los demás. También esta enfermedad hace mucho daño al Cuerpo porque lleva a las personas a justificar el uso de cualquier medio para alcanzar tal objetivo, a menudo en nombre de la justicia y de la transparencia. Recuerdo un sacerdote que llamaba a los periodistas para decirles -e inventar- cosas privadas y reservadas de sus hermanos y parroquianos. Para él, lo que contaba era verse en las primeras páginas, porque así se sentía ‘poderoso y vencedor', causando tanto mal a los otros y a la Iglesia. ¡Pobrecito!



Hermanos, estas enfermedades y tentaciones son naturalmente un peligro para cada cristiano y para cada curia, comunidad, congregación, parroquia, movimiento eclesial, y pueden golpear sea a nivel individual que comunitario.
Es necesario aclarar que es sólo el Espíritu Santo -el alma del Cuerpo Místico de Cristo, como afirma el Credo: ‘Creo... en el Espíritu Santo, Señor y vivificador'- quien cura cada enfermedad. Es el Espíritu Santo quien sostiene cada sincero esfuerzo de purificación y de cada buena voluntad de conversión. Es Él quien nos da a entender que cada miembro participa en la santificación del cuerpo y a su debilitamiento. Es Él el promotor de la armonía: ‘Ipse harmonia est', dice San Basilio. San Agustín nos dice: ‘Hasta que una parte se adhiere al cuerpo, su curación no es desesperada; aquello que fue cortado, no puede curarse ni sanar'.

La curación es también fruto de la conciencia de la enfermedad y de la decisión personal y comunitaria de curarse soportando pacientemente y con perseverancia la curación. Por lo tanto, estamos llamados -en este tiempo de Navidad y para todo el tiempo de nuestro servicio y de nuestra existencia- a vivir ‘según la verdad en la caridad, tratando de crecer en cada cosa hacia Él, que es el jefe, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien compaginado y conectado, mediante la colaboración de cada empalme, según la energía propia de cada miembro, recibe fuerza para crecer en manera de edificar a sí mismo en la caridad (Ef 4, 15-16).

Queridos hermanos, Una vez he leído que los sacerdotes son como los aviones: sólo son noticia cuando caen, pero hay muchos que vuelan. Muchos critican y pocos rezan por ellos. Es una frase muy simpática y muy cierta, porque indica la importancia y la delicadeza de nuestro servicio sacerdotal, y cuánto mal podría causar un solo sacerdote que ‘cae' a todo el cuerpo de la Iglesia. Por lo tanto, para no caer en estos días en los que estamos preparándonos a la Confesión, pidamos a la Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, curar las heridas del pecado que cada uno de nosotros lleva en su corazón y de sostener a la Iglesia y a la Curia de modo que sean sanos y re sanadores, santos y santificantes, a gloria de su Hijo y para nuestra salvación y del mundo entero. Pidamos a Él hacernos amar a la Iglesia como la ha amado Cristo, su hijo y nuestro Señor, y de tener la valentía de reconocernos pecadores y necesitados de su Misericordia y de no tener miedo a abandonar nuestra mano entre sus manos maternas.
Muchas felicidades por una santa Navidad a todos ustedes, a sus familias y a sus colaboradores. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Gracias de corazón.


miércoles, 15 de octubre de 2014

Mensaje del Papa Francisco para el V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús

Mensaje del Papa Francisco para 
el V Centenario del Nacimiento 
de Santa Teresa de Jesús y Año Jubilar Teresiano 2014-2015
      A Monseñor Jesús García Burillo, Obispo de Ávila.

Querido Hermano:

El 28 de marzo de 1515 nació en Ávila una niña que con el tiempo sería conocida como santa Teresa de Jesús. Al acercarse el quinto centenario de su nacimiento, vuelvo la mirada a esa ciudad para dar gracias a Dios por el don de esta gran mujer y animar a los fieles de la querida diócesis abulense y a todos los españoles a conocer la historia de esa insigne fundadora, así como a leer sus libros, que, junto con sus hijas en los numerosos Carmelos esparcidos por el mundo, nos siguen diciendo quién y cómo fue la Madre Teresa y qué puede enseñarnos a los hombres y mujeres de hoy.
En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida y de su obra. Ella entendió su vida como camino de perfección por el que Dios conduce al hombre, morada tras morada, hasta Él y, al mismo tiempo, lo pone en marcha hacia los hombres.  ¿Por qué caminos quiere llevarnos el Señor tras las huellas y de la mano de santa Teresa? Quisiera recordar cuatro que me hacen mucho bien: el camino de la alegría, de la oración, de la fraternidad y del propio tiempo.
Teresa de Jesús invita a sus monjas a «andar alegres sirviendo» (Camino 18,5). La verdadera santidad es alegría, porque “un santo triste es un triste santo”. Los santos, antes que héroes esforzados, son fruto de la gracia de Dios a los hombres. Cada santo nos manifiesta un rasgo del multiforme rostro de Dios. En santa Teresa contemplamos al Dios que, siendo «soberana Majestad, eterna Sabiduría» (Poesía 2), se revela cercano y compañero, que tiene sus delicias en conversar con los hombres: Dios se alegra con nosotros. Y, de sentir su amor, le nacía a la Santa una alegría contagiosa que no podía disimular y que transmitía a su alrededor. Esta alegría es un camino que hay que andar toda la vida. No es instantánea, superficial, bullanguera. Hay que procurarla ya «a los principios» (Vida 13,l). Expresa el gozo interior del alma, es humilde y «modesta» (cf.  Fundaciones 12,l). No se alcanza por el atajo fácil que evita la renuncia, el sufrimiento o la cruz, sino que se encuentra padeciendo trabajos y dolores (cf. Vida 6,2; 30,8), mirando al Crucificado y buscando al Resucitado (cf. Camino 26,4). De ahí que la alegría de santa Teresa no sea egoísta ni autorreferencial. Como la del cielo, consiste en «alegrarse que se alegren todos» (Camino 30,5), poniéndose al servicio de los demás con amor desinteresado. Al igual que a uno de sus monasterios en dificultades, la Santa nos dice también hoy a nosotros, especialmente a los jóvenes: «¡No dejen de andar alegres!» (Carta 284,4). ¡El Evangelio no es una bolsa de plomo que se arrastra pesadamente, sino una fuente de gozo que llena de Dios el corazón y lo impulsa a servir a los hermanos!

La Santa transitó también el camino de la oración, que definió bellamente como un «tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabernos nos ama» (Vida 8,5). Cuando los tiempos son “recios”, son necesarios «amigos fuertes de Dios» para sostener a los flojos (Vida 15,5). Rezar no es una forma de huir, tampoco de meterse en una burbuja, ni de aislarse, sino de avanzar en una amistad que tanto más crece cuanto más se trata al Señor, «amigo verdadero» y «compañero» fiel de viaje, con quien «todo se puede sufrir», pues siempre «ayuda, da esfuerzo y nunca falta» (Vida 22,6). Para orar «no está la cosa en pensar mucho sino en amar mucho» (Moradas IV,1,7), en volver los ojos para mirar a quien no deja de mirarnos amorosamente y sufrirnos pacientemente (cf. Camino 26,3-4). Por muchos caminos puede Dios conducir las almas hacia sí, pero la oración es el «camino seguro» (Vida 213). Dejarla es perderse (cf. Vida19,6). Estos consejos de la Santa son de perenne actualidad. ¡Vayan adelante, pues, por el camino de la oración, con determinación, sin detenerse, hasta el fin! Esto vale singularmente para todos los miembros de la vida consagrada. En una cultura de lo provisorio, vivan la fidelidad del «para siempre, siempre, siempre» (Vida 1,5); en un mundo sin esperanza, muestren la fecundidad de un «corazón enamorado» (Poesía 5); y en una sociedad con tantos ídolos, sean testigos de que «solo Dios basta» (Poesía 9).

Este camino no podemos hacerlo solos, sino juntos. Para la santa reformadora la senda de la oración discurre por la vía de la fraternidad en el seno de la Iglesia madre. Esta fue su respuesta providencial, nacida de la inspiración divina y de su intuición femenina, a los problemas de la Iglesia y de la sociedad de su tiempo: fundar pequeñas comunidades de mujeres que, a imitación del “colegio apostólico”, siguieran a Cristo viviendo sencillamente el Evangelio y sosteniendo a toda la Iglesia con una vida hecha plegaria. «Para esto os junto El aquí, hermanas» (Camino 2,5) y tal fue la promesa: «que Cristo andaría con nosotras» (Vida 32,11). ¡Que linda definición de la fraternidad en la Iglesia: andar juntos con Cristo como hermanos! Para ello no recomienda Teresa de Jesús muchas cosas, simplemente tres: amarse mucho unos a otros, desasirse de todo y verdadera humildad, que «aunque la digo a la postre es la base principal y las abraza todas» (Camino 4,4). ¡Cómo desearía, en estos tiempos, unas comunidades cristianas más fraternas donde se haga este camino: andar en la verdad de la humildad que nos libera de nosotros mismos para amar más y mejor a los demás, especialmente a los más pobres! ¡Nada hay más hermoso que vivir y morir como hijos de esta Iglesia madre!

Precisamente porque es madre de puertas abiertas, la Iglesia siempre está en camino hacia los hombres para llevarles aquel «agua viva» (cf. Jn 4,10) que riega el huerto de su corazón sediento. La santa escritora y maestra de oración fue al mismo tiempo fundadora y misionera por los caminos de España. Su experiencia mística no la separo del mundo ni de las preocupaciones de la gente. Al contrario, le dio nuevo impulso y coraje para la acción y los deberes de cada día, porque también «entre los pucheros anda el Señor» (Fundaciones 5,8). Ella vivió las dificultades de su tiempo -tan complicado- sin ceder a la tentación del lamento amargo, sino más bien aceptándolas en la fe como una oportunidad para dar un paso más en el camino. Y es que, «para hacer Dios grandes mercedes a quien de veras le sirve, siempre es tiempo» (Fundaciones 4,6). Hoy Teresa nos dice: Reza más para comprender bien lo que pasa a tu alrededor y así actuar mejor. La oración vence el pesimismo y genera buenas iniciativas (cf. Moradas VII, 4,6). ¡Éste es el realismo teresiano, que exige obras en lugar de emociones, y amor en vez de ensueños, el realismo del amor humilde frente a un ascetismo afanoso! Algunas veces la Santa abrevia sus sabrosas cartas diciendo: «Estamos de camino» (Carta 469,7.9), como expresión de la urgencia por continuar hasta el fin con la tarea comenzada. Cuando arde el mundo, no se puede perder el tiempo en negocios de poca importancia. ¡Ojalá contagie a todos esta santa prisa por salir a recorrer los caminos de nuestro propio tiempo, con el Evangelio en la mano y el Espíritu en el corazón!
«¡Ya es tiempo de caminar! » (Ana de San Bartolomé, Últimas acciones de la vida de santa Teresa). Estas palabras de santa Teresa de Ávila a punto de morir son la síntesis de su vida y se convierten para nosotros, especialmente para la familia carmelitana, sus paisanos abulenses y todos los españoles, en una preciosa herencia a conservar y enriquecer.
Querido Hermano, con mi saludo cordial, a todos les digo: ¡Ya es tiempo de caminar, andando por los caminos de la alegría, de la oración, de la fraternidad, del tiempo vivido como gracia! Recorramos los caminos de la vida de la mano de santa Teresa. Sus huellas nos conducen siempre a Jesús.
Les pido, por favor, que recen por mí, pues lo necesito. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.
Fraternalmente, Francisco
PapaFrancisco Mensaje del Papa Francisco para el V Centenario de Santa Teresa de Jesús