DOMINGO DE PASCUA EN CRUCE DE ARINAGA, 2018
Y BAUTIZO DE ITZA
Estarán de acuerdo
conmigo que si nos llamáramos Mariano y fuésemos presidentes del gobierno de
nuestra nación, haríamos un montón de cosas con las que ahora no estamos de
acuerdo. Haríamos otras propuestas, porque creemos que las que ahora hay no nos
convencen. Seguro y probablemente que unas de esas cosas que reformaríamos
sería el tema sanitario.
Nuestra fe
confiesa que no somos el opio del pueblo,
que no somos la morfina con la que nos contentamos para no ver la cruda
realidad que nos rodea. Quizás seamos como las hermanas de Lázaro que mientras
no veamos la concreción de nuestra fe en el momento que nosotros queremos,
parece que no somos capaces de asumir la realidad que nos rodea.
Y precisamente a esa vida es a lo que nos invita el
evangelio y las lecturas de este domingo. La vida ha de estar por encima de las
leyes, de las normas… aunque estas nos ayuden a vivir. Los fariseos, nuestros
fariseos de hoy en día; los doctores de la ley, nuestros doctores eclesiásticos
y no eclesiásticos de hoy en día, temen que las normas no se cumplan, que los
sacramentos no se lleven a la práctica con la necesaria ritualidad… y en el
fondo lo que estamos haciendo es apagando la propia esencia de la vida, del
evangelio y quizás pretendamos poner contra las cuerdas al propio Jesús de
Nazaret.












Muchas sonrisas, muchos abrazos, mucha comunicación entre la gente de las parroquias, pero también, aunque sean pocos, algunos brotes de celo o de intolerancia o de protagonismo como me cuentan S. o F. Uno siempre sueña con una comunidad llena de luz, como así es; pero en estos días que escuchamos a Jesús diciéndonos lo de querernos uno a otros, resulta más duro tropezarte con conflictos innecesarios. O, cuando te preparas para celebrar la Gran Noche de Pascua, la Vida, recibir un mensaje de Domingo, el profesor del Colegio, para comunicar que no vendrá porque su hija está en el Materno. O que los hijos de dos familias amigas (de Reyes o de Sofía) hayan sufrido un accidente aunque gracias a Dios no fuera todo lo grave que parecía.