ENTREVISTA A MYRIAM,
UNA NIÑA DE 10 AÑOS
ESCAPÓ DE IRAK Y VIVE
EN UN CAMPO DE REFUGIADOS
El pasado
domingo, en la misa, pregunté a los niños qué les gustaría ser de mayores.
Quince levantaron la mano para afirmar, muy seriecitos, que quieren ser
profesores. Cuatro dijeron que les
gustaría ser médicos y hasta hubo dos,
un niño y una niña, que se apuntaron a ser cura. Me extrañó y me alegró la decisión
de la niña al levantar la mano, pero también me pareció raro que nadie soñara
con ser carpintero, albañil, enfermera, fontanero o panadero y mucho menos agricultor. Vaya usted a saber de qué se
alimentará la gente dentro de quince años cuando todos estos chicos de mi parroquia sean médicos y
profesores y no se encuentre a nadie que
plante papas ni amase el pan. Y vaya usted a saber dónde se encontrarán curas
para atender a todos los pueblos, a no ser que en el futuro se tenga en cuenta
la mano levantada de la niña que quería serlo.
Ayer tarde, camino de Arinaga, encendí la radio como casi siempre cuando voy en el coche. En ese momento estaba hablando mi admirado Vicente Romero en el programa “Buscamundos”. Hablaba desde Kenia donde la gente está muriendo de hambre. Literalmente: Muriendo de hambre. Y contaba desde su teléfono móvil que, mientras los funcionarios de Naciones Unidas abarrotaban el restaurante cercano, la gente estaba tirada en el suelo esperando a morirse. Y que él estaba viendo cómo una señora quería regalar a una periodista a su pequeña hija… para que no se muriese de hambre.
Mañana jueves a las 12 y 10 del mediodía, el programa "La Plaza de la Iglesia" tratará el tema de la Primera Comunión. Como invitados participarán varios catequistas y madres de niños. Se hablará de la catequisis, de lo que "cuesta" una primera comunión, de la continuidad de los niños, de la participación de los padres... No se lo pierdan. También los oyentes pueden intervenir llamando al teléfono de la radio, el 928 12 44 12.
El pasado domingo, en la misa, pregunté a los niños qué les gustaría ser de mayores. Quince levantaron la mano para afirmar, muy seriecitos, que quieren ser profesores. Cuatro dijeron que les gustaría ser médicos y hasta hubo dos, un niño y una niña, que se apuntaron a ser cura. Me extrañó y me alegró la decisión de la niña al levantar la mano, pero también me pareció raro que nadie soñara con ser carpintero, albañil, enfermera, fontanero o panadero y mucho menos agricultor. Vaya usted a saber de qué se alimentará la gente dentro de quince años cuando todos estos chicos de mi parroquia sean médicos y profesores y no se encuentre a nadie que plante papas ni amase el pan. Y vaya usted a saber dónde se encontrarán curas para atender a todos los pueblos, a no ser que en el futuro se tenga en cuenta la mano levantada de la niña que quería serlo.