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martes, 15 de diciembre de 2015

lunes, 5 de enero de 2015

SE CELEBRÓ UN ACTO PARA AYUDAR A UNA NIÑA DE CRUCE DE ARINAGA

SE CELEBRÓ UN ACTO PARA AYUDAR A UNA NIÑA DE CRUCE DE ARINAGA.


     Este pasado domingo, los niños de Síntesis de fe (de 12 a 14 años) con su catequista Nuria, realizaron un interesante  acto con el fin de ayudar a Nira, una niña de Cruce de Arinaga que necesita  hacer algunas reformas en su casa para poder moverse  con su silla de ruedas.  El acto consistió en la actuación del grupo Frangollo que hizo las delicias de todos los asistentes. Más tarde, los niños de Síntesis de fe (Niños que ya hicieron su primera comunión y han seguido  reuniéndose con la catequista Nuria) realizaron la pequeña obra de teatro "Predicar con el ejemplo". Y, la verdad, todo el acto se convirtió en un predicar con el ejemplo. La catequesis, llevada a la vida. Hubo merienda, bingo solidario y ambiente festivo como era de suponer. Todo por ayudar a una niña, también presente en el acto. Aquí podemos ver algunas de las fotos.

martes, 18 de febrero de 2014

CARTA AL VIENTO: LA NIÑA QUE SOÑABA SER CURA

CARTA AL VIENTO:
LA NIÑA QUE SOÑABA SER CURA 
      El pasado domingo, en la misa, pregunté a los niños qué les gustaría ser de mayores. Quince levantaron la mano para afirmar, muy seriecitos, que quieren ser profesores. Cuatro  dijeron que les gustaría  ser médicos y hasta hubo dos, un niño y una niña,  que se apuntaron  a ser cura. Me extrañó y me alegró la decisión de la niña al levantar la mano, pero también me pareció raro que nadie soñara con ser carpintero, albañil, enfermera, fontanero o  panadero  y mucho menos  agricultor. Vaya usted a saber de qué se alimentará la gente dentro de quince años cuando todos  estos chicos de mi parroquia sean médicos y profesores y no se encuentre a nadie  que plante papas ni amase el pan. Y vaya usted a saber dónde se encontrarán curas para atender a todos los pueblos, a no ser que en el futuro se tenga en cuenta la mano levantada de la niña que quería serlo.
    En mis tiempos de seminario había un eslogan que se repetía mucho: Dios llama siempre, Dios sigue llamando. Y debe ser así, aunque tal vez la voz de Dios se oiga ahora menos, ya que nuestros seminarios están atravesando un tiempo de gran sequía.  El papa  decía hace unos meses:

    "Que este nuevo año  constituya una ocasión propicia para profundizar en el valor y la importancia de la misión sacerdotal y para pedir al Señor que le dé a su Iglesia el don de numerosos y santos sacerdotes".
    Y aunque es escasa la cantidad de curas, -ahora lo digo yo, no el papa- tal vez tendríamos que valorar más si la calidad es buena. Ojalá hubiera muchos y santos sacerdotes como dice el Papa. Pero a falta de cantidad, que al menos seamos buenos pastores. Hay una señora del Toscón, en la zona de Tamaraceite, que me llama con frecuencia  y me dice que no hay un solo día que no pida a Dios por todos los sacerdotes y que, además, nombra uno a uno a todos los que ella conoce.
   A lo mejor, cuando hablamos de la vocación, habría que afinar más y no empeñarnos en decir solamente que hace falta curas. Lo que necesitamos con mayor urgencia es que haya cristianos comprometidos. Cristianos que se impliquen en el mundo de la educación y estén presentes en la actividad de la vida ordinaria. Cristianos en los carnavales y en las ONG que trabajan por Haití o cualquier actividad solidaria. Cristianos comprometidos en los medios de comunicación y en los centros hospitalarios y en la política. La respuesta  a la vocación a la vida cristiana de cada uno es lo que puede servir de palanca para que este mundo sea más justo.

   Este próximo domingo tal vez pueda hacer la misma pregunta a los niños que participan en la eucaristía familiar. ¿Qué te gustaría ser de mayor?
   Me responderán otra vez que quieren ser profesores, médicos o policías. Y yo pediré a Dios lo mismo que el papa pedía para los sacerdotes. Que sí, que haya  maestros, fontaneros, albañiles y aparceros: Que sean numerosos y santos profesionales.
   ¿Y si la niña del otro día vuelve a levantar la mano diciendo que quiere ser cura? Bueno si levanta la mano…ya me pensaré qué responderle. Tendré que preguntárselo al Señor. Porque primero tendrá que ser una buena cristiana… y después ya veremos. Está claro que Dios sigue llamando, no sólo para ser cura, sino sobre todo, para que seamos buenas personas, honradas, trabajadoras, alegres, amables… y  seguidores de Jesús. Es la vocación a la vida cristiana que encaja con cualquier profesión. 
   Gracias, niños de mi parroquia que me ayudan a pensar y a rezar.


   

viernes, 7 de octubre de 2011

CARTA AL VIENTO UNA NIÑA COMO ISABEL

CARTA AL VIENTO
 UNA NIÑA COMO ISABEL

Ayer tarde, camino de Arinaga, encendí la radio como casi siempre cuando voy en el coche. En ese momento estaba hablando mi admirado  Vicente Romero en el programa “Buscamundos”. Hablaba desde Kenia donde la gente está muriendo de hambre. Literalmente: Muriendo de hambre. Y contaba desde su teléfono móvil que, mientras  los funcionarios de Naciones Unidas abarrotaban el restaurante cercano, la gente estaba tirada en el suelo esperando a morirse. Y que él estaba viendo cómo una señora quería regalar a una periodista a su pequeña hija… para que no se muriese de hambre. 
Hablar de niños y hambre o niños y muerte resulta siempre demasiado fuerte. Y es entonces cuando uno se da cuenta de que los  problemas de uno, normalmente no merecen ni el nombre de problemas.
Esa misma mañana viví uno de esos momentos  en los que uno se convence de que la casualidad no existe y que por algo estaba uno allí. Eran cerca de las 10 y media de la mañana y salí en el coche pensando en bajar a Arinaga con un amigo. De repente él cambió de idea y cogió otro rumbo y yo pensé.
-Pues me voy a visitar a M. que tuvo una niña hace pocos días.
            Aparqué frente a su casa y oí el llanto de una mujer sin saber de dónde venía. Toqué a la puerta de M y apareció Juani, su madre, llorado  con la niña en brazos, casi asfixiada.
            -Suso, llama a mi marido, por favor, repitió temblándole la voz con una mano sosteniendo a la niña y con la otra el teléfono sin acertar a marcar. Que la niña se está asfixiando, se está quedando negra…
            Sin más dilación, añadiendo mi preocupación a sus nervios,  la invité a subir a mi coche
            -Intenta reanimarla, le dije, no la dejes quieta, y vamos al centro de salud.
            Afortunadamente, no hubo más problemas; todo quedó en un tremendo susto porque, ya en el centro de Médico, la niña se recuperó.
Lo que he seguido preguntándome a lo largo de estos días. ¿Por qué se me ocurrió en ese momento ir a la casa de M.?
Qué cerquita está Dios de los niños.
 Seguramente aquella periodista en  Kenia también estaba allí para algo más que informar. Yo no sé si llegó a quedarse con la niña o no. Pero Dios le ofreció la oportunidad de salvar  una vida. Pensando en esto  he vivido todas las horas de estos días. Siempre uno puede encontrarse con alguien que lo necesita. Siempre hay una niña como Isabel que te está esperando. Quisiera tener siempre los ojos abiertos, la sensibilidad suficiente para descubrir que en Kenia o en unas calles más arriba de tu casa alguien te puede necesitar.

martes, 31 de agosto de 2010

DIARIO DE UN CURA. TRISTEZA

DIARIO DE UN CURA. 
TRISTEZA
Rehuyo habitualmente de  la tristeza. Pero en días como hoy es inevitable estarlo. Una niña conocida y apreciada ha sufrido el abuso de parte de un adulto de su familia, también para mí conocido y apreciado. La madre de la niña, lógicamente,  denunció el caso y él ya está en la cárcel. Pero eso no soluciona el problema. El enorme sufrimiento de la niña amiga y el merecido castigo de mi amigo delincuente me han herido a mí también. Esta noche pido con fuerza a Dios por la inocente y simpática chiquilla, para que el daño le afecte lo menos posible. Y pido también a Dios para que el joven reflexione, se arrepienta y procure, a lo largo de su vida, hacer todo el bien posible por tanto mal realizado. Rezo. Pero esta noche no puedo ni quiero disimularlo: Estoy triste.

miércoles, 5 de mayo de 2010

LA PRIMERA COMUNIÓN, en el programa "La PLAZA DE LA IGLESIA" de Radio Agüimes. Participarán padres y catequistas.

   Mañana jueves a las 12 y 10 del mediodía, el programa "La Plaza de la Iglesia" tratará el tema de la Primera Comunión. Como invitados participarán varios catequistas y madres de niños. Se hablará de la catequisis, de lo que "cuesta" una primera comunión, de la continuidad de  los niños, de la participación de los padres... No se lo pierdan. También los oyentes pueden intervenir llamando al teléfono de la radio, el 928 12 44 12.
  Y para ir "haciendo boca" les dejo esta reflexión de la Delegación de Catequesis de Zaragoza:
   Mayo es tiempo de celebrar las primeras comuniones de los hijos, día inolvidable en el que muchas veces nos sentimos desconcertados ante las exigencias sociales que poco a poco han ido configurando esta fiesta tan especial para la familia cristiana. 
         Diez verbos -cuyas iniciales forman la palabra clave: Eucaristía- pueden ayudarnos a vivir con sentido y profundidad este día tan esperado para nuestros hijos (Cfr. MJ Decálogo, María Dolores López Guzmán, en "Misión Joven", 350, 2006) 
            ESPERAR: La primera comunión es comienzo, no es final... Ir más allá del instante es fundamental. Comienza una nueva etapa en el proceso de iniciación cristiana de su hijo, que no se puede quedar ahí. La comunidad les necesita. 
            UNIR: Crear un ambiente de unión y no de división será el mejor  modo de vivir lo que es central en ese día: la común-unión. 
            CONVIVIR: Caer en la cuenta de que las celebraciones son momentos de encuentro en la familia (padres e hijos, hermanos, abuelos, tíos, amigos...) y con las familias de los compañeros de mis hijos. 
            ALEGRARSE: Para que la alegría no se esfume es imprescindible poner más los ojos en Dios que en nuestros deseos, gustos, y, a veces, problemas y discrepancias. 
            RECORDAR: Preparar algún detalle personal que sea auténtico recordatorio del encuentro que el niño ha tenido con Dios. Este encuentro es lo verdaderamente central. 
            INTENSIFICAR: Favorecer los momentos en los que compartir con el niño confidencias, oraciones y conversaciones sobre la experiencia de Dios recibida. 
            SIMPLIFICAR: Convertirse en "contrapunto" de los mensajes que incitan al consumo de inevitables y absurdos regalos. Hacer que el día sea "sencillamente distinto". 
            TRANSMITIR: Comunicar la propia fe es el mejor regalo. Es una buena ocasión para mostrar que la experiencia de la comunión transforma cada día y es Jesús quien nos da la luz que ilumina y orienta nuestra vida. 
            INTERIORIZAR: Detener la mirada en lo verdaderamente significativo. Hacer balance del día con el niño o niña destacando lo más importante. 
            AGRADECER: Participar totalmente del Cuerpo y de la Sangre del Señor es motivo más que suficiente para alabar y agradecer a Dios su invitación a formar parte de El.. Eucaristía significa "acción de gracias". 
         Nuestra felicitación más sincera a los niños y niñas que van a hacer la primera comunión, que van a recibir a Jesús en la Eucaristía. Extiendan nuestro saludo a  sus familias. Igualmente, un agradecimiento a los esforzados catequistas que los han acompañado en este proceso de iniciación a la vida cristiana. 

sábado, 6 de febrero de 2010

CARTA AL VIENTO: La niña que quería ser cura



   El pasado domingo, en la misa, pregunté a los niños qué les gustaría ser de mayores. Quince levantaron la mano para afirmar, muy seriecitos, que quieren ser profesores. Cuatro dijeron que les gustaría ser médicos y hasta hubo dos, un niño y una niña, que se apuntaron a ser cura. Me extrañó y me alegró la decisión de la niña al levantar la mano, pero también me pareció raro que nadie soñara con ser carpintero, albañil, enfermera, fontanero o panadero y mucho menos agricultor. Vaya usted a saber de qué se alimentará la gente dentro de quince años cuando todos estos chicos de mi parroquia sean médicos y profesores y no se encuentre a nadie que plante papas ni amase el pan. Y vaya usted a saber dónde se encontrarán curas para atender a todos los pueblos, a no ser que en el futuro se tenga en cuenta la mano levantada de la niña que quería serlo.
   En mis tiempos de seminario había un eslogan que se repetía mucho: Dios llama siempre, Dios sigue llamando. Y debe ser así, aunque tal vez la voz de Dios se oiga ahora menos, ya que nuestros seminarios están atravesando un tiempo de gran sequía. El papa Benedicto XVI decía hace unos meses con ocasión del Año sacerdotal:
   "Que este nuevo año jubilar constituya una ocasión propicia para profundizar en el valor y la importancia de la misión sacerdotal y para pedir al Señor que le dé a su Iglesia el don de numerosos y santos sacerdotes".
   Y aunque es escasa la cantidad de curas, -ahora lo digo yo, no el papa- tal vez tendríamos que valorar más si la calidad es buena. Ojalá hubiera muchos y santos sacerdotes como dice el Papa. Pero a falta de cantidad, que al menos seamos buenos pastores. Hay una señora del Toscón, en la zona de Tamaraceite, que me llama con frecuencia y me dice que no hay un solo día que no pida a Dios por todos los sacerdotes y que, además, nombra uno a uno a todos los que ella conoce.
   A lo mejor, cuando hablamos de la vocación, habría que afinar más y no empeñarnos en decir solamente que hace falta curas. Lo que necesitamos con mayor urgencia es que haya cristianos comprometidos. Cristianos que se impliquen en el mundo de la educación y estén presentes en la actividad de la vida ordinaria. Cristianos en los carnavales y en las ONG que trabajan por Haití o cualquier actividad solidaria. Cristianos comprometidos en los medios de comunicación y en los centros hospitalarios y en la política. La respuesta a la vocación a la vida cristiana de cada uno es lo que puede servir de palanca para que este mundo sea más justo y para que haya más vocaciones a la vida religiosa.
   Este próximo domingo tal vez pueda hacer la misma pregunta a los niños que participan en la eucaristía familiar. ¿Qué te gustaría ser de mayor?
   Me responderán otra vez que quieren ser profesores, médicos o policías. Y yo pediré a Dios lo mismo que el papa pedía para los sacerdotes. Que sí, que haya maestros, fontaneros, albañiles y aparceros: Que sean numerosos y santos profesionales.

   ¿Y si la niña del otro día vuelve a levantar la mano diciendo que quiere ser cura? Bueno si levanta la mano…ya me pensaré qué responderle. Tendré que preguntárselo al Señor. Porque primero tendrá que ser una buena cristiana… y después ya veremos. Está claro que Dios sigue llamando, no sólo para ser cura  sino, sobre todo, para que seamos buenas personas, honradas, trabajadoras, alegres, amables… y seguidores de Jesús. Es la vocación a la vida cristiana que encaja con cualquier profesión.

   Gracias, niños de mi parroquia que me ayudan a pensar y a rezar.