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sábado, 10 de octubre de 2015

CARTA AL VIENTO. UN NIÑO EN EL SÍNODO DE OBISPOS

CARTA AL VIENTO

UN NIÑO EN EL SÍNODO DE OBISPOS

David es un niño de unos dos meses que participa en el Sínodo de los obispos que se está celebrando en Roma. Interviene de vez en cuando con un pequeño llanto, que es la forma ordinaria que tiene de expresarse. Pero no está allí para eso sino que acompaña a sus padres, holandeses, que sí han sido invitados a intervenir en este Encuentro de la Iglesia para abordar el tema de la familia.

Es bueno que participen como invitadas varias parejas que deben saber bastante más de la familia y de los hijos que la mayoría de los prelados allí presentes y que serán quienes tomarán las decisiones.  

Ya es un paso importante que se le haya dado voz a los matrimonios. Y también es importante que se aprenda a hablar de fe y de Moral teniendo de fondo el llanto de David pidiendo de comer.

Hablar de la familia y aconsejar a las familias no puede hacerse sólo leyendo el Derecho Canónico o lo que escribían los santos padres, que decían cosas muy interesantes. Interesantes son también las opiniones de quienes saben menos Teología pero conocen bastante  de las relaciones de pareja y las situaciones que se viven en el hogar con niños pequeños o  adolescentes. Muchas parejas se han roto y, cuando más necesitadas estaban de atención y misericordia, se les cerró puertas y castigó con leyes y normas dudosamente  evangélicas. 

            Un niño que con lágrimas busca el regazo materno siempre transmite ternura. Tal vez es eso lo que va a decir el pequeño David a los grandes de la Iglesia: Sean más tiernos, no sean demasiado exigentes, piensen en la situación de cada familia, traten como trata Jesús.

            Leo cada día las informaciones que llegan del Sínodo y, como ocurre siempre, hay noticias buenas, alentadoras y otras  que dejan preocupación. Anima saber que  los padres sinodales siguen el consejo del Papa Francisco de hablar libremente y al parecer está siendo así. Y se ha hablado con mucha libertad de matrimonios eclesiásticos y civiles y de parejas homosexuales o lesbianas.

A los sinodales, como a la mayoría de nosotros, los que no hemos ido al Sínodo,  les preocupa el alto número de separaciones y de divorcios que se producen.  Y tienen en la mente dialogar sobre ese miedo que existe a los compromisos definitivos. Además, en el Sínodo se dialoga  sobre las dificultades de las familias que viven situaciones económicas y sociales difíciles. Problemas como el desempleo, los salarios bajos o la falta de un trabajo digno podrían no estar ausentes de las discusiones vaticanas.

            En lo negativo, me llama la atención  los movimientos de algunos grupos que quieren influir con recogida de firmas  y manifestaciones para que la Iglesia no ablande su postura respecto a que los divorciados que se casaron de nuevo  puedan comulgar.

Sin embargo, nos queda la fe. Tengo la esperanza de que esta Iglesia no quedará dejada de la mano de Dios sino todo lo contrario. Y que este Sínodo que acabará el día 24, será una bendición para muchas familias.  

Esta carta de hoy va para ti, Alicia. Para ti que, en estos años de tu adolescencia,  tantas veces te has quejado de tus padres y dudas de su cariño. Y va para ti, Aarón, que has decidido dejar el hogar familiar, en donde has crecido, porque dices que quieres vivir más libre, sin aguantar los consejos trasnochados de tus padres. Y va para para ustedes, María y Antonio,  que abandonaron la Iglesia, descontentos por el trato recibido tras el divorcio.  No tiren la toalla. La familia es casi siempre el lugar más gratificante. Cuando en otro sitio no nos acogen, en la casa de nuestros padres siempre hay un espacio para nosotros.  La Iglesia ha pecado muchas veces, es verdad, de poco humana.  Pero nunca cierra sus puertas.
David, el niño del Sínodo, es el símbolo de que la ternura puede volver a la Iglesia.  

P.D.
Nicanor y Adrián son dos seminaristas que hoy empiezan a ser curas. Empiezan a formar parte  de una nueva familia. Deseo que la diócesis y las parroquias a las que van destinados sean su segunda casa, su segunda familia. Bienvenidos.  




viernes, 9 de octubre de 2015

SINODO: AL ATARDECER ESTABAN TODOS REUNIDOS Y...MARÍA EN MEDIO DE ELLOS

Escribe Paco Mira:
SINODO: 
AL ATARDECER ESTABAN TODOS REUNIDOS 
Y...MARÍA EN MEDIO DE ELLOS.

              Partiendo de la base que el Evangelio, como todas las noticias buenas, tiene que ser filtrado en su lectura por aquello de los géneros literarios, me quiero imaginar la escena: un grupo de seguidores de un crucificado, quizás decepcionados al pensar que su lucha había quedado en la nada, reunidos en una sala preguntándose qué hay que hacer o qué habría que hacer a partir de ahora; quizás las ganas de arrojar la toalla imperaban más que las de continuar en una batalla que, entre otras cosas por cuestiones de ideología, de política, de miedo podría ser que no tuviera futuro... en definitiva la escena de lo que hoy podríamos decir decepcionante.

         Sin embargo, y he aquí la gran paradoja, aquella gente - lejos de arrojar la toalla - se ha mantenido en que lo que para otros puede parecer una contradicción y es simbología de ánimo y de seguir adelante a pesar de todas las dificultades a sabiendas que los caminos por los que ahora van a deambular y a recorrer no van a ser nada fáciles. Las mujeres, como y con María a la cabeza, van a ser determinantes en muchas de las decisiones que a partir de ahora, aquella comunidad insignificante ha generado lo que ahora tenemos.

         Fíjense las curiosidades de la vida. La semana pasada comienza en Roma un Sínodo (reunión de representantes de un colectivo para un fin determinado), en el que se va a tratar,  a debatir ... lo fundamental del ser humano. Se va a debatir la esencia del núcleo en donde hemos nacido, crecido, alimentado y que nos marcará para el resto de nuestros días: la familia.

         Los tiempos han cambiado, pero quizás muchas de las connotaciones que hace dos mil años se dieron, se pueden reproducir hoy también. En aquellos tiempos estaban encerrados por miedo. A mí me gustaría que mi Iglesia, en los tiempos actuales, no se encierre ni tenga miedo. Que sea una Iglesia abierta y valiente porque también es verdad que como diría Santa Teresa, "corren tiempos recios", tiempos difíciles y complicados en los que la sociedad, los propios cristianos, le exigen, le piden a la Iglesia, a su Iglesia, que vaya con ella y con ellos en los tiempos en los que nos movemos.

         Me gustaría que mi Iglesia, a través del sínodo,  no fuese como el joven del evangelio de este fin de semana que le cuesta desprenderse de lo que no le es necesario. Quiero que mi Iglesia se humilde, sencilla, amable, cariñosa, no apegada a los que no pueden entrar por el ojo de una aguja, porque eso significa que cada vez más está en la línea del crucificado y más cerca de aquellos primeros que también se reunían, entre otras cosas, para rezar.

         Y me alegra que rezando tengamos una iglesia que en las palabras del Papa Francisco  sea accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad". Por eso los primeros cristianos lo entendieron muy bien y no siguieron encerrados en sus propios criterios, sino que entendieron que lo que le sigue al crucificado es anunciar su mensaje.

         Me alegra que en el Sínodo de la familia, la mujer esté presente. Quien nos da la vida, pueda seguir anunciando la Vida, incluso dentro de la responsabilidad de la propia Iglesia. María, es ejemplo de ello. Ella es Pilar por lo consistente y por su firmeza en su convicción. María nos dio la Vida y sigue apoyando la vida.

         Apoyemos el sínodo. Ojalá que nos sirva a todos y que como dice el salmo de este fin de semana, sácianos de tu misericordia, y nuestra vida será alegría"

         Mi recuerdo para Adrián y Nicanor. La Diócesis se alegra por ustedes.

      Hasta la próxima.

         Paco Mira


lunes, 13 de octubre de 2014

El Sínodo reclama "nuevos caminos pastorales" para la comunión de los divorciados vueltos a casar

El Sínodo reclama "nuevos caminos pastorales" para la comunión de los divorciados vueltos a casar.

 "Los homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana", subraya el documento resumen.ínodo

El Sínodo de Obispos reconoce la "urgencia de nuevos caminos pastorales" para las "familias heridas" (separados, divorciados vueltos a casar), que no estén basadas en "soluciones únicas" o inspiradas en la lógica del "todo o nada". Entre ellas, la de la posibilidad del acceso a la comunión de los que se casan por lo civil tras el fracaso de su primer matrimonio. Este ha sido uno de los temas abordados con mayor profusión en la "Relatio post disceptationem", que ha presentado el cardenal Peter Ërdo.
Por otro lado, el documento expuesto por el cardenal Erdö da cuenta de que se debe considerar "la posibilidad de dar relevancia a la fe de los novios en orden a la validez del sacramento del matrimonio". Sobre todo se ha destacado que "en todos los casos se trata de establecer la verdad sobre la validez del vínculo".
Además, el documento afirma que la comunidad local y los pastores "deben acompañar" a las personas divorciadas pero no vueltas a casar "con preocupación", sobre todo cuando hay hijos o es grave su situación de pobreza. Sobre las situaciones de los divorciados vueltos a casar se ha puesto sobre la mesa la necesidad de "un discernimiento atento y un acompañamiento lleno de respeto, evitando cualquier lenguaje o actitud que les haga sentir discriminados".
El documento expresa que hacerse cargo de estas personas "no supone para la comunidad cristiana un debilitamiento de la fe y del testimonio de la indisolubilidad matrimonial, sino que expresa su caridad con este cuidado".
Con respecto a la posibilidad de acceder a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarística, algunos han argumentado a favor de la disciplina actual en virtud de su "fundamento teológico", otros han optado por una mayor apertura a las condiciones bien precisas cuando se trata de situaciones que no pueden ser disueltas sin determinar nuevas injusticias y sufrimientos.
En este sentido, el documento expuesto por el cardenal Erdö informa de que para algunos padres sinodales el eventual acceso a los sacramentos debe ir precedido de "un camino penitencial -bajo la responsabilidad del obispo diocesano-, y con un compromiso claro a favor de los hijos".
Esto se trataría de una posibilidad "no generalizada, fruto de un discernimiento actuado caso por caso, según una ley de la gradualidad, que tenga presente la distinción entre el estado de pecado, estado de gracia y circunstancias atenuantes".
El documento plantea la clara necesidad de opciones pastorales valientes para sanar a las familias heridas, entre ellas los separados, los divorciados no vueltos a casar o vueltos a casar. En este sentido, los Padres sinodales, han advertido de "la urgencia de nuevos caminos pastorales", que partan de la realidad efectiva de "las fragilidades familiares", reconociendo que estas situaciones no se eligen la mayor parte de las veces, sino que solo se sufren. Se ha puesto de manifiesto que no es sabio pensar en "soluciones únicas" o inspiradas en la lógica del "todo o nada".
Además, se ha resaltado la necesidad de que el diálogo y el debate vividos en el Sínodo continúen en las Iglesias locales al tiempo que se ha subrayado que las familias católicas están llamadas a ser en sí mismas los "sujetos activos de toda la pastoral familiar".