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sábado, 17 de julio de 2010

MARTA Y MARÍA: Evangelio de este domingo

MARTA Y MARÍA: Evangelio de este domingo

Escucha primero la lectura del Evangelio haciendo clic en el vídeo de abajo
COMENTARIO:

En el evangelio de Lucas el camino de Jesús a Jerusalén marca una progresiva manifestación del Reino. A medida que avanza va formando a los discípulas y discípulos en actitudes de misericordia, de abandono de las pretensiones de poder, y en la atenta escucha de la Palabra. En ese camino, al igual que los misioneros que han venido anunciando su presencia, Jesús es recibido por dos mujeres en una casa de familia.
Allí se topa con dos actitudes diferentes. Una de total atención y escucha, la otra, de afán por los quehaceres habituales y de distracción. El trajín de la vida cotidiana había atrapado a Marta y, probablemente, la había vuelto sorda a la Palabra de Dios. Ella recibe a Jesús pero no lo escucha. Aunque Jesús entra a su casa, ella lo deja por puertas. Jesús propone un plan encaminado a formar verdaderos oyentes de la Palabra -auténticos discípulos- que Marta no está dispuesta a atender.
María, al contrario, comprende bien el proyecto de Jesús y rompe con los prejuicios culturales de su época. En lugar de andar atareada con los oficios domésticos “propios de las mujeres” (las “labores propias de su sexo”, como se ha dicho y pensado durante tanto tiempo), se pone “a los pies del Señor para escuchar su palabra”. Este gesto, reservado entonces culturalmente a los discípulos varones, la acredita como discípula.
Marta, al fatigarse con el interminable trabajo de la casa, cuestiona la contradictoria actitud de María e interpela al Maestro para que "ponga a la mujer en su sitio". Jesús le da una respuesta inesperada: felicita a María porque ha acertado en su elección y reprende a Marta por dejarse envolver en las preocupaciones cotidianas sin atender a lo importante. Efectivamente, María ha hecho la mejor opción, la única necesaria para ponerse en el camino de Jesús y ser su discípulo: ha decidido aprender a escuchar la Palabra y se deja interpelar por la presencia del Maestro.
En su camino Jesús va formando, pues, a sus seguidores en las actitudes indispensables para llegar a ser verdaderos discípulos. Una de esas actitudes es la de escuchar atenta y serenamente su Palabra. Actitud que exige romper con el ritmo loco e interminable de la vida cotidiana para ponerse, serena y atentamente, a los pies del Maestro. Esta elección que a los ojos de la eficiencia puede parecer superficial e inútil, es una condición fundamental para llegar a ser un auténtico discípulo.
Nosotros hoy nos enfrentamos a un ritmo de vida más agitado que el de épocas anteriores. Los medios proporcionados por la tecnología para ahorrar tiempo... también multiplican las ocupaciones y acaban haciéndonos caer en un activismo desenfrenado. Y el exceso de preocupaciones nos lleva a olvidarnos de lo fundamental...
Nuestro cristianismo se convierte así en un tímido cumplimiento de algunas obligaciones religiosas, sin espacio para la escucha de la Palabra. Se nos exhorta, se nos bombardea continuamente con mensajes que nos invitan a ser "eficaces, productivos y competitivos"... Pero con Marta y María, Jesús nos interpela y nos llama a respetar la jerarquía de valores y a poner en su sitio la "opción por lo fundamental": ponernos a sus pies y escuchar su palabra. Jesús nos invita a que nuestro cristianismo sea un verdadero discipulado.
Para aprender la lección del Maestro, debemos formarnos en la escucha atenta de la Palabra en la Biblia y en la vida. La Biblia no puede permanecer guardada en un cajón mientras nosotros nos ahogamos en el interminable torbellino de los quehaceres cotidianos. La Palabra de Dios está hecha para caminar con nosotros paso a paso, día a día, minuto a minuto. Para enseñarnos a vivir en comunidad la solidaridad que hace efectivo aquí y ahora el reinar de Dios. Para ayudarnos a escuchar la Palabra que Dios nos dirige en la difícil realidad de nuestros pueblos: en las inhumanas condiciones de las grandes ciudades, en la soledad y el aislamiento de los campos. Debemos pues optar por las actitudes que nos conviertan en verdaderos discípulos de Jesús y auténticos cristianos.
La espiritualidad latinoamericana tiene muy clara la intrínseca unidad entre "acción y contemplación".
Evidentemente, sería malo interpretar el texto en un sentido dualista (o una cosa u otra): "o contemplación y escucha pasiva de la Palabra, por una parte... o, por otra, acción caritativa sin oración ni contemplación". Marta y María no deben ser símbolos de extremos parciales; si lo fueran, la elección no iría por ninguna de ellas en particular, sino por las dos en conjunto. Es lo que nos dice el poeta Casaldáliga con "el difícil todo" que eligió "la otra María"

viernes, 15 de enero de 2010

DIARIO DE UN CURA. 15 de Enero de 2010

Después del platito de arroz blanco que me toca por tercer día consecutivo, recuerdo las veces que me ha tocado compartir tiempo, trabajos, ilusiones y comida con los misioneros de Bolivia Guatemala o Malawi. Arroz y frijoles cada día. Como todo el mundo. También hoy y ayer me ha tocado el mismo manjar pero sin frijoles: Arroz, tomates y la latita de atún. Y sabe a gloria.
Anoche no. Anoche cené en la casa de Antoñita María con un total de doce comensales, casi todos amigos o familiares. Por momentos no intervine en la conversación por aquello de que el silencio puede ser mejor arma que la palabra. Me gustó cuando Antoñita me enseñó las fotos de su hermano Tomás Morales, sacerdote asesinado en la guerra civil y propuesto para la beatificación. Me gustó sobre todo ver la cinta que ataron sus manos en la ordenación sacerdotal. Y me alegró cuando Antoñita contaba que su sobrina-nieta anda metida en una ONG colaborando en no sé qué países. Su familia se pregunta. Pero ¿qué se ha perdido allá?
Ahora, cuando comía el arroz y veía al mismo tiempo el telediario con las imágenes de terremoto de Haití, me hacía la misma pregunta: ¿Qué hacían en Haití las 8 hijas de la caridad españolas que estaban allí y no se las encuentra? ¿Y qué hacían las dos Hermanas del Sagrado Corazón que al parecer murieron en la destrucción de su vivienda? A lo mejor esto sirve para que los eternos críticos de nuestra Iglesia se den cuenta de que la Iglesia no sólo es Rouco Varela o el obispo de San Sebastián o la manifestación de Madrid. Cada vez que ocurre una tragedia en cualquiera de los paises pobres de la tierra, aparecen los nombres de los misioneros y los cooperantes que, silenciosos, sin ser noticia de periódicos y televisiones, estaban allí. Allí estaban haciendo Iglesia y haciendo solidaridad, comiendo arroz por la mañana y por la noche, muriendo con la gente más pobre del mundo.
Te recuerdo, amigo Miguel, compañero de misión en Malawi. ¿Te acuerdas? Caminamos no sé si siete o nueve horas por aquel fango. Caímos al riachuelo, nos pinchábamos en las zarzas, nos faltaba el agua, bebimos la soledad de aquella noche en aquella aldea que ni recuedo su nombre. Los mosquitos zumbaban en nuestros oídos, tumbados en la hamaca de aquella escuela de piedra de ventanas y puertas que sólo eran huecos para que pudiera entrar cualquier animal. Era la noche y no había nada. Ni luz, ni comida, ni agua. Y es allí a donde marchan nuestros misioneros. Tú me dijiste: Qué débil se siente uno aquí. Y te echaste a llorar. Desde mi mediodía de arroz, solamente por eso, viene mi recuerdo a los muchos misioneros que en Haití, Bolivia, Nicaragua, Malawi, Mozambique, Guatemala, sufren momentos duros o mueren muchos días en el año, sólo por amor a esos hermanos que también mueren cada día y no tienen el consuelo a veces ni siquiera de tener un platito de arroz. No digo ya con atún o con salsa de tomate.
En esta hora, mi diario echa sangre. Es mi oración por quienes en cualquier lugar del mundo, como misionero o cooperante está intentando cambiar el mundo. Es mi oración por los que cada día se enredan en criticar a una Iglesia que no conocen porque sólo ven una parte muy pequeña y la ven mal.
El dominico Tomás Morales de Carrizal, que dio su vida por la fe, sí que lo comprenderá. Felicidades, Antoñita por tener un hermano así y una sobrina así.

jueves, 13 de agosto de 2009

CARTAS AL VIENTO: MUJERES





El lunes pasado estuve en Triquivijate (Fuerteventura). Igual que yo, otras muchas personas estaban allí, emocionadas, en el homenaje merecidísimo a Nenita Jordán, una mujer de 85 años. Resultaba fácil hablar de una mujer a quien la edad y la dureza de la vida habían ido encorvando. Parecía que ya sólo podía mirar al suelo, ella que siempre supo compaginar su compromiso con la gente de la tierra y con el Dios del cielo. Que hablaba con la misma naturalidad de la oración, que de la denuncia a los que abusan de los inmigrantes con contratos de miseria o los que se valen del poder para humillar a los más desfavorecidos..
Recordando a la ya ausente Nenita, venían a mi mente multitud de mujeres de Iglesia que, como ella, tienen una mentalidad abierta, libre y comprometida. Me parece injusto que algunas personas, de entrada, identifiquen a la gente de Iglesia con el inmovilismo o la pasividad. Y más injusto todavía que se califique a la mujer que hace un servicio voluntario en la comunidad cristiana, como la mujer sumisa o sin criterios propios. Nada de eso ocurría en Nenita y nada de eso ocurre en mujeres que llevan una gran responsabilidad en parroquias e instituciones de Iglesia. Paqui Bonny, en Caritas Diocesana, es un ejemplo de mujer comprometida, libre y valiente. Y como ella, otras mujeres que, desde las parroquias, expresan un talante luchador y reivindicativo como Lourdes Bravo en Tamaraceite o Antoñita Mª Morales en Carrizal.
Es verdad que no todo está hecho y que la Iglesia tiene que dar una mayor participación y responsabilidad a la Mujer. Es cierto también que, como en todas las instituciones, hay quienes intentan poner frenos y dificultades para que la mujer realice el papel que le corresponde. Esa es la historia. Hoy la Liturgia recuerda a una Mujer que, desde la humildad y espíritu de servicio, lanza un grito a favor de los pobres bendiciendo a Dios porque “derriba del trono a los poderosos, porque despide sin nada a los ricos mientras llena de bienes a los que pasan hambre”. Ese es el grito que sigo escuchando en muchas cristianas que, sin espíritu de odio ni de venganza, recuerdan al mundo y a la Iglesia su responsabilidad frente a los pobres y frente a la mujer. No para animarles a la venganza, sino para pedir que se haga justicia. Que ninguna persona sea discriminada, que vayan cayendo las tradiciones en las que a veces nos refugiamos para perpetuar situaciones injustas.
El recuerdo de Nenita Jordán, mujer creyente y luchadora, cercana a los más débiles de su tierra, que cuanto más miraba al suelo más cerca estaba de Dios, me hace exclamar hoy con María y las mujeres del mundo: “Mi alma engrandece al Señor y mi Espíritu se alegra en Dios mi Salvador”.