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domingo, 23 de febrero de 2014

Escribe J. A. Pagola: NO A LA GUERRA ENTRE NOSOTROS

Escribe José Antonio Pagola, Teólogo
       Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.
       También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él en hacer una vida más justa y fraterna.
       Por eso, según Jesús, no basta cumplir la ley que ordena "No matarás". Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata, cumple la ley, pero si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.
      Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.
      Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.
        No es este un hecho que se da solo en la convivencia social. Es también un grave problema en la Iglesia actual. El Papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de "cristianos en guerra contra otros cristianos". Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: "No a la guerra entre nosotros".
         Así habla el Papa: "Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas.
     ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?". El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que "todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis".

José Antonio Pagola


sábado, 26 de octubre de 2013

EL AUTOR RESPONDE A LAS CRÍTICAS AL LIBRO "MEMORIAS DE ARINAGA"

MEMORIAS DE ARINAGA: RESPUESTA 
A ALGUNAS CRÍTICAS 


Después de haberse publicado mi libro, “Memorias de Arinaga”, tengo que decir lo siguiente:
Que me llena de sentimiento, cuando, junto a mi padre, camino por las calles del pueblo y se me acerca alguna señora, que amablemente me pregunta si soy yo el autor del mencionado libro.
La mayor parte de las ocasiones, ni siquiera conozco a mi interlocutora, pero siempre, emocionado y orgulloso, mi padre se me adelanta respondiendo que sí.
          Es la emoción de ver con orgullo, como su hijo, al que ha mirado siempre con pena, es admirado por la gente sencilla, como lo somos nosotros, a pesar de su minusvalía, que a pesar de todo le ve superarse, día a día. 
  Pero yo no doy las gracias solamente a estas personas, porque yo, que me declaro cristiano, recuerdo sus palabras, cuando decía que si te alaban, ya has recibido tu paga, que es por lo que también doy las gracias a los que han criticado mi trabajo.
Esto lo digo, pensando en una poesía de los libros en mi época de Educación Primaria, que era de “Samaniego”, titulada “Bien por mal” y que venía a contar que un niño gamberro, se acercó a un árbol y le tiró una piedra, claro que con la intención de hacerle daño, pero al momento cayó una pera, que es por lo que dice que el árbol le pagó con su fruta la mala acción que había cometido.
Por eso, esas críticas, al contrario de lo que puedan pensar, no me van a obligar a abandonar la escritura, que si bien no se vea reflejada en futuros libros, aunque no dejo mi empeño de expresar lo que siento y lo que haga que Arinaga tenga una persona que se ha preocupado por su historia, que por cierto nadie se había preocupado de hacer, teniendo incluso más posibilidades que yo, aunque ahora me viene a la memoria la recopilación sobre árboles genealógicos de las personas de la playa, cosa que si publicó el desaparecido Francisco Gómez, que en gloria esté.
Si yo hubiese sido de fuera del pueblo, quizá no hubieran sido tan estrictos, porque no miraron el contenido del libro con lupa, sino con microscopio, pero yo, firme en la fe, recuerdo las palabras de Jesús, cuando decía “que nadie es profeta en su propia tierra”.
En resumen, que tanto a unos como a otros, yo les doy las gracias por haber colaborado con Cáritas”, que es el destinatario de los beneficios del libro, siendo ese mi mayor orgullo, porque la gente ha respondido tan bien, que a los más de 300 libros que doné, tuve que sumar otros 50 que mandé reeditar, con cargo a mi bolsillo.
¡GRACIAS!

Juan Santana Méndez