Escribe Paco Mira:
DE VINO Y DE LIBROS
Bueno, pues uno de los
grandes placeres de la vida (podemos cerrar los ojos y dejar volar la
imaginación) es encontrar un lugar tranquilo, una buena copa de vino, ir
degustándolo y saboreándolo, un buen libro, sentarse en una silla en el porche
de una casa de campo y dejar que las horas vayan pasando.
Digo esto porque esta semana pasada fue
el día del libro. Y cuando uno era joven había un lema que decía que “un
libro ayuda a triunfar”, es por ello que me gustaría reivindicar la
lectura, pero no la digital, sino la de papel, la que se puede subrayar, la que
se pueden poner notas al margen… la que nos ayuda a triunfar. Quiero
reivindicar la lectura en los jóvenes como representación de tantos y tantos que quieren triunfar en la
vida; quiero reivindicar que por medio de la cultura y de la lectura el mundo
puede ser, no sólo de otra forma, sino incluso hasta mejor de lo que es.
Con el vino, casi sucede lo mismo, casi
como la vid y los sarmientos. La vida de la comunidad y la de las personas que
la conforman han de estar absolutamente unidas al proyecto de Jesús de Nazaret.
Cuando apostamos, entre otras cosas, por un mundo donde la vida sea respetada,
la justicia sea una realidad para todos, la paz un derecho inalienable y la
reconciliación una forma de estar entre personas y pueblos, lo hacemos desde
los valores que el Maestro nos dejó.
Hay que cortar las ramas que no dan
fruto y también habrá que quemarlas para que no afecten al conjunto del árbol o
que no pongan en peligro los frutos. Pero hoy, ¿qué ramas hay que cortar?, pues
probablemente las que pongan en peligro la unidad de la Iglesia en torno a
Jesús; la descalificación del que piensa distinto, las críticas subterráneas
que ni construyen ni dejan construir; la intolerancia y la poca flexibilidad;
la desconfianza en los otros; el tratarnos como si fuéramos enemigos o rivales
y no trabajadores del mismo campo, aunque con diversas funciones en el mismo. A
veces siento un poco de vergüenza cuando en los medios de comunicación
ventilamos normales discrepancias entre sectores de la Iglesia como una pelea
de enemigos irreconciliables.
Otra rama que se puede cortar es la de
la lejanía con la vida, la lejanía de las alegrías y preocupaciones de la gente
que nos rodea que incluso nuestra oferta de vida con sentido puede llegar tarde
o no llegue a quienes lo necesitan. En definitiva la rama que dificulta el
diálogo del evangelio con la ciencia, con la cultura, con la política, con las
religiones… con la vida.
También, no solo hay que cortar, hay que
podar. Hay que podar la rama de la presencia de la Iglesia en las fronteras y
periferias existenciales donde se tienden puentes de inclusión y dignidad para
todos y todas. Me gusta ver la Iglesia en los campos de refugiados acompañando
a las víctimas; defendiendo la dignidad de los pueblos indígenas; tendiendo
puentes en pueblos sumidos en guerras fraticidas; abrazando a las víctimas del
terror.
Podar la rama de la presencia de la
Iglesia en el mundo de la educación. Sin educación el mundo pierde su norte, un
pueblo analfabeto, es un pueblo subdesarrollado. Los libros nos ayudan a pensar
y el pensamiento nos hace libres.
Podar la rama de la misericordia, de la
ternura y de la compasión que hace de la Iglesia una comunidad samaritana o,
tomando en palabras del papa Francisco una iglesia “hospital de campaña” que
cuida, atiende y sana a quienes sufren el rigor del rescate.
Ya ven. Un libro y un buen vino.
FELIZ PASCUA.
Hasta la próxima
Paco Mira
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