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sábado, 24 de octubre de 2015

CARTA AL VIENTO. ¡MIRA CÓMO SE QUIEREN!

Carta al viento

Comarca del Sureste:
¡Mira cómo se quieren!

Conocí a un profesor  que se vanagloriaba constantemente de los muchos viajes que hacía.  Eran tiempos   en los que muy pocos podían salir ni siquiera de la Isla. Y él, modulando la voz, y hasta pronunciando las zetas que no le correspondían por su lugar de nacimiento,  contagiaba envidia cuando afirmaba que, como  él era ciudadano del mundo, “ayer desayuné en Méjico y almorcé en Estados Unidos. Y ya ven ahora estoy  en Gran Canaria, aunque mañana volaré de nuevo a América”. Entre los alumnos causaba risa y algunos pensaban incluso que no era posible semejante aventura.  Aunque todos soñábamos, es verdad, que algún día tuviéramos la posibilidad de ser ciudadanos del mundo como el profesor. Esto ocurría hace más de 50 años.  Y el profesor que,  por otra parte, era  muy valorado  allí donde iba, hace bastante tiempo que hizo su último vuelo, seguro que el más feliz.

Hace menos años, hace 25, aquí, en Gran Canaria, algunos políticos  buenos (sí sí, tomen nota: hay gente buena y lista y responsable en este gremio) pensaron que si un grupo de pueblos se unen, se podría hacer un mejor servicio a la comunidad.  Realmente esto lo habían pensado otros ciudadanos dentro y fuera de la política. Lo original de todo esto es que estos dirigentes  no sólo lo pensaron, que es lo más fácil, sino que lo pusieron en práctica.

Y así, tres municipios de Gran Canaria  se dieron la mano y empezaron una andadura nueva. Compartieron proyectos, compartieron servicios y compartieron la ilusión de que era mejor que los tres avanzaran juntos, desterrando celos y zancadillas.  En estos veinticinco años que se cumplieron hace sólo unos días, se ha ido logrando que Ingenio, Agüimes y Santa Lucía  formen una misma comunidad. Yeray Rodríguez, a quien admiro por su trabajo como repentista,  lo ha celebrado con unos versos que pueden convertirse en himno y que, entre otras cosas, dice: “Los que hoy somos del Ingenio/ los que somos agüimenses/ o los de Santa Lucía /todos somos del Sureste,/ de tres pueblos que se estiran/ y hacia la marea crecen/ y que nacen Isla adentro/ porque Isla adentro convergen,/ tres pueblos que decidimos / compartir vida y simiente.

Me encanta eso de poder compartir vida y simiente. Porque no es tiempo, no lo debió ser nunca, de desuniones. Ni en los pueblos ni en las familias ni en las parroquias. Ya lo dijo Jesús hace bastantes años. Que la mejor señal para conocer si somos discípulos suyos es que estemos unidos. Y por tanto, la forma más evidente de desapego a lo cristiano es la división y el individualismo. Los buenos políticos, aunque no sean creyentes, son un estímulo para trabajar por la unidad de las parroquias, de los arciprestazgos y  de las diócesis.

Tertuliano, en el siglo II cuenta que los paganos cuando veían que los cristianos estaban unidos exclamaban admirados: ¡Mira cómo se aman!  Mi admiración también por quienes han gobernado los tres municipios del sureste en estos últimos 25 años. ¡Mira cómo han sido capaces de unirse!

Seguramente no será necesario hacer largos viajes en avión, como hacía el viejo profesor, para sentirse ciudadano del mundo. Se puede empezar por poquito. Vivir en Ingenio, trabajar en Agüimes, divertirse en Santa Lucía  y, en los tres lugares,  sentirse siempre en su pueblo, en su casa. ¡Mira cómo se quieren!


sábado, 9 de mayo de 2015

CARTA AL VIENTO: LA VOZ DE LOS CURAS

CARTA AL VIENTO
LA VOZ DE LOS CURAS

El wasap de mi sobrina Sara, me hizo cambiar de lugar, aunque no soy muy amigo de la pantalla chica: Ponte a ver la tele. Hay un sacerdote concursando en “La Voz”. Deberías ver su actuación. Canta que no veas, se llama Damián. Hice caso a mi sobrina, como casi siempre, y allí me puse, delante del televisor. Me gustó. Y más aún cuando, buscando en Internet, supe que es misionero redentorista  y que ha estado en la India y en Honduras. Y que ha manifestado que, lo que realmente le importa,  es " transmitir, a través de la música,  el amor en el mundo".
Entre los curas, como ocurre en todas las actividades humanas, encontramos de todo. Pero lo positivo es mucho más,  aunque a veces,  por lo que uno oye,  parezca que la balanza se inclina al otro lado. Ocurre igual que con los  políticos, ahora ya en campaña para las elecciones. Se comentan los abusos de poder o la insensibilidad de algunos que nos gobiernan y los muchos tristes casos de corrupción. Pero es injusto generalizar. No todos los políticos son corruptos. No todos los que aparecen en las listas andan buscando su propio beneficio. Al contrario. Estoy convencido de la honradez de la mayoría de los que gobiernan en nuestros municipios.
Creo que, a través de la música, del sacerdocio y de la política se puede transmitir un mensaje profundo de  amor y muchas veces se transmite. Hace unos días leí la entrevista que en Cataluña hicieron a un cura de Gran Canaria. El titular era muy significativo: “Paco Padrón, el cura que se para a hablar con la gente”. Me gustó. En esta época en la que todos andamos a la carrera es un valor importante que muchas personas encuentren tiempo para hablar y para escuchar. Como interesante y signo de entrega me ha parecido el testimonio del ex cura de Temisas, Antonio Cerpa, que ha contado su experiencia  en el libro “La dignidad conquistada. Memoria de una lucha contra el abandono y las injusticias. Temisas 1968-1971”.  Tal vez muchos sacerdotes de nuestra tierra podrían contar y cantar también sus luchas, sus trabajos y  sus sacrificios por la gente de nuestros pueblos y ciudades. Aunque lo conseguido no haya sido tanto. O que no se hayan parado a hacer balance de su trabajo.
Precisamente hace sólo unos días un grupo de curas celebraron sus 50 o 25 años de servicio a los demás: Paco Martel, Diego Monzón, Julio Sánchez, Vicente Santana, Pepe Mejías y Julio Roldán. Hombres que, con algunos defectos como todos los humanos, siguen sembrando con entusiasmo el amor gratuito y generoso, queriendo a la gente, sintiéndose servidores desde su tarea en la parroquia o el hospital o la investigación. Aunque a veces no se les reconozca.
Los curas, salvo alguna excepción como Damián, no van a la tele. Pero andan por ahí, cada uno con sus peculiaridades, poniendo  voz y vida al evangelio. Son tiempos nada fáciles que exigen mucha dedicación y entusiasmo para no caer en el desánimo que es la tentación que acecha a todos los que hacen un servicio público.  Tienen que escuchar elogios, pero también críticas duras.  Me alegra escuchar palabras bondadosas para los sacerdotes y para los trabajadores de la salud y de la enseñanza. Me gusta escuchar buenas cosas de toda la gente. También me gusta darlas a conocer.
Este domingo se celebra el día de San Juan de Ávila, patrono de los sacerdotes españoles. Dicen de él que, además de ser un predicador incansable, transmitía  dulzura.  Por esa razón  muchos se acercaban a la Iglesia y a Dios.

Por eso, algún día, hoy mismo, cuando escuche una homilía acertada o el testimonio de un cura amable, trabajador y cercano enviaré un wasap a mi sobrina Sara, que no es muy amiga de misas,  para decirle:   Ven a esta parroquia.  Hay un sacerdote que llega muy adentro. Deberías verlo. Celebra y trabaja por los demás que no veas. No canta, pero encanta.