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lunes, 20 de febrero de 2017

CARTA DESDE UGANDA

CARTA DE UNA MISIONERA
DESDE UGANDA. NOS CUENTA
LA SITUACIÓN QUE SE ESTÁ
VIVIENDO EN SUDÁN

Uganda, 17 febrero 2017

Queridos amigos/amigas, quisiera compartir con ustedes  algo sobre la situación que estamos viviendo aquí en Sur Sudan.  

Les escribo desde Uganda, donde estamos en exilio junto a nuestro pueblo del S. Sudan. Las razones del exilio son varias y complejas, antes de Navidad escuchamos rumores de un posible ataque entre los soldados de la oposición y los del gobierno. Por casi todo el mes vimos cientos de personas huir hacia el norte de Uganda donde están los campos de refugiados; la gente caminaba tanto bajo el sol, con niños y cargando los bienes necesarios como podían.  Nos preguntábamos como sería nuestra Navidad, gracias a Dios la celebramos bien y recibimos el nuevo año alegremente en comunidad con la gente, aunque al mismo tiempo en muchos de ellos captamos tensión y miedo.


Terminadas las fiestas, como previsto, las hermanas viajamos a Nairobi para el retiro la asamblea anuales. Mientras estábamos en Nairobi recibimos la noticia de que el domingo en una de las capillas, mientras la comunidad rezaba, los soldados entraron y mientras la gente huía, seis personas fueron asesinadas, entre ellos un catequista. Regresando de Nairobi, estando aún en la frontera con Uganda, encontramos algunos de nuestros feligreses allí: rostros cansados, agobiados, sufridos; nos informaron sobre la situación en nuestra zona y nos dijeron que toda la gente estaba huyendo porque nadie se sentía seguro ahí. La gente huyó con todos sus bienes, caminando por horas bajo el sol, cargando pesos, durmiendo algunas noches en los bordes de la calle y cuando finalmente llegaron a la frontera tuvieron que esperar algunas horas para ser inscritos y asignados por las Naciones Unidas a un campo de refugiados. Ver a nuestra gente en esas condiciones sentí pena, parecían ovejas sin pastor.

En la frontera vimos muchos autobuses de las Naciones Unidas UNHCR que transportaban a la gente hacia los campos de refugiados, detrás de ellos partían también camiones transportando sus pertenencias: recipientes para el agua, colchonetas, sillas, mesas, ollas, en fin, todo muy simple, lo que la gente posee. Dejada la frontera, nosotras continuamos nuestro viaje hacia el Sur Sudan, y lo largo del camino vimos muchas cabañas cerradas con candado,  pozos sin mujeres que recogieran agua, aldeas vacías y patios sin niños que jugaran, ningún joven paseando por las calles o jugando en el campo de futbol. En el camino encontramos de nuevo gente caminando hacia la frontera: hombres sudorosos y fatigados, el polvo rojizo cubría sus caras y su ropa, rostros cansados, llevaban sus motos o bicicletas sobrecargadas con sus animales, sacos, cajas y otras pertenencias.


Aquella primera noche de nuestro regreso percibí un silencio extraño, los perros aullaban como si lloraran la ausencia de sus amos. A la mañana siguiente no hubo gallos que anunciaran el amanecer. En la tierra de la misión, las personas más vulnerables estaban esperando que se les ayudara para llegar a la frontera con sus bienes, estos eran: mujeres embarazadas, personas con discapacidad, ancianos, enfermos, éstos fueron ayudados de manera especial. Por la mañana fuimos a saludarlos y a conversar con ellos, su presencia me hizo pensar a los pobres de Yahveh, a aquel resto fiel del pueblo de Israel que esperaba solo en Dios su liberación y salvación. Una joven con discapacidad se me acercó, me tiró del brazo y me abrazó, luego me ofreció un pedazo de caña de azúcar. Otro chico con retraso mental me llamó desde donde estaba sentado en el suelo y me ofreció un trozo de patata dulce (camote). Gestos de dulzura y calidez de quien de guerra o de luchas tribales no entiende mucho, de quien  vive la relación con los demás de manera simple y espontánea... y le pedí al Señor de donarme un corazón sencillo como el de ellos.

               Nosotras como misioneras/os optamos por quedamos con el pueblo aún en situaciones de peligro, si es necesario, conscientes de que nuestra vida la hemos ya donado al Señor. Hacer causa común con las personas con las que vivimos es una parte importante del legado que Daniel Comboni nos dejó, es profecía en nombre de la pobreza y de la hermandad universal, porque para Dios no existen vidas humanas más preciosas que otras. En nuestro caso fue la gente que abandonó el lugar y nos quedamos solo las hermanas y los misioneros. La gente nos advirtió de salir también nosotros, porque en cualquier momento podría comenzar el enfrentamiento armado, nos pidieron de no abandonarlos en los campos, de visitarlos, de ir a rezar con ellos. Como equipo pastoral pedimos al Señor que nos asistiera con su sabiduría, entre nosotros dialogamos tratando de discernir que hacer; al final decidimos dejar la misión el lunes 6 de febrero y partimos hacia la comunidad comboniana más cercana en el norte de Uganda; zona donde están los campos. Queremos ofrecer un servicio pastoral a nuestros feligreses y acompañar esta experiencia de exilio, que es también el nuestro.

Si aún te queda paciencia para seguir leyendo, hay una segunda reflexión sobre el exilio. Un abrazo, Lorena Ortiz.


domingo, 3 de julio de 2016

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

“LA MIES ES MUCHA Y POCOS LOS OBREROS”
Te pedimos que envíes a tu pueblo
los servidores que necesita.
Escoge de nuestras parroquias,
de nuestros hogares,
de nuestras escuelas y universidades
una abundante cosecha
de ardientes apóstoles para tu Reino:
sacerdotes, religiosos, religiosas,
diáconos, misioneros y
apóstoles seglares;
y haz que los llamados por Ti
nunca pierdan conciencia de la
grandeza y necesidad de su vocación.

¡Virgen María,
Madre de la Iglesia,
enseña a decir a todos los llamados
por el Señor,
un sí con alegría,
como el que tú dijiste en la Anunciación.

martes, 6 de marzo de 2012

Una joven canaria, de campeona deportiva en España a monja misionera con los pobres en Filipinas


Ganó el oro en 1994 con un club de natación

María del Pino Rodríguez de Rivera (Mapi), una religiosa y grancanaria
se encuentra en un barrio marginal de Manila


María del Pino Rodríguez de Rivera, Mapi: De campeona de España de saltos en natación a monja misionera con los pobres en Filipinas


* "Me fui alejando de Jesús y de todo lo relacionado con la Iglesia cada 
vez más… Todo fue perdiendo brillo en mi vida, hasta que me vi 
sumida en la más profunda tristeza. Viví desde ese vacío durante casi
 tres años, nada me llenaba, nada me atraía"
* Tiempo después en Granada orando ante Jesús Sacramentado 
asegura que "tuve una sensación que no puedo describir, me sentía 
incapaz de mirarle, pero al mismo tiempo me atraía. Rompí a llorar como una niña, porque no entendía nada de lo que estaba experimentando, y dejé el grupo. Pero pronto Jesús me atrajo de nuevo hacia Él haciendo resonar dentro de mí, constantemente, esta frase: "Ven y sígueme"
María del Pino Rodríguez de Rivera,  conocida como Mapi, tiene 37 años y trabaja como misionera en un barrio marginal de Manila, la capital de Filipinas. Su amor a Dios la ha llevado a 13.000 
kilómetros de su Gran Canaria natal para ayudar a los más pobres de la ex colonia española. Pero no siempre fue así. Durante un tiempo vivió "sin rumbo, como
 perdida, una época en la que todo me daba igual". Buscaba la felicidad
 en las marchas nocturnas, en las fiestas, incluso en el deporte, donde fue 
campeona de España de saltos en 1994, con el Club Natación Metropole. "Todo
 eso es bueno si se vive de forma sana y si se sabe colocar en el lugar
 que corresponde, pero cuando lo pones en el centro de tu vida, te destruye, porque eso pasa y no es la verdadera felicidad", asegura.
Hoy el centro de su vida es Jesús Eucaristía junto a las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada y el trabajo con los pobres de Baseco Tondo, una de las zonas más míseras de Manila. Cómo llegó hasta aquí es una historia que merece ser contada.
  "Lo más importante es mi familia. Mis padres y mis hermanos, una familia cristiana que me ayudó a descubrir a Dios en mi vida",comenta por correo electrónico desde Manila. Mapi estudió en el colegio Las Teresianas, en Las Palmas de Gran Canaria, y allí transcurrió su infancia y parte de su adolescencia. Estuvo en algunos grupos de apostolado, pero más por conocer gente y participar en las excursiones.
En esa época practicó en el colegio gimnasia deportiva, y saltos de trampolín en el CN Metropole. De ahí aprendió"lo que significa esforzarse y luchar por aquello que uno quiere de verdad", así como"el sacrificio y la renuncia por alcanzar la meta deseada". Unos años que le ayudaron a crecer y la forjaron como persona.
Se decidió a estudiar Derecho, pero entonces algo en su vida cambió. "Me fui alejando de Jesús y de todo lo relacionado con la Iglesia cada vez más. Todo para mí fue perdiendo importancia y mi rutina se redujo a un malvivir continuo que se iba apoderando de mí y de mis sueños. Todo fue perdiendo brillo en mi vida, hasta que me vi sumida en la más profunda tristeza. Viví desde ese vacío durante casi tres años, nada me llenaba, nada me atraía".
"Jesús me abrió los ojos"
Un día sintió la necesidad de salir de Gran Canaria, alejarse de un ambiente que no le ayudaba. Dejó su casa y se fue a estudiar a Granada. "Algo dentro de mí me decía que iba a encontrar cosas buenas", explica. Mapi atribuye ese algo a su Dios, quien le"abrió los ojos" ya que"allí empezó la más bella historia de amor que nunca hubiera soñado".
Se instaló en una residencia llevada por las Misioneras del Santísimo, frente a la Casa Madre de las mismas, donde acabaría entrando gracias a una hermana que la invitó al grupo de oración. "Yo continuaba con mi vida de estudiante, salía con mis amigos, hacía muchas cosas, pero sentía que me faltaba algo", comenta. En su primer día de oración, ante Jesús Sacramentado -su Presencia en forma de pan-, sintió un torbellino de emociones. "Tuve una sensación que no puedo describir, me sentía incapaz de mirarle, pero al mismo tiempo me atraía. Rompí a llorar como una niña, porque no entendía nada de lo que estaba experimentando, y dejé el grupo. Pero pronto Jesús me atrajo de nuevo hacia Él haciendo resonar dentro de mí, constantemente, esta frase: "Ven y sígueme".
En pocas semanas volvió al grupo, y acabó entrando en la Congregación de las Misioneras del Santísimo Sacramento y Mª Inmaculada. Sus primeros años de formación los pasó allí mismo, en Granada, luego cuatro en Pamplona y dos más en el Puerto de Motril. Hace cuatro meses aterrizó en Manila junto a dos hermanas más, una estadounidense y otra colombiana (en la imagen de debajo de estas lineas, Anna, Mapi y Ángela María), con el objetivo de fundar una misión, la primera en Asia para esta congregación.
Manila: pobreza y hospitalidad
La hospitalidad es uno de los rasgos que más le han sorprendido a Mapi desde su llegada a Manila. "Para cualquier filipino lo primero es la persona, y aunque tengan mucho que hacer, lo dejan todo para atender a quien llega a su casa", comenta. Un rasgo que tienen también -o sobre todo- los pobres de Baseco Tondo, un lugar inmenso que crece cada año porque se van instalando familias de otras provincias. "Es impactante ver cuánta gente malvive en la calle. Baseco Tondo es una zona marginal, está en la misma ciudad, pero son como el desecho de la sociedad, porque nadie quiere saber nada de ellos", asegura. "Sería imposible sacarlos de toda esa pobreza. Se trata de ayudarles a que salgan adelante desde su propia realidad, que aprendan a luchar y a trabajar por una vida mejor".
El trabajo diario de Mapi y sus dos hermanas es, sobre todo, dar a conocer a Jesús, acompañando a las familias a la Eucaristía y otras celebraciones de la devoción popular, pero también ayudarles con ropa y comida, y para ello están aprendiendo tagalog, el idioma local. Es fundamental para poder trabajar con ellos, apunta, pero también como una señal de respeto.
La última vez que Mapi estuvo en su casa fue el verano pasado, para despedirse de su familia antes de partir a Filipinas. Asegura que sus padres y amigos están contentos porque le ven feliz, pero que la vida del misionero es dura. Eso ya lo sabe, y en cualquier caso, como ella dice, "a eso nos llama Jesús y por eso estamos en Manila, en la otra punta del mapa, pero felices de poder darle a conocer".

lunes, 11 de enero de 2010

DE TODO UN POCO



MÁS DE 17.000 VISITAS EN 8 MESES
Nos alegra que, cada día sean más los parroquianos que entran a nuestro blog que intentamos se mantenga actualizado, aunque sea acosta de alguna horita de sueño. Desde mayo de 2009 hasta ahora, es decir, en poco más de 8 meses, la página ha recibido más de 17.700 visitas. Y no solamente de parroquianos. Por ejemplo ayer domingo tuvimos visitas desde Ecuador, Colombia, Bolivia, Costa Rica, Argentina, Perú, Méjico, Estados Unidos y Rumanía. Con el apoyo de todos ustedes queremos seguir manteniendo este medio de comunicación por el que podemos mantener el contacto.

ESTE JUEVES, REUNIÓN DE PAREJAS:
PASTORAL FAMILIAR

En el Cruce de Arinaga queremos iniciar esta semana una equipo de Pastoral Familiar. Matrimonios o parejas de novios que lo deseen: Les invitamos a reunirse una vez al mes para dialogar de temas que pueden interesar a todos. Temas relacionados con la educación de los hijos, la familia, la Iglesia, el diálogo en la pareja, etc. Si tienes interés o al menos curiosidad, pásate por la parroquia. Este jueves a las siete y media de la tarde.

VISITAR A LOS ENFERMOS

Otra invitación para este JUEVES 14 a las siete y media de la tarde. Queremos contar con un pequeño grupo de personas que se animen a visitar a algunos de los enfermos o personas mayores en nombre de la parroquia. Es una tarea hermosa y necesaria que podemos llevar a cabo juntos. Ven, te contamos y si crees que puedes hacerlo...¡Contamos contigo!

ARINAGA: GRUPO DE ADULTOS
PARA CONFIRMARSE

El miércoles iniciamos un nuevo grupo de adultos que quieran prepararse para recibir el sacramento de confirmación. A partir de los 20 años, sin más límites de edad, iniciamos unas reuniones quincenales que servirán para poder recibir el sacramento de la confirmación. O el bautismo si no estás bautizado. Te animamos a participar este miércoles a las 7,30 de la tarde, en la iglesia de Playa de Arinaga.

CHARLA SOBRE MOZAMBIQUE
Elvira es una joven misonera natural de Méjico que ha estado varios años trabajando en una Misión en Mozambique (África). Está pasando unos días en Gran Canaria. Y aprovechando su estancia aquí, el viernes día 15 de este mes dará una charla en la Casa de la Cultura de Arinaga a partir de las 7 de la tarde. La entrada es libre y puede resultar interesante la experiencia de una misionera en este país. En la foto de arriba podemos ver a la Hermana Elvira Estrada con unas jóvenes de Mozambique.