viernes, 3 de marzo de 2017

LA ALFOMBRA ROJA

Escribe Paco Mira

LA ALFOMBRA ROJA
DE LA PASCUA PASA
POR LA CUARESMA

            Hace una semana, el domingo pasado, muchos fueron los que se quedaron hasta altas horas de la madrugada con el objeto de contemplar en directo el desarrollo de la entrega de premios cinematográficos más importantes del mundo. Todo el que se dedica al séptimo arte sueña con una estatuilla que le acredite ante los demás que el trabajo que hizo merece la pena.

         Yo les confieso que no me he quedado. Ya los años me van empujando a irme para la cama, casi como los niños cuando tienen colegio al día siguiente. Pero sí me llamó la atención por lo visto en los informativos, que una de las cosas que más era fotografiada era precisamente una alfombra y además roja. Por ese trozo de tela, por esos escasos cien metros, se pasean, se paran, se fotografían lo más selecto de la cinematografía mundial.

         Los cristianos también tenemos un premio, al que me gustaría llegar algún día. Un premio que lo más seguro es que no salga en los medios de comunicación como otros, aunque en más de una ocasión se ha reflejado en el cine. Un premio que nos lo entregarán no de inmediato, sino que nosotros procuraremos que se alargue lo más posible: queremos conseguirlo, estamos nominados,  pero ¡cuanto más tarde mejor!. Curioso.

         Esta alfombra la hemos empezado a estirar el miércoles de esta semana. Un miércoles que hemos denominado de ceniza. No por ser nosotros tales, sino para recordarnos lo poco que somos; para recordarnos que los premios tienen el valor que nosotros queramos darle sin necesidad de que los demás tengan que reconocerlo. La ceniza es polvo que el viento lleva y quizás en muchos de los casos se pierde, pero que deja la mano manchada, porque deja huella.

         La ceniza nos recuerda que hay posibilidades de volver a empezar de nuevo cuando en la alfombra nos hemos tropezado; la ceniza nos recuerda que la vida siempre tiene más de una oportunidad y por eso nos llama a la conversión y a creer que hay una palabra escrita, pero sobre todo viva, que nos ayuda a conseguir aquello que anhelamos.

         Pero claro. Los actores, antes de pasar por la alfombra, han pasado muchas penurias y quizás calamidades para llegar a conseguir el premio final. Jesús, este fin de semana, nos recuerda que las tentaciones están al borde del camino; que las tentaciones nos salen a la vuelta de cualquiera de las esquinas y que hay que tener la cabeza bien fría para darse cuenta que la conversión significa vencer la tentación.

         En el fondo las tentaciones no tienen por qué ser malas. Las tentaciones son, a veces, el termómetro de las fidelidades. Pero fidelidades en todos los sentidos. Hoy la sociedad en la que nos movemos nos lleva a ponernos en bandeja un montón de tentaciones que no son compatibles con el evangelio.

         La cuaresma nos tiene que llevar al ayuno de infinidad de tentaciones que nos apartan del camino que hemos escogido; nos tiene que llevar a la abstinencia de gran cantidad de tentaciones que no deja sitio en nuestro corazón para el servicio a los demás, especialmente a los más necesitados. Nos tiene que llevar a la limosna del compartir más que en otras ocasiones: abrazos, risas, silencios... y nos tiene que impulsar a lo que nos tiene que mover en nuestra vida cristiana. Un cristiano sin oración es como un vehículo con el depósito casi sin gasolina.

        Feliz cuaresma para todos, a pesar de algunos carnavales.

     Hasta la próxima.

         Paco Mira


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