viernes, 10 de marzo de 2017

FOLLOW ME

                  
Escribe Paco Mira

FOLLOW ME (SÍGUEME) 
     
            Todo tiempo tiene su afán, todo el mundo se tranquiliza en la medida que van pasando los días. Las heridas se van cicatrizando y se forma una costra que con el paso del tiempo se irá cayendo. A los "borrachillos", cuando se les pasa la resaca, recordarán el momento, quizás amargo en alguno de los casos, y hasta la siguiente. Creo que a todos, no sé si por desgracia o por suerte, la resaca carnavalera ha quedado en un gran cabreo, quizás justificado, y ahora la vida continúa.

         Creo que todos hemos viajado en avión en más de alguna ocasión y siempre que llegamos a un aeropuerto hay un coche (amarillo o de otro color) que tiene unas letras rotuladas que pone "follow me", sígueme que te voy a llevar al lugar donde te vas a quedar, quizás no por mucho tiempo.

         Muchos de nosotros hemos ido de excursión fuera de nuestro entorno, hemos ido como turistas y normalmente no vamos mucho tiempo, una semana, diez días y lo que procuramos es ver mucho, caminar un montón, muchos monumentos, calles, lugares, espacios.... y al final del trayecto decir "pues estuve en tal sitio y lo conozco", cuando en realidad nos quedamos con poquitos lugares, algún bosquejo fotográfico que me recuerda alguna anécdota, pero que no puedo afirmar que conozco a fondo los lugares, entre otras cosas porque el guía me dice "follow me" y además con cierta prisa.

         El evangelio de este fin de semana me invita a lo contrario del título de esta pequeña reflexión: a pararnos, a pensar, a saborear, a disfrutar.... a decir como Pedro ¡que bien se está aquí!  Aquí en Canarias, quizás por los horarios, no es fácil que la gente pueda comer con tranquilidad, con pausa, saborear la comida... compartir la sobremesa... entre otras cosas porque el tiempo para comer es justo y escaso y por ello no da tiempo.

         ¡Que bien se está aquí!, dan ganas de quedarse, dan ganas de hacer tres tiendas, dan ganas de no moverse. Hoy nuestro cristianismo que pasa por una crisis, que pasa por ciertos momentos de incertidumbre, pocas veces se nos ocurre decir que bien se está aquí. No nos lo decimos a nosotros mismos y por ello, quizás, no lo podemos decir a los demás. No podemos decirles a otros que hagan lo que nosotros no sentimos.

         El evangelio de esta semana es quizás, también, una invitación a la oración. A saborear lo que nos tiene que dar fuerza para continuar en nuestro camino de cada día. Nos invita a no ser como los turistas que ven un montón de cosas y se quedan con muy poquitas, porque no tienen tiempo para más. Hoy tenemos que tener la valentía como Pedro de decir, ¡qué bien se está aquí!. Tenemos que tener la valentía de que cuando miramos el reloj, podamos afirmar que se nos pasó el tiempo sin darnos cuenta.


         Por desgracia no sucede eso y tenemos, quizás, la fe del turista: misas rapiditas, que el cura no se enrolle demasiado; reuniones para compartir mi fe, compartir con otros agentes de pastoral las inquietudes que la parroquia y la sociedad me oferta, pues cuanto menos mejor; algún curso que pueda haber para reciclarme o ponerme al día, pues que no me pongan más de las que están estipuladas.... y al final, probablemente tendremos la capacidad de criticar a los que no lo hacen, cuando si puedo me escaqueo tanto o más que los otros.

         Oremos, dialoguemos con nuestro Padre en la cuaresma. Un Padre que nos invita a mirar hacia adentro, a saborear la sobremesa de mi vida diaria, a saborear los monumentos de la fe, de forma que la fotografía no sea la que me tiene que recordar el lugar, sino mi propia experiencia es la que tiene que dar el testimonio que oferte a los demás un monte Tabor de la vida y que sea yo el que diga, ¡qué bien se está aquí! .

         Feliz cuaresma para todos.
     
     Hasta la próxima

         Paco Mira

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