martes, 9 de febrero de 2016

PENSAMIENTOS EN LA NOCHE

DIARIO DE  DE UN CURA
LA SONRISA NECESARIA
     Son Las tres de la mañana de un día cualquiera  de febrero. Me asomo por la ventana y parece que la vida está detenida. La carretera sola. Silencio. Aparentemente todo se ha parado con la noche. Pero por algo se despierta uno. Porque la vida que se ha detenido por fuera recobra vitalidad por dentro. Los pensamientos y sentires están activos y se asoman un poquito en la madrugada.
     Pensé en  la cuaresma que va a empezar y me desperté.
     Recordé lo que me dijo Aday y sonreí.
     Me vino a la mente la misión pendiente y me costó dormir.
     No puede ser que uno se duerma  del todo con el evangelio sin anunciar. He recordado a todos los jóvenes que en estos años han vivido su experiencia creyente en la comunidad y que ahora han quedado aparentemente paralizados. Y a algunos  catequistas que transmiten conocimientos pero que no pueden transmitir experiencia de Dios porque no la están viviendo. Y en los que llenan las calles del pueblo cuando sale el sol sin descubrir el otro Sol.
     Y siempre te queda la inocencia.
     Aday se encontró en la iglesia un trozo de una pulsera. A los cinco años, todo lo que brilla es bonito. Y con los ojos más brillantes que  el trozo de pulsera, esperó impaciente y educado a  que  acabara de hablar con una señora. Cuando le tocó su turno,  me lo dijo todo seguido: “Le dices a Dios que si él sabe quien perdió esto que me lo diga a mí para yo devolvérselo”. - No entendí bien. ¿Cómo dices, Aday?  Eso, que le digas a Dios que yo me encontré esto  ( y me lo enseñó como un tesoro) y que si sabe de quién es que me lo diga…

     ¡Ay Aday! Menos mal que viniste tú a poner la sonrisa necesaria cuando uno anda preocupado por la misión.

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