martes, 3 de enero de 2012

DIARIO DE UN CURA. NADA SE PIERDE

DIARIO DE UN CURA. NADA SE PIERDE
Nada, nada de lo bueno se pierde. Hace tiempo que no escribía  en este Diario. Tal vez porque el tiempo va demasiado deprisa y me faltan esos minutos de parada necesaria para caer en la cuenta de que nada de lo que uno hace, dice o piensa se pierde. Todo sigue trabajando en el silencio. Y a veces esos silencios largos, de muchos años, son quizás una riqueza que, no se ha perdido sino que estaba escondida. Encontrarse con gente amiga, con gente con la que en otro tiempo uno compartió mucho es volver a encontrar la perla perdida. Si miro el día de hoy, la verdad nada hay perdido ni desperdiciado. El levantarme bien temprano y ponerme a pensar y hacer cosas. La visita  al barrio de La Goleta y más tarde a Isabelita, una señora enferma, en Playa de Arinaga.... Y a Cáritas que estaba hoy  haciendo la acogida con Miguel, su nuevo voluntario. Eso me sirvió para conectar con la vida y con el dolor.  Algo necesario para entender mi ministerio.
    Por la tarde, reunión con catequistas y creo que bastante fructífera. Y más tarde, después de la misa, celebración de la penitencia con los jóvenes. Un poco breve pero muy intensa. Confesaron unos veinte chicos, la mayoría de los que habían venido. Y además con mucha naturalidad y alegría.
Ya por la noche tuve una muy agradable visita: las chicas del coro.... de hace nosécuántos años cuando yo era cura de Vecindario: Pino, Raquel y Luci. Hablamos de un montón de cosas, reímos mucho, recordamos gente y anécdotas. Y hasta hicimos nuestros proyectos: ¿Venir a cantar a la parroquia? ¿organizar una acción solidaria?  Ahora, con los pies más en el suelo, sólo me queda agradecer a estas tres buenas amigas su cercanía, amistad y compromiso. Y que no se pierda, claro que no, nada de todo lo bueno trabajado y vivido en otros años. Que nuestro buen Padre Dios nos siga bendiciendo.   

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