domingo, 8 de mayo de 2011

DIARIO DE UN CURA: ¡De colores!

DIARIO DE UN CURA: ¡De colores!


Se pasa uno varios días sin escribir el diario, y parece que necesitas decir cincuenta cosas que, ahí encerradas, todas se pelean por salir afuera . He estado cuatro días ausente de la parroquia gracias a que un médico me recetó un medicamento al que ya le había dicho que era alérgico. Pero el médico, parece, quiso hacer un experimento conmigo… ¡Todo sea por el progreso científico…
Unos días en la Clínica Roca, con vistas al mar, junto a la vieja carretera del sur tampoco es que fuera un suplicio. Ya el número de la habitación, la 313, parece que fue elegido a mi gusto. El personal muy atento y simpático: Sergio, un producto de la parroquia, Cati, Evaristo, Carlos Culebra y más. El nombre del médico que me dio la pastillita no lo recuerdo, pero no es por nada. Tampoco recuerdo el de la enfermera simpática que me pinchaba y extraía la sangre con maestría. La verdad no se diferenció mucho de unas vacaciones. Sinceramente.

Me dio pena no participar en la primera comunión de los niños de Las Rosas. Eran sólo cinco y me hubiera gustado haber estado a tiempo. El compañero José Miguel se ofreció a hacer la celebración y la gente quedó muy contenta. He quedado que el 5 de Junio nos veremos en la iglesia y los chiquillos celebrarán… la segunda comunión. El otro día, cuando fui a confesarlos les comenté que en la primera comunión pidieran al Señor algo que fuera importante para ellos, que el Señor, seguro, les iba a escuchar. Y para que no hubiera confusión quise aclararles:

-Pero piensen qué cosa importante le van a pedir. Porque, por ejemplo, no le van a pedir un coche…

Y un niño me interrumpió todo seriecito:

-¿Y sí se le puede pedir un caballo?

Las alegrías de un párroco: Claudia, de 15 años, me dice que quiere hacer su primera comunión, Mahsa, de 25 años y S. de 16 quieren empezar la catequesis para poder bautizarse, R. quiere tener un rato largo para confesar tranquilamente… A los chicos de los grupos de jóvenes los veo animados, con ganas de participar. Algunos hasta repitieron la misa de este domingo. Primero en el Cruce y después en Arinaga. L., que llevaba un tiempo alejado, parece que, como otro discípulo de Emaús, ha decidido volver a la “Jerusalén parroquial”. Y un buen número de personas que en estos días, justo cuando yo andaba “secuestrado” en la clínica, se ofrecieron para lo que hiciera falta. Muchas muchas alegrías en pocos días.
La familia siempre está. Cuando uno es cura ocurre como cuando alguien se casa. Sin disminuir el cariño a los hermanos o a los padres, sabe que ahora tiene otra familia. La parroquia es la “familia” en la que comparto casi todas las horas del día. Pero a la familia natural de uno sabe que la tiene siempre en actitud de alerta. Siempre disponible. Y cuando uno se pone malo o pasa por un mal momento, siempre queda la familia. Me quedo… con las dos familias. Son mi apoyo y mi gozo.

La semana se presenta con bastante actividad: convivencia con los jóvenes, reunión de los curas, entrevista al obispo, reunión con la comunidad de Arinaga, grupos de catecumenado de adultos, … Todas estas cosas llenan de vida a la parroquia y a uno mismo. Una vida…¡¡¡DE COLORES!!!

















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