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viernes, 5 de julio de 2019

Escribe Paco Mira: ¿Nos estamos quedando sin trabajadores para tanta miés?


Escribe Paco Mira:

 ¿NOS ESTAMOS QUEDANDO SIN TRABAJADORES PARA TANTA MIES?

            ¡Eterno problema!. Cada vez que aparece Lucas con su evangelio, con su capítulo 10, volvemos a retomar el viejo problema de que nos estamos quedando con lo justo y a veces ni con eso. Esto me hace recordar que en el verano los equipos de fútbol ya están planificando sus plantillas para la temporada que viene, los despachos están echando humo donde se cuece todo lo que va a deparar la ilusión de un montón de aficionados para la temporada que viene: la flor y nada irá a parar a los equipos que desembolsen un dinero en condiciones y los que no tengan para tanto, pues tendrán que conformarse, quizás con las migajas que otros no quieren, y sobre todo mi respeto y admiración para quien no juega en un equipo de los llamados grandes y ustedes me entienden.
         Si me permiten, nuestro equipo eclesial está pasando por una mala racha. Este equipo que tiene como entrenador de banquillo al Papa Francisco, no está en los mejores momentos y su clasificación está lejos, probablemente, de jugar la liga de campeones, es decir la Champions ligue. Pero claro, probablemente los resultados de los últimos tiempos son los que nos llevan a afirmar que probablemente no jugaremos la liga de campeones: siempre somos los mismos, somos los mismos pero más viejos, no hay jóvenes en las parroquias, no se asiste a las reuniones,  nos duplicamos en las tareas, etc.
         Y siempre he dicho que a "vino nuevo, odres nuevos". Todos los años hacemos una vendimia nueva y una nueva cosecha y nos empeñamos en mantener los odres de toda la vida que fueron, y probablemente muchos siguen valiendo, pero las "necesidades del mercado"          hacen que hay que adaptarse a las nuevas corrientes. No hace mucho alguien me decía, cuando se comentaba que no había tantos curas como antes: "Paco: cuando se acabe la generación que va a misa y se tenga que cerrar puertas, han de sobrar curas".
         Aquello me dejó pensando Y es ¡que seguimos viendo una mies, una Iglesia clericalizada". Seguimos pensando que tenemos una plantilla para jugar la liga de campeones, pero la plantilla que tenemos probablemente sea una plantilla para jugar en la división de honor pero no tanto para la liga de campeones. Probablemente seguimos creyendo que no hay seglares con capacidad para llevar adelante un torneo capaz de sacar buenos triunfos y estamos equivocados.
         El evangelio de este fin de semana nos dice que mandemos obreros a la mies puesto que esta es abundante y los obreros son pocos. Aprovechemos a los obreros que sin alforja, con sandalias, con humildad, sin túnica aparente, con simplemente un bastón como autoridad de apoyo para el camino, con la capacidad suficiente para ver en el otro un hermano ... son capaces de atender una mies que puede dar un fruto muy abundante.
         Cada uno tiene que sentirse orgulloso de ocupar el puesto que ocupa en el equipo de primera división el que juega nunca pregunta por qué lo hace. Creo que podemos poner en duda si realmente nos faltan trabajadores para trabajar en la mies de nuestro querido mundo o de nuestra iglesia, santa y pecadora. Probablemente escaseemos de obreros ordenados, pero los hay, que sin tener la etiqueta de la ordenación, son capaces de llevar a buen puerto la gran noticia de que Jesús de Nazaret sigue teniendo vigencia.
         Solo hay que darle confianza. Solo hay que creer que no somos los mejores y hay quienes conviven con nosotros que son mejores que uno. Solo sacudirse el polvo de las sandalias.
         Hasta la próxima
         Paco Mira



viernes, 29 de septiembre de 2017

¿CUÁL ES NUESTRA ETIQUETA ESTE FIN DE SEMANA?

Escribe Paco Mira:

¿CUÁL ES NUESTRA ETIQUETA
ESTE FIN DE SEMANA?

             Les digo la verdad que puede ser un fin de semana complicado: probablemente nos entiendan aquello que no queremos decir y decimos aquello que otros interpretan como un alegato a lo que cada uno pretende. No es un juego de palabras, aunque lo parezca, pero es que además los motivos que nos ocupan, lo requieren.

         El evangelio de este fin de semana (Mateo 21, 28) nos habla del “sí pero no y del no pero sí”: “vete a trabajar a mi viña”. En una sociedad en la que los trabajos no nos sobran; en una sociedad en la que los trabajos escasean; en una sociedad donde seguimos pretendiendo que los trabajos nos los lleven a casa, se sigue diciendo vete a trabajar a mi viña.

         Pero no solamente eso. El seguir diciendo que hay que trabajar en la viña supone y exige una respuesta. Una respuesta adecuada a lo que se pide. El viñador es exigente, pagará según lo trabajado y volverá a contratar en la medida en que respondamos a sus exigencias, que nunca serán de una dictadura, sino desde el amor que corresponde en cada momento y en cada lugar.

         Tengo claro que no es lo mismo el remordimiento que el arrepentimiento. Probablemente el remordimiento me hace encerrarme en mí mismo, meterme en un cascarón cual tortuga en momento de peligro y probablemente mi remordimiento nunca va a desaparecer y que cada que lo recuerdo vuelvo a sentir remordimiento. Quizás pueda ser lo que puede suceder en otros ámbitos a partir del mes que entra.

         Pero el arrepentimiento no me encierra  en mí mismo, sino que me pone delante de un tú, frente a alguien y lo que me duele es tanto el acto en sí mismo, cuanto haber fallado a esa persona, a su confianza, a su amor. El arrepentimiento no me condena al pasado, sino que me proyecta al futuro a no volver a fallar a esa persona.

         Este fin de semana se nos invita a trabajar por el bien, en una viña, en un mundo probablemente ávido de trabajadores. Muchos decimos que vamos, muchos decimos que hay que ser solidarios, decimos que hay que ayudar a los que lo necesitan, que hay que reformar estructuras porque las que existen ya están caducas y…. al final no vamos, al final no hacemos absolutamente nada.

         Otros, probablemente tengan el no por delante. No quiero comprometerme con nada ni con nadie, no quiero más grupos en la parroquia, no quiero comprometerme con ninguna ong… pero al final acabo cediendo porque en el fondo así lo siento y…. me arrepiento y por ello paso a la acción y hago aquello que en un principio dije que no. ¡Que bonita la sinceridad de quien quiere trabajar y al final lo consigue!

         Probablemente este fin de semana sucederán cosas que a todos nos tienen que hacer pensar: nos podemos arrepentir de no haber hecho muchos hechos (dialogar, reflexionar, convocar a conversar….) y ese arrepentimiento nos tiene que llevar a mirarnos en el espejo de nosotros mismos y llegar a la conclusión de que la sinceridad, la humildad, … tienen que ser la bandera que enarbole nuestra existencia para siempre.

         Por el contrario si vivimos con el remordimiento de lo que tenemos que hacer y no nos da la gana de hacerlo es como el hijo que dice que voy y no va. Se nos puede condenar a un pasado obsoleto del que me alimento porque no quiero renovarme en el sentido más estricto de la palabra.

         Analicemos y veamos nuestras comunidades. Veamos nuestras posibilidades y disponibilidades y respondamos a la llamada que Jesús de Nazaret nos hace. Descubramos lo que Jesús, a través de la vida, de los hechos diarios nos quiere ir comunicando. Si lo hacemos probablemente haremos real lo que Pablo en la carta a la comunidad de Filipos le dice: “hagan las cosas como si el propio Jesús las hiciera”.

         A partir de ahora no traicionemos nuestra conciencia y respondamos a la orden vayan a trabajar a mi viña.

      Hasta la próxima.         

          Paco Mira