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viernes, 2 de diciembre de 2016

DIARIO DE UN CURA

DIARIO DE UN CURA

Muchas preguntas y algunas respuestas 



Yoana, la catequista, tenía cara de preocupación cuando me dijo que los niños de su grupo querían hacerme una pregunta. Pasé a la sala donde estaban y no me hicieron una pregunta sino mil. Parecían disparar interrogantes con metralleta. ¿Quién hizo a Dios? ¿Si Dios es tan bueno por qué se murió mi abuelo? ¿Cómo es el cielo? ¿Y por qué nos manda enfermedades? ¿Cómo es posible que Dios esté en todas partes?  

Sinceramente, me costaba responder.  Y cuando empezaba a contestar una pregunta, ya me interrumpían para hacer la siguiente. Entonces les conté que yo no lo sé todo y que también me hago muchas preguntas.  También a mí, como a los niños, el tema de Dios y de  la muerte me crea interrogantes que no siempre sé responder.

Sin ir más lejos, en unos pocos días se me han marchado cuatro amigos curas. El primero y más joven  fue Luis María, de Palencia.  Nos conocimos hace más de treinta años y, aunque nos veíamos poco, seguía siendo para mí un ejemplo  de persona buena, trabajadora  y comprometida socialmente. Le recuerdo y le admiro.

A los pocos días tuve que decir  adiós a Juan Castellano. A Juanito “el de Guía” como le decíamos en Ingenio. Juan era un hombre dulce. Enamorado de la música y de la liturgia. Transmitía mucha paz.  Apenas levantaba la voz. Parecía más bien que cantaba gregoriano.  Su conversación resultaba en sí misma una melodía.  Un día, después de leer una de mis cartas al viento me dijo  muy socarrón: ¡A ver qué vas a decir de mí  cuando yo me muera!  Nos reímos y le contesté medio en broma: Diré que has sabido hablar de Dios y con Dios a través de  la música.  Como un ángel. Que esa asignatura la tienes aprobada. Se lo dije entonces. Y ahora, ya  fuera de bromas,  lo vuelvo a afirmar.

Juan Moreno Sánchez,  fue un sacerdote que se integró en el clero diocesano después de unos años como claretiano. La pasada semana  fue despedido en Tenoya, su pueblo natal.   Había trabajado  generosamente, con gran actitud de servicio  en la pastoral parroquial durante cincuenta y ocho años nada menos.

Juan Castellano. "Juanito el de Guía"
         Y el pasado domingo, José Manuel Ruiz,  que fue cura de Melenara,  también se despidió. Un hombre alegre que, a pesar de su edad avanzada, no perdió ni la memoria, ni el humor. En los años 60 estaba de cura en el barrio de San José. Y allí empezaron a llamarle “Padre Botella”.  Él  lo recordaba muchas veces con simpatía:  "Me di cuenta de que si yo recogía botellas y por ellas pagaban unos diez céntimos de peseta, podíamos sacar dinero para los pobres ya que antes no había tantas ayudas sociales". Y así hizo. Con los jóvenes del barrio  se puso  a recoger botellas de cristal por las casas que luego vendía a una fábrica  de envases.  Él decía  que con esto conseguía ayuda para los necesitados y que se enseñaba a reciclar. José Manuel terminó sus años de vida en la casa parroquial de Melenara con el cariño y respeto de todo el barrio marinero. Y antes de marcharse definitivamente  entregó la letra de una canción que estaba significando mucho para él:

José Manuel Ruiz en Melenara 

“Aquí me tienes, Señor,
aquí estoy pues me llamaste.
Vengo a ofrecerte mi vida
la que Tú me regalaste.
Cansado vengo a tu puerta,
fue duro mi caminar,
pero en tus brazos de Padre
al fin podré descansar

Todo esto, vivido intensamente en unos pocos días, me dejan muchos interrogantes: ¿El mensaje y el testimonio de estos cuatro curas se mantendrá vivo? ¿Seremos capaces de seguir cultivando  esos valores de fe, de servicio, de humor, de compromiso, de dulzura? ¿Nuestra diócesis  buscará alternativas para suplir la ausencia de sacerdotes como éstos?

 Algún día le diré a Yoana, la catequista, que llame a los niños de su grupo.  Porque  también yo tengo miles de preguntas y algunas respuestas para  sus preguntas y las mías.





lunes, 9 de julio de 2012

DIARIO DE UN CURA. DE LUNES Y DE NIÑOS

DIARIO DE UN CURA. DE LUNES
Y DE  NIÑOS

   Los lunes suelen ser los días más suaves para los curas. Solemos prescindir de actividades pastorales “fuertes” y los dedicamos más al descanso, a la familia, a preparar cosas, a ir al supermercado…. Me gustan los lunes. Amanece uno más relajadito y se lleva el día con paciencia. Me gustaría levantarme los lunes un poco más tarde pero me resulta muy difícil sobrepasar las siete y media en la cama. Es algo que me queda aún por aprender. En estos días sigo durmiendo en El Burrero pero sin dejar de estar en la parroquia por la mañana y por la tarde.
     En estos meses sí han cambiado un poco mis costumbres. Salgo a caminar por la mañana casi todos los días y aprovecho para escuchar en el móvil el rezando voy . Es una interesante y recomendable aplicación que ofrecen los móviles con la lectura del evangelio del día, y unos minutos de oración y música. Después, la lectura obligada del periódico y a la parroquia.
     Ayer domingo por la mañana  celebré la misa en Arinaga y  en Cruce de Arinaga.  Y por la tarde  en la Goleta con motivo de la fiesta de San Cristóbal. Después de abril no había tenido tantas misas un mismo día. En estos domingos de julio, el número de niños a la misa desciende considerablemente. En cada lugar habría unos doce o trece chiquillos. No me importa mucho, la verdad, aunque se les echa en falta por su participación y por su gracia. Con todo, procuro que los que van no se sientan “marginados” porque faltan los otros. Por eso ayer quise valorar públicamente su participación y constancia… Y a propósito de “constancia”: Constanza es una niña de Arinaga que sí estaba en la misa de ayer. Cuando entró a la iglesia me entregó  con mucho cariño un dibujo con unas palabras elogiosas. Me decía más o menos esto: “Suso quiero que estés mejor y que sigas viniendo a decir la misa porque cuando tú vienes entiendo bien la misa”. La cantidad de cosas que aprende uno con los pequeños. Y lo que animan... 
     Hace diez días, en Cruce de Arinaga, se casaron Dunia y Tomás, que por cierto me hice un lío y equivoqué dos veces el nombre de él. El niño que llevaba las arras, muy simpático, de apenas cinco o seis años, me empezó a dar conversación mientras cantaban el Avemaría. Acercándose a mí, después de mirar hacia el crucifijo del presbiterio preguntó:
-¿Dios está muerto?
Una pregunta muy difícil de responder a un niño… en unos segundos y durante una boda. Daría para una tesis doctoral, así que no sé ni qué le respondí. Sí que recuerdo su segunda pregunta:
-¿Por qué mataron a Dios?
   Este chiquillo, pensé,me está complicando el día…Con razón hasta equivoqué el nombre del contrayente.  No puedo decirle "mañana te respondo", porque mañana no voy a verle. Pero algo debí decirle para salir del paso porque el chiquillo siguió preguntando. Quería resolver todas sus dudas religiosas en lo que dura un Ave María:
¿Y la Virgen María vive?
Entonces ya no pude más.
-Ven por aquí mañana con tu madre y hablamos de todo esto.
Pero el día siguiente era la fiesta de Las Rosas. Por supuesto que no apareció el niño que quería aprender Teología en un minuto. Pero allí, en las Rosas, donde sí que fueron más de cuarenta niños a la misa, algunos dieron la sorpresa, por ejemplo pidiendo en la oración de los fieles “por las viejitas” de este pueblo lo que causó una carcajada… de las menos viejitas, claro. Y ya en la procesión tenía delante a una niña que se volvía a cada rato y me miraba. Al principio yo le decía algo pero ella sólo miraba y sonreía. Después seguía mirándome y yo disimulaba hasta que Juan, su padre, le dijo:
-Deja ya de mirar al cura…¿ No ves que le vas a hacer mal de ojo…?
Me hubiera gustado responder a Juan algo sobre el tema del mal de ojo. Pero preferí callarme no fuera a continuar haciendo preguntas más difíciles como en la boda de Dunia.
En fin que hoy es lunes y hay que relajarse un poco. Así que dejaré cosas más serias para otro día.
      P.D. Añado una foto que nada tiene que ver con los lunes ni con los niños, aunque aparecen algunos. Son amigos de Vecindario de la época en que estuve de párroco por allí. El sábado cenamos juntos en el cámping de Vargas para recordar viejos y hermosos tiempos. Seguimos siendo buenos amigos y en algunos la familia se ha agrandado. Fue un momento inolvidable.