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miércoles, 30 de julio de 2014

LA HISTORIA DE UN JOVEN QUE FUE ATEO

LA HISTORIA DE UN 

JOVEN QUE FUE ATEO

JOHN POWELL, un profesor de Loyola University en Chicago, escribe sobre un estudiante desu clase de La Teología de la Fe llamado Tommy.
Hace unos doce años, yo estaba de pie observando a mis estudiantes de la universidad mientras entraban al salón para nuestra primera sesión de Teología de la Fe. Ése fue el primer día que vi a Tommy. Tommy estaba peinando su larga cabellera rubia, que caía 6 pulgadas por debajo de sus hombros. Como ese día no estaba preparado para ello, mis emociones se alteraron y de inmediato catalogué a Tommy como "extraño... Muy extraño”.
Tommy resultó ser el "ateo de la clase" en mi curso de Teología de la Fe. Él objetaba constantemente, sonriendo sarcásticamente sobre la posibilidad de un Dios/Padre que nos ama incondicionalmente. Cuando al terminar el curso vino a entregar su examen final, me preguntó en un tono algo cínico, —ʺ¿Cree usted que alguna vez encontraré a Dios?ʺ 
Inmediatamente decidí usar un poquito de la técnica de la terapia de shock.
ʺ¡No!", le dije muy enfáticamente.
ʺ¿Por qué no?ʺ, me respondió, ʺyo creía que ése era el producto que usted estaba vendiendo.ʺ 
Dejé que estuviese a unos cinco pasos de la puerta del salón y alcé mi voz para decirle: —ʺ¡Tommy! Creo que tú nunca encontrarás a Dios... Pero estoy absolutamente seguro de que Él te encontrará a ti.ʺ Él se encogió de hombros y salió de mi clase y de mi vida. Yo me quedé algo frustrado por el hecho de que no había captado mi ingeniosa observación: "¡Él te encontrará a ti!", por lo menos yo pensaba que había sido ingeniosa.
Un tiempo después me enteré que Tommy se había graduado y me dio el consiguiente gusto. Más adelante me llegó una triste noticia: supe que Tommy padecía de un cáncer terminal. Antes de que yo pudiera salir a buscarlo, él vino a verme. Cuando entró en mi oficina lucía demacrado y su larga cabellera había desaparecido debido a la quimioterapia.
Pero sus ojos brillaban y su voz tenía una firmeza que tenía antes.
ʺTommy, he pensado mucho en ti... oí que estás enfermoʺ, le dije en un tono casual.
ʺOh, sí, muy enfermoʺ, me respondió, ʺtengo cáncer en ambos pulmones. Es cuestión de semanas.ʺ 
ʺTom, ¿puedes hablar sobre eso?ʺ, le pregunté.  
ʺPor supuesto, ¿qué quiere saber?ʺ, me contestó.  
ʺ¿Qué se siente tener solo 24 años y estar muriendo?ʺ, le dije.  
ʺBueno, podría ser peor.ʺ  
ʺ¿Peor, cómo qué?ʺ  
ʺBueno, como llegar a los cincuenta años sin tener valores o ideales; o llegar a los cincuenta creyendo que beber, seducir mujeres y hacer dinero son  ʹlomáximoʹ de la vida.ʺ 
Antes había clasificado a Tommy como "extraño... Parece ser como si a todo aquel que yo rechazara mediante mi propia calificación, Dios lo devolviera a mi vida para que me
educara.)
ʺPero por lo que en realidad vine a verlo es por algo que usted me dijo el último día de clases.ʺ  
(¡Se acordó!)
Él continuó diciendo, —ʺYo le pregunté si usted creía que yo llegaría alguna vez a encontrar a Dios. Usted me dijo que ¡No!, cosa que me sorprendió mucho. Entonces usted dijo:
—ʹPero Él te encontrará a tiʹ.
Estuve pensando mucho en eso, aunque no se puede decir que mi búsqueda era muy intensa en aquel entonces.ʺ ʺPero cuando los doctores removieron el tumor que tenía en la ingle y me dijeron que era maligno, ahí fue cuando empecé a buscar seriamente a Dios. Y cuando el cáncer se diseminó a mis órganos vitales, de verás que empecé a golpear fuertemente con mis puños las puertas del Cielo... pero Dios no salió. De hecho, no pasó nada.  
— ¿Alguna vez ha tratado de hacer algo con mucho esfuerzo sin obtener ningún resultado? Uno se harta psicológicamente, se aburre de tratar y tratar y tratar... y eventualmente, uno deja de tratar. Bueno, pues un día me desperté y en lugar de estar lanzando mis reclamos inútiles por encima de ese muro de ladrillos a un Dios que posiblemente no estuviera ahí, me rendí... Decidí que en realidad no me importaba Dios, ni una vida después de la muerte, ni nada que se le pareciera.  
Decidí pasar el tiempo que me quedara haciendo algo más provechoso. Pensé en usted y en su clase y recordé otra cosa que usted nos había dicho:
 —ʹLamayor tristeza es pasarse la vida sin amar. Pero sería igualmente triste pasar por la vida e irse sin nunca haberle dicho a los que uno ama que los amaʹ. Así que empecé
por el más difícil, mi padre. Él estaba leyendo el periódico cuando me le acerqué.  
ʺPapáʺ  
ʺ¿Qué?ʺ, preguntó sin quitar sus ojos del periódico.
— ʺPapá, quisiera hablar contigo.ʺ  
ʺBueno, habla.ʺ  
ʺPapá... es algo verdaderamente importante.ʺ  
Bajó el periódico lentamente,
ʺ¿De qué se trata?ʺ  
ʺPapá, yo te amo. Sólo quería que lo supieras..ʺ  
(Tom me sonrió mientras me contaba con satisfacción, como si sintiera un gozo, cálido y secreto, que fluía a través de su interior.)
ʺEntonces mi padre hizo dos cosas que no recuerdo que hubiese hecho
antes. Él lloró y me abrazó. Estuvimos hablando toda la noche, aunque él tenía queir a trabajar al día siguiente. Me sentí tan bien de estar cerca de mi padre, de versus lágrimas, de sentir su abrazo y de oírle decir que me amaba.
—Fue más fácil con mi madre y con mi hermano pequeño. También ellos lloraron conmigo y nos abrazamos y nos dijimos mutuamente cosas bonitas. Compartimos las cosas que habíamos guardado en secreto por tantos años. Sólo me arrepiento de una cosa: de haber esperado tanto tiempo. Ahí estaba, comenzando a abrirme a todas las personas que siempre habían estado tan cerca de mí.
—Entonces, un día me volteé ¡y ahí estaba Dios! No vino a mí cuando yo se lo rogaba. Me imagino que yo me portaba como un entrenador de animales aguantando el aro para que saltaran:  ʹ¡Vamos, salta! Te doy tres días, tres semanas.ʹ 
—Aparentemente Dios hace las cosas a Su manera y a Su hora. Pero lo importante es que Él estaba ahí. ¡Me había encontrado! Usted tenía razón, me encontró aun después de que yo dejé de buscarlo.ʺ 
ʺTomʺ, le dije casi sin aliento,  ʺyo creo que estás diciendo algo muy importante y más universal de lo que tú te puedas imaginar. Por lo menos para mí, lo que estás diciendo es que la forma más segura de encontrar a Dios: es la de no hacerlo una posesión particular, un solucionador de problemas, un consuelo
instantáneo en tiempos de necesidad, sino abrirse al amor. Sabes, el apóstol Juan dijo eso, él dijo: ʺDios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.ʺ 
ʺTom, ¿podría pedirte un favor?, pregunté. Fíjate, cuando te tenía en mi clase eras una verdadera molestia, pero (riendo) ahora puedes compensarme por todo... ¿Vendrías a mi curso de Teología de la Fe y les contarías lo que acabas de contarme? Si yo se lo dijera, no tendría el mismo impacto que puede tener alcontárselo tú.ʺ 
         —ʺOohh. Yo estaba listo para usted, pero no sé si estoy listo para su clase.ʺ 
ʺPiénsalo, Tom, y si te sientes listo, llámame.ʺ  
Tom me llamó a los pocos días y me dijo que estaba listo para la clase, que él quería hacer eso por Dios y por mí. Así que hicimos la cita, pero Tom nunca pudo llegar... Él tenía
una cita mucho más importante que la mía y mi clase. Por supuesto que su vida no terminó con la muerte, sólo cambió. Él dio el gran salto de la fe a la visión. Él encontró una vida
más hermosa que todo lo que ha visto el ojo humano o que el oído humano haya escuchado o que la mente del ser humano jamás se haya imaginado.
Antes de que él muriera, hablamos una última vez.  
ʺNo voy a poder llegar a su claseʺ, me dijo.  
ʺLo sé, Tom.ʺ  
ʺ¿Les dirá usted por mí? ¿Le dirá. al mundo entero por mí?ʺ ʺSí, Tom, les diré. Haré lo mejor que pueda.ʺ Así que a todos ustedes que han tenido la bondad de leer esta simple historia sobre el amor de Dios, gracias por escuchar. Y a ti, Tommy, en los brillantes y verdes cerros del Cielo, se lo dije lo mejor que pude...
Si esta historia ha significado algo para usted, cuéntela por favor a otros amigos. Es una historia real que no ha sido realzada para propósitos publicitarios.  Muchas gracias.

(Rev. John Powell Profesor de Loyola University, Chicago)

ʺPorque sólo cuando se vea el rostro de Cristo y oiga su voz... Se convertirá Internet en un espacio auténticamente humano, puesto que si no hay lugar para Cristo, tampoco hay lugar para el hombre... Que el Señor bendiga a todos los que trabajan con este propósitoʺ (Juan Pablo II)  

miércoles, 5 de enero de 2011

UN ATEO MARCA LA X PARA LA IGLESIA CATÓLICA EN SU DECLARACIÓN DE LA RENTA...Y DICE POR QUÉ

UN ateo que marca X para la Iglesia Católica

Tres razones de un no creyente para ayudar a la Iglesia
Ni soy católico ni aguardo orientación de ninguna fe religiosa, la que fuere. ¿A qué viene, entonces, mi chocante postura de destinar la X del IRPF a la Iglesia Católica?”

Si es reprochable empezar hablando de uno mismo, también será esclarecedor decir de entrada que mi pensamiento y mi vida discurren ajenos a los dioses, en general, y al Dios de los católicos en particular. No comulgué ni fui confirmado, me casé por lo civil, mis dos hijos no fueron bautizados y han estudiado en escuelas laicas, como su padre. Por lo breve, digo, ni soy católico ni aguardo orientación de ninguna fe religiosa, la que fuere. ¿A qué viene, entonces, mi chocante postura de destinar la X del IRPF a la Iglesia Católica? Algunos la tildarán de gracieta simplona, otros de contradicción incomprensible, de inane provocación, etcétera. Nada opongo a tales opiniones, menos aún si sustentan la idea, más o menos refinada, de que seré aproximadamente un gilipollas. Pero si alguien desea curiosear en por qué un ateo marca su X a favor de la Iglesia, quizá le interesen mis tres razones principales:
1ª. Ante las privaciones de muchos seres humanos (no solo en países subdesarrollados), es natural fomentar la ayuda y la cooperación. Que se describan con palabras como solidaridad, compasión, justicia o caridad es lo de menos; lo crucial es canalizarlas a través de organizaciones eficientes.
Ya sé que existen las recientes criaturas llamadas oenegés, pero cómo negar el papel histórico de las misiones católicas y de Cáritas en ese terreno. No estableceré un ranking de altruismo, pero yo, siendo ateo, dudo que los recursos administrados por la Iglesia sean desdeñables o necesariamente sustituibles: voto por mantenerlos.
2ª. Para explicar la idea de Europa -y no digamos la de España- a un extraterrestre, sería imposible obviar el catolicismo. Entre nosotros, terrícolas, sería fatigoso desgranar su legado intelectual, arquitectónico, ético y artístico. Asistí recientemente a la misa dominical en un convento de clarisas, con su olor inefable a musgo e incienso. A mediodía, las monjas ocupan un coro, allá por el ábside; los fieles llenan la pequeña nave y el cura lee sugestivos textos, y lo hace bien, y por un momento me siento parte de algo más grande y más permanente que yo, algo que sosiega la respiración y atempera el pulso, sin necesidad de lapidar a nadie. Y luego visité otra iglesia, donde se cantaban bellísimas habaneras de tema religioso. Voto por ese espíritu de paz y concordia, aunque yo no sea creyente.
3ª. Justo por no serlo, me parece inexplicable el furor obsesivo por bajar los crucifijos de los colegios. No veo qué daño causan los símbolos de una fe que no me asiste, pero sí ilustra mi paisaje histórico y emocional. Me espanta el fanático que se jacta de clausurar escuelas católicas o quemar frailes. No concibo que un absurdo revanchismo haga saludar a gobernantes infames como Chávez y ningunear al Papa, líder espiritual de muchos compatriotas. A mi juicio de ateo, es lógico y deseable que el Estado sea laico, pero sucede que España no lo es. Hay vida inteligente fuera del Estado, así que pongo la X para la Iglesia Católica, no vaya a ser que algún insensato la destine a construir mezquitas y tengamos que resucitar a don Juan de Austria.
José Manuel López Vega es especialista del servicio de Oncología del Hospital Marqués de Valdecilla de Santander.