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sábado, 17 de febrero de 2018

CUARENTA DÍAS, ¿PARA QUÉ?

Escribe Paco Mira:

CUARENTA DÍAS, 
¿PARA QUÉ?

            No se crean que la pregunta que encabeza esta reflexión es "baladí", es decir que no tiene sentido. He traducido la palabra Cuaresma, por si alguno de los que me leen no entiende bien lo que quiero decir. Es más: estos días en que le damos patadas al lenguaje y al diccionario pero a altas esferas (portavozas, por ejemplo), justificando ciertas reivindicaciones, no quiero por ello que la palabra cuaresma sea de las que se meta en el mismo cajón que las demás.

         El otro día alguien me preguntaba y me decía que si la ceniza era de los cigarros que los curas - los que lo hacían - fumaban. En un principio me lo tomé como algo que entraba dentro de las bromas que hacia la religión se suelen dar, pero resulta que no: era algo absolutamente en serio. Pensaban que el inicio de la cuaresma se hacía con los restos de la ceniza que se recogía de varios ceniceros por ahí delante, en algunas casas parroquiales, o no sé en donde.

         Siempre he dicho que la Iglesia es una gran pedagoga. Quizás la más grande de todas, porque entre otras cosas tiene que dar a entender a través de gestos y símbolos aquello que es un misterio y que no se puede entender con la simple palabra: ¡qué hermoso y maravilloso es que a través de una ceniza, de un simple polvillo... se nos haga ver la pequeñez, lo simple y sencillos que somos, lo frágiles y poco altivos que tenemos que ser!.

         Cuarenta días de peregrinación. Cuarenta días de desierto, cuarenta días de interiorizar aquello que probablemente otros se lo tomen con la suficiente frivolidad para no darle la importancia que para nosotros tiene que tener y que no siempre tiene. ¿Saben?. A veces uno le gustaría volver a los tiempos del judaísmo primitivo en que los sacramentos - lo que hoy son para nosotros - se daban y recibían después de un proceso de interiorización largo en el que la comunidad de referencia de acogía, te animaba y servía de referencia.

         Si eso es así, podremos en la actualidad  entender el por qué de cuarenta días. Podrían ser diez, dieciocho... pero son los que son, porque las cosas importantes se preparan con tiempo, sin prisa y con calma. Un tiempo en el que los ingredientes son muy sencillos. La mochila no tiene que ir excesivamente cargada.

         Por un lado el AYUNO. Vivimos en la sociedad de la gran tecnología. En la sociedad en que el tener puede más que el ser y el privarnos de cosas no va en nuestro pack de cada día. Probablemente el AYUNO no es tanto pasar hambre, porque eso va en contra de los principios del propio Dios. Pero de qué cosas puedo prescindir en esta vida. Probablemente de muchas que no me hacen falta. Y si aligero la mochila, seguro que camino mejor estos cuarenta días que me quedan para la fiesta principal.

         Por otro lado la LIMOSNA. ¡Qué fácil, cuando uno tiene dinero, es escoger a los que tengo que ayudar!.¡qué fácil es que la gente dependa de mí, pero yo no dependo de nadie!. Solo el que se siente necesitado sabe entender la ayuda que otros necesitan. Dar limosna no es dar de lo que me sobra sino compartir lo que tengo con aquel que le hace falta.

         También habrá que ABSTENERSE, pero ¿de qué?. Creo que no hay una fórmula unánime que nos permita que todos ayunen, den limosna y se abstengan de la misma manera. Creo que tenemos infinidad de cosas que no nos hacen falta para el camino. Un camino que va a estar lleno de dificultades, de piedras que obstaculizan que los cuarenta días sean los mejores.

         Antes se decía, que éramos polvo... ahora se nos dice que nos convirtamos y creamos que el mensaje de Jesús es el válido, es el que nos hace coger sentido en la vida que recorremos. Convertirse es volver a empezar de nuevo, es sentirnos como la ceniza, polvo que llevada por el viento es capaz de llegar a todos los lados, pero para ello hay que ser conscientes de la humildad de la ceniza.

         Cuarenta días, ¿para qué?: para preparar la gran traca final de la Pascua. Para llegar a la gran fiesta que hace que los cristianos nos demos cuenta que tenemos un hueco en la vida y que nuestro mensaje no ha acabado el viernes santo, sino el domingo al alba, con la luz.

         Déjenme que les diga, Feliz Cuaresma.

         Hasta la próxima.

         Paco Mira

martes, 21 de febrero de 2012

MIÍERCOLES DE CENIZA. ¿Por qué se pone la ceniza y por qué ahora ?

Miércoles de Ceniza: el inicio de la Cuaresma
22 de Febrero de 2012

Miércoles de Ceniza:  el inicio de la Cuaresma



La imposición  de  las  cenizas  nos  recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.




La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón. Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son: "Arrepiéntete y cree en el evangelio"


Origen de la costumbre
Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.
En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse. 

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un  sentido penitencial para  todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.


También, fue usado el período de Cuaresma  para  preparar  a l os  que  iban a recibir el  Bautismo  la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno. 

La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.Nos  enseña que  todo lo  material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el  bien  que  tengamos  en  nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevamos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.


Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos. 


Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada. 
Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma

La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.) 

Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.

Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se "arrepentirían" durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada. 

El ayuno y la abstinencia 

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La oración 

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad. 

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior. 
La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios. 
La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar. 

El sacrificio 

Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar.“Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)” 

Conclusión

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección. 

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.