viernes, 17 de febrero de 2017

Escribe Paco Mira

DEL AMOR AL ODIO HAY UN PASO, PERO ¿AL REVÉS?


            Había una canción antigua que, más o menos, decía: “amigos para siempre”. Sin duda la historia iba por otro lado, pero quizás venga bien para este fin de semana. Y ¿saben?, creo que estábamos en un periodo en el que parece que estaba reinando la calma, pero me da la impresión que ahora nos estamos volviendo un poco más nerviosos, ¿razón?, pues la verdad es que no lo tengo muy claro. El stress es amigo de los momentos de incertidumbre.
         Este fin de semana la palabra de Dios nos pone delante de nuestro espejo personal. Nos pone al frente de la realidad que todos estamos viviendo. Nos pone en situación de tener que elegir si tener cada vez más rencor o por el contrario seguir la línea de un tal Jesús que nos dice que hay que perdonar. No se si la vida, nuestra vida, está para muchos perdones.
         No sé si tenemos que mirar a Siria. No sé si tenemos que mirar a la gente de los bancos que nos han dejado sin nuestros ahorros. No se si tenemos que mirar a las alambradas que tenemos en las fronteras de Ceuta, de Melilla… No sé si tenemos que mirar a tantos y tantos niños que mueren de hambre ante la pasividad de nuestra actitud….  Y tener que afirmar, como en la Antigua Alianza, ¡ojo por ojo y diente por diente!.
         Es curioso como nos aprendemos los refranes y al final no los cumplimos. El de “del amor al odio, no hay más que un paso”. Y es verdad.
         Por eso digo y afirmo que no me lo creo ni yo. Alguien me dijo en alguna ocasión que el perdón es el termómetro del amor. Amo más en la medida en que soy capaz de no tener rencor, odio, amargura.. en la medida en que no soy capaz de devolver ojo por ojo, ni diente por diente.
         A veces me pienso que qué extraño es Dios éste, que habitando un cielo inaccesible, se ha hecho de casa entre las tiendas donde habita su pueblo, camina con los suyos, los protege del sol del día, ilumina las sombras de la noche, prepara pan para la mesa, y les revela, con una ley santa, los secretos de su santidad: es un Dios que no odia y porque o odia a lo más que hace es a reprender. Es un Dios que ama y porque ama no se venga. Es un Dios compasivo y misericordioso. Es un padre que siente ternura por sus hijos.
         Pocos padres habrá que no sientan la ternura por un hijo, mientras que son muchos los hermanos que no sienten compasión por el que es de su misma sangre y que ha jugado, llorado, se le ha secado la lágrima, se le ha dado un vaso de agua..... si es que lo dicho: el amor de Dios, es infinito.
         Es más, nos podemos preguntar, ¿hasta dónde llega este Dios extraño en su locura?. Nos lo dirá muy fácil: ¡"tanto amó Dios al mundo, que entregó....": ¡cuánto odio y sed de venganza hay en nuestros días!. Les decía al principio que notaba que el ambiente estaba nervioso. Sin duda, parece que nos estamos jugando la vida en cada segundo que vivimos sin importarnos quien es el que tenemos enfrente.
         Cuantas veces afirmamos, "soy amigo de mis amigos y mis amigos son como yo mismo". Hoy la Palabra de Dios nos invita a un riesgo que no es fácil, pero que es uno de los peldaños para llegar a la meta que es compartir con Padre Dios el premio que nos tiene prometidos.
         Amigos en nuestra manos está el no devolver ojo por ojo y en nuestras manos está que del amor al odio hay un paso, pero ¿cuántos pasos hay del odio al perdón?
     
      Hasta la próxima

         Paco Mira

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