martes, 12 de abril de 2016

FALTA DE SOLIDARIDAD EN EL CIELO

Carta al viento

FALTA DE SOLIDARIDAD 
EN EL CIELO

       Estaba yo escuchando tranquilamente la radio. De repente, llegan las noticias y empiezan con el primer titular: “Problemas en el cielo por la falta de solidaridad”. ¿Problemas otra vez en el cielo? ¿Habrá habido una nueva rebelión de los ángeles como la capitaneada por Luzbel?  ¿Pero no es cierto que en el cielo sólo hay paz y alegría y mucha tranquilidad? El informativo siguió dando los titulares y más tarde aclaró (¡¡uff, menos mal!) que se trataba de una huelga insolidaria de controladores en Francia.  

Mientras eso ocurría, un niño refugiado en Grecia mantenía en sus manos una pancarta  que decía: “Siento lo de Bruselas”. Eso sí es solidaridad. Generalmente los mejores gestos solidarios  los vemos en quienes peor lo pasan.  Pero con mucha frecuencia  desvirtuamos las palabras y las frases quitándole todo el sentido.
  
         Un futbolista marca el gol de la victoria y coinciden muchos medios al titular que el delantero fue un héroe. ¿Es un  acto heroico que un hombre a quien se le paga por marcar goles los marque?  Se deben considerar  heroicos los  actos de un valor excepcional. Y esto no ocurre todos los domingos por la tarde. Lo mismo pasa con la palabra solidaridad a la que poquito a poco  hemos devaluado y la aplicamos a gestos de bondad no necesariamente solidarios.

Somos solidarios cuando nos unimos  para colaborar  y conseguir mejorar la vida de las personas. Cuando ofrecemos ayuda desinteresada a los demás.  Los jóvenes del barrio de Las Rosas (Agüimes), por poner un ejemplo,  se unieron para hacer una actividad y reunir fondos y ayudar a familias necesitadas a través de  Cáritas. Precisamente en   los años de crisis económica han surgido muchas iniciativas solidarias encaminadas a que otras personas sufran menos. Lo contrario que ha ocurrido con la Europa rica que cierra las puertas a los refugiados. O los que, descaradamente, sacan su dinero del país huyendo de colaborar con la sociedad en la que trabajan y viven. Solidaridad es pagar religiosamente los impuestos con el fin de que sean bien empleados en beneficio de todos. Solidaridad es ser hospitalarios con los que huyen de la guerra o el hambre. Y sentir vergüenza de la insensibilidad de muchos de nuestros políticos.  Y colaborar  en esas pequeñas cosas en las que nos retratamos cada día: poner la cruz o las cruces en la declaración de la Renta.   O colaborar a mantener limpios nuestros pueblos y ciudades.   Y reciclar.  Y saludar por la calle.  Y no querer ser el primero en todos los lugares. Y acompañar a una familia en momento de duelo. Y cooperar con proyectos en países empobrecidos. Y apoyar las iniciativas sociales de los municipios.  Y participar en la vida de los pueblos. Y crear buen ambiente en nuestras comunidades. Y valorar  los trabajos bien hechos.
El hombre y la mujer somos seres nacidos para la solidaridad. Cuando no lo somos, cuando toda nuestra vida gira sólo en torno a nosotros,  somos menos humanos.
Puede que en el cielo de los controladores franceses las cosas hayan ido mal. Puede que  muchas veces no sólo hayamos devaluado  las palabras. Es seguro que, desde el cielo de los cristianos,  lo que se nos pide es solidaridad y  mucho más.   Por eso yo cambiaría el titular de la emisora de radio por un deseo: “Aunque falta solidaridad en el cielo (de Francia), aumenta entre los habitantes de la Tierra”. Ojalá.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Gracias por participar.