jueves, 22 de octubre de 2015

RAFA: LA MEDICACIÓN SIN AMBULATORIO

Escribe Paco Mira
RAFA: LA MEDICACIÓN 
SIN 
AMBULATORIO

            Siempre se ha dicho que los acontecimientos suceden porque existe un motivo para ello. Unos acontecimientos son provocados y otros vienen, como comunmente se dice, dados. Hay acontecimientos que merecen la pena vivirlos e intentar repetirlos aunque no salgan igual y otros, quizás, mejor que no sucedieran.

         Las fiestas son acontecimientos que lógicamente merece la pena vivirlos e incluso provocarlos. Además es un acontecimiento que nos viene dado. Este fin de semana, un pueblo, todo un pueblo está de fiesta. Un pueblo que vive y comparte la alegría de muchas cosas vividas a lo largo del año y que en un momento determinado decide manifestarlo de una manera pública. La fiesta es la manifestación de la alegría en medio -quizás y a veces - de muchas dificultades, pero que incuso y a pesar de estas, merece la pena celebrarlo.

         Decía que ha pasado un año desde la misma fecha hasta hoy. Ha pasado un año en San Rafael de Vecindario. Es quizás la hora de mirar hacia atrás y ver lo que se nos ha quedado en el camino; es la hora quizás de ver lo que pudimos haber hecho y no hicimos; es la hora, por qué no, de retomar lo que hemos dejado a medias: el abrazo hacia alguien, recuperar el diálogo perdido, la visita pendiente que nunca hago, el beso que siempre he querido dar y nunca lo realizo.... Si soy capaz de ello no me llamaré Paco, me llamaré Rafa, mejor, Rafael.

         El pueblo tiene que celebrar lo que vive y vivir lo que celebra, y a eso se le llama fiesta, alegría, diversión, humanidad....Por eso el joven Tobías un día, como cualquier otro de nuestra vida, esperaba que un hombre bueno le acompañara. ¡Cuantas soledades tenemos en nuestra vida!, a veces buscadas, a veces provocadas y a veces dadas. No solo nosotros necesitamos que un hombre bueno nos acompañe, nosotros podemos ser esos hombres y mujeres buenos que podemos acompañar.


         Salió, Tobías, al camino. En nuestra vida de creyentes tenemos que salir a los caminos de la vida, a las veredas que se nos ofrecen. La fe no es un cofre encerrado del que yo solamente puedo disfrutar. La fe se tiene que vivir y notar. En el camino de nuestro pueblo hay muchas situaciones, personas, amigos, familiares que necesitan que nosotros les veamos. Dice que Tobías salió y encontró al que es guía y camino. ¿Cuántos de los que salen en los caminos nos encuentran como personas buenas que estamos dispuestos a acompañarles?.

         El evangelio de este fin de semana nos habla de un hombre del camino, de un ciego, de Bartimeo. De un hombre apartado de la sociedad porque tiene una enfermedad. Es curioso que Bartimeo grita para que Jesús le escuche, y los discípulos le dicen que se calle, que no moleste: ¡Cuántos gritos callamos nosotros o nosotros nos tapamos los oídos y que normalmente decimos que es para que no molesten porque estamos ocupados en otros menesteres!

         El mundo en que nos ha tocado vivir nos está continuamente mandando señales que nos tienen que hacer gritar, ¡ten compasión de nosotros!. Cada vez hay más voces que nos callan, voces que lo más probable  que no nos dejen decir aquello que queremos que se oiga. Quizás se nos impide ver las luces de los signos de los tiempos.  y no sabemos encajar la fe en este mundo tan convulso, por eso tenemos que esperar a que nos digan : ¡"Anda tu fe te ha salvado!" y es que al atardecer, cuando las luces se vayan apagando, nos examinarán del amor, solo de amor.

         Celebremos la alegría y la fiesta de la fe en nuestro pueblo. Seamos medicina de Dios para los ciegos de fe. Seamos capaces de actuar como Rafael con los ciegos de nuestro camino.

         ¿Saben?. Antonio María Claret, lo ha conseguido.
        

      Hasta la próxima.

         Paco Mira


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