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jueves, 1 de marzo de 2018

PENSIONISTA


DIARIO DE UN CURA

PENSIONISTA

Está uno acostumbrado  a que cada día te  llegue alguien a la  parroquia pidiendo algún tipo de ayuda. Normalmente, alimentos, o algunos euros para pagar el recibo de la luz o el agua. U otras cosas más complicadas que muchas veces no está en las manos de uno.

El otro día, al regreso de la cafetería donde cada mañana comparto un cortado con algunos vecinos, Juana –supongamos que ese es su nombre- se acercó con cierta timidez.

-¿Puedo hablar con usted?

Juana hace años que es viuda y ha sufrido la crisis con sus tres hijos  mucho tiempo en paro. Una crisis que le ha afectado no solamente a la economía sino también  a la salud. En los momentos más difíciles se acercó a la parroquia, siempre con algo de vergüenza: “Usted sabe que yo no estoy acostumbrada a eso. Si vengo aquí es porque ya no puedo más”.

A pesar de todo, me extrañó la visita de Juana a aquella hora.
-Dígame, Juana

Le costó arrancar

-Es que no sé si usted me puede dar para lo que le voy a pedir.

-¿Algún problema especial?, le pregunté intentando allanar el camino…

- Mire, yo creo que los pobres tenemos también que poner de nuestra parte para salir de la situación en la que estamos. Yo siempre he sido luchadora. Y me parece una obligación ir a la huelga de los pensionistas para reclamar nuestros derechos.

Yo, ingenuo de mí, todavía no caía en la cuenta de lo que me estaba pidiendo Juana. Sobre la mesa tenía un sobre con un dinero que una buena persona, como casi todos los meses,  me había dejado para Cáritas.

Juana fue más clara:

- Es que no tengo dinero para trasladarme a Las Palmas  e ir a la huelga y no sé si es justo pedirle para eso.

Entonces abrí los ojos e hice lo que yo creo que habría hecho  cualquier otra persona en mi lugar. ¡Cómo me supo aquella pequeña  ayuda parroquial para la lucha por la causa justa de los pobres! Para asistir a una huelga.

viernes, 9 de febrero de 2018

LAS ALEGRÍAS DE UN PÁRROCO

DIARIO DE UN CURA

LAS ALEGRÍAS DE UN PÁRROCO

Hay un libro de la Biblia, muy poco conocido, que a mí me anima a intentar siempre ver el lado positivo de los acontecimientos. Se trata del libro de Habacuc que, poéticamente dice: 

Aunque la higuera no dé renuevos,
ni haya frutos en las vides;
aunque falle la cosecha del olivo,
y los campos no produzcan alimentos;
aunque en el aprisco no haya ovejas,
ni ganado alguno en los establos;
aun así, yo me regocijaré en el Señor,
¡me alegraré en Dios, mi libertador!
Hay momentos que uno puede estar tentado de pesimismo cuando no logra los objetivos que había pensado; cuando  no se ven resultados de la catequesis o la predicación;  cuando parece que estamos en un desierto de fe, cuando encuentras desunión, envidias o celos. Nos pasa a todos, supongo. Y dan ganas de enfadarse y de tirar la toalla.  Pues no.  “Aunque en el aprisco no haya ovejas  ni haya uvas en las parras, yo me regocijaré en el Señor”. Porque muchas pequeñas alegrías van llenando los días y van llenando la vida.

El pasado domingo, al llegar la noche, después de varias misas, reuniones y el diálogo con algunas personas, recordé estas palabras del Libro de Habacuc.  Y me salió de dentro decir entusiasmado: ¡Estoy contento! Estoy alegre porque tres jóvenes dieron el paso de acercarse a la parroquia para integrarse con los otros chicos y chicas que ya se reunían para la confirmación. Estoy contento porque ha nacido en la parroquia el grupo de Niños Misioneros dispuestos a reunirse los domingos por la mañana,  escribir a niños y niñas de la Misión, orar un poquito y realizar pequeñas actividades misioneras. 

Estoy contento porque un grupo de 20 madres han formado  un coro para  la misa de los sábados. Estoy contento porque en estos días, se celebra el Día Internacional de la Radio y, casi al mismo tiempo,  el aniversario de la querida emisora de Tamaraceite. Estoy contento por la visita  inesperada y bulliciosa  de unos sobrinos.  Estoy contento…porque estoy contento. Estoy y contento porque, “aunque no quedaran vacas en el establo”,  yo festejaré al Señor, que es mi fuerza”. 


miércoles, 29 de noviembre de 2017

LA PLAZA DE LA IGLESIA

EN “LA PLAZA
DE LA IGLESIA”
DIALOGAMOS CON EL PÁRROCO DE CARRIZAL

Pinche en el siguiente enlace 
para escuchar el programa de esta semana:



Dámaso, Yurena y Suso en Radio Agüimes

miércoles, 15 de noviembre de 2017

DIARIO DE UN CURA


FRACASOS Y ÁNIMOS


En la Iglesia estamos acostumbrados a los fracasos, aunque todos evitamos pronunciar la palabra. Es una palabra fea, la verdad. Estamos tan acostumbrados,  que damos por hecho que, por ejemplo, los chicos que se apuntan a la confirmación se desapuntan de todo desde que el obispo venga y les imponga las manos.  De todos modos, tampoco Jesús fue, humanamente hablando, un triunfador ni mucho menos. Estoy convencido de que los que hemos optado por el anuncio del evangelio, aunque nos encontremos con muchos tropiezos, nunca debemos desanimarnos. No estamos aquí para triunfar ni para recibir aplausos. Estamos   para sembrar. Aunque los frutos no se vean. Aunque aparentemente se esté fracasando.


Pero bueno, tenemos la suerte de que muchas veces la vida nos recuerda que nunca hemos de perder la esperanza. Todo lo contrario. Aunque la realidad sea muy dura, más fuerte debe ser nuestra fe. 


El viernes próximo estoy invitado a  participar en una reunión en Las Palmas por un tema relacionado con la inmigración y la pobreza. Me hacía ilusión participar, pero prefería  que, al menos otras dos personas, especialmente jóvenes, me acompañaran en mi coche y también pudieran vivir la misma experiencia.  Y como, normalmente, la gente es reacia a las reuniones, pensé: Para conseguir que vayan dos, tendré que invitar al menos a seis personas. Y así lo hice.  Seis mensajes o llamadas esperando seis disculpas:  Que estoy preparando un examen, que tengo algo de gripe, que si hubiera sido el jueves, que ya quedé, que es el cumpleaños de mi amiga…


Pero no.  Las sorpresas fueron llegando poco a poco. Los seis invitados,  diciendo que sí, que contara con ellos. Y eso que ni sabían exactamente el tema de la reunión.  Por eso hoy estoy escribiendo con tinta roja de entusiasmo.


Carmelo, Gloria, Deisy, Óscar, Verónica y Ana Cristina fueron respondiendo sin excusas: Todos encantados de acompañarme a la reunión. Y  los siete, en un coche de cinco plazas. La esperanza es lo último que se pierde y no, no está perdida.  

jueves, 10 de agosto de 2017

LOS 80 AÑOS DEL CURA CRISTÓBAL PÉREZ

LOS 80 AÑOS DEL CURA
CRISTÓBAL PÉREZ

Hace unos días el Obispado de Canarias dio a conocer una serie de nombramientos de curas. Eso siempre produce alegrías y produce tristezas. Depende siempre desde el ángulo desde el que se mire.  Pero hay sacerdotes que no suelen aparecer en esas  listas. Por la edad que tienen, ya podrían haberse retirado hace tiempo y  disfrutar de un descanso más que merecido. Me vienen a la mente los nombres de curas conocidos, reconocidos y queridos en sus parroquias porque, a pesar de superar con creces los 75 años,  siguen realizando, y muy dignamente,  un trabajo pastoral. Por ejemplo: D. Andrés Rodríguez en Moya, D. Salvador Aguilar en el Pino, D. Eusebio y D. Olegario en los hospitales,  D. Andrés Macías, D. Santiago Rodríguez…Y también don Cristóbal Pérez que este jueves 10 de agosto cumple los 80 años.

Una de las pruebas  de que el sacerdocio es una vocación está en que, a pesar de los años y los achaques, muchos de ellos no se retiran a la edad estipulada sino que siguen en activo hasta que sus fuerzas se lo permitan.  Y siempre con  ilusión, siempre con nuevos proyectos y siempre  reciclándose para no  caer en la rutina ni  perder la juventud que esconden sus canas.

Cristobita, así le decimos todavía en Ingenio,  ha sido y es uno de estos sacerdotes. Un hombre que lleva en los genes la actitud de servicio. Durante  muchísimos años ha estado atendiendo  en el Obispado a las personas que allí se acercan. Y lo mejor,   siempre con cara amable. Es el primer sacerdote que uno se encuentra al llegar a la institución eclesiástica. Sin duda, un buen escaparate de la Iglesia diocesana.  Y tengo que decir que, con los años,  no solamente no ha perdido sino que ha ganado en simpatía, en amabilidad y atención. Algo nada fácil en un lugar a donde muchos  acuden a cumplimentar papeles o  buscar soluciones a sus problemas.  Algunos, también a protestar. La sonrisa de D. Cristóbal es una buena puerta de entrada. Y eso que le ha tocado trabajar  con diferentes obispos y mentalidades: Pildain, Infantes Florido, Ramón Echarren y ahora con Francisco Cases. Cosa no siempre fácil.  La labor de Cristóbal Pérez ha sido la de facilitar a cada persona que allí se acerca el medio para  solucionar su problema. Algo verdaderamente difícil en cualquier institución. Y en la Iglesia no es menos difícil.

Además de todo eso, este sacerdote siempre ágil, inquieto y nervioso, compagina su trabajo en el obispado con la atención pastoral en el barrio  de San Cristóbal  Y como Ingenio es su gran patria chica, también por allí se le ve  con frecuencia casi siempre risueño, cercano a la gente, conocedor de todos los nombres y nombretes de sus vecinos. Nunca ha  tenido coche y por eso lo vemos andando por sus calles, subiendo laderas, sudando   y utilizando la guagua, además de su piernas. Con la ventaja de que así se ha logrado mantener la relación con toda la gente del pueblo y crecer cada  día en número de amigos.

Este  gran hombre (las personas tienen un sistema métrico diferente), cumple hoy 80 años y empieza a formar parte de ese grupo de curas venerables que nacieron para servir. A la lista de Salvador, Andrés, Olegario,  Santiago y otros grandes servidores de la comunidad cristiana,  hay que añadir,  desde ahora, al amigo Cristóbal Pérez Rodríguez. Estamos orgullosos de ser sus compañeros. Y orgullosos de haber nacido en Ingenio.

Los compañeros sacerdotes nacidos en el mismo  pueblo queremos hoy felicitarte y agradecer tu amistad y tus años de servicio: Higinio Sánchez, Agustín Sánchez, Manolo Hernández Navarro, Pepe Domínguez, Venerando Novelle, Manolín Ramírez, Juan María Mena y Suso Vega. También se unen Bernardo Valerón y Juan Espino.


Jesús Vega Mesa

viernes, 16 de junio de 2017

VIAJERO SÍ. TURISTA NO

DIARIO DE UN CURA:

VIAJERO SÍ. TURISTA NO

He tenido la suerte de viajar bastante…y me sigue ilusionando. Pero la verdad: lo que más me entusiasma no es tanto conocer los monumentos del lugar sino la forma de vivir de la gente. Poder dialogar, escuchar, intentar comprender sus costumbres y su modo de vida y crear relaciones de personas. 

No hace mucho, en Madrid, conocí a una pareja con la que hice amistad. Me dijeron que habían estado dos veces en Gran Canaria; pero que, realmente, sólo conocieron de la isla  el hotel y la playa.  Ni siquiera hablaron nunca  con un canario. Si acaso, un saludo de buenos días o buenas noches y poco más.  Yo les volví a invitar a venir y estuvimos juntos  una semana. Les presenté a  algunos de mis amigos. Les enseñé  Agüimes e Ingenio, vieron nuestro folklore, hicieron senderismo. Y, sobre todo, compartimos muchos diálogos y vivencias con la gente de mi pueblo. Más tarde me confesaron que realmente estuvieron en esta Isla sólo cuando se relacionaron con gente de aquí. Las otras visitas fueron otra cosa.

Hace unos años estuve en África, en Malawi,  con amigos de la parroquia. Nos quedábamos en una casa misionera y participábamos de las actividades organizadas por la iglesia y por la comunidad religiosa  que allí trabaja.  Conocimos las escuelas y hablamos y cantamos con los niños. Palpamos  la vida de la gente en la calle y los paisajes inigualables que de noche se iluminaban con la luna más grande que nunca he visto.  No sé decir ahora mismo el nombre de ningún edificio importante de Malawi. Tampoco me importa mucho, la verdad. Pero tengo en mi mente la sonrisa inmensa de los habitantes de aquel pueblo pobre pero alegre. Y recuerdo la iglesia llena, un domingo por la mañana, con toda la gentecantando a voces, como si formaran una coral. 



Y el mercado callejero,  siempre repleto de gente. Claro que no puedo decir que conozco Malawi pero sí puedo decir que  conozco algo de cómo es la gente de allí. Para que un viaje tenga valor no basta que uno haya hecho quinientas fotografías espectaculares. Es necesario que la  gente, la vida de ese lugar impregne el corazón y puedas aprender a quererlo. Es necesario emocionarte.  
Todos los que estuvimos en ese viaje  recordamos aún emocionados las muchas horas vividas en aquel  hospital de Kapiri con  los trabajadores, las religiosas y los enfermos que habían llegado hasta allí caminando largas horas para ser curados. 

Me gusta viajar, ya lo he dicho. Pero no me gusta ser turista. No sé a dónde iré este verano. Pero seguro que iré  a cualquier lugar del mundo en el que sea posible dialogar con alguien, aprender de la gente y empaparme, aunque sea con dolor, de la vida del pueblo.  Iré a donde sea posible emocionarse  y  convencerse de que allí hay  hermanos míos.



viernes, 19 de mayo de 2017

La segunda comunión

DIARIO DE UN CURA:
La segunda comunión
De verdad, de verdad, lo más que me gusta de las comuniones es cuando hay  una segunda comunión. La primera está muy vista. Hay cantidad de fotos y vídeos y apenas reconoces a los niños que vienen vestidos para la ocasión. La segunda, no. Aunque tiene  la misma importancia que la primera, los niños vienen vestidos de niños, con naturalidad y simpatía como ellos son siempre.  Ni traje especial, ni regalos, ni protocolo. Sólo un encuentro personal de Jesús y el niño o la niña. Ya no hay nervios, ya no hay observadores. Si acaso, el papá y la mamá que,  sin pasar por la peluquería, se acercan discretamente a la iglesia, participan de la misa y, a la hora de comulgar, con su hijo al lado, reciben a Jesús con cara de felicidad   porque es su segunda comunión. Bueno, la verdad, a mí me gustan igualmente  las terceras y las décimas y todas las que vengan. Lo que más me gusta de la primera comunión es que, sin primera, no hay segunda. 

El otro día, un poco antes de misa, a unos niños sentados en el primer banco de la iglesia les pregunté que cuándo hacían la segunda comunión. Ellos se echaron una carcajada y la más espabilada dice.
-¡Querrás decir la primera comunión!
 Y yo insistí. No, la primera sé yo que es el domingo próximo. Quiero saber para cuándo es la segunda.
Y otra vez la respuesta entre risas de la más lista:
- No hay segunda, sólo la primera.
-Pues este año, le dije, vamos a tener primera comunión y segunda comunión …y bastantes  más!!!
Los chiquillos, que seguramente estaban pensando que yo estaría  un poco mal de la cabeza,  lanzaron, sin ensayo previo  un
¡Ñoooos, qué buenooooo!!! que retumbó en toda  la iglesia.
Entonces me quedé contentísimo.  En adelante, pensé,  pondré fechas de primera y segunda comunión… y algunas más.  Seguro que los niños se sentirán muy bien. Y los padres. Y los catequistas. Y los curas.
Que vivan las segundas comuniones.



miércoles, 5 de abril de 2017

LOS JÓVENES

DIARIO DE UN CURA

LOS JÓVENES

Soy afortunado. Me lo repetí varias veces el lunes después de estar un par de horas oyendo confidencias de chicos y chicas de apenas dieciséis o diecisiete años. Soy afortunado porque yo, una persona mayor,  puedo escuchar de  una adolescente que se siente enamorada y no sabe cómo decirlo a los padres. O que un muchachito te cuenta las dificultades que tiene para dominar su temperamento: pero que está haciendo esfuerzos por mejorar. O de quien, con quince años,  está envuelto en dudas de fe. Y así, hasta veinte o treinta pequeñas historias. Lo dicho. Soy afortunado y doy gracias a Dios porque cuando un chico o una chica abre su alma y te cuenta lo que siente, lo que busca, lo que sueña, lo que ha guardado secretamente hasta ahora… descubre uno  la grandeza de Dios en la bondad y hermosura  de los chicos, con su   sinceridad y  su candidez. Me sobrecogió la historia de Elva. Tenía todo preparado para irse de acampada esta semana santa. Nunca había ido y era la mayor de sus ilusiones. Ni dormía algunas noches pensando lo bien que lo pasaría con sus amigos y amigas. Pero de repente, algo rompió su sueño. Su hermano más pequeño se puso malo.  Y su madre  le prohibió ir a la acampada.  No podía dejar solo a su hermano. Elva me dijo:

-Primero me puse a llorar con rabia porque la maldita enfermedad rompió todos mis planes.  Pero ahora estoy muy contenta porque tengo la mejor ocasión de decir a mi madre y a mi hermano que les quiero y hago lo que sea por ellos.

-Yo me acordé de Jesús, el que dio la vida, con apenas treinta años, por sus amigos. Lo pensé y se lo dije. Y ella se emocionó y me aseguró que en esta semana santa va a estar con su hermano… y con Jesús. Porque te prometo -me dijo-  que el jueves santo estaré en la misa con Jesús. Y que  esta semana santa va a ser la más feliz de mi vida.

Es lógico que yo me sienta afortunado, ¿verdad? Por eso hoy sólo sé rezar dando gracias.  

viernes, 30 de diciembre de 2016

A QUIEN DIOS NO LE DA HIJOS...

DIARIO DE UN CURA
A QUIEN DIOS NO
LE DA HIJOS…

Hace unos días  recibí el correo de Teresa, una lectora de La Provincia. Además de algunas llamadas de atención y algunos piropos (todo se recibe muy bien), ponía una pregunta: Ya que usted publica su diario,  me gustaría saber cómo celebra un cura las Navidades.   Podría contestar a mi lectora que, probablemente, no hay demasiada diferencia entre ella y yo si los dos tenemos fe. Habrá algunos matices pero en general, seguro que hay muchas coincidencias. Bastaría hacer un cóctel donde se mezcle  familia, fe y solidaridad. Es una mezcla formidable que produce una gran dosis de  paz y de alegría.  

Pero voy a ser más explícito. En los días previos a la Navidad, muchos curas participamos en actividades como éstas: un encuentro de oración personal, visita a los enfermos de la parroquia, o acompañar en la acogida que Cáritas hace a las familias necesitadas.  Y en mi caso, además, celebrar la eucaristía en el centro de mayores que hay en el pueblo. Por cierto que  en esta ocasión participaron también  los jóvenes que están en catequesis de confirmación y contaron a todos cómo les gustaría vivir esta  Navidad. Fue un buen regalo para los acogidos en el centro sentarse junto a los muchachos  y escuchar sus mensajes espontáneos y alegres.

Y ya en la Nochebuena, nos toca a los curas celebrar el nacimiento de Jesús intentando que la misa no fuera un simple rito, sino transmitir de la mejor forma posible el mensaje siempre nuevo del evangelio. A veces no resulta fácil, sobre todo cuando debemos estar en más de una parroquia y, por tanto,  celebrar dos o tres veces seguidas el nacimiento de Jesús. Una tentación, es caer en la rutina. Por supuesto que intentamos evitarla.

La misa de Nochebuena procuramos que sea viva y muy participada. No es fácil acertar con la hora adecuada para que todos podamos compaginar la misa y la cena. En mi parroquia hemos procurado  que los niños y los jóvenes tuvieran su espacio en la eucaristía escenificando el pasaje del evangelio de Navidad.  Acabada la misa,  con el besapiés o la caricia a la imagen del Niño  Jesús terminamos con el compromiso de transmitir esa “caricia” a quienes necesitan un gesto de amabilidad, de cariño o  de escucha. Como ves, una primera parte muy semejante a la de cualquier otro cristiano que no se conforma con sólo estar en misa.

Y después,  como la mayoría de las  personas,  vivimos el encuentro familiar. El mío fue con algunos hermanos, sobrinos y cuñadas. Dicen algunos que a quien Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos. No creo que sea así. La familia de los curas suelen ser los sobrinos y los padres de los sobrinos. Y también la parroquia. Normalmente  nos sentimos acogidos, comprendidos y apoyados por las buenas familias que acuden a la iglesia. Y cuando un cura no tiene aquí familia como son los de otra Isla o de la península o de lugares más lejanos, siempre encuentran entre los feligreses quienes le inviten a cenar y pasar un rato en cálido ambiente familiar. 

Cuando me tocó estar lejos de mi familia siendo  párroco  en Tías (Lanzarote) o Antigua y Betancuria (Fuerteventura), nunca me faltó una familia, y más de una,  con quien compartir estas fiestas del Nacimiento de Jesús y el fin de año.
Como ves, Teresa, la Navidad de los curas no tiene mucho de extraordinario. Ojalá aprendamos también los sacerdotes  a que nuestras casas parroquiales estén disponibles para algún hermano que pueda sentirse  solo en estas fechas. Por cierto que ayer, Día de la Sagrada Familia de Nazaret,  celebré con algunos de mis actuales y antiguos feligreses, los cuarenta y cinco años de sacerdocio. Fue una ocasión para fortalecer los lazos familiares con todos ellos. Por eso me gusta corregir el refrán y decir más bien que,  A quien Dios no le da hijos, Él mismo le  multiplica las familias.

P.D. Que el nuevo año 2017 traiga mucha paz, más trabajo,  más solidaridad y familias acogedoras para todos.
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susovega@hotmail.com




sábado, 17 de diciembre de 2016

RUTA DE BELENES

DIARIO DE UN CURA
RUTA DE BELENES

Este puede ser un buen día para hacer la ruta de los belenes. Realmente pudiera hacerse en muchos momentos de la vida. Vamos a ver si me explico. Es costumbre que, aprovechando la Navidad, algunos cojan su coche y se vayan a ver, por ejemplo, el nacimiento de la Playa de Las Canteras. Formidable. Lo que pasa es que yo estoy pensando en una ruta diferente. Otro tipo de  belenes. No. Tampoco me refiero, por poner un ejemplo, al muy espectacular que ha hecho Dámaso Suárez en Cruce de Arinaga y que vale la pena conocer. Reconozco que me encanta visitar nacimientos. De hecho hace unos días me encontré con un belenista reconocido como Ramón Brito de Tamaraceite quien,  en pocos minutos, me ofreció  una ruta  de los mejores nacimientos realizados en  parques, plazas y domicilios particulares de Moya, Telde, Arucas o Mogán. Pero es que, si uno contempla un nacimiento o mil, no puede quedarse en la imagen idílica que allí se pinta y que alegra la vista. Ríos de agua limpia, ovejitas con abundante agricultura a su alrededor, pastores que sonríen, un portal con luz eléctrica y música de ángeles.

Es bueno visitar belenes, pero no sólo para extasiarnos ante algunas obras artísticas. Los nacimientos hay que saber interpretarlos. Hay que ponerles voz y movimiento sin necesidad de mecanismo alguno. Se le puede  preguntar a la  oveja por qué está allí. Hay que escuchar  al Niño Jesús si nos dice  dónde podemos encontrarlo de verdad, de carne y hueso. Se puede  mirar a la Virgen María y, aunque aparentemente no recibamos la respuesta, decirle que dónde hay una persona que necesite el cuidado y el afecto que ella parece que está dando su hijo. O suspirar ante esa figurita de un san José bueno, obediente que no comprende casi nada de lo que está pasando. Pero que está allí porque confía en Dios.

Ayoze montó un pequeño belén en su casa con la ayuda de los padres que consideraron que esta sería una buena catequesis para el niño. Y el chiquillo, todos los días  cuando se levanta, va al rinconcito donde está el belén y cambia alguna figura. Ayer apareció el niño metido en medio de los pastores. Y otra vez puso a la Virgen con las lavanderas. Pareciera como si Ayoze le estuviera dando la catequesis a los padres. A ver si se dan cuenta que lo del belén es una forma de descubrir que todo eso que allí aparece quieto está en continuo movimiento. Y que a Jesús hay que seguir buscándolo por ahí, en los sitios más insospechados. Por eso no basta hacer la ruta de belenes de figuritas. Falta la otra.

La otra ruta de Nacimientos no es un entretenimiento para los días de Navidad. Si uno hizo bien  la primera, la que muchos de nosotros hacemos, es muy posible que nos animemos  a hacer la segunda. Y se va uno un día  a buscar y encontrar  al Jesús, al de verdad. Por ejemplo al Hospital. Y otro día se entera uno que hay un acto solidario para personas con enfermedad mental y se planta allí porque allí seguro que lo va a encontrar a Él. 

No se organizan rutas de belenes de este tipo. Tampoco hace falta. Pero es bueno organizarlas para uno mismo. Durante todo el año, poquito a poquito, se puede ir visitando o ayudando a Jesús que anda  entre nosotros.

En la Plaza de San Pedro del Vaticano instalaron este año un belén inspirado en las pateras que traen refugiados a nuestras tierras. Muy buena idea. Al verlo, no vale decir ¡qué bonitoooo! Porque los belenes, aunque sean muy bellos artísticamente,  tienen que ayudarnos a decir ¡!qué feo! Qué feo que  un Niño haya tenido que nacer así. Y qué refeo que no hayamos aprendido todavía  y se sigan multiplicando  los “niños jesuses” que viven a la intemperie  y sin sonrisa.

Necesariamente, voy a empezar la otra ruta de los belenes.  Aunque, en verdad, la empecé ayer cuando, sin pretenderlo, en la misma iglesia, vino a mi encuentro Sandra y me contó entre lágrimas que la habían despedido del trabajo. Y que se veía lejos de los suyos, cargada de problemas y sin ninguna salida.  Yo la escuchaba y al mismo tiempo ponía los ojos en las figuras del Belén de la parroquia. ¿Dónde estaría Jesús?




viernes, 18 de noviembre de 2016

¡Yo no me doy por vencido!

DIARIO DE UN CURA
¡Yo no me doy
por vencido!

El otro día estuve en un acto de política municipal. Había bastante gente. Jóvenes, casi ninguno. A actos religiosos voy  todos los días. Jóvenes, casi ninguno. A  actividades musicales voy de vez en cuando. Jóvenes, casi todos.

Estuve  ayer con un compañero y lo encontré más que vencido. Derrotado. Decía que está harto de convocar a los jóvenes para la confirmación o para hablar de algún tema que él considera de interés  y nadie acude.   Asegura  que no hay nada que hacer. Y que no va a seguir perdiendo el tiempo. Se conformará con lo que ya hay en su parroquia.

Yo tampoco  tengo soluciones. Pero sigo cantando con Luis Fonsi que no me doy por vencido. Ni muchísimo menos. No se puede trabajar para la juventud o con la juventud  si  no se tiene el mínimo de fuerza para resistir la tentación de abandonar.

Estoy  muy cercano a una asociación juvenil, Vida Solidaria, y compruebo  que también ellos  tienen dificultades para mantener la fidelidad a las reuniones o los compromisos que se van tomando. Lo que hace que la asociación de mantenga es porque  algunos “no se dan por vencidos” y siguen contra viento y marea, participando, animando y reuniéndose aunque sólo vengan cinco.

No entiendo que un concejal o un cura se rindan.  Un cristiano que  tire la toalla… dudo que sea cristiano. Un político  desanimado  porque la juventud no responde,  tendrá que plantearse su cargo.  Y mucho menos que se tranquilicen culpando a la juventud  de todos los males. Hay una actitud que se llama autocrítica que es lo que hay que hacer. Lo que pasa que eso cuesta mucho.  Todos recordamos multitudes de jóvenes en los templos. Si ahora no están, tal vez es que hay algo que no estamos haciendo bien. Quizás seguimos con los mismos esquemas de hace  sesenta años. Tal vez no sabemos animar a los adolescentes. A lo mejor hay que ser más humildes y olvidarnos de las masas.

Yo quiero una Iglesia joven. Y alegre, y entusiasta.  Y humilde.
Y quiero instituciones públicas que trabajen con la juventud sin buscar sólo la inmediatez . Hay que trabajar sin esperar el éxito inmediato que conduce a la decepción. Trabajar con los jóvenes exige paciencia, serenidad, y mucha, muchísima humildad.


Yo, yo no me doy por vencido
Juro que vale la pena esperar, y esperar y esperar un suspiro
Una señal del destino
No me canso, no me rindo, no me doy por vencido.




viernes, 21 de octubre de 2016

¿CUÁNTO VALE UNA MISA?

DIARIO DE UN CURA
¿CUÁNTO VALE UNA MISA?
Ayer, un grupo de jóvenes,  con toda la ironía del mundo, me hicieron la pregunta: ¿Cuánto vale una misa o bautizar a un niño o casarse? Pensé responderle lo que me enseñaron en el seminario: El valor de una misa es infinito. El valor espiritual, se entiende. Pero la pregunta no se refería a lo espiritual.
Entonces recordé a mi compañero Antonio Berriel que, con mucha frecuencia, dice que en sus muchos años en el  oficio de párroco, jamás ha puesto precio a un bautizo o una boda o una misa. Y yo puedo afirmar que la gran mayoría de los curas  isleños tampoco cobran. Otra cosa es que se entregue un sobre por si se quiere  hacer un donativo voluntario.
Mis jóvenes amigos no se conformaron con la respuesta y siguieron preguntando: ¿Y qué haces con ese dinero de los donativos por las misas, por ejemplo?  Les aclaré entonces que ese dinero no es para el celebrante sino para el mantenimiento de la parroquia como ocurre con las colectas. Cada cura tiene su sueldo y, normalmente, deben vivir de su salario como cualquier persona.
No tengo la menor duda de que, cobrar por un sacramento, resulta contradictorio. Dice el evangelio de San Mateo: “Den gratis lo que recibieron gratis” (Mt 10, 8). Somos curas por la gracia (gratuidad) de Dios. Por tanto, debemos celebrar los sacramentos  gratuitamente. La Iglesia se mantiene, en buena parte, gracias a los donativos de los creyentes. Y a ellos debemos estar agradecidos.
De todos modos, el tema es serio y en algunos casos, escandaloso. Mucho debe serlo en cuanto  ha sido el mismo papa el que ha llamado la atención sobre los abusos de muchas parroquias con los estipendios o tasas que se cobran por un sacramento. El papa, en una homilía, se refirió con dureza a este hecho: Cuántas veces, dijo,  vemos que,  entrando en un templo, todavía hoy, está la “lista de precios”, por recibir el bautismo, la bendición, las intenciones de la Misa, lo que hace que se escandalice el pueblo.
Un profesor, en el Seminario, insistía en decirnos que hay dos cosas que el Pueblo de Dios no puede perdonar: un sacerdote apegado al dinero o un sacerdote que maltrata a la gente. A mí personalmente me desagrada la pregunta de quien  va a apuntar una misa y pregunta que cuánto vale.  Ojalá llegue pronto el día en el que todos los servicios parroquiales sean gratuitos. Y ojalá llegue también el día en el no se trate de malos modos a nadie. Ni en las parroquias ni en ningún otro sitio. Que quien llegue al templo se sienta de verdad como en familia, ya que tanto lo predicamos. Pero lo mismo habrá que decir de otros  colectivos inscritos  como asociaciones  “sin ánimo de lucro” o ayuntamientos que en teoría está al servicio de los ciudadanos y que, sin embargo, cobran por todo.
La conversación con mis amigos me anima a hacer un canto a la gratuidad y  al trabajo desinteresado. Como gratuito y desinteresado es el trabajo de muchos misioneros.
La conversación con mis jóvenes amigos no terminó así. Cuando parecía que el tema había acabado, les lancé mi pregunta: ¿Qué servicios gratuitos y generosos hacen ustedes a la Iglesia o al pueblo? También me hago la misma pregunta. Misas y bautizos gratis, sí. Pero no solamente afecta esto a los curas. Todos tenemos la posibilidad de compartir algo de nuestro tiempo y nuestras cualidades sin ponerle precio. Si algún cura cobra por un sacramento, muy mal. Y si tú no ofreces nada gratuito a tu comunidad, tampoco está bien.

P.D. Este fin de semana se celebra el Día de las Misiones: El DOMUND. Una oportunidad para ser generoso.  

viernes, 30 de septiembre de 2016

UN CURA PARA LA CALLE

DIARIO DE UN CURA

UN CURA  PARA
LA CALLE

       Un amigo, después de escuchar la homilía del obispo el día de la patrona,  hizo este comentario con un poco de guasa: Si el obispo dice que ahora hay menos gente que va a la iglesia y los jóvenes están fuera de ella, ¿para qué quiere que haya más curas? El trabajo será menor y se  necesitarán menos sacerdotes.

Parecería una reflexión con lógica si la tarea de los sacerdotes se limitara a atender a los que van a misa o a la catequesis. Pero las cosas no son así ni debieran serlo. Precisamente el obispo en las homilías de las fiestas de las patronas de  Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura, insistió en la necesidad de  salir a la calle que es lo que el evangelio propone y  “no encerrarnos en nuestros templos y salones para continuar cuidando a los que no se han ido”.  Cuantas más personas estén decepcionadas del catolicismo,  cuanto más vacías estén las iglesias, más necesidad tendremos de sacerdotes. Sacerdotes para la calle.

A mí me preocupa que muchas personas crean que el trabajo del sacerdote  se reduce a una misa diaria, atender a quienes solicitan un sacramento y poco más. Pero más que eso, me preocupa que también los curas y agentes de pastoral  nos acomodemos  al calorcito de la iglesia y echemos a otros la culpa de la falta de jóvenes o la apatía religiosa de buena parte de la población.  Se necesitan, más que nunca,  curas y catequistas que ejerzan fuera de los templos. No  porque van echando sermones. Tampoco porque llevan la etiqueta que los identifica. No es eso lo que hace falta.   Hace unos años, cuando el papa Francisco comenzó a hablar de que tenemos que oler a ovejas y mezclarnos con la gente, hubo quienes pensaron en más procesiones y más manifestaciones externas de fe.  Lógicamente no habían entendido el mensaje del papa como  tampoco ahora el de Francisco Cases.   Ser un cura de la calle es algo  más profundo, más comprometido y más difícil. San Pablo  dice a Timoteo: Toma parte en los duros trabajos del evangelio.  O lo que es lo mismo: No te acomodes ni  dediques todas las horas del día a celebrar misas y tener reuniones y catequesis siempre con el mismo grupo de personas. La calle nos espera. Para estar con la gente que no va a la iglesia, para escucharla, para comprenderla, para aprender. Para intentar ser testimonio del evangelio.

Escribo estas cosas, consciente de que me las digo a mí mismo. Cuando llega la noche y escribo mi Diario me pregunto siempre si durante el día he tomado parte en los duros trabajos del evangelio o me he limitado a sólo  los que me resultan fáciles.

Este sábado, nuestra diócesis, tan necesitada de vocaciones, cuenta con un nuevo sacerdote: Aday Josué García Jiménez, natural de La Montaña de Gáldar.  El obispo le impondrá las manos y le encargará una parcela de la diócesis  para que la cuide y la quiera y la trabaje y aprenda. Seguro que Aday estará feliz de responder a la llamada del Señor y con ganas de comerse el mundo. Eso me gusta.  Todo el tiempo será poco.  Evangelizar es una urgencia.  Hay que buscar tiempo para orar  y para celebrar la eucaristía. Pero también tiempo para estar con la gente a la que te envíen.  Me gustaría, Aday, que seas un cura de la calle. La calle es un segundo seminario. Lo necesitamos.

domingo, 7 de agosto de 2016

DIARIO DE UN CURA

DIARIO
ENTRE ALEGRÍA Y CANCIONES
Domingo 8 de agosto de 2016
Con Raquel y Sara en Tías
Estoy contento. Contentísimo. La experiencia de los días vividos en Lanzarote con la presentación del libro, el encuentro con mucha  gente amiga y la convivencia  con mis “sobrinas” Raquel y Sara me tienen  eufórico.  Aunque es un verano sin vacaciones “oficiales” me estoy tomando los días con bastante calma y optimismo, que no siempre es fácil, pero ayuda a descansar .
            La misa de la mañana en Cruce de Arinaga, a pesar de que en el verano faltan los niños (hay cuatro o cinco que sí son constantes y se han mantenido fieles), estuvo animadilla. Y como el mensaje de hoy era valorar el tesoro de la fe y no desanimarnos aunque encontremos dificultades, también intento vivirlo así. Con Paco y Paki me fui al Burrero y constantemente salió en la conversación el tema de los jóvenes. Precisamente, en el cuaderno donde estoy anotando ideas para el curso próximo, lo primero que he apuntado tiene que ver con ellos, con la Asociación que estamos creando y alguna propuesta que ojalá salga adelante.

            En estos días, aprovechando este tiempo más relajado,  he escuchado y cantado  muchas canciones. No todas religiosas. Por momentos redescubro mi lado más sentimental porque la melodía y las letras me transportan a momentos vividos que han sido significativos. En temas religiosos va en el número 1 “Alma misionera” que además la cantamos en la misa de este fin de semana. Es un mensaje que comparto y me da muchos ánimos.  Y en  música  pop, aunque la letra no me guste especialmente, la que más he escuchado es “El perdón” de Nicky Jam.  Y mientras escucho música, espero la visita prometida de dos jóvenes, Tati y Vero. Sé que, aunque la puntualidad no es su mejor virtud, ellas vendrán.  He hecho un paréntesis para buscar la oración que mañana enviaré a mis doscientos “abonados”. Y aunque mi estado de ánimo no tiene nada que ver con el enfado, de eso va la plegaria de mañana y  que ahora mismo también hago mía:

DESDE EL ENFADO
Señor, dame ingenio
para afrontar los problemas,
cordura para responder
en las horas de conflicto,
libertad
para defender mis razones
y madurez para entender
los motivos ajenos.
Dame sentido del amor
para discutir con calma;
y sentido del humor
para mirarme al espejo
cuando la cara habla de
enfados y mosqueos.

Dame, en fin, la paz y la mansedumbre
de los bienaventurados,
que, sin perder la coherencia,
se niegan a perder la sonrisa.
(José María R. Olaizola)


Eso espero. Y que me siga ayudando Dios, la música y la buena gente amiga.