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domingo, 8 de abril de 2018

CARTA A TOMÁS EL INCRÉDULO


CARTA A TOMÁS EL INCRÉDULO

Querido amigo Tomás. Hace tiempo que tenía ganas de hablar contigo. Y hoy, aprovechando el evangelio de este domingo, me propongo  decirte algo de lo que pienso. Tomás, tú no eres el único. Hay mucha gente como tú que creemos, pero no lo suficiente.  Que somos desconfiados. Que dudamos. Que queremos creer pero a veces ni nosotros mismos nos entendemos. Ser Tomás no es ser malo. Tampoco son malos los ateos o los agnósticos. Ni ser ateo es ser malo. Ni ser  agnóstico es ser malo. Hay por ahí muy buenos ateos, muy buenos agnósticos. También los hay malos, claro. Como hay cristianos buenos, medio buenos y y malos.  

Me gustan algunas cosas tuyas, Tomás. Porque eres una persona que piensa. No crees a ciegas, al tun tun todo lo que te diga. Hoy también circulan muchas mentiras con apariencia de verdades: (Brujos, apariciones inventadas, mensajes falsos, etc.) Te  gusta razonar las cosas. Es bueno razonar. Te gusta experimentar las cosas. No es malo comprobar, analizar, cerciorarse. Tú sabías muy bien que hay quien engaña… a veces incluso  entre la gente buena. Y tú querías comprobar directamente lo que ya creías…. pero con un poco de inseguridad.

¿Sabes lo que menos me gusta de ti? Que no estabas reunido cuando Jesús se manifestó  a los demás. ¿Dónde estabas?  ¿De verdad fue una ausencia justificada? Eso nos pasa a algunos también. No valoramos suficientemente a la comunidad. Partimos el pan  (la eucaristía) y por cualquier cosa la dejamos. Hay una reunión y pensamos que no pasa nada por no ir. Sabemos que hay gente que lo está pasando mal en el pueblo…y decimos: Que vayan a Cáritas, como si no fuera problema nuestro. Hay un curso o un encuentro formativo… y pensamos que es para otros… ¿Te pasaría a ti eso por desgana, por comodidad, por no querer comprometerte? Muchas veces nos perdemos la aparición de Jesús.

Lo que te voy a leer, Tomás, yo sé, que tú lo conoces mejor que yo. Pero te voy a recordar  lo que tu amigo Lucas escribió: “Los creyentes vivían todos unidos. Vendían sus bienes  y los repartían; celebraban la fracción del pan  y comían juntos alabando a Dios  con alegría”. No me digas que no era bonito este deseo de los primeros cristianos: Eucaristía, oración, compartir, estar unidos… ¡Lo que Jesús había dicho tantas veces! Y es que ese es el camino de la fe. La fe hay que cultivarla, Tomás. Es un regalo de Dios. Pero si no rezas, si no escuchas la Palabra, si no te reúnes, esa fe va languideciendo. ¿Cómo voy a saber yo qué quiere Dios  de mí si no me pongo ante él en oración, si no escucho su mensaje? Dios sigue llamando. Dios sigue invitando a seguirle. Como padres y madres de familia, como sacerdotes, como  monjas. Necesitamos escuchar.

Me gustó lo que te dijo Jesús: ¿Porque me has visto has creído, Tomás?. Tú te avergonzarías, claro. Yo también me avergüenzo cuando me dejo llevar sólo de mi pensamiento como si lo tuviera todo claro. O cuando reacciono mal con alguien pensando que tengo la verdad en exclusiva. O cuando me dejo llevar de dudas y falsos profetas. Y a veces, cuando meto la pata, es cuando oigo a Jesús que también me dice algo parecido: ¿Tienes que caer, tienes que equivocarte para creer en mí, para hacerme caso? 

Pero tu respuesta fue muy buena, Tomás. Dijiste: ¡Señor mío y Dios mío! En poquitas palabras hiciste un tremendo acto de fe. Eres mi Señor, eres mi Dios.  Hoy te voy a copiar. Se lo voy a decir así también a Él. Señor mío y Dios mío. (También se lo puedes decir tú ahora) Señor mío y Dios mío. A veces voy de listo por la vida, completamente seguro de lo que digo o lo que hago sin contar con Él. A veces me entran dudas porque me falta ese roce que hace el cariño. El roce de estar con el Señor. Ante el sagrario, ante los pobres, en la comunidad: ¡Señor mío y Dios mío!

P.D. PARA INMA
Para ti, Inma, van las palabras últimas del evangelio de hoy: Dichosos los que crean sin haber visto. Te imagino como el profeta Jeremías diciendo hoy al Señor: ¡En vaya lío me has metido! Yo no sé si esto es lo que Tú quieres, yo no sé si valgo para monja, yo en esto de la fe soy como una niña, yo no sé si debo estar aquí. A veces no veo nada. A veces por no ver, ni a Ti, Señor te veo.

Y el Señor te va decir: Tomás, o sea Jeremías, o sea Inma:
NO DIGAS QUE ERES UNA MUCHACHA. TÚ IRÁS A DONDE YO TE ENVÍE. LO QUE YO TE MANDE, LO DIRÁS. NO TENGAS MIEDO, QUE YO ESTOY CONTIGO.

Y tú dirás: SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO.

Y  CON EL NIÑO Samuel dirás: Habla, Señor, que tu sierva escucha.

Y con  la Virgen María, la joven de Nazaret dirás: Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra.

Y con el pueblo cristiano de Ariñez o de Arinaga o del Cruce, y con tus hijos y  tu familia, y tus hermanas de comunidad tendrás que decir muchas veces: SEÑOR, YO CREO. PERO AUMENTA MI FE.  Que tu fe, Inma y la fe de cada uno de nosotros nos ayude a transmitir la alegría de creer y seguir a Jesús.

viernes, 5 de enero de 2018

DIARIO DE UN CURA

QUERIDOS REYES MAGOS

Queridos Reyes Magos: Casi todos los años, les escribo una carta que yo estoy seguro que ustedes leen con mucho cariño. Como las otras  cartas que los niños y adultos necesitamos escribir por estas fechas. Y casi todos los años, el día 6 de enero, veo que, no todo  lo que había pedido  tan inocentemente, me lo trajeron. ¿Se acuerdan de aquella carta que les escribí hace ya tantos años en la que les pedía una bicicleta de verdad y sólo me pusieron un cochito de cuerda? Mi madre intentó explicar a su hijo de 7 años que, tal vez, había sido una confusión de ustedes. Porque a otro niño de mi edad, el hijo  de D. José el maestro,  que vivía un poquito más arriba de mi casa, sí le pusieron la bici.

Según han ido pasando los años, yo les  seguía  pidiendo cosas que consideraba adecuadas y justas. Una vez, me acuerdo, tendría yo unos 15 años,   les dije que no iba a pedirles nada más para mí, sino para otros. Y la verdad me volví loco pidiendo y deseando muchos arreglos de la sociedad. Pero según pasaban los días, mis ilusiones se iban desvaneciendo. Porque no solamente no obtenía lo pedido sino que cada vez eran más las cosas que se necesitaban para arreglar el mundo y que habría que pedirles a ustedes. 

Al año siguiente, un hermano mío me enseñó una carta que ustedes le habían escrito. Me resultó raro al principio. Siempre había oído que éramos nosotros los que escribíamos la carta.  Pero ya vi que no. Porque en esa carta eran ustedes los que le  pedían a mi hermano.  Y empecé a comprender que ustedes dan mucho, pero piden mucho también. Yo sabía que ustedes, Melchor, Gaspar y Baltasar, llevaron hermosos regalos al Niño Jesús. Pero es que antes,  el Niño Jesús  les había regalado mucha Sabiduría, mucha Fe, mucha constancia. Y eso vale inmensamente más que un poco de oro o de incienso o de mirra.

Este año, queridos Reyes Magos, quiero pedir para todos los niños y niñas del mundo. También para los grandes. Y si no les importa, también para mí: Un poquito más de fe, un poquito más de sabiduría y un poquito más de constancia y esfuerzo.  Por mi parte yo compartiré con otros lo que pueda tener de oro y esas cosas parecidas a las que ustedes entregaron a Jesús.  Me da que este año he acertado con la carta y que aquella  bicicleta de mis sueños llegará  a otros niños gracias a la fe, la sabiduría y el esfuerzo de muchos. Hasta el año que viene.  

viernes, 26 de junio de 2015

¿SABEN?. EL VERANO YA LLEGÓ. CUIDEMOS LA NATURALEZA

Escribe Paco Mira
¿SABEN?. EL VERANO YA LLEGÓ. CUIDEMOS LA NATURALEZA
         Si no les importa, voy a comenzar como acabé la carta de la semana pasada. En ella les decía que ojalá la UD haga los deberes y ocupe el lugar que le corresponde”. No se si ahora va a ocupar el lugar que le corresponde, lo que si tengo claro es que hizo los deberes. Felicidades. Pero no nos olvidemos que el fútbol es un deporte y como tal hay que tratarlo; no nos va la vida en ello, no nos da de comer, no saca a nuestros hijos adelante.... es un deporte que sirve de diversión.
         Dicho lo cual, hace una semana, precisamente el domingo pasado el verano ha llegado, y con él también un montón de esperanzas e ilusiones de hacer de la vida de cada día algo diferente. De hacer aquello que normalmente no hacemos, porque así somos capaces de distinguir las estaciones del año. El verano supone muchos sueños, supone reencuentros que normalmente el resto del año no me lo permite; supone que uno en el fondo se manifieste como realmente es y que a lo mejor en el trabajo no me dejan desarrollar lo que quiero manifestar.
         Dios no coge vacaciones, ¿lo sabían?. ¡el pobre!. Sigue en su quehacer diario. Y no coge vacaciones porque no las necesita. Su trabajo no le lleva a tener que descansar porque siempre ha de estar atento a abrirle la puerta de su corazón a sus hijos.
         Pero casualmente Dios cuenta con nosotros. Es decir Él trabaja porque nosotros también lo hacemos o debiéramos hacerlo aunque estemos de vacaciones. Dios trabaja pero con nosotros. Cuando nosotros decimos que cogemos vacaciones Dios viaja con nosotros, hace las maletas con nosotros, disfruta de la playa, del monte, del campo, de la ciudad... con nosotros, habla a diario con nosotros.... y casualidades de la vida, no siempre nosotros vamos con él, aunque él siempre venga con nosotros.
         Fíjense que Jesús siempre quiere contar con los trabajadores de confianza, con sus trabajadores, con nosotros. Es curioso como este fin de semana le va a tender la mano a un jefe de la sinagoga que tiene problemas con su hija (Mc 5). No por ser contrario al pensamiento de Jesús, este le dice que se busque la vida, todo lo contrario, le dice a sus discípulos que quiere verla. ¡”a tí te lo digo, levántate!....
         Es curioso que nosotros en el verano no le hacemos caso a Jesús, nos tumbamos más que nos levantamos. Jesús nos pide que aún así no dejemos de tender la mano; no dejemos de acompañar al que lo necesita; que no nos olvidemos de los que menos tienen y de los que más sufren. Jesús tiende la mano a la hija de Jairo, porque las manos de Jesús son manos de vida. ¿las nuestras?. Ojalá que no nos tengan que decir que nuestras manos son manos de otra cosa menos manos que dan vida.
         Quiero también tener un recuerdo para todos aquellos estudiantes que han acabado su esfuerzo y que lo más probable es que tengan una recompensa. Todo esfuerzo tiene su premio. Felicidades a los que han acabado el curso y lo hicieron bien. Los que no han tenido su premio, pues que lo sigan intentando porque merece la pena. Ahora que parece que la natalidad aumenta en nuestro país, significa que la esperanza sigue teniendo futuro y por ello nos animamos a seguir adelante.
         Felicidades también a todos los grupos parroquiales que se toman un ligero respiro de descanso. La labor de anunciar la Buena Noticia, también merece un respiro en cuanto a labor burocrática: reuniones, ensayos, charlas, etc... Cojamos fuerzas para meses venideros....
         Ojalá que disfrutemos del verano y de todo lo que el verano conlleva. San Francisco decía, “loado seas, mi Señor, por nuestra madre la tierra”. De ello se hizo eco el Papa Francisco. La tierra es nuestra madre, ¡qué hijo no quiere a su madre!. Siempre, pero en especial en verano, mimémosla y cuidémosla.
        
         Hasta la próxima

         Paco Mira

lunes, 11 de mayo de 2015

CARTA DE UNA CATEQUISTA MIRA RESPECTO A LA PRIMERA COMUNIÓN

 


CARTA DE UNA CATEQUISTA

EN RESPUESTA A PACO MIRA
RESPECTO A LA PRIMERA COMUNIÓN



     Hola Suso, hace mucho que no me apetecía escribir, pero leyendo recién lo que ha escrito Paco Mira, siento la necesidad de expresar mi opinión al respecto y no puedo evitar en tener el mismo pensamiento que él, y que cada año por estas fechas hemos comentado con usted también.

        Hoy por la mañana, se me ocurrió enviar wasp a las madres y padres de los niños que tomaron la "primera" comunión el fin de semana pasado, mi mensaje decía algo así como..." a ver quién me sorprende y lo veo  hoy, tomando su SEGUNDA comunión" con la típica carita de guiño, y besito incluido... , ellos por suerte (o por desgracia) ya conocen mi sentido del humor, y bueno...llegaron la respuestas, con un "lamentablemente" no te podrán sorprender, porque están en el sur; o porque nos fuimos a (...) tal pueblo, o  fuimos a misa en (...) tal lugar. También alguien dijo, "a mi hij@, se le hace raro comulgar", y por supuesto, también están los que no contestaron nada.

     No es nada esto, porque entre las compañeras, estamos acostumbradas a que de golpe, luego de la "Comunión", nos entre el "síndrome del nido vacío" porque nos quedamos sin esos niñ@s, que se van haciendo parte de nuestra vida, durante dos años, y que nos hacen amar aún más si cabe a Jesús, al verlo reflejado en sus caritas, en sus alegrías, en sus cambios de ánimos...con ellos, caminamos conociéndolo más, con ellos aprendemos cada día un poquito más; pero de golpe,...desaparecen, y no se ya quien tiene la culpa,...creo que no es cuestión de buscar culpables, si es la sociedad actual, o la crisis, o las tantas cosas  superficiales que no nos permite ver lo valioso en lo sencillo, o la necesidad de "no" compromiso, ni siquiera con Dios.

También me cabe la pregunta, "¿en qué fallamos?", qué es lo que se podría hacer para que esto no se transforme, no digo en la última comunión, pero si la única por muuuucho tiempo, seguro. 

Aunque nos reunimos, hablamos, le damos vueltas al tema una y otra vez, curso tras curso, siempre terminamos con la consabida frase..." y ya se sabe...siempre pasa lo mismo".

De todas maneras, tengo que decir que algun@s niñ@s fueron, y yo me sorprendí de verlos, me alegré, y seguramente JESUS, al verlos en su segunda comunión,  también hizo un guiño y nos sonrió a todos.


Fanny Abba (Arinaga)

viernes, 5 de diciembre de 2014

Carta a los jóvenes recién confirmados

Carta a los jóvenes
 recién confirmados
Javier Álvarez, Alejandro Barriga, Tatiana Crespo, Sarah García, María Giménez, Idayra López, Nerea Naranjo, Idayra Ortega, Cynthia Pérez, Yudith Pérez, Raúl Ramírez y Xiomara Ramos

El pasado domingo un grupo de jóvenes recibieron el sacramento de la confirmación.  Pensando en ellos y en todos los jóvenes de cualquier lugar que se han confirmado, les he escrito esta carta que comparto con ustedes.

Queridos jóvenes amigos:

Estoy contento, muy contento. Les he visto radiantes de alegría y entusiasmados. Les he visto con ganas de seguir creciendo en valores. Ustedes me han transmitido ilusión. He escuchado sus ganas de hacer el bien y trabajar por los demás. Y su  descontento con muchas cosas de esta sociedad y de esta Iglesia. Veo que no se conforman con hablar o quejarse. Quieren implicarse en hacer un mundo algo mejor. Porque, con sus apenas 17 o 18 años, perciben que nuestra Iglesia necesita  un espíritu más alegre y más joven. Y un compromiso valiente por los demás.

He estado con cada uno de ustedes y he disfrutado escuchándoles. Hemos hablado y reído juntos y hemos soñado con ese camino que continúa después que uno se confirma.  Para muchos, para la mayoría, la confirmación suele ser la meta de un camino. En ustedes creo que no. Espero que no. Han tenido unos catequistas que, sobre todo con su ejemplo, les han animado a continuar.

Cuando les escuchaba en esas entrevistas personales, sentía  una gran satisfacción porque veo que han crecido en madurez y en responsabilidad. Ustedes me han ayudado con su espíritu abierto, su espontaneidad y su alegría.

Quiero animarles a seguir así y a ser fieles a su decisión. Es costoso. Van a encontrar muchas dificultades.  Muchas voces que se dicen amigas les dirán que todo esto de la Iglesia y los sacramentos es una tontería, algo pasado de moda. Cuenten con eso. Pero recuerden que el proyecto de Jesús, a quien estamos siguiendo,  lo que intenta es transformar nuestra sociedad. Hacerla más buena y más feliz. Y el Señor cuenta con ustedes para hacerlo realidad. ¿Cómo? Haciendo esas pequeñas cosas que ustedes ya hacen o quieren hacer: ser amables con toda la gente, sonreír, perdonar, ayudar a los niños, denunciar las injusticias, ser responsables.

Pero comprendo que ustedes son aún muy jóvenes. Y que también necesitan tiempo para estudiar y para divertirse y escuchar música y pasarse cinco horas  hablando y gastando bromas a los amigos. También eso es necesario. Lo que pasa es que a veces, ni los jóvenes ni los mayores, planificamos bien nuestro tiempo. Y escuchamos con pena a personas que dicen que no tienen  tiempo para estar un rato con su abuela ya mayor. O  que  consideran una pérdida de tiempo reunirse o participar en la eucaristía. O que quieren vivir su vida cristiana por su cuenta, a su aire.  Es que no han entendido que nadie puede ser jugador de la Unión Deportiva Las Palmas a su bola, sin ir a los entrenamientos ni respetar las normas. Y que ser cristiano es también cosa de equipo. Y que  todos necesitamos de alguien que nos entrene y nos anime. Y que descubra nuestros valores  y corrija los errores.      

No, amigos. No me gustaría que se estamparan porque piensan que ya se puede andar solo. Siempre necesitamos, también yo,  de  alguien que nos acompañe. Y necesitamos de la oración. Y beber el agua clara del evangelio. Porque si nos falta eso, nuestra fe, aunque esté confirmada,  se marchita.

Queridos jóvenes amigos: La parroquia necesita de ustedes. La Iglesia necesita de ustedes. El mundo necesita de ustedes. Tengo la esperanza de que este acontecimiento que celebraron hace muy poco dará mucho fruto. Que ustedes se dejarán guiar por el Espíritu de Dios que ya recibieron. Gracias por la disponibilidad y por la valentía que supone haber dado ese sí a Dios y la comunidad. Y gracias por todos esos momentos compartidos en la parroquia y que necesitamos seguir compartiendo. Dios siga bendiciendo todo lo bueno que ya están viviendo. Suso.


martes, 12 de agosto de 2014

Un poquito de humor…. Una madre de Lepe le escribe una carta a su hijo...

Un poquito de humor….

Una madre de Lepe 


le escribe 



una carta a su hijo...



Querido hijo:
Te pongo estas líneas para que sepas que te escribo. Así que si recibes esta carta es porque te llegó, si no, avísame y te la mando de nuevo.

Te escribo despacio porque sé que no puedes leer deprisa. El otro día, tu padre leyó que según las encuestas, la mayoría de los accidentes ocurren a un km. de casa, así que nos hemos mudado más lejos.

La casa es preciosa; tiene una lavadora que no estoy segura si funciona o no. Ayer metí ropa, tiré de la cadena y no he vuelto a ver la ropa desde entonces, pero bueno...

El tiempo aquí no es tan malo; la semana pasada sólo llovió 2 veces. La primera vez por 3 días y la segunda por 4.

Con respecto a la chaqueta que querías, tu tío Pepe dijo que si la mandábamos con los botones puestos pesaría demasiado y el envío sería muy caro, así que le quitamos los botones y los pusimos en el bolsillo.

Al fin enterramos a tu abuelo. Encontramos su cuerpo con lo de la mudanza... Estaba en el armario desde el día en que nos ganó jugando al escondite.

Te cuento que el otro día hubo una explosión por el gas de la cocina y tu padre y yo salimos disparados por el aire cayendo fuera de la casa. ¡Qué emoción! Era la primera vez que tu padre y yo salíamos juntos en muchos años.

El médico vino a la casa para ver si estábamos bien y me puso un tubito de vidrio en la boca. Me dijo que no la abriera por 10 minutos y tu padre se ofreció a comprarle el tubito.

Hablando de tu padre, ¡Qué orgullo! Te cuento que tiene nuevo trabajo con cerca de 500 personas debajo de él. Lo han cogido de cortacésped en el cementerio.

Tu hermana Julia, la que se casó con su marido, por fin dio a luz, pero como todavía no sé de qué sexo es, no te sé decir si eres tío o tía. Si el bebe es una niña, tu hermana va a nombrarla como yo. Se nos va a hacer muy raro llamar a su hija "mamá".

Tu padre le preguntó a tu hermana Pilar que si estaba embarazada. Ella le dijo que sí, que de 5 meses ya, pero ahí tu padre le preguntó que si ella estaba segura que era de ella. La Pilarica dijo que sí. Moza de hierro tu hermana Pilar, qué orgullo, de tal palo tal astilla.


Tu perro Puky nos tiene preocupados, se empeña en perseguir a los coches que están parados.

Aunque peor es lo de tu hermano Juancho. Cerró el coche y dejó las llaves adentro. Tuvo que ir hasta la casa por el duplicado para poder sacarnos a todos del coche.

Bueno hijo, no te pongo mi dirección en la carta, porque no la sé. Resulta que la última familia que vivió por aquí se llevó los números para no tener que cambiar de domicilio. Esta carta te la mando con tu primo Manolo.

Si ves a Doña Remedios, dale saludos de mi parte; si no la ves, no le digas nada.

Tu madre que te quiere.

P.D.: Te iba a mandar cien euros, pero que ya he cerrado el sobre. 

martes, 22 de julio de 2014

CARTA DE ABRAHAN LINCOLN AL MAESTRO DE SU HIJO

CARTA DE ABRAHAN LINCOLN 

AL MAESTRO DE SU HIJO

Abraham Lincoln fue presidente de Estados Unidos desde el 
4 de marzo de 1861 hasta su asesinato el 15 de abril de 1865.

  
Querido Profesor,
Mi hijo tiene que aprender que no todos los hombres son justos ni todos son veraces. 
  
    Enséñele que por cada villano hay un héroe, que por cada egoísta hay un generoso.
    También enséñele que por cada enemigo hay un amigo y que más vale moneda ganada que moneda encontrada.
    Quiero que aprenda a perder y también a gozar correctamente de las victorias.
    Aléjelo de la envidia y que conozca la alegría profunda del contentamiento.

    Haga que aprecie la lectura de buenos libros sin que deje de entretenerse con los pájaros, las flores del campo y las maravillosas vistas de lagos y montañas.
    Que aprenda a jugar sin violencia con sus amigos.
    Explíquele que vale más una derrota honrosa que una victoria vergonzosa.
    Que crea en sí mismo, en sus capacidades, aunque quede solito y tenga que lidiar contra todos.
    Enséñele a ser gentil con los buenos y duro con los perversos.
    Instrúyalo a que no haga las cosas porque simplemente otros lo hacen; que sea amante de los valores.
    Que aprenda a oír a todos pero que a la hora de la verdad decida por sí mismo.
    Enséñele a sonreír y a tener el humor cuando esté triste.
    Y enséñele que a veces los hombres también lloran.
    Enséñele a ignorar los gritos de las multitudes que sólo reclaman derechos sin pagar el costo de sus obligaciones.
    Trátelo bien, pero no lo mime ni lo adule. Déjelo que se haga fuerte solito.
    Incúlquele valor y coraje pero también paciencia, constancia y sobriedad.
    Transmítale una fe firme y sólida en el Creador. Teniendo fe en Dios también la tendrá en los hombres.
    Entiendo que le estoy pidiendo mucho pero haga todo aquello que pueda.


Abraham Lincoln, 1820   

viernes, 21 de febrero de 2014

CARTA DEL OBISPO DE TÁNGER A PROPÓSITO DE LAS MUERTES DE LOS INMIGRANTES


CARTA DEL OBISPO DE TÁNGER A PROPÓSITO DE LAS MUERTES DE LOS INMIGRANTES


Tánger, 18 de febrero de 2014


A los fieles laicos, a las personas consagradas y a los presbíteros de la Iglesia de Tánger: Paz y Bien.

Para que la vida no niegue lo que la boca confiesa:

Queridos: Con vosotros y desde la fe quiero acercarme, una vez más, a ese espacio humano, ético, espiritual, evangélico, en el que se mueve y nos sitúa una humanidad empobrecida en busca de futuro: hombres, mujeres y niños a quienes los dueños de las fronteras negamos el derecho a emigrar.
No es mi misión entrar en debates de política, de filosofía, de antropología, ni siquiera de teología. A mí se me pide que, “con la palabra y el ejemplo”, guíe al pueblo que se me ha confiado; a mí se me ha pedido “vivir para los fieles”, ser entre ellos como el menor y como el que sirve, proclamar a tiempo y a destiempo la palabra de Dios. Éste es el mandato que he recibido: “Ama con amor de padre y de hermano a cuantos Dios pone bajo tu cuidado, especialmente a los presbíteros y diáconos, a los pobres, a los débiles, a los que no tienen hogar y a los inmigrantes”.
Por fidelidad a esa misión y mandato, os vuelvo a hablar de los inmigrantes. Quienes pretendan que los veáis con recelo, con temor, con desprecio o con odio, han de encontrar encendida siempre en vuestro corazón la luz de la mirada con que Dios los mira.

Lo que confesamos cuando decimos que creemos:

Escuchad el clamor de vuestra fe, susurrada en la plegaria eucarística; escuchad cómo vuestro Dios abre fronteras, abate vallas, rompe muros, anula distancias, para que los pobres, los oprimidos, los afligidos, alcancen la salvación que necesitan: “Tanto amaste al mundo, Padre santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como salvador a tu único Hijo. El cual se encarnó  por obra del Espíritu Santo, nació de María, la Virgen, y así compartió en todo nuestra condición humana menos en el pecado; anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos, y a los afligidos el consuelo”.
Dios experimentó la aflicción para que tú, la Iglesia de los que él ha redimido, fueses consolada; Dios se empobreció para que tú fueses enriquecida; Dios se redujo a la debilidad de la carne para que tú te vieses fortalecida. Por ti, por abrirte un paso amplio y acogedor en la frontera impenetrable de la gracia, de la santidad y de de la vida, tu Dios se atrevió a vivir una relación escandalosa con el pecado y con la muerte: “Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne”. Y si alguien en la Iglesia me dijere que ese lenguaje es oscuro, le recordaría aquellas otras palabras del apóstol, que hoy, si él no las hubiese escrito, nadie se atrevería a decir: “Al que no conocía pecado, (Dios) lo hizo pecado a favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él”.
Si hablas de tu Dios, has de recordar necesariamente la compasión que tuvo de ti, la misericordia que ha usado contigo, el amor con que te ha buscado, la solicitud con que ha cuidado de ti.
Si hablas de tu Dios, tal como lo has conocido en palabras y hechos de Jesús de Nazaret, la compasión, la misericordia, el amor, la solicitud de que él te ha rodeado, habrás de reunirlos más que resumirlos en las entrañas del verbo servir: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos”.
Tu Dios vino a ti rompiéndose la carne en tus caminos para que tú pudieses ir a él por un camino llano, sin otro pasaporte que la fe con que te dejas amar por él.
Tu Dios no ha hecho magia para sacarte de un apuro, sino que se despojó de sí en solidaridad contigo, y te amó, sin condición y sin medida, aun a riesgo de ser rechazado por ti.

Lo que confesamos cuando oramos:

Todavía esta mañana, en la comunidad eucarística, orábamos con esta palabras tuyas, Iglesia redimida, amada, creyente, esperanzada: “Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido. Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando”.
Os pido, queridos, no que imaginéis, sino que de verdad llevéis, como un mensaje de amor en los bolsillos de vuestra ropa, como un mandato de Dios en el secreto del corazón, como una súplica de vuestra comunidad eclesial en la memoria, esas palabras de la plegaria eucarística. De modo que, allí donde os encontréis, en una playa, frente a una valla, en un espigón, o en la mesa del comedor de vuestras casas, los latidos de vuestro corazón se acompasen sencillamente con el corazón de Dios.

Lo que ha de confesar nuestra vida entera:

El lavatorio de los pies, del que nos habla el evangelista Juan, lo mismo que la Eucaristía, de la que hablan los evangelios sinópticos, representa la vida entera de Jesús, su entrega, su abajamiento a los pies de la humanidad, su anonadamiento hasta lo hondo de la condición humana, su forma de amar, su misión de servir.
Profesar un credo que ignore a Cristo arrodillado a los pies de la humanidad para limpiarla, sería negar lo esencial de nuestra fe.
Credo y evangelio han de ser llevados íntegros en el corazón, en la boca y en la vida.

Y hay cosas en las que no se nos ha dejado espacio para la ambigüedad. Esto se lee en el evangelio de Mateo: “Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos”. Y esto leemos en el evangelio de Juan: “Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: « ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”.

lunes, 20 de enero de 2014

Carta del José A. Pagola al papa Francisco

     Carta al papa Francisco


Papa Francisco y Padre Pagola
Carta escrita por el P. José Antonio Pagola sacerdote y teólogo.

“Casi sin darnos cuenta, estás introduciendo en el mundo la Buena Noticia de Jesús. Estás creando en la Iglesia un clima nuevo, más evangélico y más humano. Nos estás aportando el Espíritu de Cristo…”.

Querido hermano Francisco:

Desde que fuiste elegido para ser la humilde “Roca” sobre la que Jesús quiere seguir construyendo hoy su Iglesia, he seguido con atención tus palabras. Ahora, acabo de llegar de Roma, donde te he podido ver abrazando a los niños, bendiciendo a enfermos y desvalidos y saludando a la muchedumbre.

Dicen que eres cercano, sencillo, humilde, simpático… y no sé cuántas cosas más. Pienso que hay en ti algo más, mucho más. Pude ver la Plaza de San Pedro y la Via della Conciliazione llena de gentes entusiasmadas. No creo que esa muchedumbre se sienta atraída solo por tu sencillez y simpatía. En pocos meses te has convertido en una “buena noticia” para la Iglesia e, incluso, más allá de la Iglesia. ¿Por qué?

Casi sin darnos cuenta, estás introduciendo en el mundo la Buena Noticia de Jesús. Estás creando en la Iglesia un clima nuevo, más evangélico y más humano. Nos estás aportando el Espíritu de Cristo. Personas alejadas de la fe cristiana me dicen que les ayudas a confiar más en la vida y en la bondad del ser humano. Algunos que viven sin caminos hacia Dios me confiesan que se ha despertado en su interior una pequeña luz que les invita a revisar su actitud ante el Misterio último de la existencia.


Yo sé que en la Iglesia necesitamos reformas muy profundas para corregir desviaciones alimentadas durante muchos siglos, pero estos últimos años                             ha ido creciendo en mí una convicción. Para que esas reformas se puedan llevar a cabo, necesitamos previamente una conversión a un nivel más profundo y radical. Necesitamos, sencillamente, volver a Jesús, enraizar nuestro cristianismo con más verdad y más fidelidad en su persona, su mensaje y su proyecto del Reino de Dios. Por eso, quiero expresarte qué es lo que más me atrae de tu servicio como Obispo de Roma en estos inicios de tu tarea.

Yo te agradezco que abraces a los niños y los estreches contra tu pecho. Nos estás ayudando a recuperar aquel gesto profético de Jesús, tan olvidado en la Iglesia, pero tan importante para entender lo que esperaba de sus seguidores. Según el relato evangélico, Jesús llamó a los Doce, puso a un niño en medio de ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo: “El que acoge a un niño como este en mi nombre, me está acogiendo a mí”.

Se nos había olvidado que en el centro de la Iglesia, atrayendo la atención de todos, han de estar siempre los pequeños, los más frágiles y vulnerables. Es importante que estés entre nosotros como “Roca” sobre la que Jesús construye su Iglesia, pero es tan importante o más que estés en medio de nosotros abrazando a los pequeños y bendiciendo a los enfermos y desvalidos, para recordarnos cómo acoger a Jesús. Este gesto profético me parece decisivo en estos momentos en que el mundo corre el riesgo de deshumanizarse desentendiéndose de los últimos.

Yo te agradezco que nos llames de forma tan reiterada a salir de la Iglesia para entrar en la vida donde la gente sufre y goza, lucha y trabaja: ese mundo donde Dios quiere construir una convivencia más humana, justa y solidaria. Creo que la herejía más grave y sutil que ha penetrado en el cristianismo es haber hecho de la Iglesia el centro de todo, desplazando del horizonte el proyecto del Reino de Dios.

Juan Pablo II nos recordó que la Iglesia no es el fin de sí misma, sino solamente “germen, signo e instrumento del Reino de Dios”, pero sus palabras se perdieron entre otros muchos discursos. Ahora se despierta en mí una alegría grande cuando nos llamas a salir de la “auto referencialidad” para caminar hacia las “periferias existenciales”, donde nos encontramos con los pobres, las víctimas, los enfermos, los desgraciados…

Disfruto subrayando tus palabras: “Hemos de construir puentes, no muros para defender la fe”; necesitamos “una Iglesia de puertas abiertas, no de controladores de la fe”; “la Iglesia no crece con el proselitismo, sino por la atracción, el testimonio y la predicación”. Me parece escuchar la voz de Jesús que, desde el Vaticano, nos urge: “Id y anunciar que el Reino de Dios está cerca”, “id y curad a los enfermos”, “lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”.

Te agradezco también tus llamadas constantes a convertirnos al Evangelio.      Qué bien conoces a la Iglesia. Me sorprende tu libertad para poner nombre a nuestros pecados. No lo haces con lenguaje de moralista, sino con fuerza evangélica: las envidias, el afán de hacer carrera y el deseo de dinero; “la desinformación, la difamación y la calumnia”; la arrogancia y la hipocresía clerical; la “mundanidad espiritual” y la “burguesía del espíritu”; los “cristianos de salón”, los “creyentes de museo”, los cristianos con “cara de funeral”. Te preocupa mucho “una sal sin sabor”, “una sal que no sabe a nada”, y nos llamas a ser discípulos que aprenden a vivir con el estilo de Jesús.

No nos llamas solo a una conversión individual. Nos urges a una renovación eclesial, estructural. No estamos acostumbrados a escuchar ese lenguaje. Sordos a la llamada renovadora del Vaticano II, se nos ha olvidado que Jesús invitaba a sus seguidores a “poner el vino nuevo en odres nuevos”. Por eso, me llena de esperanza tu homilía de la fiesta de Pentecostés: “La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades y gustos… Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes, con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos”.


http://www.periodistadigital.com/imagenes/2013/12/16/el-papa-el-nino-y-el-solideo.jpgPor eso nos pides que nos preguntemos sinceramente: “¿Estamos abiertos a las sorpresas de Dios o nos encerramos con miedo a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta?”. Tu mensaje y tu espíritu están anunciando un futuro nuevo para la Iglesia.


Quiero acabar estas líneas expresándote humildemente un deseo.                                         Tal vez no podrás hacer grandes reformas, pero puedes impulsar la renovación evangélica en toda la Iglesia. Seguramente, puedes tomar las medidas oportunas para que los futuros obispos de las diócesis del mundo entero tengan un perfil y un estilo pastoral capaz de promover esa conversión a Jesús que tú tratas de alentar desde Roma.

Francisco, eres un regalo de Dios. ¡Gracias!