viernes, 19 de agosto de 2016

ES HORA DE CAMBIO

Escribe Paco Mira:
ES HORA DE CAMBIO,
INCLUSO PARA LOS CURAS

            Es curioso como en ciertas momentos de la vida, procuramos cambiar, cambiar hasta de imagen: ¡quien no va a una boda y se compra ropa!, ¡quién no va de viaje y se compra ropa!, ¡ quien no va de vacaciones... e incluso la ropa de las vacaciones del año pasado, ya no sirven!. Da la impresión como que necesitamos cambiar algo en nosotros que nos haga diferentes, que nos identifique con la nueva situación que vamos a vivir y sin embargo, nosotros somos los mismos. Curioso.

        Pero me da la impresión que esto nos sucede, porque vivimos en el primer mundo. El que no tiene opción de plantearse las preguntas del viaje, de la boda, de las vacaciones.... las tiendas las mira de pasada, quizás con una cierta envidia sana, quizás pensando en que podría estar dentro de la tienda... pero continúa de largo, siendo él mismo y pensando lo que puede comer mañana pero no la ropa que se pondrá para la comida.

        El evangelio de esta semana, es curioso que nos invita a ciertas estrecheces. Incluso nos invita a apretarnos el cinturón un poco más. Y si nos miramos en el espejo, lo más probable es que a muchos nos haga falta para que nos cierren los pantalones. Jesús (Lc 13,22), nos invita a estrecharnos, "procuren pasar por la puerta estrecha". En la vida no es lo más apetecible. Muchos pensarán que el gobierno bastante nos aprieta para que encima el evangelio nos apure un poquito más.

        Sin embargo no podemos quedarnos quietos ante las situaciones que la vida nos ofrece, de una manera o de otra. Creo que vivimos, a nivel de fe, en una situación de demasiada comodidad; en una situación en la que la vida del que tengo al lado me importa lo justo y necesario como para decir, no es mi problema, bastante tengo con lo mío. Dice el propio Jesús que cuando toquemos en la puerta, el dueño de la casa dirá que no nos conoce. Pondremos una cara como diciendo, pero bueno si lo conozco de toda la vida.

        Lo más probable es que nosotros vamos a misa y cumplimos con el precepto; lo más probable es que recemos el rosario con mucha frecuencia; lo más probable es que muchos recen el oficio divino, la liturgia de la Iglesia y... creemos que lo tenemos todo conseguido... vivimos en la seguridad del deber cumplido.

        En este mes en que muchos de nuestros curas cambian de destino parroquial, es bueno vivir en la inestabilidad. En estar siempre atentos a las circunstancias de los pueblos y comunidades que nos toca pastorear. Es bueno no vivir siempre en la comunidad en la que llevo toda la vida. Es bueno que se oxigenen ellos y las comunidades. Me gustaría felicitar a todos los que se quedan porque llevan poco tiempo, a los que se van porque llevan mucho tiempo, a  todos porque quieren vivir  en la inestabilidad que nos da la incertidumbre de las estrecheces de la vida.

        Me gustaría que todas las comunidades se alegraran de los cambios, que se queden con las ganas de más de quien les ha dado todo por el evangelio y que acojan al que llegue para que no se sienta solo y desvalido. Es una forma de que el dueño de la casa nos abra la puerta y no nos diga que no nos conoce.

        El cristiano tiene que tener un punto de diferencia en relación a los demás; el cristiano tiene que tener un punto por el que se le distinga en su vida y en sus relaciones diarias.  Sin duda el pasar por la puerta estrecha no es pasar penalidades, sino tener ese toque que nos diferencia, nos distingue y nos identifica. Cada uno sabrá cual es el que le corresponde. Jesús sabía el suyo, pero nosotros, ¿lo sabemos?
     
        Hasta la próxima.
        Paco Mira



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