domingo, 15 de marzo de 2009

CARTAS AL VIENTO: MUJERES EN LA IGLESIA









Ada, la cubana que participa en el coro de la parroquia, me dijo ayer que por qué no hacíamos un acto en la iglesia con motivo del Día de la Mujer. Sin darme un segundo para pensar la respuesta le dije que no, que había otros espacios para esa solemnidad. Pero anoche, al llegar a la casa, pensé en lo precipitado que fui. ¿Por qué no es la Iglesia el lugar adecuado para reconocer el trabajo y los valores de la Mujer? Por lo menos, pienso ahora, no debí ser tan ligero al responder.
La sociedad ha puesto una fecha significativa del mes de Marzo para valorar el trabajo, sacrificios y esfuerzos de la Mujer. La mayoría de las personas que participan en la vida de la Iglesia son mujeres. Sin embargo los cargos de mayor responsabilidad dentro de la iglesia están, hasta ahora, en manos de los hombres. Es verdad que se han dado pasos importantes y que ya no extraña ver a una teóloga impartiendo clases en el seminario o una catequista proponiendo o discutiendo alguna medida a su obispo o su párroco en el Consejo Pastoral. Pero aún queda mucho por hacer como ocurre en casi todas las instituciones. Yo siempre recuerdo a Raquel, aquella adolescente de Fuerteventura que un día me dijo que quería ser cura y cuando le dije que no era posible, simplemente se echó a llorar.
Tendríamos que llorar con Raquel por lo injusta que ha sido y es la sociedad con la mujer. Recuerdo lo que me decía hace poco una vecina. En mi casa somos seis hermanos, cuatro hembras y dos varones. Pero a la hora de atender y cuidar a mi madre somos sólo cuatro: las mujeres. Y esto no son historias del siglo XV. Un reciente estudio sobre la mujer en el Nuevo Testamento concluye que Jesús y el cristianismo dieron el mayor impulso que ha habido a la igualdad del hombre y la mujer en la sociedad. Otra cosa es que después la Iglesia y la sociedad en general no siguieran con el proceso de liberación de la mujer. Hasta san Pablo en su carta a los Gálatas reconoce la igualdad de todas las personas cuando dice: «ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos ustedes son iguales en Cristo Jesús”.
Un periódico de las islas publica un mural con el rostro de doscientas mujeres. ¿Saben ustedes cuántos rostros de mujer aparecerían si, sólo en nuestra diócesis hiciéramos el mural de mujeres con protagonismo en la Iglesia, porque son las catequistas, las sacristanas, las que atienden a los pobres que acuden a Cáritas, las que limpian el templo, las que preparar el altar para la misa? Serían miles de mujeres, solamente en nuestra diócesis.
Ada, déjame ahora hacer caso a parte de tu propuesta y rendirle homenaje a las mujeres cristianas que con tanto sacrificio llevan a cabo un servicio necesario y a veces poco reconocido: Pepita, Rosario, Carmelita, Cristina, Fefa, Inmaculada, Lourdes, Patricia, Isabel, Carmelina, Araceli, Tere… son sólo una minimísima parte de los nombres que dan vida a nuestra Iglesia de Canarias. Nuestro reconocimiento, nuestra gratitud porque ellas son las transmisoras del evangelio que los curas-hombres “predicamos” y que las cristianas mujeres se encargan de ponerle vida. Gracias, mujeres cristianas que han mantenido la fe en nuestro pueblo.



CARTA AL VIENTO
La crisis, Obama, S. Martín de Porres, Womad

Cuando yo era pequeño (han pasado ya unos cuantos años) ver a un negro en Ingenio era algo casi imposible. Pero alguno aparecía de vez en cuando. Los niños nos quedábamos mirándolo fijamente, extrañados, y siempre había alguna persona mayor que nos reprendía porque le parecía ofensivo nuestra mirada sorprendida.
Hace poco, en África, tuve la experiencia contraria. En este caso, yo era el extraño en un país de negros como Malawi. Los niños, no solamente nos miraban con asombro, sino que más atrevidos que nosotros en nuestra niñez, nos gritaban en su idioma blanco, blanco asungu, asungu, que es como decir tío raro, tío raro.
También esta semana el mundo se ha quedado mirando con sorpresa a Obama, el negro que va ocupar …la Casa Blanca. Llegará el día, esperamos, que no tenga que sorprendernos nada de esto porque habremos asumido que negros y blancos somos iguales, que da lo mismo que uno tenga los ojos azules o verdes o azabache. Que lo importante no es lo externo. Pero para que llegue ese día habrá que seguir soñando y trabajando. Y no vale decir que es que el pueblo americano es racista o cosas así. Seguramente lo somos o lo hemos sido todos.
Comentaba estas cosas hace unos días en mi parroquia actual y alguien me preguntó: ¿Y hay muchos santos negros? Dije que sí, que seguramente hay muchos, muchísimos. Pero que, a la hora de ponerles una imagen, bastante pocos. Tenemos uno, al que todos conocemos, fray Martín de Porres y, encima lo calificamos de Fray Escoba. Podíamos haberle llamado Fray Enfermero que también lo fue, o Fray Humilde o Fray Gran Corazón.
El mundo está cambiando. Bueno siempre ha estado cambiando. Pero yo creo que vamos cambiando a mejor. Que tantas gentes se alegren por la victoria de Obama a pesar de que casi lo único que todo el mundo sabe de él es que es negro, ya es una gran cosa. Lo negro está de moda, bendita moda. Y la solidaridad también lo puede estar. Veo que esta es una ocasión para recordar que Jesús no era rubio, aunque hubiera dado lo mismo. Que María la Virgen tendría el pelo risadito y no con esa melena como la pintan habitualmente, aunque tampoco importa nada. En la capilla de las Carmelitas Misioneras en Malawi está la imagen de un Cristo negro negro, de verdad, con los labios abembados y la nariz chata. Me daba devoción rezar ante aquella imagen. Como ahora siento simpatía porque, por fin, la casa Blanca cambie de color –en sus habitantes me refiero- y también me gustaría celebrar que en la Iglesia valoramos a cada persona por lo que son, no por el color de la fachada. Se acuerdan de aquella canción:
Papá de qué color es la piel de Dios?
-Dije negra, amarilla roja y blanca es, todos son iguales a los ojos de Dios.
Este domingo, en Arinaga muchos cristianos –la mayoría blancos- van a celebrar la fiesta de San Martín de Porres. A las 6 de la tarde saldrá en procesión su imagen por la Avenida, junto al mar. Seguramente muchos iremos susurrando los versos de la canción:
Buenas noches dije a mi pequeñín cuando cansado se acostó.Entonces me dijo con clara voz:¡Papá, ¿de qué color es la piel de Dios?
Con tristes ojos me miró y asombrado me preguntó:¿Por qué entre razas hay tal rencor si somos iguales ante el Señor?
Hijo, eso es parte de un pasado infeliz,pero pronto todo eso llegará a su fin.Y aprenderemos para el porvenir,todos como hijos de Dios vivir.
Cristo nos ha dado la oportunidad de crear un mundo de fraternidad.Las diferentes razas han de trabajar unidas con fuerza de mar a mar.

QUE ASÍ SEA.


CARTA AL VIENTO

LA CRUZ QUE NUNCA PROHIBIRÁN

Buenas tardes Alfredo y amigos oyentes de Iglesia Viva.
Carmelita es una feligresa de la parroquia en donde ahora estoy. La semana pasada estaba preocupada y me contó el motivo. Había escuchado en la radio, o así lo había entendido ella, que se tenían que quitar los crucifijos de las casas.
-No Carmelita, usted en su casa puede poner los crucifijos y los cuadros que quiera, que eso nadie se lo va a prohibir.
De todos modos, Carmelita no hizo mucho caso a lo que yo le decía y siguió transmitiéndome sus reflexiones:
-Porque si ahora yo no puedo tener el crucifijo en mi casa yo voy a hacer lo siguiente: lo traigo para la iglesia y yo le prometo que si no se puede mostrar la imagen de Jesús en la cruz, la van a ver en mí.
Al escuchar esas palabras me sorprendí de la fuerza con la que hablaba esta mujer sencilla. Y ya no quise perderme sus pensamientos por lo que seguí preguntándoles:
-¿Y qué va a hacer para que vean en usted la Cruz de Jesús.
-Pues voy a portarme como una cristiana de verdad. ¿Jesús perdonó en la cruz? Pues yo voy a perdonar a todo el mundo, aunque se rían de mí. ¿Jesús mira a San Juan como a su hermano? Pues yo voy a portarme con todo el mundo como una verdadera hermana. ¿Jesús encomendó a Dios su vida? Pues yo voy a hablar con Dios también en cada momento.
Cuando Carmelita se marchó yo no salía yo de mi asombro del discurso de aquella mujer a la que veo cada domingo en misa aunque apenas habíamos hablado nada. Mi asombro porque la reacción de muchos, a propósito de la polémica por mantener o suprimir la imagen de los crucifijos en la escuela, se reduce a una discusión simplemente política. Que, por supuesto es una discusión válida.
Pero Carmelita llegó a lo más profundo. La mejor imagen de Jesús en la escuela, en las iglesias y en las calles no está en un trozo de madera sino en lo que nosotros transmitimos. Y ahí tendría que llegar el planteamiento. Los signos son importantes y para nosotros los cristianos lo es, y mucho, el signo de la cruz. Pero más importante que los signos son las realidades que significan. Y de poco vale una cruz colgada en la pared o llevada al cuello si no es expresión de una vida o de un proyecto sincero.
Alguna vez he comentado en este espacio que soy, desde hace años, coleccionista de cruces. Me gustaría que la visitaran un día. Viendo la variedad de cruces que van llenando las paredes de mi casa, cada vez me llama más la atención la gran cantidad que se fabrican con tanta diversidad de materiales y de formas. Algo tan simple, dos palos cruzados, ha inspirado a muchos artistas y personas de fe para convertir ese signo en objeto de devoción, en vehículo para la oración, en transmisor de gestos de solidaridad y amor.
Pero las más de cuatrocientas cruces de mi colección, como las que cuelgan todavía en algunos colegios y en muchas casas necesitan animación. Al comenzar este adviento, un nuevo ciclo litúrgico en el que proliferan los signos (la corona de adviento, las luces, hacer el nacimiento, los villancicos, la estrella) no estaría de más aprender la lección de Carmelita. Adviento es esperanza, es alegría, es prepararnos, es estar vigilantes Que sí, que los signos son importantes. Pero mucho más lo que ella decía: Que la mejor imagen de Jesús la vean en nosotros.
Buen Adviento, amigos todos y estén seguros que la imagen de Jesús que cada uno podemos transmitir estos días en la tienda, en el supermercado y en la casa, nadie nadie puede prohibirla. A Carmelita no se la van a quitar. A ustedes y a mí tampoco.


CARTA AL VIENTO. 15 de diciembre 2008.
A LOS ALUMNOS DE 4º de la ESO .
Colegio N. S. del Rosario de Agüimes.

Amigos alumnos y alumnas del Colegio: Esta mañana estuve con ustedes y tuve muy variadas sensaciones a lo largo de la hora que compartimos. Qué importante estar una hora, aunque sólo sea una hora, compartiendo ideas y vivencias. Cómo nos enriquecemos unos y otros cuando hay actitud de acogida al otro. Al principio, al verles entrar a la sala de reunión, alborotando, dándose bromas, hablando fuerte, pensé que iba a tener un mal rato y que podría ser una hora perdida, una hora para sufrir . Pero una vez más me equivoqué como tantas veces nos equivocamos por juzgar precipitadamente. Yo quería hablarles de lo que significa para mí Ser Cristiano y ustedes me hablaron a mí de lo mismo: de lo que para ustedes significa ser cristiano. A medida que hablábamos y ustedes iban exponiendo sus opiniones, me daba cuenta de la gran madurez de muchos de ustedes. Se expresaban libremente, con razonamientos llenos de sentido y, además, sin posicionarse soberbiamente en sus opiniones.
Me pareció “cristiana” la actitud de escucha de todos. Había un silencio respetuoso, sagrado, cuando les hablaba de mi experiencia en Bolivia con la Hermana Carmen Nieves. Y percibí el mismo respeto, la misma actitud de acogida a los comentarios, a veces contrapuestos, al hablar de lo que significa hoy ser cristiano. A lo mejor mezclamos los conceptos cristiano, creyente y buena persona. Las intervenciones de ustedes me parecieron siempre acertadas y hasta me fueron dando confianza para sentirme del grupo de ustedes salvando todas las distancias.
Cuando me marché del colegio me notaba alegre, me había sentido a gusto con ustedes, chicos y chicas de 14 o quince años la mayoría. Chicos y chicas que en su mayoría no son habituales en las iglesias. Pero que no tienen cerrada ninguna puerta, que es lo importante, tal vez lo más importante. Los que sistemáticamente rechazan a Dios o a la Iglesia, o la misa, o el servicio a los otros, es que ya cerraron la puerta de su corazón. Pasa lo mismo con los que son fanáticos de los religioso y ven un enemigo en el ateo o en el que no participa en los actos litúrgicos de la Iglesia. También han cerrado sus puertas a al Espíritu de Dios que también se expresa a través de los incrédulos, de los alejados o de los que ponen en duda lo que la Iglesia dice o propone.
Esta noche, mientras escribo esta carta, estoy recordando los rostros de cada uno. Me parece seguir escuchando las intervenciones, al principio tímidas, más tarde con desparpajo y hasta apasionadas. Me encanta que sean así: espontáneos, alegres, divertidos, serios, libres. Me encanta que no cierren ninguna puerta. Es tiempo de escuchar, de aprender y también de comunicar, y de echar para fuera lo que se siente y se piensa. Cómo me gustaría que le hablaran así a Dios. También Él les habla a ustedes así y con cariño, con ternura . Porque si alguien nos comprende y nos quiere es Dios. Ahora que llega la Navidad yo creo que Dios va a tocar el corazón de ustedes. Ustedes lo tienen preparado para acogerlo. Déjense querer, convénzanse de que Jesús nació hace muchos años pero quiere seguir naciendo. Ahora no en un pesebre sino en el corazón de cada uno. Ustedes tienen un buen corazón, un gran corazón. Acójanlo, dejen que entre en él.
Y en esta noche mi oración por cada uno de ustedes. Que sean siempre felices, que sean tolerantes, que no pierdan la alegría ni la capacidad de escuchar y de opinar y de querer.
Que tengan la Navidad más feliz que sea posible. Y sepan que todo gesto de amor es también un gesto cristiano. Con todo mi afecto. Jesús Vega Mesa

Carta al viento. COPE. OCTUBRE 2008

Esta mañana estuve hablando con una chica de sólo 13 años. Y quedé sorprendido de su madurez, de su coherencia y argumentos a la hora de defender sus puntos de vista. Me quedé contentísimo de encontrar en este sur que ahora me toca vivir, personas tan jóvenes y tan profundas. También es verdad que miro un poquito hacia atrás y mis pensamientos se tropiezan con los Yeray, Yurena, Raúl, Adriana o Yolanda que, en los últimos años, me demostraban cada día que la inmadurez no es sinónimo de juventud. Gente joven y sensata, con criterios propios, reflexivas. Tal vez conocemos muy poco a los jóvenes.
Ahora, al comenzar este nuevo curso pastoral, catequético, escolar, las ideas se me agolpan. Muchos curas, como también muchos maestros, hemos tenido que coger la maleta y trasladarnos de lugar. Con todo lo que eso significa. Cuesta decir adiós a muchos amigos, a los compañeros, a la gente con la que has compartido tanto tiempo. Todavía yo tengo la suerte de que mi nuevo destino, en Arinaga, sólo está a poco más de media hora de Tamaraceite en donde me “criaron” los últimos catorce años. Otros han tenido peor suerte. Y no sólo los que han tenido que cambiar de isla. Peor suerte los que, por esa dichosa crisis que todos sufrimos, han perdido el trabajo o no logran encontrar un empleo.










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